Hace mucho no introduzco una entrada al blog. Las ocupaciones de mi vida de docente de tiempo completo, eterno tesista, (ahora coordinador de un grupo de investigación), amante, nadador de mediodía, editor y otros oficios varios, no deja mucho lugar para disquisiciones blóguicas.
Sin embargo, el día de hoy amerita una entrada.
Arranqué con té a eso de las 7 de la mañana, como siempre, leyendo los diarios online. Se trata de una rutina que se ha desarrollado a lo largo de estos meses en los que mi cambio de oficio de corrector a docente determinó que tomara el hábito de levantarme en la mañana como los demás mortales, y no al medio día o las dos de la tarde después de corregir para la industria editorial hasta las 5 de la mañana. Entonces hoy, juiciosamente como casi todos los días entre el lunes y el sábado, me levanté a las 7, y mientras me despertaba lentamente con un té repasé los diarios, que siempre reviso más o menos en el mismo orden:
El Tiempo, de Colombia.
La Nación, de Argentina.
Haaretz, de Israel.
No había muchas novedades. Más repicar sobre un video de las Farc en el que hablan de que le metieron plata a la campaña de Correa en Ecuador. Escándalo, como si a Uribe no le hubieran metido plata los paramilitares, es decir las bandas fascistas colombianas, y aparte de plata votos de gente que fue a las urnas arriada como las vacas, amenazada de muerte, a votar por El Patrón, hacendado de Córdoba y Antioquia. Lucio Gutierrez, antiguo ídolo de la izquierda latinoamericana, forra casi toda (e imagino que de varios de mis entrañables amigos argentinos, que no por entrañables menos proclives al forreo), y de las mismas Farc y la LIT, pidiendo, ¿a que no adivinan? ¡La captura internacional de Correa! Lo dicho, nada nuevo: un ex milico populista más que se da la vuelta y termina de agente de Uribe y los que ya sabemos, como ya lo hizo Chávez, que terminó jodiendo a las Farc por la "izquierda" y pidiéndoles que se le entreguen a Uribe. Bueno, en eso tampoco innovan si uno recuerda a Perón y López Rega.
En Argentina, más o menos igual: la influenza en primera plana, y los del campo amenazando a Cristina. Macri pidió que las empresas reporten si sus trabajadores tienen adicciones. "Sólo tienen que indicar las cifras que ya deben tener las oficinas de recursos humanos, y si no las tienen no deben reportar nada." Una iniciativa inocente de la familia Tepes. Aunque, vamos a ver: ¿las oficinas de recursos humanos TIENEN esa información? ¿Es decir que los patrones espían a sus trabajadores? Noooo chee, son datos nomaaaaas... no hay que dejarse llevar por la paranoia setentista, que todos somos una gran familia.
Israel, lo mismo. Gilad Shalit cumple 1119 días secuestrado por Hamas. Cuando estuve allí iba a cumplir 1000 días, y Hamas reportaba que un bombazo de los que fueron lanzados sobre Gaza le había producido heridas. ¿Desarrollará síndrome de Estocolmo? Lo dudo. Un artículo en el que se critica al gobierno porque hace curso una ley para castigar duramente a los inmigrantes ilegales, con penas de 5 a 20 años de prisión. El autor la considera fascista y ridícula en el país de los refugiados por las persecusiones violentas, porque la ley va a afectar a muchos refugiadios somalíes o sudaneses. La misma ley castiga con la misma pena a quienes los auxilien: coyotes beduinos que los meten por el Sinai, médicos o enfermeras que los atiendan, etceeeeetera.
Salgo a las 8.05, tomo un colectivo que me mueve unas 10 cuadras hasta la universidad (la entrada más cercana queda a unas 3 cuadras, pero prefiero tomar colectivo que levantarme más temprano). Me bajo, le pido al vigilante que mande abrir el aula que uso hace dos meses y siempre está cerrada los sábados a esta hora. El tipo indica por radio y se refiere a mi como "personal de Comunicación". Otro de los que me ve y piensa que soy estudiante pero se confunde por la manera en la que me dirijo a él (en el tono cortés pero levemente imperativo de un docente), y evita preguntar, manteniendo una distancia medio forra que me hace gracia. Entro al aula a las 8.16.
Los miércoles de 19.15 a 21.00 y los sábados de 8.15 a 10.00 tengo clase de Introducción a la Investigación con un grupo de periodistas con título de formación terciaria, que estudian becados en un plan excepcional de profesionalización que paga la gobernación departamental. Los horarios se deben ajustar a su tiempo extralaboral, e inicialmente no quería dictar ese curso por esa razón, pero la colega a la que le propuse tomarlo no aceptó. Fue una coincidencia maravillosa. Trabajar con ellos ha sido la mejor experiencia de mi brevísima carrera, pues por un lado aprovechan su experiencia como periodistas para relacionar los contenidos del curso, y por otro son trabajadores que al tiempo estudian, de modo que son personas coherentes, no como los niños que ganan salario de hijos y van a boludear a la universidad, haciéndole perder plata a sus viejos. Por otro, como son mayores (casi todos entre 35 y 40 años) y "tienen calle", funcionamos de manera más horizontal que con el resto de mis estudiantes, quienes generalmente me miran con cara desorientada cuando les hablo de cosas como la necesidad de medir las palabras para no ganar antipatías entre los sujetos de investigación. Claro, a los 17 años uno va por el mundo diciendo impunemente lo que se le da la gana, porque no tiene un laburo que cuidar.
La clase de hoy, sobre los efectos de la globalización en latinoamérica, fue buena. Mejor dicho, dinámica. Cada mitad del grupo había preparado un texto (la gran mayoría realmente lo había leído), de modo que avanzamos revisándolos analíticamente y estableciendo relaciones entre ellos.
Luego de la clase, asesoría con dos que empiezan a explorar posibilidades de trabajo de grado. De tres, coincidimos en descartar una porque supondría "bajarle los calzones" a la empresa con la que trabaja uno, es decir, poner en riesgo el laburo. Quedaron dos, uno que me entusiasma porque ofrece la posibilidad de que investiguen el cambio social en la identidad de una comunidad de desplazados por la violencia de ultraderecha. Pasé todo el resto del día fantaseando con lo que podrían hacer respecto de ese tema, y ansioso por saber si lo van a elegir o no.
Es interesante esto de ser docente porque uno lleva el trabajo encima casi todo el tiempo. No puedo evitar pensar en textos para utilizar en cursos, en los trabajos que desarrollan los estudiantes y sus posibles variantes o desarrollos, a veces cuando veo películas inevitablemente pienso en emplearlas en clase... Me gusta esa sensación, me entusiasma lo que hago porque es como cultivar, como extender la frontera agrícola en terrenos vírgenes, porque eso es esta región a la que me mudé desde Buenos Aires respecto de las ciencias sociales: tierra virgen. Bah, más que tierra virgen viene a ser un baldío, un área "negra" en medio del desarrollo del país, una región agroindustrial con una agroindustria quebrada por las aperturas económicas y con pocos aunque muy importantes intelectuales, pero sin una tradición científicosocial que haya pensado desde dentro lo que viene pasando en este lugar desde la Conquista: una guerra de 3 siglos contra los indios, luego un desarrollo lento, campesino, y desde finales de la década de 1930 una oleada de guerra tras otra (en este departamento -el Tolima, a 2 horas de Bogotá por tierra-, nacieron las Farc en los años 40, y en sus montañas se encuentra el Comando Central de esa guerrilla hoy día).
Ahora la guerra parece pasar por un marasmo en esta región, pero en Colombia nunca se sabe. Son 500 años de hacer guerrilla: los indios contra los conquistadores, los criollos contra los españoles, los de un partido contra otro, los campesinos contra los terratenientes, los terratenientes contra los campesinos o contra las guerrillas... Puedo imaginar que si las Farc son finalmente desarticuladas y obligadas a un desarme más deshonroso o menos deshonroso, en poco tiempo habrá una nueva guerrilla armada de un reducto que no se entregue, o de algún sector que quiera defenderse de otro...
Pero venía con lo del día. Después de la conversación con los estudiantes, almuerzo en casa: pasta y vino para pasar. Llevaba como semana y media sin tomar vino porque estaba tomando antibióticos en una ofensiva a lo Bush o Uribe contra la sinusitis. Tarde de fiaca, boludeando y contemplando pornografía en la laptop de Jan mientras él reparaba la mía. Hacer planes con un ex estudiante de la uni para salir mañana domingo a las montañas a caminar y escalar en roca. Salir a comprar cosas para el almuerzo de mañana, en el campo.
Vuelta a casa a eso de las 20.00. Jan horneó Franzbrötchen (pancitos franceses) mientras yo preparaba pulpo a la gallega y suspiraba por Adelina, la madre de Diego, que es la mejor suegra que he tenido. Una mujer maravillosa. La historia de los Franzbrötchen es graciosa: cuando Napoleón llegó a Hamburgo lo quisieron halagar con pan francés, pero no tenían una idea muy precisa de cómo era, de modo que hicieron pequeños panecillos dulces rellenos de azúcar y canela.
Entre la cocina y el horno, vino y música. Buscando la receta del pulpo encontré
un blog en el que un español hace coincidir la gastronomía y la música. Una de esas cosas bellísimas de las que uno se pregunta: ¿cómo no se me había ocurrido?
Tomé la receta de ahí y salió bastante bien. Mientras cocinaba fui armando esta entrada.
Son las 23.46, estoy a punto de cerrar la entrada y me pregunto quiénes la leerán. ¿Marcelo? ¿Gustavo? ¿Gonzalo? ¿José, quien nunca lee mi blog? ¿Mis estudiantes, que a veces se copan conmigo, me persiguen por internet, y encuentran mis espacios, obligándome a huir por un laberinto como el de la película de
El Proceso?
Quizá no la lea nadie. Al fin y al cabo, los blogs parecen estar destinados a crecer en esa incertidumbre, como las capas de polvo que se van nutriendo de células de esas que se desprenden de la piel, y que según Wikipedia constituyen el 70% del polvo casero.