9/29/08

Llorar

No estoy seguro acerca de si soy irlandés, como me dijo un amigo cuando le conté que extraño poco y nada los lugares en los que he vivido cuando me he mudado de ellos, o simplemente un tanguero cualquiera que padece efectos retardados.
De cualquier modo que sea, no logro comprender cómo funcionan la cabeza, o el corazón, o el hígado, o lo que sea que contiene lo que uno siente, porque justamente anoche sucedió lo de muchas veces:
llevo varios días raro, medio tristón, medio encabronado con el mundo, recordando a Heidi, una mujer maravillosa de cuya ausencia no consigo recuperarme. Anoche, en una fiestita de cumple con colegas, mientras escuchábamos tangos de Julio Sosa salió Uno, y fue como si derrepente me hubieran atado un ancla a la pierna: el mundo se me vino abajo. De un momento a otro estaba en el auto de una amiga, volviendo de Villa Gesell y cantado esa canción con Heidi. Salí al balcón como quien no quiere la cosa, a tomar aire y rumiar mis penas solo, como, un perro.
Luego vino una tormenta torrencial de esas del trópico: estaba en alpargatas y era la primera vez que las usaba desde cuando me las puse un día de verano en Buenos Aires y esa decisión convocó las fuerzas atmosféricas. Me lavé como un pájaro. Volvimos a casa, caí dormido medio borracho y soñe con Heidi, llorando como un niño, porque en medio de la ensoñación sabía que estaba muerta, aunque nos veíamos y conversábamos.
Esta mañana desperté y le pregunté a Jan la fecha, mientras tomábamos un mate. Cuando me la dijo caímos en cuenta que estamos en los días del primer aniversario de la muerte de Heidi, porque estábamos juntos y él volvió a Alemania un par de días después de su muerte, el 3 de octubre: el día de la reunificación de Alemania.
Entonces, yo me quedé sólo y hecho mierda. Ese día habíamos ido al jardín japonés, tomamos algo con Baby y anita, y luego vino lo de Heidi.
Hoy me desperté, y cuando supe lo de la fecha todo tomó sentido.
A eso se suma que mi familia está por vender la finca de mis abuelos, donde crecimos.
Extraño Buenos Aires, a Gus, Gonzalo, José, Marijo y Lucas, Marina -que siempre me la encontraba en los buses y las paradas de bus-, Baby, Leo, Maru, Iván, Marcelo... A Heidi, a mi abuela. A las últimas dos no las voy a volver a ver.
Y qué le vamos a hacer: al mal que no tiene cura, hacerle la cara dura.

9/13/08

A modo de actualización: notas marginales

Después de un largo e intempestivo paréntesis (no se me olvida que dejo inconclusas las notas del diario del Norte, pero ya vendrán aunque quizá ahora carezcan de buena parte de su sentido bloguístico), heme de vuelta, y estas son las novedades:

-Ahora escribo desde Colombia, a donde me mudé de manera más o menos precipitada en agosto después de recibir una oferta inesperada de trabajo a principios de junio.

-Estoy comenzando mi segundo mes como docente del programa de Comunicación Social de una universidad privada, donde dicto tres materias del ciclo de formación en investigación social, y una de escritura. La mayoría de mis estudiantes me caen bien, y he resultado menos impaciente de lo que pensaba que era.

-Apenas he tenido tiempo de aterrizar en el país y la nueva vida. Ando cómodo en lo que hago y trabajo en un campus verde y tranquilo, que no es poco en una ciudad en la que hay entre 28 y 32 grados todo el año.

-Otra de las novedades es que aterrizó J. Ahora trabajamos en facultades distintas de la misma universidad, y andamos arrancando una vida en el mismo lugar después de tanto tiempo de planearlo. Lo que jamás se nos habría ocurrido es que eso se iba a dar en uno de los pocos lugares que estaban fuera de la lista.

-Viendo el país in situ las cosas son menos peores de lo que parecen. Los uribistas son mayoría aplastante, pero "los otros" ("nosotros") son menos escasos de lo que uno podría creer desde el exterior.

-A veces extraño Buenos Aires, a los amigos que dejé allá y a las calles de esa ciudad con la que estoy casado. Sin embargo, estoy muy animado con el redescubrimiento que estoy haciendo de este país respecto del cual me siento extranjero en muchos sentidos. Al fin y al cabo, uno no es de ninguna parte, para bien y para mal.

archīvum

StatCounter