4/27/16

Cruda realidad

  1. La personalidad por sí sola, desprovista de alguna forma de belleza física, no enamora a nadie en el sentido afectivo-erótico que comúnmente se le atribuye a la palabra "enamoramiento".
  2. La distancia, combinada con otros factores, mata relaciones amorosas y amistosas, aunque éstas sean profundas.
  3. No hay amores desinteresados, aunque a veces los intereses que los sostienen no sean materiales.
  4. Hasta la fecha las buenas intenciones desprovistas de inteligencia, disciplina y erudición no han producido una sola obra científica o artística respetable.
  5. Es posible respetar a una persona y despreciar el producto de su trabajo debido a su escasa calidad. Hay personas que serían más simpáticas con usted si procede invirtiendo los factores de esa relación.
  6. No todo lo que ha sido escrito en estrofas puede ser legítimamente calificado como "poesía" en el sentido artístico -es decir técnico- de esa categoría.
  7. El respeto o la admiración intelectual de los que goza alguien se desvanecen súbitamente cuando esa persona usa su conocimiento o inteligencia para cuestionar determinadas certezas (políticas, morales o religiosas) de por sus admiradores.
  8. Discutir no siempre es una forma de ponerse de acuerdo. Hay personas entre las que no hay acuerdos posibles, al menos en determinados asuntos.
  9. La comodidad económica no asegura la felicidad, pero pasar necesidades tampoco.
  10. La discriminación es una actividad universal y cotidiana entre los seres humanos. Existen formas más y menos inofensivas, más y menos violentas, o más y menos legítimas de discriminación. Lo que casi no existe es gente que acepte abiertamente que las practica y justifica.
  11. La democracia tiene más defensores entre la oposición que en el gobierno, sobretodo cuando la ex-oposición gobierna.
  12. La arrogancia no siempre es ilegítima, y en algunos contextos puede ser psicológica o científicamente saludable.

4/24/16

Entre proyectar las fantasías y matar al mensajero no hay sino un desengaño

1. Usted se comporta humana, simpáticamente con alguien, sin segundas intenciones.
2. Quizá por falta de costumbre, la persona se confunde, proyecta sus fantasías en la situación, e imagina que usted tiene intereses sentimentales o carnales.
3. Usted aclara insistentemente que hay un malentendido, haciendo uso de una cortesía que no lo caracteriza, que por eso le resulta artificial, pero que usted cree poder actuar con verosimilitud. Para sus adentros se pregunta si la situación se debe a un malentendido corriente o a alguna muestra de narcisismo del tipo "el que se me arrima y me sonríe TIENE que querer algo conmigo, sencillamente porque yo soy irresistiblemente yo".
4. Cuando la reiterada aclaración finalmente surte efecto, la persona desengañada se pone nefasta. El episodio puede concluir con que usted es inculpado de haber jugado perversamente con el desilusionado, o con que esa persona contesta como La Chilindrina: "al fin y al cabo que ni quería". Invariablemente en esa historia usted ocupa el lugar de "el gato maula" que ha jugado "con el mísero ratón".
5. Y así, mientras usted se encuentra parado en el umbral de la sorpresa, desde lo profundo de su alma colombiana escucha una voz que exclama: "¡Entonces ahora resulta que el hijueputa soy yo!".
(La ilustración proviene de Manners, Custom and Dress During the Middle Ages and During the Renaissance Period, un libro de Paul Lacroix que se encuentra disponible en el archivo del Proyecto Gutenberg. Fue tomada por él de un manuscrito del siglo XV.)

4/5/16

El desamor cantado por Silvio Rodríguez y Las Hermanitas Calle, o la diferencia entre la desaparición forzada y la pobreza

El amor y el desamor son vividos en el marco de los sistemas de ideas con los cuales quienes los viven se relacionan de manera amplia con el mundo. Eso es lo que explica que Silvio Rodríguez, artista oficial de un régimen estalinista, haya compuesto una canción en la que le desea al objeto de su desamor que éste sufra la desaparición, el fusilamiento o cuando menos el borramiento absoluto de la memoria, conocido como damnatio memoriae desde la antigüedad. En esa época, como también sucedió en el siglo XX, los antecesores egipcios y romanos de los tiranos modernos condenaban al olvido a sus enemigos derrotados, ordenando destruir sus estatuas, borrar sus nombres de monumentos y documentos, y prohibiéndole al pueblo que los nombrara. Así, en una canción clásica de su repertorio Silvio Rodríguez le canta a la "culpable" de su despecho:
Ojalá pase algo que te borre de pronto [nótese la ambigüedad del "algo" que puede hacer que esa persona sea "borrada"].
Una luz cegadora, un disparo de Nievi [el francotirador soviético que se hizo famoso en la batalla de Estalingrado].
[…]
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
[…]
Ojalá que tu nombre se le olvide a esta voz.
La desaparición de personas debido a "algo" sucedido de pronto, el fin de su existencia mediante un disparo, la imposibilidad de tocar ciertos temas o personas aunque fuera en canciones, y el hecho de que numerosos nombres se le olvidaron a las voces de la gente, ocurrieron en la realidad en la URSS a partir de 1929. Y ocurrieron también en Cuba, Camboya, China y otros países gobernados por dictaduras estalinistas entre esa época y el presente. En los versos de esa canción dulzona de Silvio Rodríguez resuenan las desapariciones forzadas, los fusilamientos y el borramiento que efectuó Stalin en la memoria documental, pictórica y colectiva de la URSS, cuando la oposición de izquierda aniquilada o exiliada fue incluso literalmente borrada de fotografías y pinturas.

En otro contexto, Jaime Rincón, el compositor de "La Jarretona", un clásico de la música campesina colombiana hecho famoso por Las Hermanitas Calle, no desea que el objeto de su desamor sufra como castigo acciones de terrorismo de Estado estalinista, tal cual lo hace Silvio Rodríguez. El despechado que canta en La Jarretona le desea a la ingrata desgracias más banales:

Pero algún día llegará la recompensa.
Carranchilosa en la calle te he de ver.
Vendiendo paletas o pu'ai mantequiando,
hedionda, piojosa, falsaria y cruel mujer.
A la larga esas dos canciones demuestran, como lo han hecho la política y la historia muchas veces en distintos lugares del planeta, que un progre así sea romántico es más peligroso que el más rencoroso de los borrachos de cantina.

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