9/13/06

Ferrán


Take me out tonight
Where theres music and theres people
And theyre young and alive
Driving in your car
I never never want to go home
Because I havent got one
Anymore

Take me out tonight
Because I want to see people and i
Want to see life
Driving in your car
Oh, please dont drop me home
Because its not my home, its their
Home, and Im welcome no more

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Take me out tonight
Take me anywhere, I dont care
I dont care, I dont care
And in the darkened underpass
I thought oh god, my chance has come at last
(but then a strange fear gripped me and i
Just couldnt ask)

Take me out tonight
Oh, take me anywhere, I dont care
I dont care, I dont care
Driving in your car
I never never want to go home
Because I havent got one, da ...
Oh, I havent got one

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die
And if a ten-ton truck
Kills the both of us
To die by your side
Well, the pleasure - the privilege is mine

Oh, there is a light and it never goes out
There is a light and it never goes out


9/12/06

Sé que algún día va a suceder.

My love,
Wherever you are,
Whatever you are,
Dont lose faith.
I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Please wait . . .
Ah, ha, ha,
Wait . . .
Dont lose faith.

You say that the day
Just never arrives
And its never seemed so far away.
Still I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Dont lose faith

Morrisey, Beethoven was deaf

9/9/06

A nueve días de mis veinticinco años

Otro día primavera, lentamente se templa el clima. Hoy terminó mi semana... pasé los útlimos 7 días trabajando para la industria editorial, primero, "La hija del caníbal", de Rosa Montero, luego las memorias de un congreso sobre la profesión docente que se hizo en Buenos Aires. De los dos, el peor fue el segundo. Prefiero la literatura de entretenimiento a los trabajos serios, porque por lo general son aburridos.

Tres buenas películas esta semana: El Odio (Le Haine), The horror movie picture show, y Bloody Sunday. La primera la vi por cuarta vez (me encanta), la segunda me gustó... me gustan los musicales y este combina eso con el estilo de una película de ciencia ficción grotesca de las de los 50-70´s, la tercera es mi favorita: trata sobre una masacre que hicieron los británicos entre la gente que marchaba reclamando derechos civiles en Irlanda... disparos a discreción y luego muchas mentiras acerca de supuestos atacantes armados entre la población. Fue una masacre real, de hecho hay una canción de U2 sobre eso que se llama "Sunday, Bloody Sunday". Los comandantes del operativo fueron condecorados por la reina pocos años después de los hechos. Muchos flash backs viendo la película, recordé las pedreas en la universidad, en Colombia... las carreras, la excitación cuando uno buscaba sacar piedras de cualquier lado, los gases, la furia cuando veía a sus compañeros vejados por la policía, el miedo y la furia suicida cuando veía que cargaban y se imponían sobre personas que estaban en la pelea con uno. Sentí ganas de llorar... es incríble, los que me conocen se pueden sorprender, pero si muchas desgracias me producen risa y bromas negras, las imágenes reales de las multitudes movilizándose o resistiendo la represión me conmueven de una manera super profunda, siempre me producen ganas de llorar, me entusiasman, me enternecen...
En nueve días cumpliré 25 años y estoy en una situación que, en muchos sentidos, es completamente ambigua: no tengo casa, estoy en tránsito de conseguir una, no mantengo una relación con el tipo que amo y no está claro cuál será el estado de las cosas al respecto en el futuro inmediato, debo entregar mi tesis de maestría y no logro retomarla cabalmente... por otra parte, estoy menos sumido en el hoyo que hace un par de meses, tengo un nuevo trabajo en una editorial adicional, a mi alrededor hay más personas cercanas de las que habría sospechado, me siento menos solo de lo que pensaba que estaría. Me embarga un sobrio entusiasmo cuando me aproximo a los 25, un momento que, según Joe, marca la primera crisis de edad de los gays. No veo venir tal crisis.
Cuando era chico pensaba que a los 25 estaría casado o en trámite de hacerlo. También creía que los hombres que salían con otros hombres eran amanerados, como las locas de pueblo. Que a los 25 años uno debía comenzar a planear tener un hijo. Hoy día ninguna de esas certezas se mantiene: no me interesa casarme (aunque lo consideraría por razones prácticas, como las migratorias), no tengo dudas acerca de la perfecta compatibilidad entre los comportamientos de la masculinidad clásica y el gusto por los hombres, ni me interesa tener hijos. Si uno supiera de chico que las certezas con las que crece se desvanecerán tan pronto salga del nido, quizá la infancia sería menos despreocupada... ahora me parece que aquél es un dulce engaño.
Es raro todo esto... mi vida tiene una forma que jamás sospeché que tendría. Vivo solo en el extremo sur del mundo urbano (porque el continente se extiende hasta Tierra del Fuego, pero el mundo urbano termina, hacia el sur de América, en Buenos Aires), habito una ciudad que me encanta, vivo encantado de mi putez (mariconería, se diría en colombiano, aunque me refiero a esa condición sin el afeminamiento que se le atribuye habitualmente), y aunque ocasionalmente me siento jodidamente hecho mierda y solo en este país que habito, me lo aguanto porque me gusta. Esto de dejar el lugar en el que uno ha crecido es fácil y difícil: me encanta poder conocer el mundo a la edad que tengo, haber conocido tantos lugares y personas distintos, pero también se siente a veces una sensanción de desarraigo que, como diría mi amiga Tania Ospina, rasguña los huesos. Esa sensación es menor cuando uno configura un mundo personal; aquél fue el gran descubrimiento que trajo consigo mi relación con Diego: juntos construimos una familia, un reino, una patria. Casi todo eso desapareció, y en los días en los que acababa de sobrevenir la catástrofe me sentí más desarraigado que nunca en este país, desee más que antes estar en casa... en la casa de mi madre, que aunque ya no sea mía siempre será un buen refugio. Ahora todo está mejor, vuelvo a acostumbrarme a ser una extranjero, no solo en mi propio mundo sino en esta ciudad, a disfrutar de la soledad, aunque la maldiga a veces.
Hoy hablé con mi madre, siempre me da mucho gusto hacerlo. La extraño. Nunca hemos tenido una relación madre-hijo clásica de estas en las que la autoridad es lo central, y esas cosas. Somos más amigos que otra cosa, y eso se lo debemos a que la mayor parte de nuestra infancia ella estuvo trabajando, así que mi hermano y yo nos criamos con las empleadas del servicio y mis abuelas... como sea, me gusta la relación que tenemos, la percibo más sincera que la que podríamos tener por la fuerza de la tradición. Dijo que se me oía mucho mejor que la última vez. Por supuesto lo estoy.
Escribo esto escuchando a Morrisey, me gusta tanto...
Bien, es hora de ir a la cama.

9/2/06

Se acerca la primavera

La ciudad reverdece. Inicio una nueva vida, fuera del lugar que compartí con Diego durante cinco de los siete meses que duró nuestra relación. Bueno, no es que hoy no tengamos algún tipo de relación social, pero no me refería a eso. Entregar las llaves de ese departamento fue, en buena medida, como cortar las amarras que me impedían despegar en muchos terrenos. Me sorprendió notar que cuando estaba acomodando las cosas en el otro edificio experimentaba una extraña liviandad, que me era casi completamente desconocida.

De alguna manera me siento feliz, más autónomo, en el sentido kantiano del término. Eso no significa que le ame menos, quizá es todo lo contrario. Hay certezas que tengo respecto a eso que no dependen de mi estado de ánimo. Este amor se prolongará en el tiempo, independientemente de lo que suceda entre nosotros.

He entrado en un estado liminal en cuanto a mi ubicación en un espacio habitacional. En estas circunstancias se siente con más fuerza el carácter de emigrante que uno posee cuando está lejos de las personas que le tocaron en suerte como familia. No lo lamento ni me causa problemas, tengo amigos y amigas, pasaré unos días dando tumbos de un lado para otro, y en un par de semanas me estabilizaré, con toda seguridad. Ahora trabajo precipitadamente para entregar un libro que editará Planeta, se llama "La Hija del Caníbal", y es de una mujer que se llama Rosa Montero. Es literatura de entretenimiento, pero no está mal. Al mismo tiempo, tengo mi primer trabajo para Siglo XXI, otra editorial, que entregaré el próximo viernes. De hoy al viernes tendré mucho trabajo, esa es una de las razones por las que no salgo esta noche. La otra es que no tengo un deseo genuino de divertirme, lo que siento son ganas de evadir un poco las cosas que se me siguen moviendo después de la ruptura, y que seguirán haciéndolo por término indefinido... un poco como en "There´s a Light That Never Goes Out", de Morrisey: I want to see people, and I want to see lights. Pero tengo que trabajar y vengo a casa a dormir relativamente temprano... bueno, temprano para Buenos Aires.

Hoy fui con María José y Raúl a ver la última función de la obra en la que actuaba Diego: El año de Leberwurst. Me interesaba porque trata asuntos relacionados con mi tesis de maestría y porque quería ver al chico actuando. No fue una maravilla, pero me gustó bastante. Cre que da en el blanco de asuntos claves que encontré en el campo y que he estado pensando. También tuvo algo de especular, pues muchas cosas aparecían de manera muy similar a como se dieron en la crisis de nuestra ruptura. Algunas de esas cosas me golpearon, pero ahora todo eso viene de manera distinta... aunque golpean ya no amenazan con aniquilar.

Después del teatro fuimos a La Academia, un bar viejo de Corrientes y Callao, mi esquina favorita de esta ciudad, que está abierto las veinticuatro horas. Allí he pasado horas incontables con Marijó, y allí me senté a esperar que transcurriera la ruptura durante varios días, a veces solo, a veces acompañado de personas como ella, Ferrán, Maru... algunos de los que conforman esa parte de mi universo acá que no se derrumba en casos de emergencia. Hablamos por mucho rato con ella y con Raúl, quien está de regreso en la ciudad y recién instalado en su nuevo departamento... tomamos varios leguis (un trago local de caña) y les tomé fotos. He descubierto que cuando estoy triste me hace bien tomar fotos, y por lo general me salen bellas (no es el caso de todas las de hoy).

Ayer en la mañana encontré una baraja española en un armario, en ella encontré la sota de copas, y me acordé de una canción de José Alfredo Jimenez con la que me siento particularmente identificado últimamente... tomé una foto y compuse una postal. A mis picos melancólicos de los últimos días les han acompañado algunas oleadas de creatividad pictórica que han ido nutriendo mi archivo... no estoy seguro de que vaya a publicar todas las cosas que he hecho, pero sepan que existen.

Últimamente pienso mucho en esto de la exposición de las cavilaciones íntimas en internet... es un fenómeno interesante antropológicamente este de los que escribimos cosas personales y narramos aspectos o eventos de nuestras vidas en la red. Es como si uno gritara parado al borde de un abismo... nunca está seguro de si alguien lo va a escuchar o no, pero lo hace. Sepa, si está leyendo estas notas, que poco me importa si lo hace o no. Por otra parte, regocíjese: hace unos años leer las notas de diario de alguien suponía una odisea relacionada con la necesidad de robar cuadernos celosamente guardados; hoy lo puede hacer en internet, con la connivencia de sus autores, aunque quizá eso le reste gracia a la lectura. Como sea, una de las principales razones por las que hago entradas en este espacio es que es más difícil que las pierda que si las guardo en mi computador portátil.

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