Ella: –Y quizá mejor que fuera así.
Él: –O quizá no fue mejor. Pero ni para qué llorar sobre leche derramada.
Ella: –Porque tu con más tiempo me habrías dejado mal. […]
Él: –¿Mal cómo? ¿Renga?
11/12/15
11/4/15
La nieve, mi abuelo, la estepa rusa (y Auschwitz)
Cuando era niño muchas veces escuché a mi abuelo Chucho cantando "Sonia", un tango con aire de balada rusa que interpretaron Carlos Gardel y Julio Jaramillo. En mi memoria quedó marcada como una canción triste de amor, que hablaba de estepas cubiertas de nieve habitadas por lobos hambrientos, pero no quedó como un recuerdo triste, sino como parte de esa miríada de momentos de sosiego y felicidad en los que él y mis dos abuelas fueron modelando con sus voces buena parte de mi sensibilidad musical.
Muchos años después terminé viviendo en Alemania, y durante mi primer invierno fui a esquiar a un pueblito de los Alpes, en la frontera con Austria, que se llama Oberstdorf. Íbamos en camino en un tren rural que avanzaba lentamente, yo me había arrunchado en mi silla contra la ventana, y observaba distraído el paisaje de pueblos y pequeñas ciudades industriales de la región del Allgäu, cuando de repente el paisaje se abrió y comenzamos a atravesar un valle amplio, despoblado y cubierto de nieve. En ese momento, en medio de mi distracción, acomodado en el calidez de mi silla de tren, me descubrí cantando el tango que tantas veces le había escuchado a mi abuelo. Cuando reaccioné y quise tomar una foto de ese sitio donde se había producido una hermosa confluencia de aquél que yo era en ese momento y aquél que fui cuando viví años tan felices en la finca de mis abuelos Leal Bernal, conociendo el mundo a través de la radio y aprendiendo sobre la música, el amor y la vida a través de las canciones que mi abuelo cantaba, ya era tarde. Estábamos saliendo del valle que por un momento fugaz fue una estepa rusa, y sólo pude tomar una foto en la que se ven una pequeña parte del valle y dos casitas de la que se usan en esos lugares para guardar herramientas o alimento para los animales. Pero la foto era lo de menos. Como tantas otras veces antes y después de aquél momento maravilloso, la música había derrotado a la muerte y me había devuelto a mi abuelo, quien viajaba conmigo en ese momento en el tren, y me acompañaba con su voz grave cantando:
La inmensa extensión de las estepas
cubierta por la blanca nieve está,
y son de este presidio las murallas
tan altas, que ni el sol se ve alumbrar...
Leopoldi sobrevivió porque su esposa logró escapar a Nueva York y rescatarlo de Buchenwald pagando un soborno enorme, y años después dijo que la canción
Hoy día "Sonja" es recordada en Rusia como una vieja canción popular de ese país, aunque a decir verdad el paso al género "folk" ruso la despojó de la fuerza dramática que le conocemos a la versión original y al tango.
Muchos años después terminé viviendo en Alemania, y durante mi primer invierno fui a esquiar a un pueblito de los Alpes, en la frontera con Austria, que se llama Oberstdorf. Íbamos en camino en un tren rural que avanzaba lentamente, yo me había arrunchado en mi silla contra la ventana, y observaba distraído el paisaje de pueblos y pequeñas ciudades industriales de la región del Allgäu, cuando de repente el paisaje se abrió y comenzamos a atravesar un valle amplio, despoblado y cubierto de nieve. En ese momento, en medio de mi distracción, acomodado en el calidez de mi silla de tren, me descubrí cantando el tango que tantas veces le había escuchado a mi abuelo. Cuando reaccioné y quise tomar una foto de ese sitio donde se había producido una hermosa confluencia de aquél que yo era en ese momento y aquél que fui cuando viví años tan felices en la finca de mis abuelos Leal Bernal, conociendo el mundo a través de la radio y aprendiendo sobre la música, el amor y la vida a través de las canciones que mi abuelo cantaba, ya era tarde. Estábamos saliendo del valle que por un momento fugaz fue una estepa rusa, y sólo pude tomar una foto en la que se ven una pequeña parte del valle y dos casitas de la que se usan en esos lugares para guardar herramientas o alimento para los animales. Pero la foto era lo de menos. Como tantas otras veces antes y después de aquél momento maravilloso, la música había derrotado a la muerte y me había devuelto a mi abuelo, quien viajaba conmigo en ese momento en el tren, y me acompañaba con su voz grave cantando:
La inmensa extensión de las estepas
cubierta por la blanca nieve está,
y son de este presidio las murallas
tan altas, que ni el sol se ve alumbrar...
La historia de la canción es otra cosa. Originalmente fue grabada en Viena, al rededor de 1920, con letra de Fritz Löhner-Beda (a veces conocido como Beda) y música de Eugen Partos, de quien fue su "Op. 89" (nótese que en el siguiente video está equivocadamente titulada como una "vieja canción rusa").
Allí la descubrió Carlos Cappenberg, un músico argentino quien de regreso en Buenos Aires la tradujo e hizo los arreglos de la versión que conocemos, y que Gardel grabó en 1925.
Beda, el compositor original, era un judío nacido en 1883 en Bohemia, hoy República Checa pero entonces parte del imperio austrohúngaro. Su familia se mudó a Viena cuando él tenía cinco años y se cambió el apellido de Löwy a Löhner, como parte del intento de asimilación que vivieron muchas familias judías de la época en Europa central. Allí estudió derecho pero luego se hizo famoso como libretista de teatro y compositor, y es de esa época que proviene "Sonja". El 1 de abril de 1938, dos semanas después de la anexión de Austria por la Alemania Nazi, Fritz Löhner, de entonces 55 años, fue detenido junto con otros muchos ciudadanos judíos y deportado en el primer "Prominententransport" ("Transporte de personas importantes) al campo de concentración de Dachau, unos 20 kilómetros al sur de Múnich. Casi seis meses después, el 23 de septiembre, fue deportado nuevamente a Buchenwald, a pocos kilómetros de Weimar, en la actual Alemania del Este. Allí compuso, a finales de ese año, la Canción de Buchenwald ("das Buchenwaldlied"), una marcha cuya música fue compuesta por Hermann Leopoldi, otro judío vienés. La canción fue adoptada como himno de Buchenwald tras salir ganadora en un concurso organizado por el comandante del campo, al que fue presentada como propia por un prisionero no judío.
Leopoldi sobrevivió porque su esposa logró escapar a Nueva York y rescatarlo de Buchenwald pagando un soborno enorme, y años después dijo que la canción
"complacía intensamente al comandante del campo, que en su estupidez no veía cuán revolucionaria era. Desde ese día tuvimos que cantar la canción mañana, tarde y noche, a [Rödl], el comandante del campo, le gustaba bailar la canción, mientras a un lado la banda tocaba y al otro la gente era azotada. A través de nuestro trabajo la canción llegó a los pueblos vecinos, y desde allí se extendió por la tierra".El 17 de octubre de 1942 Löhner fue nuevamente deportado, esta vez a Auschwitz, donde fue asignado para trabajar en la planta tecnoquímica de Buna, propiedad de IG Farben –una empresa de Frankfurt cuyas sucesoras son Agfa, Bayer, BASF y Hoechst–, en la que también fue esclavizado Primo Levi. Allí compuso la canción de Buna ("das Buna-Lied"), que al parecer fue musicalizada luego por Anton Geppert, pero cuya melodía desconozco. Löhner fue asesinado a golpes a la edad de 59 años, el 4 de diciembre de 1942, después de que un superior lo condenara a muerte por ser un "cerdo judío que podría trabajar más rápido" de lo que trabajaba.
Hoy día "Sonja" es recordada en Rusia como una vieja canción popular de ese país, aunque a decir verdad el paso al género "folk" ruso la despojó de la fuerza dramática que le conocemos a la versión original y al tango.
10/27/15
Cocinero de conejos
Hace siglos en Buenos Aires. Nos estábamos "conociendo": en sentido personal lentamente, y en sentido bíblico prolongada y repetidamente cada vez que se podía. Y sucedía que cuando yo decía "¿Querés un mate?", o "Me estoy muriendo de hambre, ¿Pedimos algo?", su respuesta invariable era "Sí, quiero". Lo decía suave, pausadamente, mirándome fijamente a los ojos y esbozando una sonrisa que me parecía simpática, pero nada más. Luego, cuando ya era muy tarde, descubrí en el preciso momento en el que, fuera de sí, hablando a velocidades supersónicas, con los ojos abiertos como platos, me hacía el inventario de las cosas que había leído, de las fotos que había visto en mi computador aprovechando mi ausencia... digo, en ese momento, cuando ya era tardísimo para desmontarme fácilmente, como quien no quiere la cosa, me percaté de que ese "Sí, quiero", que recién entonces descubrí sacado de las ceremonias matrimoniales, me anunciaba tempranamente que me había metido con un cocinero de conejos, con el alma gemela de Alex Forrest, ese personaje que interpretó Glenn Close en "Atracción fatal".
Bien lo decía mi abuela cuando hacía alguna autocrítica: el indio piensa tres días después de muerto.
Bien lo decía mi abuela cuando hacía alguna autocrítica: el indio piensa tres días después de muerto.
10/19/15
Ya se le cayó el columpio donde ella se columpiaba...
En un ala de mi familia hay una señora muy aseñorada que hoy ya arrima a los 70... La prima segunda aquella es famosa desde pequeña por ser mala y orgullosa, y cuentan que cuando sus padres la mandaron a estudiar para maestra al internado de señoritas, ella se volvió todavía más fina. Cuando iba la madre a visitarla ella la atendía como quien no quiere la cosa, y le decía a las compañeras de internado que esa señora era la sirvienta, y que iba a llevarle los regalos que le mandaban sus padres.
La prima esta, conocida como "Nena" o "Nenita", se casó ya siendo maestra -es decir habiendo ascendido a un nivel de finuras casi celestial–, y con finuras y todo hubo fiesta en la modesta casa campesina de sus padres. Habrá habido un nutrido público entre parientes, vecinos y dignatarios, imagino yo, que no pude asistir porque en esas épocas todavía me encontraba dividido en óvulo y espermatozoide a la espera de un accidente que me hiciera venir al mundo. Y cuenta la historia que arribada la comitiva que había viajado con los novios loma arriba en jeep desde el templo parroquial localizado en el pueblo hasta la casa paterna en la vereda San Miguel, imagino yo que unos gritando "¡Que vivan los novios!" entre curva y curva, y los otros respondiendo "¡Que vivaaan!... digo, y para no divagar, que arribada la comitiva a la casa paterna, los novios se aprestaron a dar inicio solemne al jolgorio deleitando a los asistentes con el baile inaugural. Correspondiente con la finura principesca de la novia, con sus exquisités casi vienesa, y para honrar una tradición popular ya por entonces arraigada en Colombia, la pieza preparada para tan solemne acto era el "Danubio Azul". Y estando ya Nenita en brazos de su reciente esposo, toda envuelta en tules blancos que disimulaban su gravidez galopante y caían graciosamente como pétalos de azucena a pesar de su contextura algo gruesa, de esa que tienen las damiselas que mi madre suele calificar gentilmente de "tolvonas"... Estando ya los novios listos, él con una mano en la cadera de su doncella y la otra en alto, ella con la mano correspondiente posada sobre la que tenía levantada su amor, y la otra en el hombro que tantas veces la había sentido suspirar... No funcionó, o no apareció - la tradición oral no especifica - el disco o el caset desde donde debía sonar el tal "Danubio Azul".
A falta de más música elegante para honrar la finura de la recién casada, y ante la necesidad perentoria de dar inicio al tan esperado festejo, los novios tuvieron que dar al traste con las horas de ensayos del tan preparado vals, y se entregaron a los mejor conocidos zangoloteos de la siguiente melodía, a mi juicio más simpática que el tal Danubio, aunque carezca de sus elegancias:
Y así, viendo los concurrentes cómo el novio zangoloteaba entre sus brazos a Nenita, toda ella envuelta en tules blancos y recién bajada de su nube de distinción por una pedrada del destino, debieron cantar divertidos el verso de su canción de bodas que dice "ya se le cayó el columpio donde ella se columpiaba...".
La prima esta, conocida como "Nena" o "Nenita", se casó ya siendo maestra -es decir habiendo ascendido a un nivel de finuras casi celestial–, y con finuras y todo hubo fiesta en la modesta casa campesina de sus padres. Habrá habido un nutrido público entre parientes, vecinos y dignatarios, imagino yo, que no pude asistir porque en esas épocas todavía me encontraba dividido en óvulo y espermatozoide a la espera de un accidente que me hiciera venir al mundo. Y cuenta la historia que arribada la comitiva que había viajado con los novios loma arriba en jeep desde el templo parroquial localizado en el pueblo hasta la casa paterna en la vereda San Miguel, imagino yo que unos gritando "¡Que vivan los novios!" entre curva y curva, y los otros respondiendo "¡Que vivaaan!... digo, y para no divagar, que arribada la comitiva a la casa paterna, los novios se aprestaron a dar inicio solemne al jolgorio deleitando a los asistentes con el baile inaugural. Correspondiente con la finura principesca de la novia, con sus exquisités casi vienesa, y para honrar una tradición popular ya por entonces arraigada en Colombia, la pieza preparada para tan solemne acto era el "Danubio Azul". Y estando ya Nenita en brazos de su reciente esposo, toda envuelta en tules blancos que disimulaban su gravidez galopante y caían graciosamente como pétalos de azucena a pesar de su contextura algo gruesa, de esa que tienen las damiselas que mi madre suele calificar gentilmente de "tolvonas"... Estando ya los novios listos, él con una mano en la cadera de su doncella y la otra en alto, ella con la mano correspondiente posada sobre la que tenía levantada su amor, y la otra en el hombro que tantas veces la había sentido suspirar... No funcionó, o no apareció - la tradición oral no especifica - el disco o el caset desde donde debía sonar el tal "Danubio Azul".
A falta de más música elegante para honrar la finura de la recién casada, y ante la necesidad perentoria de dar inicio al tan esperado festejo, los novios tuvieron que dar al traste con las horas de ensayos del tan preparado vals, y se entregaron a los mejor conocidos zangoloteos de la siguiente melodía, a mi juicio más simpática que el tal Danubio, aunque carezca de sus elegancias:
7/23/15
Cambio de tercio
Va cerrándose un ciclo en mi vida. Un proceso en el cual la sistemática constatación de que la sociedad argentina en la que me hice adulto, aquella que extrañé durante mucho tiempo desde que dejé el país, dejó de existir. Esa era una sociedad abierta, llena de gente poco dogmática -descontados los militantes rabiosos de cualquier cosa, que no eran pocos-, que proyectaba una enorme alegría de vivir y una fuerza colosal para sobreponerse a dictaduras, crisis económicas y borrascas políticas. Pero en los últimos años he visto con asombro la polarización galopante, la instauración del odio sectario como forma fundamental de hacer política de aparato, la imposibilidad de hablar como antes con amigos y extraños del pasado y el presente sin exponerse a las más violentas reacciones, a los más vulgares epítetos, a los más aborrecibles estigmas.
Así cayeron en implosiones repentinas cargadas de odio varias de mis amistades de aquellos tiempos, por conversaciones que pensaba banales como tantas otras que habíamos tenido antes, sobre temas como la utilización de las estadísticas como herramienta de la mentira oficial, o sobre el recorte sistemático de libertades democráticas por un gobierno al que en su historia temprana no le faltaron acciones dignas de elogio.
El invierno pasado, hablándole a un amigo de allá que estaba en una estancia académica en Europa sobre la nostalgia que a veces tenía de la Argentina, él me respondió algo así como "no se confunda, mi estimado. Su Argentina imaginada ya no existe. Hoy vivimos en una mazmorra poblada de sabuesos feroces y musicalizada con el estruendo que causan las purgas". Quedé impávido tanto por el contenido de la respuesta como por el hecho de que una persona absolutamente moderada como esa hubiera hablado de una manera que jamás le escuché en 10 años de amistad. Pero lo que dijo y la conversación que luego sostuvimos me ayudaron a entender las continuidades que había entre elementos que veía desde el exterior con alguna incomodidad, pero no lograba articular como un todo comprensible.
De ese derrumbe quedan, sin embargo, muchas relaciones con amigos y colegas, no porque hayamos evitado hablar de lo que sucede en ese país extraordinario, sino porque ellos se han puesto al margen de la atmósfera tóxica que al parecer lo invade casi todo allí por estos tiempos, y que impide conversar, ponerse de acuerdo o seguir en desacuerdo, y hacer todo eso sin odiarse ni insultarse. Por las cosas que he vivido con esas personas y por el hecho de que nuestras relaciones son sobrevivientes de una época de rupturas sectarias, mantengo la expectativa de que quizá en algún momento vuelvan a calmarse las aguas, y el sectarismo regrese a su marco tradicional de las rivalidades entre hinchadas de fútbol. Pero quien sabe. Los proyectos refundacionales que cuentan con tiempo suficiente rara vez pasan sin dejar transformaciones profundas en la cultura, que perduran más que las ciudades Potemkin que suelen construir con plata dulce o "viento de cola".
Mientras tanto, continúo por la senda divergente en la que me plantó la vida hace ya varios años, manteniendo la mirada expectante en ese país que aún habitan personas que amo de distintas maneras, y sin lamentarme por la Argentina que perdí. Trato de seguir en la medida lo posible el consejo de Konstantinos Kavafis en "El dios abandona a Antonio":
Cuando de pronto, a media noche oigas
pasar un invisible cortejo
con exquisitas músicas y voces,
no lamentes en vano tu fortuna
que cede al fin, tus obras fracasadas,
los ilusorios planes de tu vida.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente, dile
adiós a Alejandría que se aleja.
Y sobre todo no te engañes: en ningún caso pienses
que es un sueño tal vez, o que miente tu oído.
A tan vana esperanza no desciendas.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente, como
quien digno ha sido de tal ciudad, acércate
a la ventana. Y ten firmeza, oye
con emoción, mas nunca
con el lamento y las quejas del cobarde,
goza por vez final de los sones,
la música exquisita del cortejo divino.
Despide a la Alejandría que así pierdes.
6/9/15
Algún dia tendrás que elegir entre tu hígado y tu decencia
Últimamente, cada vez que leo escritos académicos sobre el conflicto colombiano encuentro una mezcla de provincianismo, megalomanía y superficialidad. Se dice por ejemplo:
1. "Hasta inicios del siglo XXI Colombia fue un país sin memoria." Es decir que nadie se acordaba de La Violencia, el 9 de abril y todas esas cosas hasta que se puso de moda la palabra "memoria".
2. "La particularidad del caso Colombiano es que es el único donde las víctimas luchan por la justicia y memoria en medio del conflicto". Como quien dice antes de Colombia no hubo nada: ni partisanos antinazis, ni camboyanos en el exilio, ni sudafricanos, ni madres de Plaza de Mayo... NADA.
3. "Uno de los grandes problemas de las víctimas es que viven en un presente que no pasa, porque la no-finalización del conflicto supone la existencia de un eterno presente". Claro: la gente no nota que pasa el tiempo, no se da cuenta de que la guerra cambia, los presidentes cambian, los impuestos suben, cumple años, le salen arrugas...
4. "Las mujeres son la esperanza de la humanidad y [cómo no] de Colombia. Son las únicas capaces de acabar el conflicto". El viejo vicio feminista de dejarse crecer los pelos de las axilas y el bozo para lo que conviene, pero reproducir la figura machista de la mujer esencialmente delicada, maternal, procreadora, también según convenga. Las sanguinarias y ultraderechistas desaparecen de la historia, y la pseoudoacademia feminista soluciona el asunto con el eslogan machista de "[las malas] son mujeres pero piensan como hombres" (esto es una respuesta literal que me dieron).
Y no digo todo esto desde la posición arrogante de quien vive en el exterior y pontifica desde una universidad del primer mundo. Lo digo desde la posición arrogante del que le debe a la teoría y al rigor científico la seguridad elemental de que ni los colombianos han inventado nada bueno o malo en relación con la guerra, ni las frases sensibleras sirven para describir científicamente la realidad.
Pero a la larga el asunto no da para irritarse. Quizá el problema de fondo es que quedó una gran cantidad de mano de obra talentosa y desocupada con la eliminación de los cursos de contenido patriótico en los que se convencía a los niños de que vivían en un país único en el mundo, y los de poesía en los que se les enseñaba a escribirle versos rosados a la patria, la madre, la novia. Por esos efectos casi metafísicos de la economía, esa mano de obra y ese talento parecen haberse trasvasado al menos en parte al ámbito de las ciencias sociales.
Quizá lo que más le conviene a nuestros hígados es suspender de vez en cuando nuestra decencia científica y, para parafrasear a Bergoglio, pensar: "¿Quién soy yo para juzgar a la gente que vive diciendo pelotudeces desde la academia? Debemos tratarlos con amor y conmiseración, como indica el catecismo que hay que hacer con los homosexuales." Pero no: ni suspendo mi decencia académica ni cuido mi hígado. Por mi l@s patriotas y escritor@as de acrósticos (así, con las @arrob@s que le encanta usar al pelotudaje) se pueden ir a la mierda con su pseudociencia y su sensiblería.
1. "Hasta inicios del siglo XXI Colombia fue un país sin memoria." Es decir que nadie se acordaba de La Violencia, el 9 de abril y todas esas cosas hasta que se puso de moda la palabra "memoria".
2. "La particularidad del caso Colombiano es que es el único donde las víctimas luchan por la justicia y memoria en medio del conflicto". Como quien dice antes de Colombia no hubo nada: ni partisanos antinazis, ni camboyanos en el exilio, ni sudafricanos, ni madres de Plaza de Mayo... NADA.
3. "Uno de los grandes problemas de las víctimas es que viven en un presente que no pasa, porque la no-finalización del conflicto supone la existencia de un eterno presente". Claro: la gente no nota que pasa el tiempo, no se da cuenta de que la guerra cambia, los presidentes cambian, los impuestos suben, cumple años, le salen arrugas...
4. "Las mujeres son la esperanza de la humanidad y [cómo no] de Colombia. Son las únicas capaces de acabar el conflicto". El viejo vicio feminista de dejarse crecer los pelos de las axilas y el bozo para lo que conviene, pero reproducir la figura machista de la mujer esencialmente delicada, maternal, procreadora, también según convenga. Las sanguinarias y ultraderechistas desaparecen de la historia, y la pseoudoacademia feminista soluciona el asunto con el eslogan machista de "[las malas] son mujeres pero piensan como hombres" (esto es una respuesta literal que me dieron).
Y no digo todo esto desde la posición arrogante de quien vive en el exterior y pontifica desde una universidad del primer mundo. Lo digo desde la posición arrogante del que le debe a la teoría y al rigor científico la seguridad elemental de que ni los colombianos han inventado nada bueno o malo en relación con la guerra, ni las frases sensibleras sirven para describir científicamente la realidad.
Pero a la larga el asunto no da para irritarse. Quizá el problema de fondo es que quedó una gran cantidad de mano de obra talentosa y desocupada con la eliminación de los cursos de contenido patriótico en los que se convencía a los niños de que vivían en un país único en el mundo, y los de poesía en los que se les enseñaba a escribirle versos rosados a la patria, la madre, la novia. Por esos efectos casi metafísicos de la economía, esa mano de obra y ese talento parecen haberse trasvasado al menos en parte al ámbito de las ciencias sociales.
Quizá lo que más le conviene a nuestros hígados es suspender de vez en cuando nuestra decencia científica y, para parafrasear a Bergoglio, pensar: "¿Quién soy yo para juzgar a la gente que vive diciendo pelotudeces desde la academia? Debemos tratarlos con amor y conmiseración, como indica el catecismo que hay que hacer con los homosexuales." Pero no: ni suspendo mi decencia académica ni cuido mi hígado. Por mi l@s patriotas y escritor@as de acrósticos (así, con las @arrob@s que le encanta usar al pelotudaje) se pueden ir a la mierda con su pseudociencia y su sensiblería.
5/15/15
Odios que son elogios
Hoy me percaté de una colega antropóloga con la que en algún momento me unió una tibia amistad y una relación de trabajo en Colombia, rompió unilateralmente relaciones conmigo debido a mis críticas públicas a las olas de antisemitismo disfrazado de solidaridad con los palestinos en las que ella toma partido frecuentemente. Digo "antisemitismo disfrazado de solidaridad", porque ahora que ISIS está exterminando a los palestinos en Siria ni ella ni los demás "solidarios" han dicho nada. Ya sabemos que el único palestino bueno es el que mata una bala israelí.
Cero y van tres. El primero fue un historiador brasileño con el que compartí un curso sobre memoria del Holocausto en Israel, quien se ofendió porque publiqué en este blog una entrada criticando el uso de fotografías de distintas guerras para decir que representaban víctimas de los bombardeos de Israel sobre Gaza en la última guerra con Hamas. En la entrada no lo mencionaba a él, de quien no sabía que recurría a esa táctica reprobable de engaño. Y me di cuenta que había roto relaciones conmigo cuando intenté contactarlo después de que una amiga común que teníamos me contó sorprendida que le había dejado de hablar cuando ella lo criticó por ese uso infame de las imágenes de muertos, y le dio a leer mi texto. La segunda fue E., una socióloga turca con la que me unió una fugaz amistad que hizo implosión cuando ella me contó que había roto con personas con las que compartía apartamento porque defendían el derecho de Israel a existir, y yo le dije que entonces iba a romper conmigo porque yo también lo defiendo debido a que el efecto concreto de la consigna progre de "por la destrucción del Estado sionista" sería una limpieza étnica y un genocidio contra los habitantes de ese país, sean sionistas o no. No fue sino decir eso y E. cortó inmediatamente la comunicación. En sentido literal. Estábamos chateando y no volvió a escribir nada, hasta el día de hoy. Eso en el marco de una conversación que había iniciado como parte de un intento de programar una cita para vernos porque coincidencialmente ambos estábamos en Estambul en ese momento.
Uno de los rasgos de los tres casos que menciono es que no hubo una sola discusión, aunque fuera breve. Tampoco notificación formal de que me mandaban a la mierda por X o Y razón. Simplemente un portazo. El otro rasgo es que las tres personas son científicos sociales progres, muy dados a los derechos humanos y a las solidaridades con los oprimidos. Eso en el marco del ejercicio del antisemitismo vicioso por parte de S., el uso malintencionado de fotos de víctimas no atribuibles al sionismo por parte de ella y R., y la defensa de una posición cuyas implicaciones concretas serían la perpetración de una limpieza étnica y un genocidio por parte de E.
Hago énfasis en que las críticas mías han sido públicas porque nunca discutí con S., R. o E. al respecto, ni los dos de ellos que leen español opinaron sobre los dos artículos que he publicado en el último año sobre el tema. Simplemente me eliminaron de sus listas de contactos de Facebook o dejaron de hablarme sin mediar palabra, y al menos S. y R. siguieron muy tranquilos cultivando los huertos de odio, falsa solidaridad y manipulación de dolor de los palestinos que crecen como un jardín envenenado en sus muros de Facebook.
Estimo, de cualquier modo, que la decisión de no discutir conmigo tiene algo de sensato, porque refleja que saben que no tendría sentido meterse en una polémica en la que a sus odios dogmáticos yo seguiré oponiendo pruebas documentales. Cuando éramos compañeros de trabajo en Colombia solía responder benévolamente a los comentarios manifiestamente, viciosamente antisemitas de S. no sobre el conflicto palestino-israelí, sino sobre la banca, los medios de comunicación, etcétera. Para ella los judíos son lo peor aunque ella misma reconoce que no conoce a ninguno, y están en todas partes aunque no puede explicar cómo lo sabe ni exactamente en qué partes están porque nunca los ha visto en persona. Nunca nos pudimos entender en ese punto sencillamente porque tampoco nos entendíamos en otro. Mi benevolencia se debía a que yo sabía que a ella el antisemitismo le viene de la larga historia de violencia católica y provincialismo que cargamos los colombianos, y de la cual a ella no la pudo librar la antropología. Y ella, presa de esa estructura, siempre dejó ver que interpretaba mi actitud tranquila como una expresión de que yo le daba la razón.
Calculo que así seguirán las apuestas. Cada tanto me toparé con algún fanático religioso, algún antiabortista, algún antisemita, algún peronista rabioso, y no discutiremos porque es sabido que el que discute con fanáticos pierde su tiempo. Pero yo seguiré escribiendo y publicando sobre esos temas, y ellos se ofenderán y me insultarán o no dirán nada, pero cada tanto alguno se hará a un lado y romperá el contacto conmigo para seguir fermentando su alma en el odio y la seguridad que les producen creencias contradictorias entre sí, insostenibles a la luz de la evidencia histórica o científica. Y en medio de eso, lo que leyeron en mis artículos o me oyeron decir les servirá para reafirmar sus odios de una manera u otra. A la larga continuaremos moviéndonos en direcciones opuestas: ellos aferrándose a sus miedos, sus odios y sus dogmas, y yo intentando navegar científicamente por el mundo complicado que vivimos, cambiando de opinión cuando algo me haga descubrir que estoy equivocado. Seguiremos habitando los lugares distantes del sectario y el científico: ellos cada vez estarán más seguros de sus odios y yo no muy seguro de mis opiniones, pero cada vez mejor informado.
Y para cerrar este post ilustrando de nuevo las patas cortas de los odios sectarios y solidaridades aparentes de los que vengo hablando, dejo acá los links a los dos artículos que honrosamente me ganaron el repudio de la antropóloga colombiana y el historiador brasileño:
http://manuscritoenunabotella.blogspot.de/2014/07/sobre-el-bombardeo-de-gaza-los-progres.html
http://www.las2orillas.co/respuesta-a-la-carta-a-un-judio-sionista-de-victor-de-currea/
Cero y van tres. El primero fue un historiador brasileño con el que compartí un curso sobre memoria del Holocausto en Israel, quien se ofendió porque publiqué en este blog una entrada criticando el uso de fotografías de distintas guerras para decir que representaban víctimas de los bombardeos de Israel sobre Gaza en la última guerra con Hamas. En la entrada no lo mencionaba a él, de quien no sabía que recurría a esa táctica reprobable de engaño. Y me di cuenta que había roto relaciones conmigo cuando intenté contactarlo después de que una amiga común que teníamos me contó sorprendida que le había dejado de hablar cuando ella lo criticó por ese uso infame de las imágenes de muertos, y le dio a leer mi texto. La segunda fue E., una socióloga turca con la que me unió una fugaz amistad que hizo implosión cuando ella me contó que había roto con personas con las que compartía apartamento porque defendían el derecho de Israel a existir, y yo le dije que entonces iba a romper conmigo porque yo también lo defiendo debido a que el efecto concreto de la consigna progre de "por la destrucción del Estado sionista" sería una limpieza étnica y un genocidio contra los habitantes de ese país, sean sionistas o no. No fue sino decir eso y E. cortó inmediatamente la comunicación. En sentido literal. Estábamos chateando y no volvió a escribir nada, hasta el día de hoy. Eso en el marco de una conversación que había iniciado como parte de un intento de programar una cita para vernos porque coincidencialmente ambos estábamos en Estambul en ese momento.
Uno de los rasgos de los tres casos que menciono es que no hubo una sola discusión, aunque fuera breve. Tampoco notificación formal de que me mandaban a la mierda por X o Y razón. Simplemente un portazo. El otro rasgo es que las tres personas son científicos sociales progres, muy dados a los derechos humanos y a las solidaridades con los oprimidos. Eso en el marco del ejercicio del antisemitismo vicioso por parte de S., el uso malintencionado de fotos de víctimas no atribuibles al sionismo por parte de ella y R., y la defensa de una posición cuyas implicaciones concretas serían la perpetración de una limpieza étnica y un genocidio por parte de E.
Hago énfasis en que las críticas mías han sido públicas porque nunca discutí con S., R. o E. al respecto, ni los dos de ellos que leen español opinaron sobre los dos artículos que he publicado en el último año sobre el tema. Simplemente me eliminaron de sus listas de contactos de Facebook o dejaron de hablarme sin mediar palabra, y al menos S. y R. siguieron muy tranquilos cultivando los huertos de odio, falsa solidaridad y manipulación de dolor de los palestinos que crecen como un jardín envenenado en sus muros de Facebook.
Estimo, de cualquier modo, que la decisión de no discutir conmigo tiene algo de sensato, porque refleja que saben que no tendría sentido meterse en una polémica en la que a sus odios dogmáticos yo seguiré oponiendo pruebas documentales. Cuando éramos compañeros de trabajo en Colombia solía responder benévolamente a los comentarios manifiestamente, viciosamente antisemitas de S. no sobre el conflicto palestino-israelí, sino sobre la banca, los medios de comunicación, etcétera. Para ella los judíos son lo peor aunque ella misma reconoce que no conoce a ninguno, y están en todas partes aunque no puede explicar cómo lo sabe ni exactamente en qué partes están porque nunca los ha visto en persona. Nunca nos pudimos entender en ese punto sencillamente porque tampoco nos entendíamos en otro. Mi benevolencia se debía a que yo sabía que a ella el antisemitismo le viene de la larga historia de violencia católica y provincialismo que cargamos los colombianos, y de la cual a ella no la pudo librar la antropología. Y ella, presa de esa estructura, siempre dejó ver que interpretaba mi actitud tranquila como una expresión de que yo le daba la razón.
Calculo que así seguirán las apuestas. Cada tanto me toparé con algún fanático religioso, algún antiabortista, algún antisemita, algún peronista rabioso, y no discutiremos porque es sabido que el que discute con fanáticos pierde su tiempo. Pero yo seguiré escribiendo y publicando sobre esos temas, y ellos se ofenderán y me insultarán o no dirán nada, pero cada tanto alguno se hará a un lado y romperá el contacto conmigo para seguir fermentando su alma en el odio y la seguridad que les producen creencias contradictorias entre sí, insostenibles a la luz de la evidencia histórica o científica. Y en medio de eso, lo que leyeron en mis artículos o me oyeron decir les servirá para reafirmar sus odios de una manera u otra. A la larga continuaremos moviéndonos en direcciones opuestas: ellos aferrándose a sus miedos, sus odios y sus dogmas, y yo intentando navegar científicamente por el mundo complicado que vivimos, cambiando de opinión cuando algo me haga descubrir que estoy equivocado. Seguiremos habitando los lugares distantes del sectario y el científico: ellos cada vez estarán más seguros de sus odios y yo no muy seguro de mis opiniones, pero cada vez mejor informado.
Y para cerrar este post ilustrando de nuevo las patas cortas de los odios sectarios y solidaridades aparentes de los que vengo hablando, dejo acá los links a los dos artículos que honrosamente me ganaron el repudio de la antropóloga colombiana y el historiador brasileño:
http://manuscritoenunabotella.blogspot.de/2014/07/sobre-el-bombardeo-de-gaza-los-progres.html
http://www.las2orillas.co/respuesta-a-la-carta-a-un-judio-sionista-de-victor-de-currea/
4/30/15
Still an asshole, but cleverer
Swimming and working out have made me a better person.
During the several years I regularly swam in different countries I lived in, I permanently faced the fact that people who looked totally unattractive when they were fully dressed revealed themselves as the opposite once they appeared wearing only swimming clothes, or naked. As soon as I learned that I started giving second opportunities to people who don't look so interesting at first sight.
Working out has been a wonderful opportunity to learn that also in a gym people can find proofs of how absurd are the ideas about the different nature of men and women. I have learnt that no matter their age, charm or physical beauty, women and men stink like hell when they sweat. I have extracted several practical conclusions from that observation, for instance regarding the need to keep a "safe-distance" if you want to flirt with someone, but the counterpart of your recently-hardened-bodies is that one or both of you are sweating like race horses.
Thanks to swimming pools and gyms nowadays I am a still superficial, but cleverer asshole.
During the several years I regularly swam in different countries I lived in, I permanently faced the fact that people who looked totally unattractive when they were fully dressed revealed themselves as the opposite once they appeared wearing only swimming clothes, or naked. As soon as I learned that I started giving second opportunities to people who don't look so interesting at first sight.
Working out has been a wonderful opportunity to learn that also in a gym people can find proofs of how absurd are the ideas about the different nature of men and women. I have learnt that no matter their age, charm or physical beauty, women and men stink like hell when they sweat. I have extracted several practical conclusions from that observation, for instance regarding the need to keep a "safe-distance" if you want to flirt with someone, but the counterpart of your recently-hardened-bodies is that one or both of you are sweating like race horses.
Thanks to swimming pools and gyms nowadays I am a still superficial, but cleverer asshole.
4/15/15
A propósito de la relación entre pensamiento mágico y conciencia política moderna...
...no hay que perder de vista que nadie está a salvo de una demanda.
Si Marx tuvo razón cuando dijo "La miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella[, porque la] religión es el suspiro de la criatura oprimida", también parece correcto asumir que en ciertos casos, cuando las promesas de la religión se ven incumplidas, puede emerger la conciencia de la ciudadanía moderna, e iluminarle al creyente defraudado caminos para reclamar ante las autoridades del mundo terrenal el cumplimiento de los derechos de los que se considera depositario en tanto ser perteneciente al mundo sobrenatural.
3/24/15
No es el tango lo que es triste
–El otro día que pasé por el frente de la casa de Jorge [Vargas] pensé que quedó como la de la canción –dijo mi abuelo, mientras sonaba la música en el radio como todas las tardes cuando volvía de trabajar en el cafetal, de escoger café, cortar pasto, cuidar sus gallos de pelea o su yegua... Y sin decir más siguió como si nada, sentado con los brazos apoyados en la mesa, cantando.
Sonaba la canción. Una de las muchas de Garzón y Collazos, Silvia y Villalba, Daniel Santos, Carlos Gardel, Pepe Aguirre y tantos otros con las que pasaba –pasábamos– las tardes tomando café con leche con arepas, charlando, escuchando las historias de su vida: su juventud de arriero de mulas cargadas de café, recorriendo descalzo los caminos de herradura que descendían de los Andes al puerto de Girardot, en el valle del Magdalena... Los años en el servicio militar en la selva amazónica, recorriendo en lancha y sin saber nadar los ríos Mayo, Orteguaza, sufriendo por el calor, pescando bagres enormes... Los tiempos de policía en Ibagué y su renuncia precipitada por su rechazo a participar en la ejecución de masacres, y el miedo a que ese rechazo le pudiera costar la vida... Los primeros tiempos de casado con mi abuela en el Tolima, desde donde tuvieron que huir a Cundinamarca dejando la casa y los pocos animales que tenían para salvar la vida... Y luego cientos de historias apacibles y divertidas sobre los casi 50 años que para esa época ya habían vivido los dos en paz en la finca donde construyeron una familia y donde yo me crié en parte con ellos, como si fueran mis padres.
Esa tarde mi abuelo habló de lo triste que es ver morir a los amigos, re-encontrar los sitios en los que vivieron y toparse con la soledad y desolación de sus casas. Sonaba "Las Acacias", y él cantaba con su voz grave, con los brazos apoyados en la mesa, con la posición corporal y el gesto inconfundible que le provocaban el encuentro de la música y los pensamientos tristes.
De los últimos años de mi abuelo me quedaron especialmente una profunda admiración por ese hombre modesto que conocí en sus épocas de mansedumbre –había sido un déspota cruel que mantuvo a mi abuela, mi tío, mi papá y mis tías en un régimen de terror y violencia física durante la mayor parte de su vida–, el amor por la música que conocí con él y una abrumadora conciencia de lo dolorosa que resulta la pérdida del vigor físico y de los seres amados a causa de la vejez y la muerte. El abuelo Chucho que conocí fue un hombre sarcástico, que enfrentaba con severidad e ironía lo que después pensé que acertadamente calificaba como un error de quienes nos habían educado a mi hermano, mi primo y a mi como muchachitos cómodos y enemigos del trabajo: para él éramos "la flor de la batatilla", porque esa delicada flor se marchita cuando le da el sol. Fue también un hombre profundamente enamorado de mi abuela, cuya belleza de juventud recordaba emocionado en versos de canciones como ese del tango de Pepe Aguirre que dice "María Isabel, divina mujer, tus caricias y tus besos nunca yo podré olvidar" (lo de ser muñeca de loza con el cuerpo de aserrín no le correspondía).
Y fue también un macho de corazón en la mano, al que en los años que le conocí nunca le vi vergüenza de llorar al recordar a personas amadas y desaparecidas para siempre, de las que hablaba con la mezcla de felicidad y profunda tristeza que imponen ese tipo de nostalgias.
La canción que cantaba ese día del que hoy hablo dice:
Ya no vive nadie en ella y a la orilla del camino silenciosa esta la casa,
se diría que sus puertas se cerraron para siempre.Se cerraron para siempre sus ventanas.
Gime el viento en los aleros, desmorónanse las tapias,
y en sus piedras cabecean combatidas por el viento, las acacias.
Combatidas por el viento las acacias.
Dolorido, fatigado de este viaje de la vida,
he pasado por las puertas de la estancia,
y una historia me contaron las acacias.
Algunos años después de ese día mi abuela murió de manera inesperada. Fue el 26 de agosto de 2005 y mi abuelo la siguió dos meses después preso de eso que en los pueblos llaman "pena moral": no vio el amanecer del día que se cumplía un mes de su muerte, y aunque se recuperó levemente del accidente cerebrovascular que sufrió esa víspera, solo fue un asunto de retrasar la conclusión. Había entrado a su segundo mes de viudez "con un pie en el estribo". Como dice la canción, ya para ese entonces tenía muerta el alma.Todo ha muerto, la alegría y el bullicio.
Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa,se marcharon unos muertos y otros vivos que tenían muerta el alma.Se marcharon para siempre de la casa.
Hace unos meses, jugando con Google mientras esperaba la cuenta en un restaurante, encontré sin querer una imagen de la casa de mis abuelos. No encontré allí casi nada de lo que conocía: el jardín siempre florido de mi abuela y los naranjos que la rodeaban había sido cortados de raíz y ahora la casa se levantaba en medio del rastrojo y la desolación, con las paredes que alguna vez fueron azules y verdes pintadas de blanco como las de un sepulcro. Parecía deshabitada. Ese día me acordé de lo que había dicho mi abuelo sobre la casa de su amigo Jorge Vargas el día que sonaban "Las Acacias", y nosotros escuchábamos la canción sentados en el comedor de aquella otra casa, ahora deshabitada y silenciosa.
Aquella noche en el restaurante me puse a llorar ante la mirada atónita de la gente. Me sentí triste y solo, como si la vida hubiera pasado de largo dejándome parado en la mitad del camino, y yo la viera hacerse cada vez más pequeña a medida que se alejaba. Mis abuelos -valga decir en muchos sentidos mis padres-, la casa, el olor de las habitaciones, los cuadros de la sala, el jardín, las naranjas dulces, el altar en la ventana de la cocina, el sol de las mañanas que entraba por la ventana del comedor, se reflejaba en el caldo del desayuno y le daba a uno en la cara, las manos de mamacita, su regazo, las canciones e historias de papacito... todo estaba irremediablemente perdido.
No es el tango lo que es triste. La vida es triste.
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