5/15/15

Odios que son elogios

Hoy me percaté de una colega antropóloga con la que en algún momento me unió una tibia amistad y una relación de trabajo en Colombia, rompió unilateralmente relaciones conmigo debido a mis críticas públicas a las olas de antisemitismo disfrazado de solidaridad con los palestinos en las que ella toma partido frecuentemente. Digo "antisemitismo disfrazado de solidaridad", porque ahora que ISIS está exterminando a los palestinos en Siria ni ella ni los demás "solidarios" han dicho nada. Ya sabemos que el único palestino bueno es el que mata una bala israelí.

Cero y van tres. El primero fue un historiador brasileño con el que compartí un curso sobre memoria del Holocausto en Israel, quien se ofendió porque publiqué en este blog una entrada criticando el uso de fotografías de distintas guerras para decir que representaban víctimas de los bombardeos de Israel sobre Gaza en la última guerra con Hamas. En la entrada no lo mencionaba a él, de quien no sabía que recurría a esa táctica reprobable de engaño. Y me di cuenta que había roto relaciones conmigo cuando intenté contactarlo después de que una amiga común que teníamos me contó sorprendida que le había dejado de hablar cuando ella lo criticó por ese uso infame de las imágenes de muertos, y le dio a leer mi texto. La segunda fue E., una socióloga turca con la que me unió una fugaz amistad que hizo implosión cuando ella me contó que había roto con personas con las que compartía apartamento porque defendían el derecho de Israel a existir, y yo le dije que entonces iba a romper conmigo porque yo también lo defiendo debido a que el efecto concreto de la consigna progre de "por la destrucción del Estado sionista" sería una limpieza étnica y un genocidio contra los habitantes de ese país, sean sionistas o no. No fue sino decir eso y E. cortó inmediatamente la comunicación. En sentido literal. Estábamos chateando y no volvió a escribir nada, hasta el día de hoy. Eso en el marco de una conversación que había iniciado como parte de un intento de programar una cita para vernos porque coincidencialmente ambos estábamos en Estambul en ese momento.

Uno de los rasgos de los tres casos que menciono es que no hubo una sola discusión, aunque fuera breve. Tampoco notificación formal de que me mandaban a la mierda por X o Y razón. Simplemente un portazo. El otro rasgo es que las tres personas son científicos sociales progres, muy dados a los derechos humanos y a las solidaridades con los oprimidos. Eso en el marco del ejercicio del antisemitismo vicioso por parte de S., el uso malintencionado de fotos de víctimas no atribuibles al sionismo por parte de ella y R., y la defensa de una posición cuyas implicaciones concretas serían la perpetración de una limpieza étnica y un genocidio por parte de E.

Hago énfasis en que las críticas mías han sido públicas porque nunca discutí con S., R. o E. al respecto, ni los dos de ellos que leen español opinaron sobre los dos artículos que he publicado en el último año sobre el tema. Simplemente me eliminaron de sus listas de contactos de Facebook o dejaron de hablarme sin mediar palabra, y al menos S. y R. siguieron muy tranquilos cultivando los huertos de odio, falsa solidaridad y manipulación de dolor de los palestinos que crecen como un jardín envenenado en sus muros de Facebook.

Estimo, de cualquier modo, que la decisión de no discutir conmigo tiene algo de sensato, porque refleja que saben que no tendría sentido meterse en una polémica en la que a sus odios dogmáticos yo seguiré oponiendo pruebas documentales. Cuando éramos compañeros de trabajo en Colombia solía responder benévolamente a los comentarios manifiestamente, viciosamente antisemitas de S. no sobre el conflicto palestino-israelí, sino sobre la banca, los medios de comunicación, etcétera. Para ella los judíos son lo peor aunque ella misma reconoce que no conoce a ninguno, y están en todas partes aunque no puede explicar cómo lo sabe ni exactamente en qué partes están porque nunca los ha visto en persona. Nunca nos pudimos entender en ese punto sencillamente porque tampoco nos entendíamos en otro. Mi benevolencia se debía a que yo sabía que a ella el antisemitismo le viene de la larga historia de violencia católica y provincialismo que cargamos los colombianos, y de la cual a ella no la pudo librar la antropología. Y ella, presa de esa estructura, siempre dejó ver que interpretaba mi actitud tranquila como una expresión de que yo le daba la razón.

Calculo que así seguirán las apuestas. Cada tanto me toparé con algún fanático religioso, algún antiabortista, algún antisemita, algún peronista rabioso, y no discutiremos porque es sabido que el que discute con fanáticos pierde su tiempo. Pero yo seguiré escribiendo y publicando sobre esos temas, y ellos se ofenderán y me insultarán o no dirán nada, pero cada tanto alguno se hará a un lado y romperá el contacto conmigo para seguir fermentando su alma en el odio y la seguridad que les producen creencias contradictorias entre sí, insostenibles a la luz de la evidencia histórica o científica. Y en medio de eso, lo que leyeron en mis artículos o me oyeron decir les servirá para reafirmar sus odios de una manera u otra. A la larga continuaremos moviéndonos en direcciones opuestas: ellos aferrándose a sus miedos, sus odios y sus dogmas, y yo intentando navegar científicamente por el mundo complicado que vivimos, cambiando de opinión cuando algo me haga descubrir que estoy equivocado. Seguiremos habitando los lugares distantes del sectario y el científico: ellos cada vez estarán más seguros de sus odios y yo no muy seguro de mis opiniones, pero cada vez mejor informado.

Y para cerrar este post ilustrando de nuevo las patas cortas de los odios sectarios y solidaridades aparentes de los que vengo hablando, dejo acá los links a los dos artículos que honrosamente me ganaron el repudio de la antropóloga colombiana y el historiador brasileño:

http://manuscritoenunabotella.blogspot.de/2014/07/sobre-el-bombardeo-de-gaza-los-progres.html

http://www.las2orillas.co/respuesta-a-la-carta-a-un-judio-sionista-de-victor-de-currea/

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