Hoy, mientras trabajaba en el texto final de mi tesis (crudo, todavía), iTunes puso aleatoriamente "Amanecí en tus brazos", interpretada por Chavela Vargas, y la canción me remitió como un disparo a alguna vez que debió ser de las primeras en la que escuché esa canción. Era una tarde en la casa de mis abuelos Leal, y sonaba en la radio, interpretada por una mujer cuya voz escuché en esa y muchas canciones durante toda mi infancia y que luego he venido a saber que era Lola Beltrán. Buena parte de mi sensibilidad musical y mi gusto por el tango y la música ranchera de los años de oro mexicanos viene de esas situaciones, en las que sonaba la radio en la casa de mis abuelos y él cantaba o nos contaba a los que estuviéramos presentes quién era el cantante o la cantante, en qué año había salido la canción, qué hacía él en ese entonces... Esas cosas por lo general sucedían mientras tomábamos el café con leche de la tarde con arepas, o mientras escogíamos café secado al sol, separando la pasilla de los granos buenos, presos de la envidia porque a los adultos les cabían muchos granos de pasilla en las manos, mientras las nuestras, pequeñas, se llenaban más rápidamente.
Otra parte de esa formación viene de las tardes en las que veíamos
películas de la misma época con mi abuela Anita Lancheros, y admirábamos
las mujeres que bailaban y cantaban en los escenarios al estilo del
Tropicana, o a los charros que entonaban canciones de amor o aventuras
bajo la mirada de sus devotas enamoradas. De ella me quedó no solamente
el gusto por esa música, sino el reflejo de cantar mientras estoy
concentrado haciendo alguna cosa manual. De tanto en tanto me viene a la
mente una tarde que nos enseñó el estribillo de la canción que dice:
"si te quieres por el gusto divertir, cómete un cucuruchito de maní".
Hubo
tanta felicidad en los años que compartí con esas personas hoy perdidas
para siempre para los que seguimos vivos, que habiendo asumido la
inevitabilidad –y a veces deseabilidad– del hecho de la muerte, me
siento infinitamente afortunado y feliz de haber vivido tanto y tan
cerca con ellos. Y ateo como soy no puedo evitar sentirlos conmigo
cuando disfruto de la música que ellos me enseñaron a amar, o me
descubro cantando "María Isabel, linda mujer..." o "si te quieres por el
gusto divertir...".