Tres meses sin escribir por acá... han cambiado tantas cosas en este tiempo, que es estéril el propósito de dar cuenta de todas ellas.
Lo más general de todos estos cambios es que me encuentro instalado en mi nueva vida post-Diego. Justamente hoy hace un año nos conocimos, pero el post no tiene que ver con la fecha. Tengo un poco de tiempo pues terminé de leer el cuarto de una serie de Agatha Christie que va a editar Planeta para el diario La Nación, y como era una tarde encantadora de primavera-cuasi-verano, salí a caminar y disfrutar de la ciudad, tras haberme perdido muchas tardes como esta por estar sentado al computador leyendo.
Desde la última vez que postee sucedieron las siguientes cosas, en un orden que quizá no corresponda con como las enumero: encontré un departamento en el barrio de Villacrespo, que es medio-armenio, medio-judío, medio-libanés. Eso da un barrio y medio, pero no importa, no he sido muy bueno con los números, que digamos. Me mudaré de allí a fines de marzo, pero como dicen en Colombia, amanecerá y veremos. Otra de las cosas que ha sucedido es que parece irse cerrando la herida abierta por la ruptura con Diego... esas cosas no cierran definitivamente, me parece, aún me talla en un rinconcito del alma, pero ya no es como antes. En medio de eso, no ha habido muchas novedades, aunque con una novedad de ese tamaño: que voy saliendo de la tumba que habitaba cuando escribí acá por última vez, no parece hacer falta mucho.
La tarde de hoy fue deliciosa: terminé de leer como a las cinco, me bañé, escribí una carta para Jan, y salí. Busqué durante mucho rato una oficina de Correo Argentino pues todas estaban extrañamente cerradas a las siete de la tarde, y cuando por fin la encontré hice un tardío envío de cumpleaños para el chico. Lo terminé haciendo en una oficina de Avenida de Mayo, por donde caminé tomando mate y simplemente mirando la gente pasar. Me gusta caminar por ahí, solo, simplemente hablando conmigo, ausente en medio de la multitud. Luego caminé por 9 de Julio hasta Corrientes tomando fotos de vez en cuando (malas casi todas, me parece), y fui a ver una peli en el cine Tita Merello. Se llama "Chicha tu madre", y es una producción peruano-argentina acerca de un taxista que está aprendiendo a leer el tarot... es buena, me entusiasma cuando veo una buena película hecha en un país del tercer mundo donde todo, y en especial el cine, cuesta más dinero y esfuerzo. A la salida del cine había música y proyección de fotos de la historia argentina en el obelisco, así que volví a sacar el termo que había guardado al entrar al cine y continué tomando mate mientras veía algo de las fotos, me gustó pero no era un plan muy divertido para pasar largo rato, así que seguí caminando por Corrientes y me zampé una MacNífica en Mac Donalds (crucifíquenme, señores globalifóbicos), desde donde seguí caminando hasta sentarme en este ciber.
Volviendo a temas menos anodinos, he pensado mucho últimamente en el vínculo que tengo con Jan. Me resulta bello notar cómo hemos mantenido y desarrollado la conexión que establecimos hace más de un año. Nuestros intercambios postales, virtualmente innecesarios en la época del email y la telefonía IP me emocionan de una manera casi pueril. No sabes cuándo tu vida va a dar un giro con solo decir "hola" a un desconocido.
Otro año que se cierra, es mi tercer verano en Buenos Aires, una ciudad que me ha capturado completamente. Creo que estaré por un tiempo prolongado acá... Me siento cómodo, en casa. Hoy, mientras veía imágenes de Lima en la película aquella, recordé la emoció que sentí cuando iba en el taxi rumbo al aeropuerto de Lima el día de mi regreso a Buenos Aires, estaba feliz, me sentía volviendo a casa. Aquél había sido un viaje de huída, el día que tomé el avión en Ezeiza había llorado por el peso de la catástrofe que suponía la ruptura, esa noche Diego se había llevado su escritorio del departamento -era prácticamente lo último que quedaba-, y el estado del mundo me resultaba detestable. Sin embargo, el regreso era distinto, me sentía feliz de volver a esta ciudad, valiente para hacer una vida distinta a la que había hecho hasta entonces, emocionado por los lugares que había visitado y por la incomparable potencia que me proporciona viajar solo. Hay una canción de Andrés Calamaro que se llama "No tan Buenos Aires" cuyo primer verso dice: "ya siento que estoy radiante por volver, tengo en cuenta que el diamante es carbón...", me identifico de cabo a rabo con ella. Bueno, las imágenes de Lima me recordaron ese momento en el que empezaba a poner un pie fuera de la tumba.
Se imponen los balances, creo que el 2006 fue un buen año, sin mediaciones, fue bueno en todo sentido. Inutil preguntarse si las cosas con D habría podido ser de otra manera, y cerrado ese capítulo, el balance es excelente. En medio de eso, y gracias a esa crisis, aprendí cientos de cosas, cometí errores que no volveré a cometer... no estoy diciendo "Las uvas están verdes", como la zorra de la fábula. He conocido personas encantadoras este año, eso también hace parte del balance. Volví a ver teatro con asiduidad, y le voy tomando el ritmo a mi vieja pasión cinematográfica, ando viendo muchas películas con amigos y solo, y me encanta. Hoy puedo decir, como Morrissey: At last I am born.
Escribo esto mientras escucho a Rufus Wainwright, un músico espléndido que conocí a través de Jan.
Estos días hace un calor de morir: ando quedándome despierto hasta las 430 o 5, cuando empieza a amanecer, para pasar la mayor parte del día durmiendo con el ventilador encendido y leyendo tranquilamente en casa, mientras llega la hora del fresco y salgo a dar una vuelta (no siempre).
Tengo ganas de dar una vuelta por Colombia, extraño algunas personas de allí. Hace unos días hablé con Goya, mi tía (hermana-de-crianza) y me puse a llorar... estaba feliz y triste al mismo tiempo. Soy un llorón sin remedio. El periplo por Colombia, como otras cosas, tendrá que esperar, no me estoy muriendo de hambre pero ando quebrado.
¿Qué traerá el 2007?