10/25/14

La derrota del panarabismo laico

Un fragmento de un poema de Al-Buhturi escrito en el siglo IX contiene una alusión profética de lo que podría ser el lamento escrito por el bello proyecto del panarabismo laico, hoy derrotado bajo el peso de tanta brutalidad religiosa:

"Preservé mi alma de todo lo que mancilla el alma
y me mantuve por encima del regalo de todo cobarde.
Aguanté de firme cuando me zarandeó el destino,
al procurar este mi ruina y mi recaída.
Migajas de las heces de la vida junto a mi,
que los días escamoteaban con cicatería mezquina.
Una cosa es ir a la aguada cada día y beber a placer,
y otra muy distinta es abrevar tras tres días de sed.
Parece que el tiempo reservara sus favores
y los dejase para los más indignos de los indignos.
Mi compra del Irak ha sido un negocio de ruina,
tras haber vendido Siria a un precio de saldo.
No me pongas a prueba, pues, ni me tientes
en esta desgracia, no me vayas a dar la espalda,
pues desde antiguo me conoces, tengo mis cosas buenas,
soy desdeñoso de vilezas, inegociable."

La versión castellana del poema, de traductor ignoto, se titula "El iwan del Ctesifonte", y fue publicada por Mondadori en Poesía árabe clásica, en 1998.

8/26/14

Dimes y diretes

La palabra colombiana del día es "Coca":

Como sustantivo significa:

1. Planta de uso tradicional y comercial.
2. Droga elaborada a partir del procesamiento de la planta de coca (nombre coloquial, o abreviatura del sustantivo "cocaína").
3. Recipiente de boca ancha.
4. Juguete de uso popular, denominado "balero" en el Cono Sur.

La forma masculina "coco" significa:

1. Fruto de la palma de coco, también llamada cocotero.
2. La cabeza humana.
3. El acto de esconderse de alguien detrás de un objeto, y asomar la cabeza de vez en cuando para mirar a esa persona ("Vea la zurroncita esa como le hace cocos desde detrás de la mata de coca. Eso es que ya sabe que sumercé se dio de cuenta de que ella fue la que le rompió la coca esa de plástico que tenía encima del lavadero".)
4. Una figura fantástica invocada para asustar a los niños y forzarlos a obedecer a punta de miedo ("Tranquilo mijito que si usté se sigue manejando mal se lo va a llevar el coco"). Se trata de un equivalente del temino "cuco" del Cono Sur.
5. Un aparato telefónico "vacío" por estar "muerto", desconectado de una línea telefónica. Se trata de una aplicación del adjetivo "coco", cuyo significado se verá más adelante ("Me trastié al nuevo apartamento y ya me pusieron el teléfono pero no puedo hacer llamadas porque no tengo coco, ¿sumercé no tiene uno que me preste?").

Como adjetivo se usan tanto su forma femenina como su forma masculina ("coco"), y significa:

1. Hueco, vacío, como cualidad de un objeto ("tiene una muela coca [es decir hueca debido al trabajo de una asquerosa caries cultivada por la falta de higiene]").

8/25/14

Lo que va del despecho al golpe de amor efímero

La historia comienza en Latinoamérica, continente primero del boom romántico en la literatura y los tangos, y luego de las telenovelas. Allí en 1936 Ángel Cabral y Enrique Dizeo componen la música y letra de un bellísimo vals peruano titulado "Que nadie sepa mi sufrir", en el que una persona abandonada llora su despecho y reprocha mientras intenta que los vecinos no se enteren de su dolor.


Luego, la canción da vueltas por el mundo como botella lanzada al mar hasta que cae en las manos de Michel Rovgauche, un francés que compone una nueva letra que es lanzada en 1957 por Edith Piaf bajo el título de "La foule" ("La multitud"). En ella una mujer que asiste a una fiesta de pueblo es empujada por el gentío a los brazos de un hombre desconocido y vive un rapto de amor que dura un soplo, porque la misma multitud se vuelve a mover y le arrebata de los brazos el hombre que ella misma le había dado.


El paso de una letra a otra, o la transformación de una canción en la otra, no son accidentales. Hablan de dos modos muy distintos de ver el amor a lado y lado del océano que separa el continente de los tangos y las telenovelas del país de Madame Bovary. Y entre una versión y otra la humanidad ganó dos de las más bonitas canciones de amor que yo haya escuchado.

(Esta entrada fue inspirada por la publicación de un video de Soledad Pastorutti cantando "Que nadie sepa mi sufrir", hecha mi mi amigo Manu Jiemenez en Facebook el 25 de agosto de 2014.)

8/21/14

Aire de familia

En el metro me percato de que una señora me mira fijamente y con un gesto entre la curiosidad y la fascinación. No me resulta familiar pero le pregunto sonriendo si nos conocemos de alguna parte. Al comienzo ella no habla sino que se señala el rostro, moviendo la mano suavemente de arriba a abajo.

—No, pero podríamos ser hermanos –recorre con la punta de sus dedos la forma de sus labios, y luego la nariz– esto... Esto...

Le sonrío y asiento aunque no coincido sobre el parecido porque la encuentro demasiado bella para que nos parezcamos. Es una mujer modesta y al mismo tiempo luce elegante, a sus quizá cincuentaytantos años, con el cabello largo entrecano. Considero fugazmente la idea de que esté intentando poner conversación con cualquier tema para levantarme, pero la descarto. Eso resulta más improbable que lo del parecido, que de todos modos termino tomando como un halago al verla a ella.

—¿De dónde proviene usted? –pregunto con la seguridad que tiene uno en la región del Rhein-Main de casi siempre estar tratando con otro inmigrante–. Quiero decir, yo soy colombiano, soy latinoamericano.

—Yo soy húngara –contesta–.

—Venimos de esquinas opuestas del mundo, no creo que seamos hermanos –le digo en tono de broma–.

—Cualquier cosa puede ser –dice muy seria–. Uno nunca sabe las vueltas que da la vida.

La conversación se interrumpe porque me bajo del metro, y me acuerdo de que alguna vez conocí a una húngara.

¿Será la misma húngara?

7/25/14

Mütterchen mit Krallen

Llevaba poco más de media hora tratando de encontrar el camino a mi hotel a través del laberinto de las calles oscuras de la ciudad vieja de Praga. Caminaba confundido por la lluvia incesante, tratando de fijar la atención en encontrar la ruta mientras al mismo tiempo intentaba guarecerme de la lluvia, y buscaba de cuando en cuando los puntos por los que podía cruzar de un lado a otro de alguna calle sin mojarme completamente las botas en los charcos y pequeños raudales que anegaban el espacio. Repetitivamente, en mi estado de embotamiento debido a golpeteo rítmico de la lluvia sobre la capota de mi chaqueta, al agua que me corría por el rostro, a la penumbra que dificultaba que me ubicara en ese paisaje de calles estrechas velado por una cortina de agua... digo que repetitivamente me encontraba con que al voltear una esquina o una curva arribaba a una calle, un patio, una plaza, una intersección por la que ya había pasado antes, caminando en una dirección distinta que aquella en la que había retornado al sitio. En un momento, mientras me alejaba del Moldava a cuya rivera había llegado nuevamente sin proponérmelo, y me internaba de nuevo en la ciudad vieja por la calle Kaprova, a pocas cuadras de la casa donde Franz Kafka vivió gran parte de su vida, me escuché decir: "Mütterchen mit Krallen". Fue como si el Ángel hubiera puesto esas palabras en mis labios, pues pensé en ellas solamente cuando me escuché pronunciarlas. Así se había referido Kafka a Praga, por la cual se sentía atrapado: como una "madrecita con garras".
No fue la primera ni la última vez en la que me sentí caminar por el borde de dos mundos en esa ciudad de la que sabía muy poco antes de vivirla por primera vez, pero a la cual volví ese marzo en una de cuyas noches me perdí, atraído por las voces de los sabios y los mártires que todavía parecen habitarla, y que de vez en cuando le susurran a uno algo en el oído, le ponen palabras en los labios, o le apoyan su brazo en la espalda mientras camina aparentemente solo por puentes, callejones, plazas y antiguos edificios comunitarios convertidos en atracciones turísticas.

Esta foto la tomé esa noche, cuando atravesaba el Karlsbrücke y todavía no me había perdido.

7/10/14

Sobre el bombardeo de Gaza, los progres y los falsos palestinos

Circulan en internet muchas fotos que ilustran llamados a la solidaridad con el pueblo palestino y al fin de los bombardeos del Estado de Israel contra los habitantes de la franja de Gaza, quienes tienen entre sus vecinos a militantes de Hamas que continuamente lanzan cohetes contra zonas habitadas de Israel. Parto de decir que encuentro esos llamados comprensibles y justos. Pero también digo que son cínicamente parciales, porque no van acompañados de llamar a Hamas a que pare de lanzar cohetes desde zonas habitadas por muchas personas que no militan en esa organización. Y digo eso con el respaldo que me da haber presenciado desde una casa donde me refugié en el momento, cómo la guerrilla de las Farc tomó a comienzos de la década de 2000 por asalto Arbeláez, el pueblo donde crecí en Colombia, y en un combate con la policía que sus militantes seguramente encontrarían justo, destruyó numerosas casas y dinamitó el edificio que albergaba la biblioteca municipal en su intento de llevarse el dinero depositado en el cajero automático del banco que ocupaba la planta baja del mismo edificio. Al final, después de dejar el pueblo sin biblioteca ni banco y a varias personas sin casa, se retiraron hacia las montañas, y no me queda duda de que alguna de sus publicaciones habrá presentado el "parte de guerra" como si se hubiera tratado de una acción heroica, y no de una fanfarronada contra el Estado que en realidad perjudicó a otra gente jodida por ese mismo Estado. Pero vuelvo al asunto de Hamas: el que conozca al Estado de Israel –y Hamas lo hace entre otras cosas porque hubo una época en la que recibió armas de Israel para poder sacar a la OLP del poder–, si hace esas cosas tiene claro que va a provocar bombardeos que van a perjudicar sobretodo a la población desarmada que vive al lado de los sitios desde donde son lanzados los rockets. Y porque es claro que los militantes de Hamas saben esas cosas, muchas veces me he preguntado si buscan esas respuestas arrasadoras de Israel en las que suelen morir entre decenas y miles de palestinos, con el plan de especular políticamente con el odio que los bombardeos producen, y con la memoria de los muertos a quienes ellos mismos elevan a mártires después de usarlos como escudos humanos. Esa es una pregunta que también me hago en relación con la derecha sionista, que igualmente pone como escudos humanos y carne de cañón a numerosas familias casi siempre pobres que por diversas razones compran sus casas en los asentamientos instalados sobre tierras palestinas. Sí señores, la mayoría de los colonos paga sus casas, lo que probablemente hace que estén más dispuestos a defenderlas a sangre y fuego que si las obtuvieran gratis. Y aunque vivan custodiados por las tropas israelíes, muchos de ellos estén armados y cometan todo tipo de villanías contra los palestinos talándoles los árboles de olivas, robándoles la tierra, etcétera, es un hecho que el conjunto de ese grupo social está puesto por la derecha sionista en condiciones que suponen riesgos permanentes, lo cual alimenta su agresividad. Y así, cuando algunos habitantes israelíes ilegítimos de los territorios palestinos son atacados o asesinados por palestinos, su sufrimiento y el de sus familias es capitalizado por la misma derecha sionista que los expone al riesgo, y los convierte en héroes nacionales después de que han sufrido los efectos de sus políticas.

El asunto es que me tomé el breve trabajo de contrastar mediante el sistema de búsqueda de imágenes de Google, algunas fotos de un juego de 7 imágenes publicadas como estatus de Facebook de alguien que desconozco, pero que fueron compartidas por una conocida mía. A manera de indicación del espectro de difusión de es fotos, tengo que decir que al momento en el que escribo esta entrada ese "Estado" con su correspondiente juego de 7 fotos había sido compartido 1402 veces.



El juego de 7 fotos incluye: 4 fotos de niños muertos supuestamente bajo el bombardeo actual del Estado de Israel sobre Gaza, 1 de una explosión tomada a la distancia, 1 de una serie de mapas de Israel-Palestina que muestra el avance del control de Israel sobre el territorio que hasta 1947 era la colonia británica de Palestina, y una de un botón que llama al boicot de los productos israelíes. La asociación con el bombardeo actual no está declarada pero es suficientemente inequívoca: aparecen ilustrando un llamado a parar el bombardeo actual, y dado que no se indica que las imágenes no tienen que ver con él, se sobreentiende que son imágenes de actualidad. En el caso de las dos fotos de niños muertos que aparecen al lado derecho de la imagen no encontré más coincidencias en internet que las que indican que son imágenes de esas que hoy se llama "virales": aparecen reproducidas en cientos de cuentas de Twitter de distintos países. Pero dos de ellas resultaron ser falsas. La de la madre abrazando a su hijo agonizante apareció publicada en 2008 como ilustración de un artículo de Gabriele Zamparini sobre la guerra de Irak. La del hombre sacando al niño de las ruinas fue publicada en 2012 por la revista Time, con motivo de otro bombardeo del Estado de Israel sobre Gaza.

Al espectáculo lamentable de la exposición de fotografías de personas muertas o heridas de manera horrenda, que no toma en consideración el derecho que tiene cualquiera a que su cadaver destrozado o el de su hijo no sean convertidos en objeto de exhibición morbosa, en este caso se suma un vergonzoso acto de oportunismo y falsificación. Conscientes de que el internauta medio tiene el dedo de hacer "click" más rápido que el pensamiento, y difunde todo tipo de contenidos sin antes asegurarse de su veracidad, los que ponen a circular esas imágenes horrendas provenientes de otros conflictos como si fueran del conflicto actual entre Hamas y el Estado de Israel al mismo tiempo hacen varias cosas reprobables:
1. Mercadean con la imagen de víctimas convertidas por ellos en simples medios para conmover mediante el horror.
2. Abusan de esas víctimas ocultando las verdaderas condiciones en las que sufrieron las peores violencias, y convirtiéndolas en meros pedazos de carne, en "ilustraciones": seres abstractos sin historia, cuyos victimarios reales quedan escondidos.
3. Difunden imágenes que aunque quizá muestran cosas parecidas a las que suceden hoy en Gaza no por eso son menos falsas como ilustraciones de ese desastre en el que no fueron tomadas.
4. Se aprovechan de la superficialidad de la gente que distribuye cualquier cosa que circule en la red convencida de que Facebook sirve para cambiar el mundo.
5. Insultan la inteligencia de los demás, mostrando cómo están seguros de poder engañar sin mayor esfuerzo que el que supone sacar una imagen de contexto.
¿No le pasan en la realidad del bombardeo cruzado entre el Estado de Israel y Hamas suficientes cosas horribles a los que quedan en medio y sufren las consecuencias, como para tener que importar imágenes de otros conflictos y mentir diciendo que esas imágenes falsas reflejan los crímenes del sionismo? Al paso que van un día van a poner una foto de la máscara dorada de Tut-Ank-Amon diciendo que así lucía Yasser Arafat cuando era joven. Si fuera cierto que el Estado de Israel se propone exterminar hasta al último palestino, y si en ese caso su supervivencia dependiera de aliados como la gente que hace esas campañas por internet, el pueblo palestino podría sentarse a contar los minutos que le quedan sobre la faz de la tierra.

Lo que hace gente como el compilador de la serie de imágenes a la que acá me refiero es USAR la muerte de miles de niños en distintos conflictos para mover a la solidaridad con apenas uno de los varios pueblos de la región que sufren los peores horrores en estos tiempos. Y luego, cuando cambie la moda, usarán esas mismas fotos para volver a conmover a los internautas desmemoriados, quienes volverán a agitar las redes en electrónica solidaridad con las víctimas que en ese momento pasen por sus 15 minutos de fama. ¿Y qué importa que el muerto sea un sirio víctima de Al-Assad o los Yihadistas, un iraquí víctima de las tropas estadounidenses o un egipcio víctima de Mubarak? Al fin y al cabo "todos los árabes son iguales". Ese abuso de las imágenes de los muertos no solo viola su derecho a la dignidad y a no ser convertidos en figuras horribles de exposición, sino que detrás de la supuesta solidaridad con los palestinos se esconde la más inmoral de las insolidaridades con esas víctimas de otras guerras que quedan borradas de la historia cuando los progres las convierten en "falsos palestinos". ¿A quién le gustaría que además de que se exhibe internacionalmente el cadaver de su hijo destrozado, se oculte quién lo mató y se diga que ese niño muerto vivía en otro país, y fue asesinado por alguien que quizá es culpable de muchas cosas, pero no de haberlo matado a él? Ya lo dijo Susan Sontag en "Ante el dolor de los demás":
“Para los que están seguros de que lo correcto está de un lado, la opresión y la injusticia del otro, y de que la guerra debe seguir, lo que importa precisamente es quién muere y a manos de quién. Para un judío israelí, la fotografía de un niño destrozado en el atentado de la pizzería Sbarro en el centro de Jerusalén, es en primer lugar la fotografía de un niño judío que ha sido asesinado por un kamikaze palestino. Para un palestino, la fotografía de un niño destrozado por la bala de un
tanque en Gaza es sobre todo la fotografía de un niño palestino que ha sido asesinado por la artillería israelí. Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie. Durante los combates entre serbios y croatas al comienzo de las recientes guerras balcánicas, las mismas fotografías de niños muertos en el bombardeo de un poblado pasaron de mano en mano tanto en las reuniones propagandísticas serbias como en las croatas. Altérese el pie y la muerte de los niños puede usarse una y otra vez.”

4/20/14

El pan en la puerta del horno

El sábado en la tarde conocí una pareja en un mercado de vinos en Frankfurt. Ella y él me gustaron mucho, y me invitaron a hacer un trío. Los dos eran encantadores.
Fuimos a su casa y antes de que tomáramos algo el tipo dijo que me quería mostrar un video en Youtube. Era uno de un mundial de fútbol de la década del 50 en el que Alemania fue campeón.





Yo me burlé de lo aburrido del video y me dijo que yo tenía que entender todo lo que eso significaba para la historia de Alemania: "el país estaba en ruinas y ser campeones del mundial de fútbol fue el triunfo de todo un pueblo". Y mientras lo decía se puso a llorar. Eso en el marco de que antes, cuando nos conocíamos en el mercado había dicho que era militante del partido Pirata, y que ellos estaban más a la izquierda de los comunistas, que ellos eran la verdadera izquierda alemana.
Luego dijo que yo no me imaginaba la tristeza de los frankfurters de ver su linda ciudad vieja bombardeada, en ruinas.
Yo le dije que peor habían quedado Cracovia, Maastricht y otras destruidas por los nazis. El lloró más y me dijo que no era un asunto de decir si era bueno o malo, sino de pensar en el dolor del "Deutsches Volk" (el "pueblo alemán", una pareja de palabras que quedó maldita entre mucha gente porque fue objeto del uso y el abuso por parte de los nazis). Que en ese momento ganar el mundial había sido lo mejor que le podía pasar a los alemanes porque todo estaba destruido por la guerra y eran un pueblo que necesitaba algo de esperanza para poder seguir adelante.
Yo, como el señor que no soy, le dije con toda la decencia posible que había hecho fracasar nuestra encamada, y que me iba de su casa para no terminar a los gritos. Mientras me ponía los zapatos él me dijo que no debía tomarlo tan a pecho, y le respondí que me cagaba en el dolor de los habitantes de la Frankfurt judenrein ("limpia de judíos") y pregunté si sabía cuántas vidas de judíos de Frankfurt destruyeron los nazis. Contestó que lo sabía. Le dije que esos alemanes de la Alemania "pura" no merecían tener ninguna esperanza. Dicho lo cual ya tenía puestos los zapatos y salí del departamento. No me pude despedir de su novia porque cuando el tipo puso el video ella hizo mala cara, se fue a hablar por teléfono en la habitación de al lado, y seguía ahí cuando me fui. Mientras bajaba las escaleras escuché que él aún triste desde la puerta del departamento me decía que no había que mezclar las cosas.
Cuando salí del edificio, con más risa que bronca, vi que el departamento queda en las inmediaciones de la Philantropie, la escuela judía de Frankfurt.

4/13/14

Simón Bolívar y el culo, o metafísica de la cagada repentina

A veces la consistencia de la mierda, o mejor dicho de la diarrea, es tan suave, casi etérea, que se la confunde con los pedos. Esos momentos se cuentan entre los más peligrosos de la vida moderna. De un momento a otro, lo que se anunciaba como un pedo, una vez liberado revela su forma material de escupitajo diarréico, que se comporta de manera exactamente inversa al pedo. Si este se encontraba destinado a ser notado por los que rodean a su disimulado libertador (al fin y al cabo en cuestión de pedos todos somos Simones Bolívar de los gases intestinales), aquel escupitajo repentino de la mierda en su forma cuasietérea es notado fundamentalmente por el Simón Bolívar en cuestión, quien de ahí en más lo alberga en el mullido, cálido y estrecho espacio de su ropa interior, temiendo que la liberación se convierta en fuga pierna abajo o textil traviesa, para aflorar a la superficie del atuendo ordinario de ese libertador que, como tantos héroes de la historia, puede súbitamente verse convertido en víctima de quien le debe a él por entero su libertad.

4/3/14

Peor de lo que se cuenta

Fragmento de una conversación con un ex-soldado de la Bundeswehr, el ejército alemán:

S.: –...Ahora que decimos alemanes negros... Leí la semana pasada una reseña sobre la biografía de un alemán negro, nacido como en los años 20, que sobrevivió el tercer Reich. ¿Escuchaste de ese libro?

B.: –No, pero sé que había. ¿Viste? Es lo que te digo sobre que los medios ocultan la realidad, nunca dicen lo que en realidad pasa. Están manipulados, controlados. En esa época y ahora. Durante el tiempo nazi supuestamente todo era bonito y todo lo demás ["schön und soweiter"], pero no era así. También había negros en Alemania, lo que pasa es que los escondían. Todo no era tan bonito como se decía.

3/4/14

Y con este poema se van a la mierda

Mi última temporada de trabajo de campo en Colombia, a finales de 2013, estuvo marcada por el hostigamiento de parte de algún servicio de inteligencia estatal que presumo que era el del Ejército. Esa fue la reacción que vino en un momento de particular polarización del país y radicalización de los militares y la derecha por varios fenómenos en curso, como los tímidos avances de la justicia contra militares que han ejecutado miles de civiles para presentarlos como guerrilleros en los últimos años, y las conversaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc. Siempre es así en Colombia: cuando hay avances de la justicia contra los masacradores y torturadores oficiales, o cuando el gobierno intenta desmontar a las guerrillas mediante la negociación, los milicos y la derecha en general montan en cólera y recrudecen las amenazas, persecuciones y asesinatos generalizados, con los que por un lado intentan defenderse de los jueces que los procesan y por otro sabotear los procesos de paz. Y en medio de esa reacción, la respuesta de las fuerzas "de seguridad" se demuestra tan democrática como nada en Colombia: los héroes de la patria reparten por doquier amenazas, acoso, interceptaciones, calumnias y un largo etcétera... lo hacen bajo el principio de la distribución universal que en ningún lugar del mundo aplica para la riqueza. Así, después de 3 años de trabajo de campo en los que parecía que yo estuviera investigando en un país que no era Colombia porque no parecía que mi trabajo fuera peligroso, sucedió lo que suele suceder allí: que a mi me tocó mi parte de la generosa distribución de intimidaciones y acoso. Como en la mayoría de los casos, entré en la repartija por andar "metiéndome en lo que no me importa" (dirán ellos). No me tocó por ser militante de ninguna organización de derechos humanos, o de alguna organización política ilegal.
Entre inicios de noviembre de 2013 y la primera semana de diciembre del mismo año, cuando volví a Alemania, mi teléfono estuvo evidentemente intervenido, recibí llamadas en las que personas aparentemente equivocadas me preguntaban si en ese momento estaba con sobrevivientes de episodios de tortura a quienes no conozco personalmente, el timbre del apartamento donde me quedaba recibió las atenciones de desconocidos a las 3 de la madrugada, sin que esas personas fueran anunciadas por los varios porteros del conjunto cerrado donde quedaba el apartamento, varios correos electrónicos que envié informándole a amigos y colegas sobre lo que sucedía nunca llegaron a su destino... Y todo eso por "meterme en lo que no me importa": investigar sobre cómo mucha gente de distintas clases sociales y tendencias políticas lucha porque se haga justicia o se consolide la impunidad por los asesinatos y desapariciones perpetrados por agentes del Estado durante la retoma del Palacio de Justicia, en 1985. ¿Que eso no me importa? Claro que me importa, y me meto en eso como me podría meter con otros temas igualmente nefastos de la realidad colombiana, con la fragilidad de quien no tienen quién lo defienda de los desaparecedores, matones y torturadores, pero con la testarudez del que por distintas razones se empecina cuando le dicen que no joda, que mejor se quede quieto.
Cuando le conté sobre esa situación a distintos amigos hubo respuestas variadas que de todos modos se pueden agrupar en tres categorías: algunos pocos –los menos enterados de la situación de violencia política que se vive en Colombia todos los días– insinuaron que estaba paranoico, pero no tuvieron los huevos de decírmelo directamente, sino que apenas dejaron caer preguntas que no los comprometían pero dejaban claras sus opiniones; otros muchos –la mayoría– me ofrecieron su solidaridad dándome consejos o contactándome con terceros que podían ayudar, se mostraron más preocupados de lo que yo estaba, y se mantuvieron en contacto sistemáticamente para asegurarse de que las cosas no habían empeorado. Los terceros, a los que va dedicado el título de esta entrada, se cagaron en las patas por la posibilidad de que mi "enfermedad" fuera contagiosa: comenzaron a evitarme incluso por correo electrónico –varios lo hacen todavía hoy–, a "sacarme el cuerpo" para salvar su propio pellejo, e incluso hubo quien me "sugirió" de manera bastante imperativa que no publicara los resultados de mi investigación en Colombia, porque eso iba a alborotar un avispero y "depronto salen llevando no solo tu sino otros". "Otros", en el contexto, significaba "los que hemos cometido la enorme cagada de dejarnos ver contigo en algún momento".
Y paradoja de paradojas, esas reacciones florecieron como las mil flores de Mao en el amplio potrero en el que pastan rumiantes intelectuales de las más diversas y alcurniosas posiciones "progresivas". Casi toda gente a la que no le tiembla la voz para expresar su odio por la injusticia en conversaciones privadas o conferencias, siempre y cuando el público esté bien calibrado y haya pocas posibilidades de que haya un milico o un paraco entre los oyentes. Y al cabo de las cuarenta resultó que son más cagones e insolidarios, más obscenamente individualistas y cobardes que muchos otros "menos ilustrados", "menos comprometidos", más presos de "la mentalidad de doña Rosa". Viéndolo a la distancia, esa desbandada y la impresentable sugerencia de autocensura que en medio de ella surgió expresan una cosa: que al ver de cerca el hecho de que en Colombia llevar las posiciones democráticas a sus mínimas consecuencias prácticas, como motivadoras de la acción, supone ponerse en peligro casi automáticamente, decidieron que es mejor no correr riesgos, que no hay posición aunque sea elementalmente democrática que amerite arriesgarse. Enfrentados al hecho de que debido a mi investigación y mi solidaridad pública con las vícitmas de los crímenes de Estado cometidos durante la retoma del Palacio de Justicia, el Estado asesino de ese país me había convertido en una persona puesta en peligro, ellos decidieron ponerse a salvo, huyendo de mi como quien huye de la peste.
Por eso, y porque apenas hoy "me cayó la ficha", como dicen los argentinos... porque apenas hoy, que es al mismo tiempo el tercer aniversario de mi llegada a Alemania, un país en el que vivo porque fue a donde me arrastraron la suerte y la vida,  pero no para huir de la brutalidad del Estado colombiano, que de todos modos cuando es necesario lo alcanza a uno en cualquier lugar del mundo... porque apenas hoy até todos los cabos, quiero dedicarles a ellos este poema de Mario Benedetti que se llama "No te salves":

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Y porque hoy mientras montaba bicicleta bajo el sol de la primavera temprana que hay este año caí en cuenta de que ustedes decidieron salvarse de un peligro que en realidad solamente existía para mi, su supuesto amigo, hostigado por el Estado por haber cometido los graves crímenes de investigar como antropólogo y ser públicamente solidario con gente que ha sufrido cosas que ustedes jamás imaginarían con su autosuficiente mentalidad de cafetín... por esas cosas y otras varias quiero dejar constancia en este blog –que seguramente ustedes tampoco leen porque sé que también huyen de mi presencia electrónica como lo harían de la peste–... quiero dejar constancia para mi, para los otros que siguen aunque sea superficialmente en contacto conmigo, e incluso para los agentes del Estado que probablemente sí leen cuidadosamente cada cosa que escribo... digo que quiero dejar constancia de que hoy, cuando até los cabos y entendí que ustedes decidieron salvarse, los mando a todos a la mierda. Ese es un acto absolutamente subjetivo, ya lo sabemos, porque en sentido estricto uno no puede mandar a la mierda a gente que ya por su cuenta "puso pies en polvorosa", y más que romper relaciones que ustedes mismos ya rompieron, lo que hago hoy es asumir el hecho, reconocer con absoluta dignidad que el mejor lugar que les corresponde son los extramuros de mi existencia. Y lo hago bajo el sol resplandeciente de esta primavera y al calor de las certezas que me proporciona ser consecuente con el hecho de que la culpa jamás es de la víctima. Si desde algún punto de vista mi actividad como antropólogo y mis lealtades morales y políticas resultan peligrosas en Colombia la culpa no es mia, sino de todos aquellos que sobre una montaña enorme de cadáveres siguen empeñados, con la ayuda de ustedes, ovejas con piel de lobo, en impedir que conquistemos libertades democráticas que van del derecho a opinar y organizarse, al derecho a distribuir la riqueza entre los que trabajan.

2/18/14

De la formación de la sensibilidad musical

Hoy, mientras trabajaba en el texto final de mi tesis (crudo, todavía), iTunes puso aleatoriamente "Amanecí en tus brazos", interpretada por Chavela Vargas, y la canción me remitió como un disparo a alguna vez que debió ser de las primeras en la que escuché esa canción. Era una tarde en la casa de mis abuelos Leal, y sonaba en la radio, interpretada por una mujer cuya voz escuché en esa y muchas canciones durante toda mi infancia y que luego he venido a saber que era Lola Beltrán. Buena parte de mi sensibilidad musical y mi gusto por el tango y la música ranchera de los años de oro mexicanos viene de esas situaciones, en las que sonaba la radio en la casa de mis abuelos y él cantaba o nos contaba a los que estuviéramos presentes quién era el cantante o la cantante, en qué año había salido la canción, qué hacía él en ese entonces... Esas cosas por lo general sucedían mientras tomábamos el café con leche de la tarde con arepas, o mientras escogíamos café secado al sol, separando la pasilla de los granos buenos, presos de la envidia porque a los adultos les cabían muchos granos de pasilla en las manos, mientras las nuestras, pequeñas, se llenaban más rápidamente.
Otra parte de esa formación viene de las tardes en las que veíamos películas de la misma época con mi abuela Anita Lancheros, y admirábamos las mujeres que bailaban y cantaban en los escenarios al estilo del Tropicana, o a los charros que entonaban canciones de amor o aventuras bajo la mirada de sus devotas enamoradas. De ella me quedó no solamente el gusto por esa música, sino el reflejo de cantar mientras estoy concentrado haciendo alguna cosa manual. De tanto en tanto me viene a la mente una tarde que nos enseñó el estribillo de la canción que dice: "si te quieres por el gusto divertir, cómete un cucuruchito de maní".
Hubo tanta felicidad en los años que compartí con esas personas hoy perdidas para siempre para los que seguimos vivos, que habiendo asumido la inevitabilidad –y a veces deseabilidad– del hecho de la muerte, me siento infinitamente afortunado y feliz de haber vivido tanto y tan cerca con ellos. Y ateo como soy no puedo evitar sentirlos conmigo cuando disfruto de la música que ellos me enseñaron a amar, o me descubro cantando "María Isabel, linda mujer..." o "si te quieres por el gusto divertir...".







1/27/14

Iom ha' Shoah be Ugvurah

Hoy hace 69 años fue liberado por las tropas soviéticas el complejo de campos de esclavización y exterminio que ha quedado inscrito en la historia como Auschwitz. En el tiempo que ha pasado y con el agua que ha corrido bajo el puente muchas cosas se han olvidado, borrado, ocultado, y muchas otras se han inventado. Se ha olvidado u ocultado que fue a las tropas soviéticas a quienes recibieron jubilosos los esclavos sobrevivientes de Auschwitz, que fueron esas mismas tropas las que liberaron Majdanek, y que las víctimas soviéticas de los nazis superan los 26 millones de personas, entre ellas más de 11 millones de soldados que fueron exterminados tras caer prisioneros en manos de los nazis. Hoy día, por una combinación de factores que sólo los estúpidos reducen al superpoder estadounidense o las fantasiosas conspiraciones judías, existe una idea de la liberación de los campos de esclavización y exterminio que parece salida de Hollywood: las bienhechoras tropas estadounidenses entran triunfantes a campos detrás de cuyas alambradas solamente están los sobrevivientes del exterminio de 6 millones de judíos, y al encontrarlos reducidos a la hambruna, la extenuación, la mugre, sienten horror y compasión, y los toman entre sus brazos para alimentarlos, cuidarlos, curar sus enfermedades.

La verdad es distinta e incómoda. Aunque los judíos sufrieron los peores tratos a manos de los nazis, los soviéticos también fueron viciosamente humillados y exterminados, las víctimas del sistema de campos de esclavización y exterminio ascienden a cerca de 18 millones, y los estadounidenses no fueron tan amigos de los judíos en los primeros días de la liberación de los campos, ni tan empáticos con su sufrimiento. Según ha reseñado Jeffrey Alexander:
“los sobrevivientes judíos fueron mantenidos durante semanas, y a veces incluso meses, en las peores áreas y bajo las peores condiciones de los que se convirtieron, temporalmente, en campos de personas desplazadas. Los administradores estadounidenses y británicos se sentían impacientes con muchos sobrevivientes judíos, e incluso sentían repugnancia personal, y recurrían a veces a amenazas y hasta los castigaban.”*
Por otro lado, tampoco se recuerda –o se quiere recordar– que en los territorios controlados por las tropas soviéticas la realidad de esos primeros días parece haber sido la opuesta. Hace un tiempo, viendo "Oma und Bella", un documental sobre dos sobrevivientes judías que hoy viven en Berlín, me enteré por lo que ellas contaron que los soviéticos le dieron a los sobrevivientes un día para que tomaran venganza contra sus verdugos. Después de eso, restablecieron el orden y como muchos sabemos organizaron sus propios juicios contra los nazis en diferentes lugares de los territorios que ocuparon.

En la octava de las muy abusadas Tesis sobre el concepto de Historia dijo Walter Benjamin, él mismo un judío víctima de esa catástrofe que asoló la humanidad entera por obra de los nazis y sus socios, como si hubiese salido del vientre mismo de la Muerte que pinta Bruegel en De Triomf van de Dood:
“los dominadores actuales son herederos de todos los que han vencido antes. La empatía con el vencedor, por consiguiente, siempre favorece al dominador actual. Al materialista histórico con eso ya se le ha dicho bastante. Todo aquel que hasta el presente día logró la victoria marcha en el desfile triunfal que conduce a los hoy dominadores por encima de quienes hoy yacen por tierra.”
Creo que en un sentido, por una compleja combinación de factores que sería estúpido reducir a las inexistentes conspiraciones judías o a la ciertamente existente perversidad de los gobiernos estadounidenses (no es un asunto de perversidad sino del modo en el que se han combinado fenómenos históricos diversos), decía que creo que en un sentido, lo que describe Benjamin es lo que se ha dado: un tesoro enorme de verdades oficiales, objetos valiosos y riqueza es llevado en un arca gigantesca por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, por los vencedores de la lucha por la definición de versiones sobre lo que fueron los protagonistas de esa guerra, y por los ganadores de la Guerra Fría.

Me parece que cuando hablamos de lo que le hicieron los nazis y sus socios a la humanidad generalmente somos muy poco sofisticados. Dejamos de explicarle sencillamente una realidad compleja a la gente que nos escucha, y sustituimos ese trabajo sofisticado por el más vulgar de contarle a esa gente a veces sin mucha sencillez una historia bastante simplificada, recortada a las malas.

No decimos que los judíos llevaron la peor parte en el exterminio, que los nazis se proponían borrarlos primero de Europa y luego de la tierra, pero que junto a esos 6 millones de muertos hubo 12 millones de otros exterminados: discapacitados, soldados y políticos soviéticos, opositores, sindicalistas, comunistas o socialistas, testigos de Jeovah, prostitutas, homosexuales, pacifistas...

Nos limitamos a decir “IG Farben” cuando hablamos de una de las empresas que explotaron mano de obra esclava en Auschwitz, pero no decimos (muchos de nosotros quizá ni siquiera lo saben porque simplemente repiten el nombre sin más) que esa no era simplemente una empresa, sino un conglomerado del que hacían parte empresas alemanas que siguen existiendo como Bayer, Agfa y BASF.

Contamos mucho de cómo murió la gente, y poco de cómo luchó incluso a veces sabiendo que daba luchas perdidas. En nuestros recuentos los partisanos, la solidaridad, los testimonios enterrados en botellas al pie de los crematorios ocupan menos lugar que los detalles lacrimógenos inspirados en el cine.

Tampoco le damos mucho peso en nuestras narraciones al hecho de que donde la población no cooperó masivamente con los nazis como en Dinamarca, el exterminio de los judíos literalmente fue imposible. Y mucho menos lo contamos por la negativa señalando que los nazis no lo hicieron todo solos sino con la ayuda de los nacionalistas ucranianos, los colaboracionistas franceses, la España de Franco, el mufti de Jerusalén,  las masas de la Italia de Mussolini y un largo etcétera.

Con frecuencia nos parecemos bastante, a fin de cuentas, a esos personajes grotescos de las narraciones populares, quienes a punta de desmemoria y corta inteligencia travisten las noticias en historias fantásticas. Pero como todo siempre puede ser peor, nosotros no hacemos una historia fantástica de una noticia, sino una narración simplona y superficial de lo que ha sido la peor noticia que hasta ahora haya recibido la humanidad en mucho tiempo.

Por todo esto, y porque a los judíos les tocó lo peor, he titulado esta entrada con una expresión hebrea que significa “día de la catástrofe y del heroísmo”. El asesinato en masa perpetrado por los nazis fue una catástrofe organizada por ellos y muchos de sus socios, cuyos descendientes hoy fingen que en el pasado de sus familias o empresas no están esos crímenes. Pero todo habría sido peor sin la heroíca resistencia de millones que se enfrentaron a la destrucción cuando todo parecía perdido, y a veces sobrevivieron para contarlo.

*El libro de Alexander se llama “Trauma: a social theory”. La traduccióm es mía, y proviene de la página 34.

1/19/14

Días uruguayos

Durante la mayor parte del tiempo que viví en Buenos Aires visité regularmente Uruguay, ese hermoso país de la banda oriental lleno de gente adorable. En uno de esos viajes, sobre un barco, encontré el amor de mi vida, y como en las películas, fue amor a primera vista y definitivo. Por alguna razón desconocida en esa maraña de cosas bellísimas que siempre me ha traído ese país, siempre que estaba en Uruguay el clima era perfecto. Sobre esa constatación permanente terminé reformulando el lugar común-progre argentino de "día peronista", usado para referir los días soleados y despejados. En mi historia esos días han quedado marcados como "días uruguayos", y así los sigo llamando espontáneamente cuando me asomo a la ventana, recién salido de la cama y aún desnudo, y me percato de que el cielo es azul y el sol brilla, matizando todo con esa aura dorada que suele cubrir las cosas en esas mañanas en las que el mundo parece irrealmente bello. Tengo nostalgia de Joe, de Bárbara, de Oscar, de Juan. Tengo nostalgia del Uruguay.

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During most of the time I lived in Buenos Aires, I regularly visited Uruguay, that beautiful country on the eastern bank, plenty of lovely people. I found the love of my life on a ship during one of these trips, and it was love at firs sight and for ever, like in the movies. For some unknown reason, in that tangle of beautiful things which that country has always brought to me, the weather was always perfect when I was in Uruguay. On that permanent confirmation I finally reformulated the peronist-lefty, argentine commonplace about the "peronist day", used to refer the sunny and clear days. In my history these days are marked as "Uruguayan days", and I spontaneously call them so, when I look out through the window just after leaving the bed, still naked, and find out that the sky is blue and the sun shines, tinging everything with that golden aura that usually floods the mornings, and makes the world seem unreally beautiful. I'm feeling longing for Joe, Bárbara, Oscar, Juan. I'm feeling longing for Uruguay.

1/9/14

La metamorfosis

Cuando Eva Duarte se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertida en Cristina Fernández.

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