6/16/13

Socialismo o barbarie

Junio 15 de 2013, Porto, Portugal.

Hoy me enfrenté a una estampa de la crisis económica como la que vi en aquella calle de tiendas de lujo en Turín, en mayo del año pasado. Una anciana de unos 75 años bien vestida, como si acabara de salir de misa, pidiendo limosna con la cabeza gacha, avergonzada, humillada. Me percaté de ella, una mujer más baja que yo y menuda, porque un transeúnte que se movía en dirección opuesta a mí hizo un gesto de desagrado y negó con la cabeza cuando ella se le aproximó. Entonces me detuve y la observé, de modo que ella se acercó a mí murmurando y estirando la mano derecha, en la que tenía una pila de monedas de baja denominación. No entendía lo que decía excepto la palabra “fame” (hambre) y “não tenho cinco euros pra pagar...”, así que aunque al principio le iba a dar una moneda, le di cinco euros. Ella los tomó y continuó murumurando algo en lo que creo haber entendido que dijo “sola”, y me dijo insistentemente “muito obrigadinha” (muy agradecidita). Le pregunté si quería comer algo y contestó que no, todo lo cual hacía mientras evitaba mirarme directamente y se alejaba con la cabeza gacha. Le insistí en que la invitaba a comer y volvió a negar mientras se alejaba de la calle Santa Catarina en la cual nos encontrábamos, la más comerial de Porto, por una calle que la intersectaba, caminando presurosamente cuesta arriba. Me esforcé con éxito por no soltarme a llorar en mitad de la calle, pero no pude evitar que se me escurrieran las lágrimas, entonces disimuladas por mis gafas oscuras de turista.
En su cuerpo y su sufrimiento de anciana lanzada a la pobreza, como en los de la señora que lloraba sentada en la acera de una calle de tiendas de lujo de Turín, con la mano estirada y la mirada alejada de los rostros de los espectadores, quien recibió mi limosna sollozando “grazie, grazie di cuore” (gracias, gracias de corazón), están la crisis económica actual y la sociedad capitalista de todos los tiempos en su brutal expresión. Los ancianos que trabajaron toda su vida y lograron acomodarse mínimamente haciendo todos los sacrificios que imponía ser trabajador en los países de la Europa pobre, han sido sometidos al despojo y al hambre, y ahora cuando ya no oueden volver a arrancar porque ni su edad ni el mercado laboral lo permiten, han sido reducidos a la pobreza y la mendicidad. No sólo han sido despojados del modesto pero digno modo de vida que uno todavía puede reconocer en sus ropas o a través de las ventanas abiertas de sus casas. Han sido despojados de la dignidad que para los trabajadores activos o en retiro forzoso se asienta en la posibilidad de vivir sin pedirle nada a nadie. Después de una vida de esfuerzos han sido arrinconados por las burguesías de sus propios países y las europeas en general en una vejez de hambre y humillación.

Hoy más que nunca, lleno de impotencia, indignación y odio de clase, reconozco lo que hay de verdad en la vieja frase de Rosa Luxemburgo: ¡Socialismo o barbarie!

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