12/10/06

At last I am born

Tres meses sin escribir por acá... han cambiado tantas cosas en este tiempo, que es estéril el propósito de dar cuenta de todas ellas.

Lo más general de todos estos cambios es que me encuentro instalado en mi nueva vida post-Diego. Justamente hoy hace un año nos conocimos, pero el post no tiene que ver con la fecha. Tengo un poco de tiempo pues terminé de leer el cuarto de una serie de Agatha Christie que va a editar Planeta para el diario La Nación, y como era una tarde encantadora de primavera-cuasi-verano, salí a caminar y disfrutar de la ciudad, tras haberme perdido muchas tardes como esta por estar sentado al computador leyendo.

Desde la última vez que postee sucedieron las siguientes cosas, en un orden que quizá no corresponda con como las enumero: encontré un departamento en el barrio de Villacrespo, que es medio-armenio, medio-judío, medio-libanés. Eso da un barrio y medio, pero no importa, no he sido muy bueno con los números, que digamos. Me mudaré de allí a fines de marzo, pero como dicen en Colombia, amanecerá y veremos. Otra de las cosas que ha sucedido es que parece irse cerrando la herida abierta por la ruptura con Diego... esas cosas no cierran definitivamente, me parece, aún me talla en un rinconcito del alma, pero ya no es como antes. En medio de eso, no ha habido muchas novedades, aunque con una novedad de ese tamaño: que voy saliendo de la tumba que habitaba cuando escribí acá por última vez, no parece hacer falta mucho.

La tarde de hoy fue deliciosa: terminé de leer como a las cinco, me bañé, escribí una carta para Jan, y salí. Busqué durante mucho rato una oficina de Correo Argentino pues todas estaban extrañamente cerradas a las siete de la tarde, y cuando por fin la encontré hice un tardío envío de cumpleaños para el chico. Lo terminé haciendo en una oficina de Avenida de Mayo, por donde caminé tomando mate y simplemente mirando la gente pasar. Me gusta caminar por ahí, solo, simplemente hablando conmigo, ausente en medio de la multitud. Luego caminé por 9 de Julio hasta Corrientes tomando fotos de vez en cuando (malas casi todas, me parece), y fui a ver una peli en el cine Tita Merello. Se llama "Chicha tu madre", y es una producción peruano-argentina acerca de un taxista que está aprendiendo a leer el tarot... es buena, me entusiasma cuando veo una buena película hecha en un país del tercer mundo donde todo, y en especial el cine, cuesta más dinero y esfuerzo. A la salida del cine había música y proyección de fotos de la historia argentina en el obelisco, así que volví a sacar el termo que había guardado al entrar al cine y continué tomando mate mientras veía algo de las fotos, me gustó pero no era un plan muy divertido para pasar largo rato, así que seguí caminando por Corrientes y me zampé una MacNífica en Mac Donalds (crucifíquenme, señores globalifóbicos), desde donde seguí caminando hasta sentarme en este ciber.

Volviendo a temas menos anodinos, he pensado mucho últimamente en el vínculo que tengo con Jan. Me resulta bello notar cómo hemos mantenido y desarrollado la conexión que establecimos hace más de un año. Nuestros intercambios postales, virtualmente innecesarios en la época del email y la telefonía IP me emocionan de una manera casi pueril. No sabes cuándo tu vida va a dar un giro con solo decir "hola" a un desconocido.

Otro año que se cierra, es mi tercer verano en Buenos Aires, una ciudad que me ha capturado completamente. Creo que estaré por un tiempo prolongado acá... Me siento cómodo, en casa. Hoy, mientras veía imágenes de Lima en la película aquella, recordé la emoció que sentí cuando iba en el taxi rumbo al aeropuerto de Lima el día de mi regreso a Buenos Aires, estaba feliz, me sentía volviendo a casa. Aquél había sido un viaje de huída, el día que tomé el avión en Ezeiza había llorado por el peso de la catástrofe que suponía la ruptura, esa noche Diego se había llevado su escritorio del departamento -era prácticamente lo último que quedaba-, y el estado del mundo me resultaba detestable. Sin embargo, el regreso era distinto, me sentía feliz de volver a esta ciudad, valiente para hacer una vida distinta a la que había hecho hasta entonces, emocionado por los lugares que había visitado y por la incomparable potencia que me proporciona viajar solo. Hay una canción de Andrés Calamaro que se llama "No tan Buenos Aires" cuyo primer verso dice: "ya siento que estoy radiante por volver, tengo en cuenta que el diamante es carbón...", me identifico de cabo a rabo con ella. Bueno, las imágenes de Lima me recordaron ese momento en el que empezaba a poner un pie fuera de la tumba.

Se imponen los balances, creo que el 2006 fue un buen año, sin mediaciones, fue bueno en todo sentido. Inutil preguntarse si las cosas con D habría podido ser de otra manera, y cerrado ese capítulo, el balance es excelente. En medio de eso, y gracias a esa crisis, aprendí cientos de cosas, cometí errores que no volveré a cometer... no estoy diciendo "Las uvas están verdes", como la zorra de la fábula. He conocido personas encantadoras este año, eso también hace parte del balance. Volví a ver teatro con asiduidad, y le voy tomando el ritmo a mi vieja pasión cinematográfica, ando viendo muchas películas con amigos y solo, y me encanta. Hoy puedo decir, como Morrissey: At last I am born.

Escribo esto mientras escucho a Rufus Wainwright, un músico espléndido que conocí a través de Jan.

Estos días hace un calor de morir: ando quedándome despierto hasta las 430 o 5, cuando empieza a amanecer, para pasar la mayor parte del día durmiendo con el ventilador encendido y leyendo tranquilamente en casa, mientras llega la hora del fresco y salgo a dar una vuelta (no siempre).

Tengo ganas de dar una vuelta por Colombia, extraño algunas personas de allí. Hace unos días hablé con Goya, mi tía (hermana-de-crianza) y me puse a llorar... estaba feliz y triste al mismo tiempo. Soy un llorón sin remedio. El periplo por Colombia, como otras cosas, tendrá que esperar, no me estoy muriendo de hambre pero ando quebrado.
¿Qué traerá el 2007?

9/13/06

Ferrán


Take me out tonight
Where theres music and theres people
And theyre young and alive
Driving in your car
I never never want to go home
Because I havent got one
Anymore

Take me out tonight
Because I want to see people and i
Want to see life
Driving in your car
Oh, please dont drop me home
Because its not my home, its their
Home, and Im welcome no more

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Take me out tonight
Take me anywhere, I dont care
I dont care, I dont care
And in the darkened underpass
I thought oh god, my chance has come at last
(but then a strange fear gripped me and i
Just couldnt ask)

Take me out tonight
Oh, take me anywhere, I dont care
I dont care, I dont care
Driving in your car
I never never want to go home
Because I havent got one, da ...
Oh, I havent got one

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Oh, there is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out


9/12/06

Sé que algún día va a suceder.

My love,
Wherever you are,
Whatever you are,
Dont lose faith.
I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Please wait . . .
Ah, ha, ha,
Wait . . .
Dont lose faith.

You say that the day
Just never arrives
And its never seemed so far away.
Still I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Dont lose faith

Morrisey, Beethoven was deaf

9/9/06

A nueve días de mis veinticinco años

Otro día primavera, lentamente se templa el clima. Hoy terminó mi semana... pasé los útlimos 7 días trabajando para la industria editorial, primero, "La hija del caníbal", de Rosa Montero, luego las memorias de un congreso sobre la profesión docente que se hizo en Buenos Aires. De los dos, el peor fue el segundo. Prefiero la literatura de entretenimiento a los trabajos serios, porque por lo general son aburridos.

Tres buenas películas esta semana: El Odio (Le Haine), The horror movie picture show, y Bloody Sunday. La primera la vi por cuarta vez (me encanta), la segunda me gustó... me gustan los musicales y este combina eso con el estilo de una película de ciencia ficción grotesca de las de los 50-70´s, la tercera es mi favorita: trata sobre una masacre que hicieron los británicos entre la gente que marchaba reclamando derechos civiles en Irlanda... disparos a discreción y luego muchas mentiras acerca de supuestos atacantes armados entre la población. Fue una masacre real, de hecho hay una canción de U2 sobre eso que se llama "Sunday, Bloody Sunday". Los comandantes del operativo fueron condecorados por la reina pocos años después de los hechos. Muchos flash backs viendo la película, recordé las pedreas en la universidad, en Colombia... las carreras, la excitación cuando uno buscaba sacar piedras de cualquier lado, los gases, la furia cuando veía a sus compañeros vejados por la policía, el miedo y la furia suicida cuando veía que cargaban y se imponían sobre personas que estaban en la pelea con uno. Sentí ganas de llorar... es incríble, los que me conocen se pueden sorprender, pero si muchas desgracias me producen risa y bromas negras, las imágenes reales de las multitudes movilizándose o resistiendo la represión me conmueven de una manera super profunda, siempre me producen ganas de llorar, me entusiasman, me enternecen...
En nueve días cumpliré 25 años y estoy en una situación que, en muchos sentidos, es completamente ambigua: no tengo casa, estoy en tránsito de conseguir una, no mantengo una relación con el tipo que amo y no está claro cuál será el estado de las cosas al respecto en el futuro inmediato, debo entregar mi tesis de maestría y no logro retomarla cabalmente... por otra parte, estoy menos sumido en el hoyo que hace un par de meses, tengo un nuevo trabajo en una editorial adicional, a mi alrededor hay más personas cercanas de las que habría sospechado, me siento menos solo de lo que pensaba que estaría. Me embarga un sobrio entusiasmo cuando me aproximo a los 25, un momento que, según Joe, marca la primera crisis de edad de los gays. No veo venir tal crisis.
Cuando era chico pensaba que a los 25 estaría casado o en trámite de hacerlo. También creía que los hombres que salían con otros hombres eran amanerados, como las locas de pueblo. Que a los 25 años uno debía comenzar a planear tener un hijo. Hoy día ninguna de esas certezas se mantiene: no me interesa casarme (aunque lo consideraría por razones prácticas, como las migratorias), no tengo dudas acerca de la perfecta compatibilidad entre los comportamientos de la masculinidad clásica y el gusto por los hombres, ni me interesa tener hijos. Si uno supiera de chico que las certezas con las que crece se desvanecerán tan pronto salga del nido, quizá la infancia sería menos despreocupada... ahora me parece que aquél es un dulce engaño.
Es raro todo esto... mi vida tiene una forma que jamás sospeché que tendría. Vivo solo en el extremo sur del mundo urbano (porque el continente se extiende hasta Tierra del Fuego, pero el mundo urbano termina, hacia el sur de América, en Buenos Aires), habito una ciudad que me encanta, vivo encantado de mi putez (mariconería, se diría en colombiano, aunque me refiero a esa condición sin el afeminamiento que se le atribuye habitualmente), y aunque ocasionalmente me siento jodidamente hecho mierda y solo en este país que habito, me lo aguanto porque me gusta. Esto de dejar el lugar en el que uno ha crecido es fácil y difícil: me encanta poder conocer el mundo a la edad que tengo, haber conocido tantos lugares y personas distintos, pero también se siente a veces una sensanción de desarraigo que, como diría mi amiga Tania Ospina, rasguña los huesos. Esa sensación es menor cuando uno configura un mundo personal; aquél fue el gran descubrimiento que trajo consigo mi relación con Diego: juntos construimos una familia, un reino, una patria. Casi todo eso desapareció, y en los días en los que acababa de sobrevenir la catástrofe me sentí más desarraigado que nunca en este país, desee más que antes estar en casa... en la casa de mi madre, que aunque ya no sea mía siempre será un buen refugio. Ahora todo está mejor, vuelvo a acostumbrarme a ser una extranjero, no solo en mi propio mundo sino en esta ciudad, a disfrutar de la soledad, aunque la maldiga a veces.
Hoy hablé con mi madre, siempre me da mucho gusto hacerlo. La extraño. Nunca hemos tenido una relación madre-hijo clásica de estas en las que la autoridad es lo central, y esas cosas. Somos más amigos que otra cosa, y eso se lo debemos a que la mayor parte de nuestra infancia ella estuvo trabajando, así que mi hermano y yo nos criamos con las empleadas del servicio y mis abuelas... como sea, me gusta la relación que tenemos, la percibo más sincera que la que podríamos tener por la fuerza de la tradición. Dijo que se me oía mucho mejor que la última vez. Por supuesto lo estoy.
Escribo esto escuchando a Morrisey, me gusta tanto...
Bien, es hora de ir a la cama.

9/2/06

Se acerca la primavera

La ciudad reverdece. Inicio una nueva vida, fuera del lugar que compartí con Diego durante cinco de los siete meses que duró nuestra relación. Bueno, no es que hoy no tengamos algún tipo de relación social, pero no me refería a eso. Entregar las llaves de ese departamento fue, en buena medida, como cortar las amarras que me impedían despegar en muchos terrenos. Me sorprendió notar que cuando estaba acomodando las cosas en el otro edificio experimentaba una extraña liviandad, que me era casi completamente desconocida.

De alguna manera me siento feliz, más autónomo, en el sentido kantiano del término. Eso no significa que le ame menos, quizá es todo lo contrario. Hay certezas que tengo respecto a eso que no dependen de mi estado de ánimo. Este amor se prolongará en el tiempo, independientemente de lo que suceda entre nosotros.

He entrado en un estado liminal en cuanto a mi ubicación en un espacio habitacional. En estas circunstancias se siente con más fuerza el carácter de emigrante que uno posee cuando está lejos de las personas que le tocaron en suerte como familia. No lo lamento ni me causa problemas, tengo amigos y amigas, pasaré unos días dando tumbos de un lado para otro, y en un par de semanas me estabilizaré, con toda seguridad. Ahora trabajo precipitadamente para entregar un libro que editará Planeta, se llama "La Hija del Caníbal", y es de una mujer que se llama Rosa Montero. Es literatura de entretenimiento, pero no está mal. Al mismo tiempo, tengo mi primer trabajo para Siglo XXI, otra editorial, que entregaré el próximo viernes. De hoy al viernes tendré mucho trabajo, esa es una de las razones por las que no salgo esta noche. La otra es que no tengo un deseo genuino de divertirme, lo que siento son ganas de evadir un poco las cosas que se me siguen moviendo después de la ruptura, y que seguirán haciéndolo por término indefinido... un poco como en "There´s a Light That Never Goes Out", de Morrisey: I want to see people, and I want to see lights. Pero tengo que trabajar y vengo a casa a dormir relativamente temprano... bueno, temprano para Buenos Aires.

Hoy fui con María José y Raúl a ver la última función de la obra en la que actuaba Diego: El año de Leberwurst. Me interesaba porque trata asuntos relacionados con mi tesis de maestría y porque quería ver al chico actuando. No fue una maravilla, pero me gustó bastante. Cre que da en el blanco de asuntos claves que encontré en el campo y que he estado pensando. También tuvo algo de especular, pues muchas cosas aparecían de manera muy similar a como se dieron en la crisis de nuestra ruptura. Algunas de esas cosas me golpearon, pero ahora todo eso viene de manera distinta... aunque golpean ya no amenazan con aniquilar.

Después del teatro fuimos a La Academia, un bar viejo de Corrientes y Callao, mi esquina favorita de esta ciudad, que está abierto las veinticuatro horas. Allí he pasado horas incontables con Marijó, y allí me senté a esperar que transcurriera la ruptura durante varios días, a veces solo, a veces acompañado de personas como ella, Ferrán, Maru... algunos de los que conforman esa parte de mi universo acá que no se derrumba en casos de emergencia. Hablamos por mucho rato con ella y con Raúl, quien está de regreso en la ciudad y recién instalado en su nuevo departamento... tomamos varios leguis (un trago local de caña) y les tomé fotos. He descubierto que cuando estoy triste me hace bien tomar fotos, y por lo general me salen bellas (no es el caso de todas las de hoy).

Ayer en la mañana encontré una baraja española en un armario, en ella encontré la sota de copas, y me acordé de una canción de José Alfredo Jimenez con la que me siento particularmente identificado últimamente... tomé una foto y compuse una postal. A mis picos melancólicos de los últimos días les han acompañado algunas oleadas de creatividad pictórica que han ido nutriendo mi archivo... no estoy seguro de que vaya a publicar todas las cosas que he hecho, pero sepan que existen.

Últimamente pienso mucho en esto de la exposición de las cavilaciones íntimas en internet... es un fenómeno interesante antropológicamente este de los que escribimos cosas personales y narramos aspectos o eventos de nuestras vidas en la red. Es como si uno gritara parado al borde de un abismo... nunca está seguro de si alguien lo va a escuchar o no, pero lo hace. Sepa, si está leyendo estas notas, que poco me importa si lo hace o no. Por otra parte, regocíjese: hace unos años leer las notas de diario de alguien suponía una odisea relacionada con la necesidad de robar cuadernos celosamente guardados; hoy lo puede hacer en internet, con la connivencia de sus autores, aunque quizá eso le reste gracia a la lectura. Como sea, una de las principales razones por las que hago entradas en este espacio es que es más difícil que las pierda que si las guardo en mi computador portátil.

8/10/06

Fotos del periplo peruano

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Crónicas Peruanas, IV

Cuzco - Machu Picchu - Buenos Aires

Agosto 2, 10:50 a.m.

Rumbo a Muchu Picchu. Viajamos rumbo al noroeste en un tren de Orient Express (Peru Rail, acá). Es un viaje de unas 4 horas, en las que después de pasar por una zona de colinas parecida a Boyacá se transita por un valle en el que se viaja bordeando el río Urubamba, que es azul verdoso, como los de la Patagonia. La atmósfera es clara y el aire seco, así que es muy confortable.

Mientras escribo se ve a la izquierda, al otro lado del río, el Camino del Inca, que suele ser recorrido por la gente en 4 días hasta Muchu Picchu. Durante todo el viaje se ven construcciones incas como plataformas, muros de contención sobre las orillas del río, y vestigios de habitación que en algunos casos se mantienen en uso.

Machu Picchu está a 2000 metros s.n.m., mientras Cuzco está a 3345, así que a medida que descendemos, siempre bordeando el río, el clima se templa y la vegetación se hace exuberante. Acabamos de ver Patallacta (ciudad de andenes), un sitio arqueológico bastante bien conservado (quizá reconstruído). Hace un calor muy agradable, y ante el olor y la vista del impecable río que bordeamos dan ganas de tomar un baño. Vemos unas terrazas de cultivo al otro lado del río, tomé un par de fotos pero nuevamente me enfrento a la impotencia de ver algo bellísimo y tener la certeza de que la foto no capta el esplendor del objeto. Es el viejo problema objeto-representación.

Pasamos Qorihuayrachia (Km 88 desde Cuzco), donde termina la carretera, así que desde allí es necesario recorrer el resto del camino (ignoro la distancia, unos 20 minutos de tren, supongo), a pie o en tren.

El clima de Machu Picchu es más húmedo y cálido (bosque húmedo de montaña), así que no se necesita abrigo, aunque es importante llevar manga larga pues según dicen hay mosquitos. La guía que acompaña a un grupo sentado cerca de mi silla les recomienda usar repelente y bloqueador, al tiempo que les da todo tipo de datos sobre los lugares y la vegetación... su modulación pausada y la manera algo exagerada en la que vocaliza me producen una impresión de mecanicidad que no le había notado a otros guías.

[...]

10:25

Transitamos un bosque espeso, lleno de árboles floridos y epifitas. Se me parece mucho al cañón del Combeima, en Colombia. Vuelvo a sentir el olor del bosque montano tropical, que me hace sentir en casa, recuerdo las vacaciones en la finca. ¡Estoy pletórico! Me invade una felicidad que hace mucho no experimentaba, como volver a casa lejos-de-casa. El paisaje ahora es también muy similar al de Boquerón, cuando uno va de Fusa a Ibagué. Me saturan los olores del cañón, de la vegetación que se apiña en las paredes de roca. Veo muchas flores y plantas que hay también en esa zona de Colombia en la que crecí y pasé la adolescencia.

En la silla del otro lado del pasillo va una pareja mexicana cuya hija va sentada en frente mío... son buenos conversadores, en especial la madre. Vienen viajando por el Cono Sur y terminan las vacaciones en Perú. La señora le da unas hojas de coca para mascar a un par de japonesas que están sentadas en frente suyo y sufren por el mal de altura...de un momento a otro una de esas chicas hace un movimiento torpe y le tira encima un café a la señora, haciendo un sonido agudo de sorpresa. Ella reacciona muy bien diciéndole que no se preocupe y se limpia el desastre que le ha quedad en la ropa... su hija y yo nos miramos y no podemos evitar reír en silencio.

Me llama mucho la atención la presencia de guías que hablan japonés, mientras los demás extranjeros toman las excursiones en inglés o español. De hecho, uno de los asistentes de a bordo del tren habla ese idioma también, y los anuncios del capitán se dan en inglés, español y japonés. Supongo que es parte de la herencia de la era Fujimori.

Vemos unas ruinas incas muy grandes que desde lejos parecen una gran mancha en la montaña, el lugar se llama Huynaywayna (por siempre joven), y más cerca unas cuyo nombre no escuché, pero que son las de un centro administrativo. Les tomé un par de fotos a las dos. Dentro de poco llegaremos a Aguas Calientes, la estación final desde donde recorreremos 8 kilómetros en auto hasta Machu Picchu.

El camino del inca se hace con cargueros, lo que me recuerda los grabados de la colonia y la república en Colombia, en los que aparecen europeos y ricos viajando de expedición con uno o varios indios que les llevan el equipaje mientras ellos van libres de todo, admirando el paisaje. Como dice Borges, la Historia da vueltas y vueltas...

11:25 Esperando el almuerzo en un restaurante de Machu Picchu Pueblo.

Suena “No le pegue a la negra” por Joe Arroyo. Me sorprende notar cuánta salsa se escucha acá, de hecho en Cuzco se presentará próximamente el grupo Niche, de Cali. Este pueblo es totalmente artificial, lo que los académicos denominarían una economía de enclave. Todo gira alrededor del turismo, y las construcciones, empezando por la iglesia, son evidentemente recientes... quizá de los últimos 40 años; de hecho, es un indicio importante el que la estación de tren se llama Aguas Calientes y el pueblo Machu Picchu: estoy seguro que fue fundado después de la llegada del tren (o cambió su nombre para tomar el otro, más “emblemático”, pero para el caso es lo mismo). No veo nada que no esté orientado a los turistas, y eso me produce mucha incomodidad... no se cómo decirlo, pero simplemente no me siento cómodo acá. La mayoría de los restaurantes tienen nombres en inglés como Toto’s House, Inca Tower, o cosas por el estilo, y en algunos de ellos la publicidad incluye anuncios en japonés. Me parece que si algún día el turismo cesa este pueblo se hunde.

Los transportes a Machu Picchu salen cada 3 minutos de la estación (12 dólares ida y vuelta, por 8 kilómetros), y siempre salen llenos. Me gustaría hacer el camino a pie pero el tiempo es muy limitado, así que tomo el transporte, monopolizado por una compañía que se llama “La Ecológica”.

En el camino desde Cuzco vi muchos lugares en los que me gustaría acampar, eso me hizo pensar mucho en mi hermano y Carlos, creo que lo pasaríamos bien viajando juntos por estos lugares... yendo sin prisa, caminando lo que haya que caminar, bañándonos en el río, haciendo cosas como esas, cenando bajo las estrellas después de haber cocinado nosotros mismos... recostarnos a fumar marihuana y charlar mirando el cielo despejado de estos paisajes montanos. Extraño esos placeres vacacionales tan elementales que compartíamos cuando vivía en Colombia... no hay casi nada que se le compare entre las cosas que he hecho durante las vacaciones desde que vivo en Argentina.

1:34 p.m. Machu Picchu (montaña vieja).

Después de media hora de camino llegamos. Hay mucha gente pero es posible estar relativamente solo de vez en cuando. Me encanta el olor de este lugar, deben ser los helechos mezclando sus aromas con el resto de la vegetación, pero los senderos que están aislados de las áreas abiertas tienen un olor muy, muy parecido al del Quinina (un lugar al que íbamos de camping con Juan, Carlos y amigos). Este lugar es grandísimo, me pregunto cuánto tiempo tardaron los incas en construirlo y cuántas personas participaron.

Sin turistas esto sería más bello, van en rebaños gritando, corriendo cuando hay algún lugar particularmente “interesante” (donde, como le oí decir a una guía, “pueden tomar LA foto del caso”), y apretando los obturadores de las cámaras a diestra y siniestra. No actúan muy distinto de los que uno ve en el obelisco de Buenos Aires, y me pregunto cuántos ven una diferencia de fondo entre este lugar y aquél. Bueno, encontré algunos que si la ven: acá vienen a cargarse de “buenas energías”. Vi un grupo frotándose las manos y poniéndolas cerca de una roca (hay foto)... Sin embargo, hace falta mucho de eso para siquiera debilitar la belleza de este sitio, y me encuentro muy conmovido... es una belleza que al mismo tiempo induce felicidad y melancolía [...].

5:10 p.m. De vuelta hacia Cuzco.

Fue un día encantador. Machu Picchu es de esos lugares a los que vale la pena ir, sin importar cuándo ni cómo. El sitio es impresionante, aunque sus muros son menos monumentales que los de Sacsaywamán, pues están construidos con piedras más chicas y no siempre alcanzan el grado de perfección de aquellos. Sin embargo, la ciudad es grandísima, y uno podría pasar horas y horas recorriéndola si quisiera hacerlo detalladamente.

Ahora bien, lo que uno ve está reconstruido, así que al visitar el lugar se está ante una aproximación –bastante fiel, imagino y espero-, de lo que era la ciudadela cuando la usaban sus habitantes, pues a medida que la van recuperando del monte intervienen sobre las ruinas para darles el aspecto que hoy tienen. No se si esté bien esa forma de intervención... es una vieja discusión entre arqueólogos y conservadores (la de reconstrucción/conservación). Me gusta como se ve pero no estoy seguro de que el espectáculo estético valga la pena a la hora de decidir si uno reconstruye o no una ruina o una pieza arqueológica... la pregunta también es: ¿vendrían los turistas si estuviera manejado todo esto con otros criterios estéticos? Lo dudo... de hecho esto me parece bastante “National Geographic”, y no tiene nada de raro pues esa institución cofinanció las investigaciones de Hiram Brigham desde el principio.

Parece que lo que uno visita es apenas una pequeña parte, pues muy abajo, por la falda del cerro en cuya cumbre se encuentra la ciudadela, y separadas entre sí y del área de los turistas por manchas de bosque espeso, se encuentran otras dos zonas que por su localización deben hacer parte de Machu Picchu. De hecho, le escuché a una guía que todo el complejo tiene más o menos 3 mil hectáreas y uno visita menos de 10. Como Dacha Pucllana o Sacsaywamán, con toda seguridad Machu Picchu va a ser mucho más grande en unos 20 años, si las obras continúan. Qué maravillosa ciencia es la arqueología, que construye hacia atrás.

Viajamos sin guía, con lo que perdimos mucha información de aquella que viene en “el paquete para turistas”, pero ganamos en libertad de movimiento y tranquilidad. Me resisto a dejarme arrear como un borrego en un rebaño, aunque me pierda datos interesantes que de cualquier manera puedo consultar después si lo deseo.

Me sorprendió el costo de la entrada: 20 dólares si se es estudiante extranjero y unos 35 si no se lo es. Los peruanos pagan 10 dólares, lo cual es mucho si se tiene en cuenta que, según la guía aquella del tren (“Rosita”), el ingreso mensual de los campesinos en el departamento de Cuzco es de 130 dólares (primero dijo “per cápita” y luego “por familia”, y nadie pidió aclaración... como yo escuchaba desde lejos tampoco lo hice); en cualquier caso, es muy bajo para lo que cuestan el boleto de tren y la entrada. Seguro muchos de los que viven en los alrededores no conocen el lugar.

Otra cosa que le escuché a esta mujer es que el gobierno central toma todo lo recaudado por entradas (que rondan los 3 dólares en museos y los 10 en sitios abiertos), y redistribuye las rentas a nivel nacional, de modo que a Cuzco le toca el 5% de lo que produce, y esa cifra se destina al funcionamiento y mantenimiento de los sitios, mientras no hay planes de desarrollo social y la mayoría de la gente en el campo no tiene agua potable, aunque existen los acueductos, que conducen agua insalubre. Veo que la pobreza es uno de los atractivos turísticos de esta región: “Qué bien que se ven los indios, sucios, con ropas extrañas y de colores vivos, en todos lados ves imágenes de postal”.

[...]

8:55 p.m.

El viaje de regreso se hace largo, estoy cansado pero sin sueño suficiente para dormir. He pasado el tiempo jugando con la cámara, leyendo la guía de Lonely Planet, escribiendo en este diario... [...].

No quiero hacer muchos planes para mañana, para tener tiempo de imprimir las fotos que voy a enviar por correo. Las he escogido hace un rato, en el tren: una automática en la que estoy sentado en Machu Picchu, otra de unos muros en perspectiva, una en la que estoy en un portal en Sacsaywamán (la tomó Joe), y la que tomé de la Plaza de Armas de Cuzco desde “La Retama”.

3 de agosto, 2:45 p.m.

He caminado solo por Cuzco, teniendo mucho tiempo para cavilar. [...] Hace un rato envié las cartas, la de mi madre y mi hermano tuve que enviarla a la oficina de correos de Arbeláez pues al cerrar el sobre me di cuenta de que no tengo su nueva dirección en Fusa. Quiero sentarme en un andén a ver la vida pasar.

No hace falta repetir que soy un inconsecuente. Rompí mi propósito de no comer todo lo que encontrara y creo que me gané un bicho contra el que los feroces animales que me habitan se baten en guerra. Aún no tengo el desorden digestivo completo de los viajeros que pasan por este país, pero me duele la panza todo el tiempo. Quizá fue el almuerzo de ayer en Machu Picchu Pueblo (chicharrón de cerdo y aguacate relleno), o que el hielo de los muchos pisco sours que he tomado estaba hecho con agua cruda... dice la guía que hay que cepillarse los dientes con agua embotellada y lo he hecho con la del tubo. Bueno, no se qué fue pero lo cierto es que por algún lado vino... espero no enfermar, así que me entrego a los buenos oficios de mi sistema inmune y el zoológico microscópico que llevo dentro. Por ahora lo único que no me hace doler la panza es el whisky (elíxir de elíxires)... de las demás cosas, todo me intensifica el malestar. La cabeza y la panza se confabulan para arruinarme el humor, pero me mantengo contento, aunque algo aprehensivo.

4 de agosto, 10:41 a.m.

Hoy regreso a Lima. [...]

Compré música criolla en un mercado local (2.5 soles cada cd copiado, unos 70 centavos de dólar)... fue bello reencontrar canciones y ritmos que escuché por doquier cuando era niño, pero más que bello fue sorpresivo, pues jamás se me habría ocurrido que la música criolla peruana y la música de cantina de Colombia tuvieran tanto en común (creo que la que se oye allá está influida por ésta, pues parece un círculo más prolífico en cuanto a los grupos, y con un carácter más definido... no se bien cómo decirlo pero es algo así, de hecho creo que Julio Jaramillo es peruano).

De alguna manera ansío volver a Buenos Aires, volver a sentirme en casa, reorganizando mi vida y no simplemente dejándola pasar como siento a veces que hago ahora. Sin embargo, no sé como me vaya a sentir allá. Seguramente tendré razones para quejarme, ya que esa es una de mis más desarrolladas habilidades.

Mañana regreso a Argentina, mi panza va mejorando. Parece que el partido que se juega en mi organismo lo va ganando el equipo local. No me gusta esta sensación de fragilidad que me produce notar que la comida o el agua locales me pueden enfermar... de alguna manera es como el día que sentí mal de altura, habiendo crecido en las montañas. En los dos casos me sentí objetivamente extraño en lugares en los que pensé que me adaptaría fácilmente. Habiendo crecido tan cerca de la línea del Ecuador, con la biodiversidad que caracteriza esa región, tener problemas digestivos cuando se va de viaje por un país de estos resulta insultante. Ja, río mientras escribo esto... no sé que me resulta más ridículo, si mis cavilaciones acerca de la biota digestiva y sus particularidades etnográficas, o sentir que tengo barriga de señorito que se enferma en Perú. Jajaja, quizá ninguna de las dos cosas sea más ridícula que la otra, pues las dos parecen estar en el extremo de la boludéz.

5 de agosto, 1 p.m. Último día en Lima.

Desde ayer he estado un poco melancólico, y el clima de esta ciudad eternamente gris ayuda. [...]

Vuelo esta noche (a las 9) hacia Buenos Aires, tengo la tarde por delante pero no quiero hacer planes relacionados con ir a conocer algún lugar para que no me ocurra lo que ya ha sucedido tantas veces: que me engancho haciendo algo y luego se me hace tarde para llegar al aeropuerto, de modo que tomo un taxi y me voy retorciendo en la silla mirando el reloj cada 2 minutos y pensando que esta vez sí pierdo el vuelo. Jajaja, recuerdo que en Río recogí el equipaje corriendo, tomé el taxi en pantalón corto tal cual estaba, y terminé desempacando un jean y vistiéndome mientras el tipo conducía... llegué, hice los trámites, y cuando caminaba para embarcar me vi reflejado en uno de esos vidrios a los que les pegan una película plateada para que no se vea de un lado al otro: poco faltaba para que pudiera ser confundido con un borracho de esos que amanecen el sábado por ahí después de haber dormido en un andén. El jean estaba arrugadísimo, la camiseta sucia, tenía cara de haber sudado como un animal y no haber tomado una ducha... Sentí esa ola cálida que le dice a uno que se está sonrojando, y no pude evitar reír en medio de lo avergonzado que estaba.

Bueno, el asunto es que no planeo ir a ningún lugar distante esta tarde. He pasado la mañana caminando por el malecón, mirando el mar, tomándole fotos... actualicé el fotolog (la tapa de un disco de The Smiths que encontré y un fragmento de una canción de Morrisey –bastante gris todo-), revisé correos, hablé por el Messenger... Sucedió algo muy gracioso porque desperté muy temprano, como a las 4, así que vi algo de tele, tomé una ducha, y salí con la intención de ver el amanecer. Caminé por el malecón buscando un lugar para verlo, encontré un parque cerca de una calle que se llama Venecia, y cuando me senté y empezó a aclarar caí en cuenta que Lima siempre está cubierta de nubes, así que no se puede ver el amanecer: simplemente la luz se va haciendo más intensa hasta que se pone de día del todo. Jajaja, uno de esos desencuentros que pueblan los últimos días... me acuerdo de un tango que justamente se llama así, El Desencuentro, cuyo último verso dice: “Ni el tiro del final te va a salir”. Bien, aun estoy muy lejos del tiro final... por ahora casi todos estos desencuentros son graciosos por ridículos.

7:35 p.m. Volviendo a Buenos Aires.

La escritura siempre me cambia el ánimo... esta tarde terminé riendo al recordar cuán ridícula puede parecer la vida de uno si junta los incidentes pelotudos que le pasan... puede hacer un relato en el que aparezca muy similar a mister Bean.

Llegué a tiempo al aeropuerto, quizá el vuelo se adelante pues hay alerta meteorológica en Buenos Aires. Mientras escribo tomo un JW BL en el bar de fumadores de la zona de embarque... es el mejor que he visto en un aeropuerto, lo patrocina Lucky Strike, es estilo pop, pasan videos de Jesse Green... se está muy bien en él.

Mientras estaba sentado acá me encontré con el porteño con el que compartí asiento cuando venía de Buenos Aires. Él iba a El Salvador de vacaciones, y regresamos en el mismo vuelo. Es cierto lo que dice Marguerite Yourcenar acerca de que el alcohol desembriaga: medio ebrio, uno ya no extraña tanto a las personas.

Vuelvo a sentir la excitación de viajar, la emoción del tránsito, me siento volviendo a casa. Me llama la atención que cuando pienso en “casa” imagino Buenos Aires y no algún lugar de Colombia, aunque allá estén personas a las cuales amo y que muchas veces extraño a niveles que alcanzan el dolor. Bueno, mi amor está bastante disperso por el mundo.

[...]

Cierro este apartado a las 8:32 (hora peruana) de la noche del 5 de agosto de 2006.

8/4/06

Crónicas Peruanas, III

3:30 pm, 31 de Julio.

En Cuzco (Cusco), es una ciudad muy pintoresca y más grande de lo que pensaba. Fue construida alrededor del siglo XII y ha permanecido habitada desde entonces (la más vieja del continente con ocupación permanente). Se encuentra a cerca de 4.000 msnm, así que sufrí los rigores del mal de altura (palpitaciones, mareo, dolor de cabeza), pero me recuperé pronto con la ayuda de un té de coca.

Esta es una ciudad bellísima donde todo el centro está construido sobre las bases de los edificios incas, que hacen parte de la arquitectura colonial. He caminado muchísimo, tomé algunas fotos de balcones súper elaborados, una de una puerta (en la catedral de Lima hice lo mismo), y otra del consulado alemán para Jan […].

Agosto 1, 10:40 a.m.

Ayer di vueltas por ahí, visité una iglesia jesuita en la Plaza de Armas (hay que pagar), y luego fuimos a otra que fue construida encima del templo mayor de los incas. Allí se presencia un espectáculo sorprendente, pues al interior del complejo religioso se conservan varios muros del edificio inca, hechos de piedra sólida verde oscura, y cada bloque encaja perfectamente en los otros, siendo todos de formas irregulares. Es evidente que los incas eran unos tallador es admirablemente sofisticados, y que esa perfección de su técnica, junto a lo grandioso de sus monumentos son lo que confluye para que los místicos junten asombro y al lado de los pseudocientíficos le endilguen la autoría de estas obras a los extraterrestres.

Museo de Arte Precolombino

Anoche cenamos en el restaurante del MAP (Museo de Arte Precolombino). El museo, como todo acá, es una casa colonial de patio central construida sobre una Kancha (casa) inca, y también se ven los cimientos. El lugar me gustó mucho pues es lo más sofisticado que he visto como combinación de nueva y vieja museología. La sobriedad del lugar dejo por fuera las aplicaciones didácticas e interactivas, pero el guión es muy bueno: pocas piezas, textos cortos y claros, vitrinas perfectamente iluminadas, salas limpias de adornos y mamarrachos… lo que hay expuesto es suficiente, ya que uno recorre el lugar en unos 45 minutos (detenidamente) y no tiene tiempo de aburrirse.

Ahora bien, se le podría imputar una desviación de fondo al presentar como “arte” las piezas de la cultura material de civilizaciones que desconocían ese concepto, absolutamente occidental, pero esa es una discusión especializada sin mucho interés para los legos.

El asunto es que ese museo merece toda mi indulgencia arqueológica porque cumple su misión divulgatoria acerca del esplendor de esas culturas dominadas por los españoles o desparecidas antes de su llegada (aunque éstas no hayan sido solo esplendor). El restaurante es otra muestra de esa muy inteligente organización del museo. Funciona en un rectángulo de cristal con pisos de madera ordinaria (de hecho no es madera sino aglomerado del de las cajas de embalar maquinaria o cosas grandes), y ofrece un menú relativamente sofisticado que incluye comida local y del resto del mundo. Como funciona a la noche, las salas del museo permanecen abiertas, de modo que antes o después de cenar uno puede recorrerlas. Eso me pareció maravilloso pues estoy seguro que en muchos casos el restaurante atrae gente al museo, que se beneficia de el y permanece abierto hasta las 10 p.m.

Un museo opuesto a aquél es el Inka, típico viejo museo con miles de piezas –“exhibir mucho y no mostrar nada”, dicen los museólogos-, textos largos y técnicos, vidrieras oscuras o cargadas… no vale la pena visitarlo, lo hicimos esta mañana habiendo pagado 10 soles (3 dólares y medio) y fue muy aburrido.

5:00 p.m.

Esta tarde fuimos a Sacsaywamán, guiados por Emilio, un mesero del restaurante “La Retama” (Plaza de Armas) que escuchó que queríamos ir y se ofreció a llevarnos, pues estudia para guía. Es un lugar muy bello, un anticipi de Machu Picchu, me parece. La entrada costaba 40 soles pero Emilio nos hizo entrar gratis por un lado. Es un complejo que en centro tiene una plaza (Pampa, en quechua), a un lado terrazas de cultivo, y al otro edificios de muros altos de típica construcción inca (estos bloques perfectamente encajados) que según la gente del lugar tenían fines militares. A los alrededores del complejo se continúa excavando, como en Huaca Pucllana (la pirámide pre-inca de Lima). Supongo que en unos 10 años el lugar va a ser más impresionante que ahora.

Sacsaywamán se encuentra a unos 2 km de Cuzco, y se va en taxi por 5 0 7 soles.

Sobre la comida: he probado llama, alpaca y cuy, y las tres carnes me gustaron mucho. Entiendo que el consumo de cuy no esté extendido por la impresión que le puede causar a alguien quisquilloso el hecho de comerse un roedor tan parecido a los ratones, lo que no me explico es por qué pasa lo mismo con las otras dos, pues son animales menos impresionantes que los cuyes, y por lo que por acá se dice, su carne no favorece los problemas de colesterol. Estando en Lima me comí un sándwich en un puesto callejero (los famosos carritos sangucheros de la Señorita Laura) , y quedé encantado por la manera en la que estaba preparada la carne (de cerdo), aunque tuve un lío porque lo pedí con poco ají y a pesar de eso tenía la boca hecha fuego como 15 minutos después de haber terminado, y no se me pasaba con nada… Bajé el sándwich con chicha morada, una bebida clara y fresca hecha de maíz morado en infusión que quería probar hace mucho pues de niño la vi por TV. También vi que en Lima venden una bebida que se llama Champús, como la que se toma en el Valle del Cauca, en Colombia, pero no tomé pues gustándome tanto la que hay en el Valle me emocione cuando vi que vendían y me decepcionó notar que era caliente (la de Colombia es fresca), como una sopa.

Me ha sorprendido mucho lo barata que es la comida en Cuzco. Se puede almorzar en un restaurante popular de los que usan los locales por 1.50 soles (medio dólar), pero no lo he intentado, pues teniendo pocos días y mucho qué hacer, n o quisiera exponer los animales que me habitan al ataque de la biota gastronómica local y sus posibles con secuencias.

Mañana sale el tren para Machu Picchu a las 7 de la mañana.

8/2/06

Crónicas Peruanas, II

Antes de Cuzco

Decidí renunciar a la ardua tarea de llevar un diario y escribir crónicas por aparte, así que transcribiré algunas cosas del diario de viaje que voy escribiendo en un cuadernito Rivadavia rojo de tapas duras que compré en Ezeiza, pues el que pensaba usar quedó en casa en medio de la accidentada premura con la que empaqué mis cosas antes de viajar.

Vuelvo con el relato sobre Lima (tomado del diario):


10:55 a.m. (hora argentina) del 29 de Julio.

Volamos sobre Perú, me parece. Me entusiasma esto de llegar a una ciudad solo, comenzar a explorarla en soledad. Me parece que volamos sobre el océano, quizá entraremos a Lima por el oeste (...) [notas personales varias de poca relevancia en una crónica pública como esta]

10:20 (hora peruana), del mismo día.

En Perú se está a dos horas menos que en Argentina, es decir, a la misma hora que en Colombia. Como lo había supuesto, entramos a Lima desde el océano (por el NW). Apenas hemos aterrizado y los porteños se agolpan para salir del avión...

2:23, Julio 30.

Llegué a Lima y tomé un taxi al hotel, como de costumbre en los aeropuertos, la diferencia entre los taxis oficiales que están más cerca de la aduana y los que están 20 metros más allá era del 50%; tomé uno de los segundos y me sorprendí muchísimo al ver cuán pobre es esta ciudad, es como el Sur de Bogotá pero del tamaño de una capital, de hecho, Miraflores, que es uno de los barrios caros, se parece a Fontibón, por donde vivía Rocío [una compañera de mi padre que vivía en un barrio de clase media-media en Bogotá]. Todo es chico, fui a Larcomar, un centro comercia cheto (“gomelo”, en colombiano), qye refiere Jaime Bayly en “No se lo digas a nadie” y me sorprendió cuán pequeño es, casi como Altamirada, el de Ibagué (una ciudad de unos 450 a 500 mil habitantes donde hice la universidad, a unos 200 km de Bogotá). Es un centro comercial construido sobre una barranca con lugares de artesanías, comida, ropa, cosas por el estilo, pero todo muy chico y poco variado. Los locales cierran a las 10, los restaurantes a las 12. Me aburre bastante que no hay mucho para hacer a medida que avanza la noche. Otra cosa que me llamó la atención es que no existen los taxímetros, si uno no pregunta de antemano el precio, el taxista lo caga.

Hoy vi el Centro Histórico, si bien la ciudad en general es más fea y pobre que Bogotá (no tiene sentido compararla con Buenos Aires pues Perú y Argentina tienen una historia más distante que la de Colombia y Perú), el centro histórico es más bello. La Catedral se ve sorprendentemente moderna (de finales del 1500) y tiene estilo mudejar aquí y allá; en ella está enterrado Francisco Pizarro, el famoso criador de cerdos español que conquistó a los incas.

Cuando salía de la catedral llegaron dos camionetas con vidrios polarizados y de una de llas se bajó Alan García, el nuevo presidente. Estaba a solo 1 metro de él y al comienzo no podía creer que fuera el presidente porque iba sin escolta... es un país raro este, el presidente anda sin escolta, la gente esta obligada so pena de multa a izar la bandera en las fiestas patrias... los militantes del Sendero Luminoso -entre ellos Cinthya Garrido Leca, una famosa bailarina de ballet de una familia aristocrática- están condenados a cadena perpetua en completo aislamiento...

Julio 31, 8:40 a.m.

Saliendo para Cuzco, escribo desde la sala de espera. Ayer vi Dacha Pucllana, una pirámide pre-inca usada por última vez por la cultura Lima hace más o menos 1300 años. Tomamos un largo tour en inglés (los que eran en español salían una hora mas tarde) con una guía pobre, tosca, muy inteligente y amable que hablaba poco inglés. Estuve muy contento de ver su esfuerzo y cómo le salía mejor de lo que ella pensaba, fue conmovedor y de alguna manera me entusiasmo respecto de la humanidad, que por lo general me parece tan decadente.

[largo párrafo de aquellas cosas...]

Ayer comencé a escribir una crónica de este viaje en mi nuevo espacio de msn, a donde estoy moviendo cosas que tenía en el otro, pues he asociado el nuevo a mi messenger. No se si mueva todas las fotos, lo dudo.

7/31/06

Crónicas Peruanas, I

He decidido escribir algunas crónicas en los resquicios de este viaje...
Antes que nada una advertencia: tengo otro espacio (duropibe.spaces.msn.com), pero he decidido mover la mayoría de las cosas a este para que lo puedan ver mis contactos a través del msn, pues el otro etsaba en un terreno más "íntimo" de mi geografía cibermética personal. No todo lo que había allí va a pasar a este, creo, aunque con los días iré moviendo algunas cosas como ciertas fotos. Otras, quedarán allí, como parte de una realidad que fue. Ahora sí, la primera crónica. Titulo estas entradas de viaje en referencia indirecta a "Crónicas Marcianas", de Orwell, que si bien tiene algunas historias aburridísimas, me gusta.

30 de Julio. Lima, la gris.

Esa es la manera como es conocida esta ciudad en la que nunca llueve. Si uno la ve desde el aire (por el google hearth, por ejemplo) verá que está rodeada por montañas desérticas. Cuando llegué me impresionó la precariedad de los alrededores del aeropuerto, una extensa zona en el distrito de Callao (o cerca) que se extiende hasta donde alcanza la vista mientras el avión aterriza. Por lo demás, la ciudad se percibe bastante precaria, e incluso Miraflores, uno de los barrios ricos de la ciudad, resulta modesto. Todo eso fue sorpresivo para mí, pues las otras ciudades capitales que conozco }(no muchas, pero varia en america latina) tienen zonas pbres extensas pero barrios ricos "bonitos", hechos al estilo de Stepford (Stepford Wives).
Bueno, pero descontando eso, el centro histórico es encantador: es mucho más bonito que el de las otras ciudades que conozco, y eso me tiene fascinado, pues me encantan la arquitectura y el fasto coloniales.

Ahora tengo poco tiempo pues uso el internet del hotel y hay un niño insoportable presionandoa través de su madre par que desocupe el computador, pero me alcanzan los minutos para decir que los peruanos me caen super bien. Son la gente más amable que he conocido en america latina (no conozco otros continentes). Una vez uno se instala en la ciudad comienza a disfrutar su extraño caracter y al hablar con la gente no puede evitar caer seducido por su amabilidad.

Me voy, volvió el pendejito fastidioso.

3/2/06

Tradición, Familia y Propiedad

Dice el tango que veinte años no es nada. Dependiendo de las circunstancias, 6 meses pueden ser mucho más que 20 años. Es el tiempo que le ha tomado a buena parte de mi familia entrar en los prolegómenos de una guerra civil por la herencia de mis abuelos.

La foto, como se verá, es de mi cuarto cumpleaños. Abajo a la izquierda, mirando el ponqué, mi hermano, que por aquella época tenía año y medio. Atrás, mis compañeros del kinder, casi todos con hijos para estas fechas. Varios ausentes de la foto que con toda seguridad asistieron: mi abuela -en muchos sentidos mi madre-, autora del muchos ponqués de cumpleaños, Goya -mi tía, hermana de facto-, y mi papá, quien siempre asistía a esas cosas porque casi nunca trabajaba. La locación: la casa de mis abuelos, en el campo, donde viví hasta los cinco años y a la cual volví todas las vacaciones, fines de semana, y otras oportunidades que tuve.

Los niños estaban en la casa, la casa era la de los abuelos de un par de ellos, y estaba en una de las fincas heredadas de sus padres por María Isabel Bernal, abuela de ese par de niños y madre de 7 hijos. Parte de esos 7 hijos iniciaría una disputa feroz por sus bienes, 20 años y 5 meses después de la celebración de la que da cuenta la foto.

A estas alturas nada me sorprende, el que atraviesa mi familia era un conflicto anunciado. Las herencias han tenido ese mágico poder de dar lugar a guerras, asesinatos, y divisiones de familias y reinos enteros... solo hace falta ver la historia de las monarquías. Como siempre, quien se mueve con caracterizaciones políticas consigue adelantarse a los hechos. Resulta patético cuan milimétricamente acertadas fueron las impresiones que con mi hermano (Juan) y mi primo (Carlos) teníamos acerca de lo que sucedería, de sus protagonistas y las posiciones de cada uno; piensa mal y acertarás.

Tampoco me avergüenza escribir estas cosas acá. Los más formales dirán: ¡Qué barbaridad¡ ¡Cómo se pone a ventilar esas cosas en interntet! ¡Qué cosa tan bochornosa! ¡La ropa sucia se lava en casa! Queridos y queridas, familiares y amigos: poco y nada me importa lo que opinen. No tengo rabo de paja, no siento vergüenza de hablar de estas cosas, tampoco comparto casa con ninguno de ustedes. ¿Hay espacio para la vergüenza ahora? Me parece que no queda mucho... en cualquier caso, será una vergüenza nauseabundamente cercana a la de las mujeres Roma: esposas de los emperadores y tránsfugas en el día, meretrices famosas en la noche, matricidas, fratricidas, parricidas, filicidas, o asesinas de sus maridos cuando fuera necesario y según el caso. Será un pudor a la romana, y en ese caso prefiero ser un cínico.

Todo esto me recuerda que mi abuela evitó durante toda su vida entrar en disputas intestinas por asuntos de sucesión, lo cual sin duda le ocasionó pérdidas económicas, pero no la hizo miserable. También me recuerda una película que se llama La Reina Margot.

Los fascistas tienen un lema famoso de la época en la que iban por el mundo matando revolucionarios: Tradición, Familia y Propiedad. Más preciso sería decir: La Tradición es que las Familias vayan a la guerra por la Propiedad.

He dicho.

archīvum

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