8/10/06
Crónicas Peruanas, IV
Cuzco - Machu Picchu - Buenos Aires
Agosto 2, 10:50 a.m.
Rumbo a Muchu Picchu. Viajamos rumbo al noroeste en un tren de Orient Express (Peru Rail, acá). Es un viaje de unas 4 horas, en las que después de pasar por una zona de colinas parecida a Boyacá se transita por un valle en el que se viaja bordeando el río Urubamba, que es azul verdoso, como los de la Patagonia. La atmósfera es clara y el aire seco, así que es muy confortable.
Mientras escribo se ve a la izquierda, al otro lado del río, el Camino del Inca, que suele ser recorrido por la gente en 4 días hasta Muchu Picchu. Durante todo el viaje se ven construcciones incas como plataformas, muros de contención sobre las orillas del río, y vestigios de habitación que en algunos casos se mantienen en uso.
Machu Picchu está a 2000 metros s.n.m., mientras Cuzco está a 3345, así que a medida que descendemos, siempre bordeando el río, el clima se templa y la vegetación se hace exuberante. Acabamos de ver Patallacta (ciudad de andenes), un sitio arqueológico bastante bien conservado (quizá reconstruído). Hace un calor muy agradable, y ante el olor y la vista del impecable río que bordeamos dan ganas de tomar un baño. Vemos unas terrazas de cultivo al otro lado del río, tomé un par de fotos pero nuevamente me enfrento a la impotencia de ver algo bellísimo y tener la certeza de que la foto no capta el esplendor del objeto. Es el viejo problema objeto-representación.
Pasamos Qorihuayrachia (Km 88 desde Cuzco), donde termina la carretera, así que desde allí es necesario recorrer el resto del camino (ignoro la distancia, unos 20 minutos de tren, supongo), a pie o en tren.
El clima de Machu Picchu es más húmedo y cálido (bosque húmedo de montaña), así que no se necesita abrigo, aunque es importante llevar manga larga pues según dicen hay mosquitos. La guía que acompaña a un grupo sentado cerca de mi silla les recomienda usar repelente y bloqueador, al tiempo que les da todo tipo de datos sobre los lugares y la vegetación... su modulación pausada y la manera algo exagerada en la que vocaliza me producen una impresión de mecanicidad que no le había notado a otros guías.
[...]
10:25
Transitamos un bosque espeso, lleno de árboles floridos y epifitas. Se me parece mucho al cañón del Combeima, en Colombia. Vuelvo a sentir el olor del bosque montano tropical, que me hace sentir en casa, recuerdo las vacaciones en la finca. ¡Estoy pletórico! Me invade una felicidad que hace mucho no experimentaba, como volver a casa lejos-de-casa. El paisaje ahora es también muy similar al de Boquerón, cuando uno va de Fusa a Ibagué. Me saturan los olores del cañón, de la vegetación que se apiña en las paredes de roca. Veo muchas flores y plantas que hay también en esa zona de Colombia en la que crecí y pasé la adolescencia.
En la silla del otro lado del pasillo va una pareja mexicana cuya hija va sentada en frente mío... son buenos conversadores, en especial la madre. Vienen viajando por el Cono Sur y terminan las vacaciones en Perú. La señora le da unas hojas de coca para mascar a un par de japonesas que están sentadas en frente suyo y sufren por el mal de altura...de un momento a otro una de esas chicas hace un movimiento torpe y le tira encima un café a la señora, haciendo un sonido agudo de sorpresa. Ella reacciona muy bien diciéndole que no se preocupe y se limpia el desastre que le ha quedad en la ropa... su hija y yo nos miramos y no podemos evitar reír en silencio.
Me llama mucho la atención la presencia de guías que hablan japonés, mientras los demás extranjeros toman las excursiones en inglés o español. De hecho, uno de los asistentes de a bordo del tren habla ese idioma también, y los anuncios del capitán se dan en inglés, español y japonés. Supongo que es parte de la herencia de la era Fujimori.
Vemos unas ruinas incas muy grandes que desde lejos parecen una gran mancha en la montaña, el lugar se llama Huynaywayna (por siempre joven), y más cerca unas cuyo nombre no escuché, pero que son las de un centro administrativo. Les tomé un par de fotos a las dos. Dentro de poco llegaremos a Aguas Calientes, la estación final desde donde recorreremos 8 kilómetros en auto hasta Machu Picchu.
El camino del inca se hace con cargueros, lo que me recuerda los grabados de la colonia y la república en Colombia, en los que aparecen europeos y ricos viajando de expedición con uno o varios indios que les llevan el equipaje mientras ellos van libres de todo, admirando el paisaje. Como dice Borges, la Historia da vueltas y vueltas...
11:25 Esperando el almuerzo en un restaurante de Machu Picchu Pueblo.
Suena “No le pegue a la negra” por Joe Arroyo. Me sorprende notar cuánta salsa se escucha acá, de hecho en Cuzco se presentará próximamente el grupo Niche, de Cali. Este pueblo es totalmente artificial, lo que los académicos denominarían una economía de enclave. Todo gira alrededor del turismo, y las construcciones, empezando por la iglesia, son evidentemente recientes... quizá de los últimos 40 años; de hecho, es un indicio importante el que la estación de tren se llama Aguas Calientes y el pueblo Machu Picchu: estoy seguro que fue fundado después de la llegada del tren (o cambió su nombre para tomar el otro, más “emblemático”, pero para el caso es lo mismo). No veo nada que no esté orientado a los turistas, y eso me produce mucha incomodidad... no se cómo decirlo, pero simplemente no me siento cómodo acá. La mayoría de los restaurantes tienen nombres en inglés como Toto’s House, Inca Tower, o cosas por el estilo, y en algunos de ellos la publicidad incluye anuncios en japonés. Me parece que si algún día el turismo cesa este pueblo se hunde.
Los transportes a Machu Picchu salen cada 3 minutos de la estación (12 dólares ida y vuelta, por 8 kilómetros), y siempre salen llenos. Me gustaría hacer el camino a pie pero el tiempo es muy limitado, así que tomo el transporte, monopolizado por una compañía que se llama “La Ecológica”.
En el camino desde Cuzco vi muchos lugares en los que me gustaría acampar, eso me hizo pensar mucho en mi hermano y Carlos, creo que lo pasaríamos bien viajando juntos por estos lugares... yendo sin prisa, caminando lo que haya que caminar, bañándonos en el río, haciendo cosas como esas, cenando bajo las estrellas después de haber cocinado nosotros mismos... recostarnos a fumar marihuana y charlar mirando el cielo despejado de estos paisajes montanos. Extraño esos placeres vacacionales tan elementales que compartíamos cuando vivía en Colombia... no hay casi nada que se le compare entre las cosas que he hecho durante las vacaciones desde que vivo en Argentina.
1:34 p.m. Machu Picchu (montaña vieja).
Después de media hora de camino llegamos. Hay mucha gente pero es posible estar relativamente solo de vez en cuando. Me encanta el olor de este lugar, deben ser los helechos mezclando sus aromas con el resto de la vegetación, pero los senderos que están aislados de las áreas abiertas tienen un olor muy, muy parecido al del Quinina (un lugar al que íbamos de camping con Juan, Carlos y amigos). Este lugar es grandísimo, me pregunto cuánto tiempo tardaron los incas en construirlo y cuántas personas participaron.
Sin turistas esto sería más bello, van en rebaños gritando, corriendo cuando hay algún lugar particularmente “interesante” (donde, como le oí decir a una guía, “pueden tomar LA foto del caso”), y apretando los obturadores de las cámaras a diestra y siniestra. No actúan muy distinto de los que uno ve en el obelisco de Buenos Aires, y me pregunto cuántos ven una diferencia de fondo entre este lugar y aquél. Bueno, encontré algunos que si la ven: acá vienen a cargarse de “buenas energías”. Vi un grupo frotándose las manos y poniéndolas cerca de una roca (hay foto)... Sin embargo, hace falta mucho de eso para siquiera debilitar la belleza de este sitio, y me encuentro muy conmovido... es una belleza que al mismo tiempo induce felicidad y melancolía [...].
5:10 p.m. De vuelta hacia Cuzco.
Fue un día encantador. Machu Picchu es de esos lugares a los que vale la pena ir, sin importar cuándo ni cómo. El sitio es impresionante, aunque sus muros son menos monumentales que los de Sacsaywamán, pues están construidos con piedras más chicas y no siempre alcanzan el grado de perfección de aquellos. Sin embargo, la ciudad es grandísima, y uno podría pasar horas y horas recorriéndola si quisiera hacerlo detalladamente.
Ahora bien, lo que uno ve está reconstruido, así que al visitar el lugar se está ante una aproximación –bastante fiel, imagino y espero-, de lo que era la ciudadela cuando la usaban sus habitantes, pues a medida que la van recuperando del monte intervienen sobre las ruinas para darles el aspecto que hoy tienen. No se si esté bien esa forma de intervención... es una vieja discusión entre arqueólogos y conservadores (la de reconstrucción/conservación). Me gusta como se ve pero no estoy seguro de que el espectáculo estético valga la pena a la hora de decidir si uno reconstruye o no una ruina o una pieza arqueológica... la pregunta también es: ¿vendrían los turistas si estuviera manejado todo esto con otros criterios estéticos? Lo dudo... de hecho esto me parece bastante “National Geographic”, y no tiene nada de raro pues esa institución cofinanció las investigaciones de Hiram Brigham desde el principio.
Parece que lo que uno visita es apenas una pequeña parte, pues muy abajo, por la falda del cerro en cuya cumbre se encuentra la ciudadela, y separadas entre sí y del área de los turistas por manchas de bosque espeso, se encuentran otras dos zonas que por su localización deben hacer parte de Machu Picchu. De hecho, le escuché a una guía que todo el complejo tiene más o menos 3 mil hectáreas y uno visita menos de 10. Como Dacha Pucllana o Sacsaywamán, con toda seguridad Machu Picchu va a ser mucho más grande en unos 20 años, si las obras continúan. Qué maravillosa ciencia es la arqueología, que construye hacia atrás.
Viajamos sin guía, con lo que perdimos mucha información de aquella que viene en “el paquete para turistas”, pero ganamos en libertad de movimiento y tranquilidad. Me resisto a dejarme arrear como un borrego en un rebaño, aunque me pierda datos interesantes que de cualquier manera puedo consultar después si lo deseo.
Me sorprendió el costo de la entrada: 20 dólares si se es estudiante extranjero y unos 35 si no se lo es. Los peruanos pagan 10 dólares, lo cual es mucho si se tiene en cuenta que, según la guía aquella del tren (“Rosita”), el ingreso mensual de los campesinos en el departamento de Cuzco es de 130 dólares (primero dijo “per cápita” y luego “por familia”, y nadie pidió aclaración... como yo escuchaba desde lejos tampoco lo hice); en cualquier caso, es muy bajo para lo que cuestan el boleto de tren y la entrada. Seguro muchos de los que viven en los alrededores no conocen el lugar.
Otra cosa que le escuché a esta mujer es que el gobierno central toma todo lo recaudado por entradas (que rondan los 3 dólares en museos y los 10 en sitios abiertos), y redistribuye las rentas a nivel nacional, de modo que a Cuzco le toca el 5% de lo que produce, y esa cifra se destina al funcionamiento y mantenimiento de los sitios, mientras no hay planes de desarrollo social y la mayoría de la gente en el campo no tiene agua potable, aunque existen los acueductos, que conducen agua insalubre. Veo que la pobreza es uno de los atractivos turísticos de esta región: “Qué bien que se ven los indios, sucios, con ropas extrañas y de colores vivos, en todos lados ves imágenes de postal”.
[...]
8:55 p.m.
El viaje de regreso se hace largo, estoy cansado pero sin sueño suficiente para dormir. He pasado el tiempo jugando con la cámara, leyendo la guía de Lonely Planet, escribiendo en este diario... [...].
No quiero hacer muchos planes para mañana, para tener tiempo de imprimir las fotos que voy a enviar por correo. Las he escogido hace un rato, en el tren: una automática en la que estoy sentado en Machu Picchu, otra de unos muros en perspectiva, una en la que estoy en un portal en Sacsaywamán (la tomó Joe), y la que tomé de la Plaza de Armas de Cuzco desde “La Retama”.
3 de agosto, 2:45 p.m.
He caminado solo por Cuzco, teniendo mucho tiempo para cavilar. [...] Hace un rato envié las cartas, la de mi madre y mi hermano tuve que enviarla a la oficina de correos de Arbeláez pues al cerrar el sobre me di cuenta de que no tengo su nueva dirección en Fusa. Quiero sentarme en un andén a ver la vida pasar.
No hace falta repetir que soy un inconsecuente. Rompí mi propósito de no comer todo lo que encontrara y creo que me gané un bicho contra el que los feroces animales que me habitan se baten en guerra. Aún no tengo el desorden digestivo completo de los viajeros que pasan por este país, pero me duele la panza todo el tiempo. Quizá fue el almuerzo de ayer en Machu Picchu Pueblo (chicharrón de cerdo y aguacate relleno), o que el hielo de los muchos pisco sours que he tomado estaba hecho con agua cruda... dice la guía que hay que cepillarse los dientes con agua embotellada y lo he hecho con la del tubo. Bueno, no se qué fue pero lo cierto es que por algún lado vino... espero no enfermar, así que me entrego a los buenos oficios de mi sistema inmune y el zoológico microscópico que llevo dentro. Por ahora lo único que no me hace doler la panza es el whisky (elíxir de elíxires)... de las demás cosas, todo me intensifica el malestar. La cabeza y la panza se confabulan para arruinarme el humor, pero me mantengo contento, aunque algo aprehensivo.
4 de agosto, 10:41 a.m.
Hoy regreso a Lima. [...]
Compré música criolla en un mercado local (2.5 soles cada cd copiado, unos 70 centavos de dólar)... fue bello reencontrar canciones y ritmos que escuché por doquier cuando era niño, pero más que bello fue sorpresivo, pues jamás se me habría ocurrido que la música criolla peruana y la música de cantina de Colombia tuvieran tanto en común (creo que la que se oye allá está influida por ésta, pues parece un círculo más prolífico en cuanto a los grupos, y con un carácter más definido... no se bien cómo decirlo pero es algo así, de hecho creo que Julio Jaramillo es peruano).
De alguna manera ansío volver a Buenos Aires, volver a sentirme en casa, reorganizando mi vida y no simplemente dejándola pasar como siento a veces que hago ahora. Sin embargo, no sé como me vaya a sentir allá. Seguramente tendré razones para quejarme, ya que esa es una de mis más desarrolladas habilidades.
Mañana regreso a Argentina, mi panza va mejorando. Parece que el partido que se juega en mi organismo lo va ganando el equipo local. No me gusta esta sensación de fragilidad que me produce notar que la comida o el agua locales me pueden enfermar... de alguna manera es como el día que sentí mal de altura, habiendo crecido en las montañas. En los dos casos me sentí objetivamente extraño en lugares en los que pensé que me adaptaría fácilmente. Habiendo crecido tan cerca de la línea del Ecuador, con la biodiversidad que caracteriza esa región, tener problemas digestivos cuando se va de viaje por un país de estos resulta insultante. Ja, río mientras escribo esto... no sé que me resulta más ridículo, si mis cavilaciones acerca de la biota digestiva y sus particularidades etnográficas, o sentir que tengo barriga de señorito que se enferma en Perú. Jajaja, quizá ninguna de las dos cosas sea más ridícula que la otra, pues las dos parecen estar en el extremo de la boludéz.
5 de agosto, 1 p.m. Último día en Lima.
Desde ayer he estado un poco melancólico, y el clima de esta ciudad eternamente gris ayuda. [...]
Vuelo esta noche (a las 9) hacia Buenos Aires, tengo la tarde por delante pero no quiero hacer planes relacionados con ir a conocer algún lugar para que no me ocurra lo que ya ha sucedido tantas veces: que me engancho haciendo algo y luego se me hace tarde para llegar al aeropuerto, de modo que tomo un taxi y me voy retorciendo en la silla mirando el reloj cada 2 minutos y pensando que esta vez sí pierdo el vuelo. Jajaja, recuerdo que en Río recogí el equipaje corriendo, tomé el taxi en pantalón corto tal cual estaba, y terminé desempacando un jean y vistiéndome mientras el tipo conducía... llegué, hice los trámites, y cuando caminaba para embarcar me vi reflejado en uno de esos vidrios a los que les pegan una película plateada para que no se vea de un lado al otro: poco faltaba para que pudiera ser confundido con un borracho de esos que amanecen el sábado por ahí después de haber dormido en un andén. El jean estaba arrugadísimo, la camiseta sucia, tenía cara de haber sudado como un animal y no haber tomado una ducha... Sentí esa ola cálida que le dice a uno que se está sonrojando, y no pude evitar reír en medio de lo avergonzado que estaba.
Bueno, el asunto es que no planeo ir a ningún lugar distante esta tarde. He pasado la mañana caminando por el malecón, mirando el mar, tomándole fotos... actualicé el fotolog (la tapa de un disco de The Smiths que encontré y un fragmento de una canción de Morrisey –bastante gris todo-), revisé correos, hablé por el Messenger... Sucedió algo muy gracioso porque desperté muy temprano, como a las 4, así que vi algo de tele, tomé una ducha, y salí con la intención de ver el amanecer. Caminé por el malecón buscando un lugar para verlo, encontré un parque cerca de una calle que se llama Venecia, y cuando me senté y empezó a aclarar caí en cuenta que Lima siempre está cubierta de nubes, así que no se puede ver el amanecer: simplemente la luz se va haciendo más intensa hasta que se pone de día del todo. Jajaja, uno de esos desencuentros que pueblan los últimos días... me acuerdo de un tango que justamente se llama así, El Desencuentro, cuyo último verso dice: “Ni el tiro del final te va a salir”. Bien, aun estoy muy lejos del tiro final... por ahora casi todos estos desencuentros son graciosos por ridículos.
7:35 p.m. Volviendo a Buenos Aires.
La escritura siempre me cambia el ánimo... esta tarde terminé riendo al recordar cuán ridícula puede parecer la vida de uno si junta los incidentes pelotudos que le pasan... puede hacer un relato en el que aparezca muy similar a mister Bean.
Llegué a tiempo al aeropuerto, quizá el vuelo se adelante pues hay alerta meteorológica en Buenos Aires. Mientras escribo tomo un JW BL en el bar de fumadores de la zona de embarque... es el mejor que he visto en un aeropuerto, lo patrocina Lucky Strike, es estilo pop, pasan videos de Jesse Green... se está muy bien en él.
Mientras estaba sentado acá me encontré con el porteño con el que compartí asiento cuando venía de Buenos Aires. Él iba a El Salvador de vacaciones, y regresamos en el mismo vuelo. Es cierto lo que dice Marguerite Yourcenar acerca de que el alcohol desembriaga: medio ebrio, uno ya no extraña tanto a las personas.
Vuelvo a sentir la excitación de viajar, la emoción del tránsito, me siento volviendo a casa. Me llama la atención que cuando pienso en “casa” imagino Buenos Aires y no algún lugar de Colombia, aunque allá estén personas a las cuales amo y que muchas veces extraño a niveles que alcanzan el dolor. Bueno, mi amor está bastante disperso por el mundo.
[...]
Cierro este apartado a las 8:32 (hora peruana) de la noche del 5 de agosto de 2006.
8/4/06
Crónicas Peruanas, III
3:30 pm, 31 de Julio.
En Cuzco (Cusco), es una ciudad muy pintoresca y más grande de lo que pensaba. Fue construida alrededor del siglo XII y ha permanecido habitada desde entonces (la más vieja del continente con ocupación permanente). Se encuentra a cerca de 4.000 msnm, así que sufrí los rigores del mal de altura (palpitaciones, mareo, dolor de cabeza), pero me recuperé pronto con la ayuda de un té de coca.
Esta es una ciudad bellísima donde todo el centro está construido sobre las bases de los edificios incas, que hacen parte de la arquitectura colonial. He caminado muchísimo, tomé algunas fotos de balcones súper elaborados, una de una puerta (en la catedral de Lima hice lo mismo), y otra del consulado alemán para Jan […].
Agosto 1, 10:40 a.m.
Ayer di vueltas por ahí, visité una iglesia jesuita en la Plaza de Armas (hay que pagar), y luego fuimos a otra que fue construida encima del templo mayor de los incas. Allí se presencia un espectáculo sorprendente, pues al interior del complejo religioso se conservan varios muros del edificio inca, hechos de piedra sólida verde oscura, y cada bloque encaja perfectamente en los otros, siendo todos de formas irregulares. Es evidente que los incas eran unos tallador es admirablemente sofisticados, y que esa perfección de su técnica, junto a lo grandioso de sus monumentos son lo que confluye para que los místicos junten asombro y al lado de los pseudocientíficos le endilguen la autoría de estas obras a los extraterrestres.
Museo de Arte Precolombino
Anoche cenamos en el restaurante del MAP (Museo de Arte Precolombino). El museo, como todo acá, es una casa colonial de patio central construida sobre una Kancha (casa) inca, y también se ven los cimientos. El lugar me gustó mucho pues es lo más sofisticado que he visto como combinación de nueva y vieja museología. La sobriedad del lugar dejo por fuera las aplicaciones didácticas e interactivas, pero el guión es muy bueno: pocas piezas, textos cortos y claros, vitrinas perfectamente iluminadas, salas limpias de adornos y mamarrachos… lo que hay expuesto es suficiente, ya que uno recorre el lugar en unos 45 minutos (detenidamente) y no tiene tiempo de aburrirse.
Ahora bien, se le podría imputar una desviación de fondo al presentar como “arte” las piezas de la cultura material de civilizaciones que desconocían ese concepto, absolutamente occidental, pero esa es una discusión especializada sin mucho interés para los legos.
El asunto es que ese museo merece toda mi indulgencia arqueológica porque cumple su misión divulgatoria acerca del esplendor de esas culturas dominadas por los españoles o desparecidas antes de su llegada (aunque éstas no hayan sido solo esplendor). El restaurante es otra muestra de esa muy inteligente organización del museo. Funciona en un rectángulo de cristal con pisos de madera ordinaria (de hecho no es madera sino aglomerado del de las cajas de embalar maquinaria o cosas grandes), y ofrece un menú relativamente sofisticado que incluye comida local y del resto del mundo. Como funciona a la noche, las salas del museo permanecen abiertas, de modo que antes o después de cenar uno puede recorrerlas. Eso me pareció maravilloso pues estoy seguro que en muchos casos el restaurante atrae gente al museo, que se beneficia de el y permanece abierto hasta las 10 p.m.
Un museo opuesto a aquél es el Inka, típico viejo museo con miles de piezas –“exhibir mucho y no mostrar nada”, dicen los museólogos-, textos largos y técnicos, vidrieras oscuras o cargadas… no vale la pena visitarlo, lo hicimos esta mañana habiendo pagado 10 soles (3 dólares y medio) y fue muy aburrido.
5:00 p.m.
Esta tarde fuimos a Sacsaywamán, guiados por Emilio, un mesero del restaurante “La Retama” (Plaza de Armas) que escuchó que queríamos ir y se ofreció a llevarnos, pues estudia para guía. Es un lugar muy bello, un anticipi de Machu Picchu, me parece. La entrada costaba 40 soles pero Emilio nos hizo entrar gratis por un lado. Es un complejo que en centro tiene una plaza (Pampa, en quechua), a un lado terrazas de cultivo, y al otro edificios de muros altos de típica construcción inca (estos bloques perfectamente encajados) que según la gente del lugar tenían fines militares. A los alrededores del complejo se continúa excavando, como en Huaca Pucllana (la pirámide pre-inca de Lima). Supongo que en unos 10 años el lugar va a ser más impresionante que ahora.
Sacsaywamán se encuentra a unos 2 km de Cuzco, y se va en taxi por 5 0 7 soles.
Sobre la comida: he probado llama, alpaca y cuy, y las tres carnes me gustaron mucho. Entiendo que el consumo de cuy no esté extendido por la impresión que le puede causar a alguien quisquilloso el hecho de comerse un roedor tan parecido a los ratones, lo que no me explico es por qué pasa lo mismo con las otras dos, pues son animales menos impresionantes que los cuyes, y por lo que por acá se dice, su carne no favorece los problemas de colesterol. Estando en Lima me comí un sándwich en un puesto callejero (los famosos carritos sangucheros de la Señorita Laura) , y quedé encantado por la manera en la que estaba preparada la carne (de cerdo), aunque tuve un lío porque lo pedí con poco ají y a pesar de eso tenía la boca hecha fuego como 15 minutos después de haber terminado, y no se me pasaba con nada… Bajé el sándwich con chicha morada, una bebida clara y fresca hecha de maíz morado en infusión que quería probar hace mucho pues de niño la vi por TV. También vi que en Lima venden una bebida que se llama Champús, como la que se toma en el Valle del Cauca, en Colombia, pero no tomé pues gustándome tanto la que hay en el Valle me emocione cuando vi que vendían y me decepcionó notar que era caliente (la de Colombia es fresca), como una sopa.
Me ha sorprendido mucho lo barata que es la comida en Cuzco. Se puede almorzar en un restaurante popular de los que usan los locales por 1.50 soles (medio dólar), pero no lo he intentado, pues teniendo pocos días y mucho qué hacer, n o quisiera exponer los animales que me habitan al ataque de la biota gastronómica local y sus posibles con secuencias.
Mañana sale el tren para Machu Picchu a las 7 de la mañana.
8/2/06
Crónicas Peruanas, II
Decidí renunciar a la ardua tarea de llevar un diario y escribir crónicas por aparte, así que transcribiré algunas cosas del diario de viaje que voy escribiendo en un cuadernito Rivadavia rojo de tapas duras que compré en Ezeiza, pues el que pensaba usar quedó en casa en medio de la accidentada premura con la que empaqué mis cosas antes de viajar.
Vuelvo con el relato sobre Lima (tomado del diario):
10:55 a.m. (hora argentina) del 29 de Julio.
Volamos sobre Perú, me parece. Me entusiasma esto de llegar a una ciudad solo, comenzar a explorarla en soledad. Me parece que volamos sobre el océano, quizá entraremos a Lima por el oeste (...) [notas personales varias de poca relevancia en una crónica pública como esta]
10:20 (hora peruana), del mismo día.
En Perú se está a dos horas menos que en Argentina, es decir, a la misma hora que en Colombia. Como lo había supuesto, entramos a Lima desde el océano (por el NW). Apenas hemos aterrizado y los porteños se agolpan para salir del avión...
2:23, Julio 30.
Llegué a Lima y tomé un taxi al hotel, como de costumbre en los aeropuertos, la diferencia entre los taxis oficiales que están más cerca de la aduana y los que están 20 metros más allá era del 50%; tomé uno de los segundos y me sorprendí muchísimo al ver cuán pobre es esta ciudad, es como el Sur de Bogotá pero del tamaño de una capital, de hecho, Miraflores, que es uno de los barrios caros, se parece a Fontibón, por donde vivía Rocío [una compañera de mi padre que vivía en un barrio de clase media-media en Bogotá]. Todo es chico, fui a Larcomar, un centro comercia cheto (“gomelo”, en colombiano), qye refiere Jaime Bayly en “No se lo digas a nadie” y me sorprendió cuán pequeño es, casi como Altamirada, el de Ibagué (una ciudad de unos 450 a 500 mil habitantes donde hice la universidad, a unos 200 km de Bogotá). Es un centro comercial construido sobre una barranca con lugares de artesanías, comida, ropa, cosas por el estilo, pero todo muy chico y poco variado. Los locales cierran a las 10, los restaurantes a las 12. Me aburre bastante que no hay mucho para hacer a medida que avanza la noche. Otra cosa que me llamó la atención es que no existen los taxímetros, si uno no pregunta de antemano el precio, el taxista lo caga.
Hoy vi el Centro Histórico, si bien la ciudad en general es más fea y pobre que Bogotá (no tiene sentido compararla con Buenos Aires pues Perú y Argentina tienen una historia más distante que la de Colombia y Perú), el centro histórico es más bello. La Catedral se ve sorprendentemente moderna (de finales del 1500) y tiene estilo mudejar aquí y allá; en ella está enterrado Francisco Pizarro, el famoso criador de cerdos español que conquistó a los incas.
Cuando salía de la catedral llegaron dos camionetas con vidrios polarizados y de una de llas se bajó Alan García, el nuevo presidente. Estaba a solo 1 metro de él y al comienzo no podía creer que fuera el presidente porque iba sin escolta... es un país raro este, el presidente anda sin escolta, la gente esta obligada so pena de multa a izar la bandera en las fiestas patrias... los militantes del Sendero Luminoso -entre ellos Cinthya Garrido Leca, una famosa bailarina de ballet de una familia aristocrática- están condenados a cadena perpetua en completo aislamiento...
Julio 31, 8:40 a.m.
Saliendo para Cuzco, escribo desde la sala de espera. Ayer vi Dacha Pucllana, una pirámide pre-inca usada por última vez por la cultura Lima hace más o menos 1300 años. Tomamos un largo tour en inglés (los que eran en español salían una hora mas tarde) con una guía pobre, tosca, muy inteligente y amable que hablaba poco inglés. Estuve muy contento de ver su esfuerzo y cómo le salía mejor de lo que ella pensaba, fue conmovedor y de alguna manera me entusiasmo respecto de la humanidad, que por lo general me parece tan decadente.
[largo párrafo de aquellas cosas...]
Ayer comencé a escribir una crónica de este viaje en mi nuevo espacio de msn, a donde estoy moviendo cosas que tenía en el otro, pues he asociado el nuevo a mi messenger. No se si mueva todas las fotos, lo dudo.