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1/19/14

Días uruguayos

Durante la mayor parte del tiempo que viví en Buenos Aires visité regularmente Uruguay, ese hermoso país de la banda oriental lleno de gente adorable. En uno de esos viajes, sobre un barco, encontré el amor de mi vida, y como en las películas, fue amor a primera vista y definitivo. Por alguna razón desconocida en esa maraña de cosas bellísimas que siempre me ha traído ese país, siempre que estaba en Uruguay el clima era perfecto. Sobre esa constatación permanente terminé reformulando el lugar común-progre argentino de "día peronista", usado para referir los días soleados y despejados. En mi historia esos días han quedado marcados como "días uruguayos", y así los sigo llamando espontáneamente cuando me asomo a la ventana, recién salido de la cama y aún desnudo, y me percato de que el cielo es azul y el sol brilla, matizando todo con esa aura dorada que suele cubrir las cosas en esas mañanas en las que el mundo parece irrealmente bello. Tengo nostalgia de Joe, de Bárbara, de Oscar, de Juan. Tengo nostalgia del Uruguay.

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During most of the time I lived in Buenos Aires, I regularly visited Uruguay, that beautiful country on the eastern bank, plenty of lovely people. I found the love of my life on a ship during one of these trips, and it was love at firs sight and for ever, like in the movies. For some unknown reason, in that tangle of beautiful things which that country has always brought to me, the weather was always perfect when I was in Uruguay. On that permanent confirmation I finally reformulated the peronist-lefty, argentine commonplace about the "peronist day", used to refer the sunny and clear days. In my history these days are marked as "Uruguayan days", and I spontaneously call them so, when I look out through the window just after leaving the bed, still naked, and find out that the sky is blue and the sun shines, tinging everything with that golden aura that usually floods the mornings, and makes the world seem unreally beautiful. I'm feeling longing for Joe, Bárbara, Oscar, Juan. I'm feeling longing for Uruguay.

12/8/08

Y nuevamente, el fin de año se acerca

Terminó mi primer semestre de docencia, una actividad que resultó más placentera y demandante de tiempo de lo que calculaba. Aunque no existen aún datos oficiales, el ánimo de quienes tomaron los cursos que dicté este semestre da la impresión de que las cosas salieron bien.

Cumplí 4 meses después de haber regresado a Colombia, y aunque sigo desajustado, extrañando Buenos Aires, eso también ha salido bien. No dejo de padecer los rigores de una ciudad chica donde la única librería que había se quemó un mes antes de mi regreso, pero ninguno de esos rigores es mal de morir. Por otra parte, la estadía tiene el aliciente de hacer parte de una empresa compartida con Jan, y eso basta por ahora.

Lentamente hago maletas para despegar nuevamente, esta vez por tres semanas: me esperan vacaciones y clases en Israel, una zona del mundo que estoy ansioso por conocer.

Entretanto, termino de corregir las galeras de AJI!, la empresa en la que sin darme cuenta me fui metiendo y que va tomando vida propia con una velocidad que Leo (mi compañero de aventura) y yo no habíamos previsto. La revi sale en algo así como una semana en Buenos Aires, y en unas tres semanas en Colombia.

La tesis, bien, ahi va. Quedando lista párrafo a párrafo.

7/25/08

Ida y vuelta: de Buenos Aires al Noroeste Argentino

Mayo 1
Tilcara - "Utahuaca" - Purmamarca (un asco)- Tilcara

El miércoles 30 (de abril) fuimos a Humahuaca con el plan de conocer el lugar y ver si nos quedábamos, de modo que abandonamos Tilcara con las mochilas puestas.
Humahuaca, a 1 hora más o menos de Tilcara y 4.5 pesos en bus, es un pueblo bonito, con la arquitectura colonial bien conservada. Es más grande que Tilcara y el último pueblo de considerable tamaño antes de La Quiaca, que queda a unos 150 kilómetros de ahí. Sin embargo, nos pareció aburrido. Lo que tiene de particular es que ahí se conserva la arquitectura colonial (incluidas las calles empedradas), a diferencia de los pueblos vecinos, pero si uno conoce los centros históricos metropolitanos y los pueblos coloniales peruanos y colombianos, como me pasa, o las viejas ciudades españolas, como Jan, no tiene nada de notable.
Llegamos pasado el mediodía, así que no vimos una de las mayores atracciones del pueblo, que es un autómata con la figura de San Francisco a escala humana que sale a las 12:00 (hora del reloj del cabildo), a dar la bendición. El reloj está adelantado 10 miunutos, de modo que Lonely Planet recomienda llegar antes. Las campanas, por el contrario, están a hora, de modo que sonaron dos campanadas cuando el reloj marcaba las 2:10.
Almorzamos el guiso de llama con oca que nos quedaba de la noche anterior sentados en la plaza del cabildo y salimos a dar una vuelta y tomar un café, pero para nuestra sorpresa em momguno de los lugares que consultábamos vendían, aunque nos ofrecían té. Finalmente encontramos uno con café lamentable, pero a esas alturas cualquier cosa era buena. Visto que no se vende café en casi ningún lugar, el pueblo se podría llamar Utahuaca.
Después de decidir no quedarnos a pasar la noche dejamos las mochilas en el guardaequipaje de la estación de buses por 1 peso cada una y subimos al monumento a los héroes de la independencia, construido en una colina desde la que se divisa el pueblo. Hay unas escaleras de piedra de dimensiones faraónicas para un lugar como humahuaca (como 30 mts de ancho con unos 30 o 40 peldaños) que dan la impresión de que uno está subiendo a una pirámide maya en su versión de parque temático provincial, y en la cumbre de la colina se eleva un monumento gigantesco de piedra y concreto con esculturas de bronce que representan a los héroes de la independencia. Son hombres desnudos de proporciones grotescas con caballos iguales. Parece que alguna vez se pudo subir a él pero los umbrales que dividen la parte media y baja están tapiados.
Desde la colina se divisa bien el valle donde está el pueblo, y detrás del monumento hay una cancha de basquetbol y atrás de ella el cementerio, pero al lado del monumento y separado del cementerio por la cancha hay un bloque de bóvedas que no supimos qué cosa era. Supongo que son los suicidas, indignos de yacer en tierra consagrada por la religión, pero puestos irónicamente cerca de la tierra consagrada por el Estado.
En Utahuaca tomamos una foto de un aviso de un hotel que ofrecía "Atención nocturna - Tarifas económicas", tenía dibujada una chola al lado de esas palabras.

A propósito de cementerios y muertos, el día anterior visitamos el cementerio de Tilcara, sobre una loma arriba del pueblo, y la compañera de Juan el del hostal nos contó que en el Norte los cementerios se instalan en lo alto para que a las almas se les facilite el viaje al cielo. Eso es algo que ya nos había llamado la atención en Maimará, un pueblo vecino a Tilcara.
También contó que se celebra el día de los muertos (el 1 de noviembre) con altares con fotos de los parecientes fallecidos y ofrendas de pan cuyo tamaño aumenta entre más tiempo lleve la persona muerta. Me llamó la atención que dijo que en el pasado se los enterraba en posición fetal, pero no supo decir si antes de la conquista y recientemente. Fue bello notar el parecido de la celebración del día de los muertos con la mexicana, y al mismo tiempo pensé en lo ridículo del hecho de queen el museo Fernández Blanco de Buenos Aires montan una muestra de la fiesta mexicana cada año como si en Jujuy no se hiciera. Cosas del porteñaje forro y racista respecto del Interior.
Después de Humahuaca fuimos a Purmamarca con el plan de quedarnos a dormir ahí para ir a la Salina Grande al día siguiente. Íbamos guiados por Lonely Planet, cuyos errores en los nombres de los lugares ya habíamos notado. Sin embargo, el colmo vino cuando visitamos el "basic but decent place" que reseñaba para Purmamarca. La entrada era custodiada por un cristo tallado en madera de uns tres metros y medio de alto, y entre las advertencias estaban:

-Toque la campana y espere a ser atendido, no siga sin autorización.
-Las reuniones están permitidas hasta las 23 hs.
-Está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas.
-No se permiten visitas sin autorización.
-No se prestan utensilios o mercadería, no insista.

El sueño de una madre católica, o de su mejor amiga judía.

Se podía pernoctar por 20 pesos por persona sin usar la cocina y usando el baño de la zona de camping. Huimos de ahí esperando encontrar un hostal sin régimen conventual pero recorrimos las 10 cuadras del pueblo de frustración en frustración. La gente era hostil, medio montañesa, de modo que cuando preguntábamos por un hostal "nadie sabía", en un pueblo minúsculo. Donde dimos con un "hostal" (Mamma Coca) se trataba de una habitación mal ventilada con camas de dos pisos, a la que se accedía pasando primero por una cantina donde una rocola tronaba sin compasión y luego por el patio de ropas de la casera, tan hostil ella y sus hijos como los demás del pueblo. El baño quedaba en el patio y no había áreas comunes, por supuesto tampoco cocina, porque en Purmamarca la gente vive de comerse crudos a los foráneos.
Encontramos unos franceses que nos vieron varias veces recorrer las calles y se acercaron para hablar sobre la hostilidad de la gente y la carestía del pueblo. Dijeron que les había pasado lo mismo y habían terminado pagando un hotel de 120 pesos porque era lo único pasable que había, y coincidieron con nosotros en que era un lugar "raro", para usar un eufemismo. Bien, pues terminamos huyendo de ese pueblo de mierda tan fotografiado por las agencias de turismo, que no advierten que parece una aldea evangélica de Texas, y volvimos a Tilcara.
Fue gracioso que en la parada de buses encontramos a Victoria, una porteña del hostal de Tilcara, un español que conocimos en Cafayate (con el que había discutido caso a las puteadas sobre si la España monárquica postfranquista tenía derecho a juzgar a los dictadores latinoamericanos), un canadiense que conocimos en Cafayate y reencontramos en Salta, y dos porteñas que conocimos en Salta. Es un poco patético pero fue reconfortante encontrar conocidos simpáticos en ese pueblo hostil donde habíamos dado vueltas buscando posada al anochecer con un frío que calaba.
Entonces, volvimos a Tilcara felices y pasamos la noche en el hostal de Juan, pero ahora en una habitación común, aunque solos. Fue bello volver a ver a Carolina, Cristian y Pedro, y encontrarnos nuevamente en ese pueblo tranquilo y lleno de gente amable. Salimos a cenar con Victoria pues estábamos demasiado cansados y hambrientos para cocinar.

7/12/08

Para ver fotos de la vuelta por el NOA --> click acá <---

Perdón por el larguísimo tiempo que ha mediado entre esta entrada y la anterior, históricamente distantes un día una de la otra, pero merced a mi abandono separadas por muchas semanas acá. Va otro fragmento del Diario del Norte, mientras preparo el equipaje para otro viaje, menos planificado aunque quizá estará más lleno de cosas para contar. Desconozco cuántas personas leen este blog, o si lo hace alguien distinto a su ultramarginal autor. Como sea, un saludo.


Abril 28
de Salta a Jujuy

Vamos hacia Tilcara vía San Salvador de Jujuy. No pararemos ahí porque sospechamos que es feo, aunque consideramos la posibilidad de cambiar de plan al llegar.
Ayer visitamos el Museo de Alta Montaña, que queda sobre la plaza 9 de Julio, en Salta. Es precioso. Si bien a veces el montaje tiene problemas como el mal ajuste de las lupas con las que se pretende mostrar los detalles de unas figurinas vestidas con tejidos y tocados de plumas, el guión es bastante bueno y el mismo montaje lo es.
Es un museo moderno y la exposición central es sobre las tres momias de infantes halladas en la cima del volcán Lullaillaco, a 6.700 msnm. El principal defecto es que no dan cuenta de las razones por las que bautizaron a dos momias con nombres un poco extravagantes como "Niña del rayo", "Doncella" y a otra simplemente la llaman "Niño", de modo que uno se encuentra con la exposición sobre el hallazgo, el ajuar de cada momia, y los ritos que probablemente dieron lugar a los entierros, y ve nombrar los personajes pero se los refiere con aires de obviedad como si se tratara de figuras respecto de las cuales todo el mundo conoce el "nombre". Digo que siendo denominaciones impuestas por los arqueólogos se las debería explicar. Lo demás es casi perfecto. Se narra la expedición en video, con pequeñas entrevistas a los participantes e imágenes del ascenso y la excavación, y se muestran opiniones de los guías locales y de la maestra de la escuela de Tolar Grande, el pueblo más próximo a la cumbre, a 360 km de Salta capital, cerca de Chile. También aparece en los videos una señora que dice que aunque la gente dice que los sacrificaron se trata de una falsedad, porque los dejaron dormiditos, y cuenta que ellos creen en la utilidad de esas ofrendas para conseguir lluvias, buenas cosechas y saludo para los animales y personas, dando a entender que todavía se hacen.
Ahora que escribo recuerdo que el artesano de Alemanía nos contó que en alguna fiesta de la virgen en Semana Santa, realizada en una iglesia de cumbre, la multitud sacrifica un chivo ante la imagen de la virgen, y que la fiesta es una ocasión para comer y emborracharse masivamente.
Respecto de las momias, el museo cuenta con un sistema tecnológico de punta para su conservación, sobre la base de tecnología desarrollada en la Argentina. Solamente está exhibida la llamada "Niña del Rayo", y por unos ventanales se puede ver el área de conservación y el laboratorio; al lado del ventanal hay un plano en el que están indicadas las áreas, así como sus temperaturas permanentes. Hay tres bóvedas en las que se guardan las momias, y tanto el área de conservación como la vitrina de exhibición reproducen las condiciones ambientales del sitio de enterramiento: -18 grados C, bajísima humedad, y escaso oxígeno. La conservación sigue criterios no intrusivos que fueron aplicados también en el análisis. No las disectaron ni les aplicaron conservantes como antimicóticos o productos por el estilo. Los análisis fueron radiológicos y con TAC, y hay pequeños documentales sobre eso y los resultados de los análisis, que pasan por monitores plasma distribuidos por la exposición.
En general los videos duran al rededor de 7 minutos, y presentan testimonios de gente relacionada con el tema: arqueólogos, patólogos forenses, odontólogos, campesinos, guías, etc., según se trate.


Abril 29
(en
Tilcara)

También hay una sala con una exposición sobre una momia que fue saqueada en la década de 1920 cerca de Cafayate, en un cerro que se llama Chusquizo, o algo así. La momia estuvo rodando por Buenos Aires durante 80 años hasta que fue recuperada y llevada a Salta. Se muestran fotos tomadas en distintas épocas y se ve cómo los malos tratos la fueron deteriorando hasta el día de hoy, cuando presenta un aspecto lamentable. Los documentales muestran testimonios de ancianos de Cafayate que la vieron en los veinte o tuvieron información de ella a través de otros. Hay uno muy conmovedor en el que un hombre habla larga y detalladamente de ella para concluir diciendo: "Les cuento todo esto sobre la momia pero no la he llegado a ver porque se la llevaron de acá".
Es llamada "La princesa del cerro" con la misma extravagancia medio circense con la que bautizaron a las otras dos, y como las otras, se trata de una momia natural.
La tercera exposición es sobre el camino principal del imperio inca y el proyecto de la Unesco para recuperarlo. Es menos densa en información y un poco más aburrida, pero muestra lindas fotos de ingeniería incaica asociada al camino.
La tienda del museo está bastante bien desarrollada con productos alusivos y artesanías del área. La mayoría de las cosas son caras y bonitas, para el turista imperialista medio.
Nos sorprendió notar que Salta es una ciudad poco conservada comparada con toda la fama que tiene como lugar colonial. Salvo el marco de la Plaza 9 de Julio, no hay mucho cuidado puesto en mantener la arquitectura. Sin embargo es una linda ciudad. Tiene dos iglesias muy bellas: San Francisco y la Catedral. Son típicamente coloniales, llenas de tallas y dorados por todos lados. En San Francisco vimos una talla de un santo acostado con uniforme romano y una herida en el cuello: San Severo. Era absolutamente sexy.
En la noche vimos muchos autos caros de gente de ahí. Era muy contrastante con el tono modesto de la ciudad en general. Todos iban llenos de jóvenes, y algunos señores blancos, distintos del salteño común de la calle. Evidentemente eran los ricos locales divirtiéndose.
Ayer partimos hacia Jujuy con el plan de trasbordar en San Salvador, la capital, y seguir camino hacia Tilcara. El viaje de 117 km se hace en poco más de una hora por buena carretera en una región verde y algo monótona. Cuando llegamos a la estación de buses de Jujuy sufrimos un choque porque a pesar de la proximidad con Salta todo era mucho más precario y sucio, y la gente se veía menos mestiza y casi paupérrima.
Buscamos el baño para mear pero no había señales que indicaran dónde estaba, así que medio en broma le dije a Jan que lo íbamos a encontrar por el olor, y así fue. Apestaba a orines y mierda a unos 15 metros, y aunque adentro una señora baldeaba incesantemente y trataba de mantener la limpieza, el lugar era nauseabundo.
Había mucha gente borracha, uno tirado durmiendo en el piso. Era medio día del lunes.
Todo era mucho más parecido a como uno imagina Bolivia que a la Argentina que conoce. Tomamos un bus de una empresa llamada Evelia que nos trajo a Tilcara por 9 pesos cada uno. Es como una hora de viaje por una carretera a veces destapada y se pasa por varios poblados bastante pobres que en ese clima seco por encima de los 2.000 msnm están manchados de verde por las huertas que tiene la gente en los solares.

6.15 p.m.
Cuando llegamos a Tilcara, ayer, encontramos un hostal llamado "Los Molles" y tomamos una cabaña con cama doble, escritorio y calefacción eléctrica por 80 pesos los dos. Es un bellísimo lugar a tres cuadras de la plaza, que acá es la periferia del pueblo. Hay muchos árboles al rededor, huerta, y desde el jardín se divisa la iglesia de Tilcara.
Es un lindo pueblo, tranquilo porque estamos en temporada baja, y con las casas antiguas bien conservadas. A pesar de la tranquilidad de esta época se nota que viene mucha gente en temporada alta, pues hay muchos hoteles y alojamientos de todos los precios, y varias tiendas y restaurantes caros, al estilo de Mar de Las Pampas o esos lugares de la costa de Buenos Aires.
En el hostal encontramos una francesa que vive en La Paz, donde trabaja para una ONG. Está en su vuelta final por el Cono Sur antes de volver a Francia, y hablando de las salteñas (las empanadas bolivianas), nos contó que la historia popular sobre el nombre que circula en La Paz dice que se hicieron comunes en Bolivia porque una señora de Salta se mudo allá, y montó un negocio. En cualquier caso, si las tomaron de los argentinos, los bolivianos las perfeccionaron.
También hay una pareja de porteños emigrados con su hijo de 18 meses llamado Pedro.
Anoche fuimos a comprar provisiones para la cena y encontramos el mercado del pueblo. Es un lindo lugar, limpio y ordenado (ya parezco una anciana bogotana), lleno de cosas ricas y baratas. Nuestra compra del día fue:

-1 Kg de carne de llama (pierna): $ 9.
-1 libra de oca (como cubios o ullucos pero con sabor a papa amarilla): $ 1,5.
-1 cabeza de ajo: $ 0,5.
-1 Kg de uvas dulces: $ 2.

Preparé una rica cena de oca en crema, y llama asada con cebolla, que acompañamos con vino de Cafayate.
Esta mañana pasamos por el mercado nuevamente y vimos los puestos de comida, así que entramos a curiosear y terminamos almorzando sudado de cabrito con arroz, papa, maíz y ensalada. En el puesto trabajaban una chica y una travesti llamada Carola, de unos 40 años, gordita, con el pelo largo cuidadosamente peinado. Ambas eran muy amables, en especial Carola. Estando allí vimos en el noticiero que hoy se hizo público que ya hay financiación para el tren bala. Da bronca ver gastar la plata en obras de lujo cuando en esta zona acabaron con los trenes, como lo hicieron en el resto del país, y la gente pobre -o no tanto- no tiene un medio de transporte bueno y barato como ese, mientras a las viejas vías y estaciones se las come el tiempo.
En la tarde fuimos al pucará, unas ruinas horrorosamente reconstruidas por un arqueólogo de apellido Debennedetti y otros. Da lástima porque parece un parque temático, aunque quizá por eso mismo la gente lo visita encantada. En la cumbre de la colina en la que está construyeron en 1935 una pirámide horrible imitación maya o algo así como monumento a los arqueólogos responsables del estropicio.
El lugar es administrado por la UBA pero no hay una sola palabra de crítica o disculpa por esa reconstrucción abusiva y el monumento-esperpento de la cima. Es un asco. En el pueblo hay un museo también de la UBA que se ve sostenido a pulso por la gente de ahí, pero la exposición es de las peores que haya visto. Las piezas no tienen fichas y la información es escasa y en tono aburrido. Da la impresión de que uno está en un gabinete de curiosidades y no en un museo manejado por una universidad seria. Aparte de que el parque del pucará y el museo son un enclave colonial porteño en Jujuy del cual Rosas y sus mazorqueros estarían orgullosos, están pésimamente manejados, sin criterios museográficos mínimos ni un gramo de respeto (si es que el respeto se puede medir en gramos) por la gente que produjo los vestigios sobre los que hoy hacen semejante desastre.
Hablando de Rosas, en Tilcara están las casas donde mataron y velaron a Juan Lavalle. Esa fue una conmovedora sorpresa.
En el museo hay una exposición sobre el "malón de la paz", una marcha de indígenas jujeños que viajaron a Buenos Aires bajo el primer peronismo a pedir una reforma agraria. Es precaria, montada a pulso, pero muy buena, es lo único que vale la pena de visitar el museo, y la vale bien. Narra detalladamente la historia, sobre testimonios de ancianos que participaron o vivieron los acontecimientos desde Jujuy. Es muy conmovedor descubrir cuánto sacrificio hizo esa gente, y más aún enterarse al menos de pasada acerca de las condiciones semiesclavas en las que vivían, como siervos de los señores feudales del latifundio jujeño. Parece que fue una marcha con una gran repercusión mediática (hay recortes de diarios, entre ellos La Nación), y si bien los cagaron a palos de sorpresa y los mandaron en un tren de regreso a la fuerza, parece que la represión tuvo que ver con una medida discrecional tomada por un mando medio, pues según dicen los testimonios expuestos Perón intervino personalmente abriendo una investigación e introduciendo algo así como una reforma agraria cuyo alcance no está bien explicado en la exposición. En esas condiciones hasta yo me habría hecho peronista.

6/1/08

Abril 27
Salta


Desde Tafí del Valle viajamos a Cafayate, pues finalmente sacamos la conclusión de que Amaicha era un moridero. En efecto, al pasar por ahí nos dimo cuenta de que no tiene nada particularmente interesante. El supuesto mejor clima del mundo es superseco, de modo que todo está cubierto de polvo.
Cafayate es un lindo lugar. Un pueblo tranquilo, con clima cálido y seco, pero muy agradable, con la arquitectura antigua bastante conservada y bastante bello. En sus alrededores se produce vino, están las bodegas Etchart y Lavaque, de las conocidas, pero también Domingo Hnos. y Nanni (la última tiene 150 años). Se toma buen vino del lugar a 6 pesos (poco menos de 2 dólares) el litro en el bar del mercado.
Aunque es un lugar turístico, lleno de tiendas, hoteles y restaurantes, es bastante tranquilo y a dos cuadras de la calle principal se encuentra el mercado popular, con su vida normal. Nos llamó la atención que la siesta dura hasta las cinco pero el comercio –incluidas las carnicerías– cierra a eso de las 11.
Nos quedamos en "Ruta 40", el hostal de HI, es cómodo, lindo, bien localizado y limpio, aunque subplanificado pues la cocina tiene nada más dos hornallas y el agua caliente se agota con que se bañe una persona.
Desde allí visitamos las ruinas de Quilmes, a 55 kilómetros al sur de Cafayate. Los últimos cinco kilómetros se recorren a pie desde la ruta. Tomamos un bus de "El Indio" que iba a Santa María (Catamarca) y nos llevó por 7 pesos. Iba tambien Jacqueline, una chilena de Concepción que vive en San Pedro de Atacama, con quien pasamos el día.
Las ruinas son lindas. Al pie hay un museo que no se puede visitar porque pertenece a un hotel menemista cerrado por algún litigio. La entrada es libre pero la guardan personas de la comunidad Diaguita que tomaron el lugar tras el cierre del hotel hace unos cinco meses. Uno de ellos ofrece una introducción al lugar bastante buena. Fue bello oírlo porque estaba bien informado sobre el lugar y tenía opiniones propias sobre los defectos de la reconstrucción que hicieron en 1977 y sobre la historia del sitio. Además daba cuenta de las discusiones entre los arqueólogos diciendo: "se dice A y B; nosotros narramos la interpretación de Fulano, pero hay otros que opinan tal cosa...". Contó sobre su experiencia respecto del sitio, diciendo que era indígena pero no se interesaba hasta que un día se dio cuenta de "que el indio no era tan malo como decían", y empezó a averiguar sobre el sitio. Señalaba el saqueo del lugar por los guaqueros, y dijo una bellísima metáfora sobre la guaquería y el modo en el que dificulta el análisis arqueológico: "llega el hombre y abre y rompe las urnas y se lleva lo que puede, y después cuando llega el arqueólogo es como si se encontrara con una carta rasgada por la mitad".
Después de escucharlo recorrimos las ruinas, de las cuales apenas el 15% está reconstruido. Es un lugar bello, aterrazado, con muros de piedra que conforman casas de techos bajos (no están reconstruidos pues no se sabe cómo eran), cuyos pisos se encontraban bajo el nivel del suelo para protegerse del frío. A lado y lado hay salientes de la cordillera en las que había puestos de vigilancia. El lugar es seco, de bosque achaparrado en algunas zonas en algunas zonas y en otras hay rastrojos y cardones, que abundan notablemente. Hay muchos cuises (o cuyes) silvestres, pero la gente no los come; también vimos un zorrito. La zona la habitan los indígenas diaguitas, que se ven bastante pobres, que se ven bastante pobres y hacen artesanías buenas técnicamente pero simplonas.
Esta es una región del país en la que para viajar se depende del paso de los pocos buses de línea que circulan de un pueblo a otro, así que al descender de las ruinas tras dar una vuelta ascendiendo al mirador izquierdo para ver el lugar y divisar el valle (el de Colalao, creo), almorzar arriba, tomar un tereré y descender, nos sobraban unas cuatro horas antes de que pasara el bus de regreso a Cafayate, de modo que caminamos hasta la ruta y desde ahí seguimos viendo si nos levantaba alguien pero nada. En un momento, como a 1 kilómetro del desvío de Quilmes, un motociclista perdió el equilibrio y volcó ahí, en medio de la nada. Corrimos para ayudarlo y para nuestra sorpresa no le había pasado nada. Parecía aturdido pero luego notamos que estaba borracho, y después de que le ayudamos a parar la moto y Jan y Jacqueline le insistieran en buscar ayuda, se montó y se fue frente a nuestra mirada asombrada.
Seguimos caminando y llegamos a un lindo hostal llamado Río de Arena, que queda sobre la carretera, donde tomamos una botella de vino y una picada por 42 pesos (el vino era buenísimo, hecho en el lugar); luego salimos, como a las 6.30 a esperar el bus, y nos levantó un camionero que nos llevó hasta Cafayate.
En Cafayate cenamos los tres en el bar del mercado por 22 pesos y luego tomamos vino en el hostal hasta tarde.
Al día siguiente –sábado–, salimos para Alemanía a la 1 de la tarde. Es una especie de pueblo fantasma, crecido al rededor de la estación del tren que terminaba ahí su recorrido desde Salta (o desde Cerrillo, a 10 km de Salta, según quién cuenta la historia). Hoy viven ahí unas 8 familias –más o menos 30 personas– y donde antes era la estación de policía hoy hay una escuela-albergue para los niños de la zona que tiene 30 estudiantes que el fin de semana vuelven a sus casas. En la estación, construida en 1916, hay un taller de artezánganos que trabajan y exponen ahí. Hablamos con uno que dice que ese tren era parte de un proyecto de vía Salta-Chile que se hundió en la Primera Guerra Mundial. La línea fue fabricada en Alemania, por Gutehoffnungshütte (Siderurgia Buena Esperanza) y en algún lugar leímos que el nombre del pueblo tiene que ver con que los obreros que pusieron la vía eran alemanes.
Por ahí pasan dos ríos, uno rojo y uno cristalino que se juntan a las afueras de Alemanía, bajo el puente ferroviario, al lado del cual acampamos. Es un lugar verde, rodeado de montañas, sin energía eléctrica, y bastante tranquilo. En la noche se ven infinidad de estrellas, con la Vía Láctea, perfectamente demarcada, y apenas los insectos y ranas sonando de fondo en los arroyos. Hubo un momento, mientras mirábamos las estrellas, cuando Jan miró hacia el piso y descubrimos cientos de luces en el pasto, como si fueran estrellas verdes en el suelo. Eran unos animalitos como marranitos, de muchas patas.
Cocinamos sopa de papas amarillas con sabor a hibias, tomate y cebolla, y pollo asado a la brasa, del cual nos queda una presa –pierna/contramuslo– para hoy.
La quebrada de Cafayate, entre Cafayate y Alemanía, es bellísima, por los colores de las montañas y las formas que produce la erosión, que son un espectáculo sublime. Quisiera que lo visitáramos sin prisa cuando volvamos hacia Tucumán.
Esta mañana, después de pasar una noche acampando en Alemanía, viajamos hacia Salta. Esperábamos el bus pero antes nos levantó un tipo muy amable que nos trajo hasta la ciudad, junto con un hombre que vivía en Alemanía pero ahora trabaja en La Merced y vuelve a su casa los fines de semana, y que al bajarse nos regaló dos panes, uno para el chofer y su amigo y otro para nosotros. Fuimos al hostal de HI pero era un asco, oscuro y sucio, terriblemente maloliente, así que volvimos a la plaza, nos comimos el pan que nos regaló el otro viajero para retomar fuerzas, y seguimos buscando. La plaza 9 de Julio, que viene a ser la principal de Salta, es muy bonita, verde, con una fuente y llena de árboles... es un buen lugar para pasar el tiempo que me recordó la plaza de Bolívar de Ibagué.
Encontramos uno que se llama "El Andaluz", sobre la calle Córdoba (191) y parece normal y limpio. Nos quedamos ahí. Hacemos tiempo tomando vino en el marco de la plaza 9 de Julio mientras vemos el museo, queremos ver si encontramos a Jacqueline, y vamos a averiguar cómo es el viaje a San Pedro de Atacama.
Salta no es tan linda, la arquitectura se mantiene y el marco de la plaza es lindo, pero la ciudad en general es un poco sucia, caótica, y llena de contaminación visual. No es fea, pero es la típica ciudad latinoamericana de tamaño medio (tiene 600 mil habitantes, fundada en 1582). El clima es cálido y seco ahora, aunque un poco más húmedo que el de Cafayate.

5/17/08

Abril 23, 9:55
San Miguel de Tucumán - Tafí del Valle

Ayer llegamos justo a tiempo. Literalmente sobre el minuto. La estación de San Miguel de Tucumán es linda, y la ciudad en general lo es, aunque la arquitectura colonial prácticamente ha desaparecido. Las calles están sembradas de naranjos, una cosa muy ingeniosa y bonita, pero no paro de preguntarme quién se come las naranjas, pues aunque los árboles están cargados no parece haber nadie que las aproveche.
Llegamos cerca del mediodía y la ciuda bullía. Se me pareció a las ciudades de provincia de Colombia, viejas pero completamente remodeladas con edificios feos, llenas de contaminación visual, y con el tráfico congestionado por las calles estrechas. Fuimos al hostal, a unas 6 cuadras del centro, y cuando volvimos a salir parecíamos estar en un pueblo fantasma: era la hora de la siesta, que va de la 1 d ela tarde a las 5. No había nadie en la calle y el tráfico había desaparecido, todo el comercio estaba cerrado... no teníamos nada que hacer, pero de milagro hallamos un cafecito de viejos en el mercado y pasamos el rato. Luego fuimos al mercado popular de un barrio que queda al lado de la estación de buses: muy parecido a Chapicentro de Ibagué o el antiguo San Victorino de Bogotá y todos esos mercados de las ciudades colombianas donde venden todo tipo de elementos de indumentaria con marcas falsas y artículos de producción china. Vimos también muchas talabarterías y zapaterías como las de esos lugares.
Cuando terminó la siesta la ciudad volvió a hervir y era prácticamente imposible desplazarse. Fuimos al Mercado del Norte, una bonita galería que queda en el centro de la ciudad, sobre una calle peatonal, donde hay puestos de verduras, carnes y comida preparada. Compramos cordero para la cena, y lo horneamos con papas, cebollas y ajos. Allí sucedió algo gracioso y es que cuando la carnicera lo estaba cortando nos dimos cuenta de que tenía los riñones, así que le pedimos que se los quitara, pero ella nos miró extrañada y dijo que no. Como insistimos contestó que eran riquísimos, y que a ella le encantaban: sólo era cosa de ponerles sal y limón antes de cocinarlos... definitivamente era algo que debíamos probar. Sin embargo, no queríamos -si bien como todo tipo de cosas que a Jan le resultan extrañas, como hígado, mondongo y otras entrañas, los riñones me producen bastante rechazo , y a Jan ni se diga-, le insistimos y le dije que con mayor razón se los debía quitar, pues los podía aprovechar. Ella nos miró sonriente, un poco apenada y sorprendida y se los dejó. Bueno, el asunto es que riñoncitos aparte -que al final se perdieron porque aunque la chica del hostal reiteró el juicio de la carnicera acerca de su exquisitez tampoco los quiso aprovechar-, la cena nos salió riquísima.
Cuando estábamos a punto de cenar nos encontramos con Sergio, quien resultó ser el dueño del hostal. Charlamos un rato, nos dio indicaciones para el viaje, y se fue, de modo que después cenamos y nos fuimos a la cama. Estábamos muertos.

Quedo con una buena impresión de Tucumán, que a pesar de ser una ciudad deforme porque no han coservado la arquitectura antigua es agradable. Se me pareció mucho al ambiente colombiano en general... será porque la ciudad y el centro de Colombia son andinos y coloniales. A diferencia de Buenos Aires, la gente habla en un tono de voz moderado y de manera educada. En el mercado encontramos chirimoyas, lo cual me hizo sentir más "en casa", por ridículo que parezca concederle tal potencia a una fruta, y esta mañana noté que tienen guamos sembrados en los separadores de las calles periféricas.
Una cosa que me llama la atención es que el tucumano es el pueblo más idólatra que haya visto. Aunque no le dejan cartas a los santos en la iglesia como en Buenos Aires y Río de Janeiro, todo el que entra toca al santo de su devoción y cuando puede lo besa; de hecho, muchos recorren la iglesia tocando santo por santo y hablándole a cada uno. Verlos me recordó la sentencia de un azteca de la conquista citada por Serge Gruzinski en "La guerra de las imágenes": Las imágenes son los ídolos de los cristianos. La catedral de la ciudad es bastante aburrida y simple, pero tienen una hermosa iglesia franciscana de estilo barroco construida en el siglo XIX y maravillosamente decorada con tallas de la "vieja escuela" y murales manieristas de los zócalos al techo.
Los adolescentes que vimos en la ciudad son bellísimos: morenos y atléticos. El contraste entre las tucumanas y las porteñas es igual: la presencia de un mestizaje distinto se expresa, por ejemplo, en la ausencia de lo que con un amigo denominábamos "traseros sicilianos" (gigantescos y firmes como la roca), y por el hecho de que van por el mundo menos uniformadas.

Esta mañana partimos a las 10 para Tafí del Valle, sobre la cordillera al oeste de San Miguel. Se viaja por dos horas y media, primero por la planicie entre cañaduzales y luego se asciende a los Andes por una carretera estrecha pero buena, bordeando un río. Al rededor hay un bosque espeso la mayor parte del tiempo -supongo que es eso a lo que Nele aprendió a denominar "yunga" en Bolivia-, aunque se nota el avance desastroso de la deforestación en algunos lugares. A pesar de eso el paisaje es bellísimo y tanto lo verde de la espesura como las montañas me recordaron lugares como el cañón del Combeima o la subida a La Línea, en la cordillera central de Colombia.
Luego, como a 2.000 m.s.n.m. el paisaje es seco, de pastizales y cardones, todo pardo, como en los alrededores de Cuzco, y se encuentra el parque nacional Los Menhires, llamado así por unos monolitos erigidos en medio de los cardonales, que merced a la escasa niebla que había tenían una apariencia espectral, como si fueran sujetos que quisieran mimetizarse entre los cardones. Mas adelante hay un embalse llamado "Dique de la Angostura", emplazado entre Tafí y Mollar, un pueblo al que se puede llegar desviándose de la ruta unos 10 minutos antes de llegar a Tafí, y el clima es agradable, cálido y seco, fresco.
Estamos acampando en el camping municipal, un lugar cómodo con baños limpios, parrillas y electricidad, donde también hay cabañas. Tafí es un pueblo chico, fundado por jesuitas, famoso por sus quesos y por el clima maravilloso que tiene. Es el refugio veraniego de la clase media acomodada de San Miguel de Tucumán.
Una cosa que nos ha llamado la atención es que en esta provincia la mayoría de la policía -o lo que sea- que controla el tráfico es femenina. También hemos visto bastantes vigilantas y policías corrientes.
Hoy almorzamos locro, que acá es más espeso que en Buenos Aires, y muy parecido al mute de Boyacá. De hecho, la gente de Tafí parece boyacense: morena, sonrosada y abrigada -aunque sin ruana- haga sol o no. Ayer, cuando acabábamos de llegar y atravesábamos el parque del pueblo buscando el camping con las mochilas aún cargadas, me sucedió una cosa bellísima: hacía sol de tierra fría y había una brisa fresca que cuando uno estaba en la sombra daba frío, caminábamos bajo los pinos del parque y de un momento sentí su aroma, que me trasladó inmediatamente a las mañanas en Sutatausa. Fue como una emboscada. Luego lo supe: la temperatura, el viento, la vegetación... todo era bastante similar aunque no me hubiera dado cuenta.

4/17/08

Alemanadas

S: ¿Has probado usar ese traje con los otros zapatos?
J: Sí, por ejemplo esta mañana cuando roté el...
S: ¿Qué cosa?
J: (señalando el cordón del zapato derecho) ¿Cómo se llama esto?
S: Ah, “cuando reventé...”. Se dice "reventé".
J: Lo probé esta mañana, cuando roté el reventé.

R: (a S) ¿Por qué miras a otros chicos en la calle si tienes novio?
S: (la mira, balbucea, no contesta.)

J: Los argentinos se parecen mucho a los yanquis.
S: ¿A qué te refieres?
J: Muchas cosas, no sé... Fíjate por ejemplo ahora, hay muchos chicos que van por la calle sin camisa en medio de la ciudad... son raros.
S: Qué quieres... hay 35 grados, el clima es un asco. Raro es lo que hacen los bogotanos y según veo los alemanes, que prefieren cocinarse entre la remera como boludos porque todo les da vergüenza.

N: (a J) ¿No te produce celos que S vaya por la calle abrazado y tomado de la mano con Bárbara?
J: No, ningún problema... se lo acostumbra. Qué quieres, si estás saliendo con un latino debes aprender que se tocan todo el tiempo.

2/4/08

quedar maravillosamente impresionado

Estoy leyendo Las Benévolas, de Jonathan Littell. Allí encontré un fragmento que me llevó de regreso a El Banquete. El fragmento de ese diálogo que va a continación es distinto del que desencadenó este post, pero ese es un detalle menor.
"Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran de acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza.
Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos. Y una gran prueba de esto es que, llegados al término de su formación, los de tal naturaleza son los únicos que resultan valientes en los asuntos políticos. Y cuando son ya unos hombres, aman a los mancebos y no prestan atención por inclinación natural a los casamientos ni a la procreación de hijos, sino que son obligados por la ley, pues les basta vivir solteros todo el tiempo en mutua compañía. Por consiguiente, el que es de tal clase resulta, ciertamente, un amante de mancebos y un amigo del amante, ya que siempre se apega a lo que le está emparentado.
Pero cuando se encuentran con aquella auténtica mitad de sí mismos tanto el pederasta como cualquier otro, quedan entonces maravillosamente impresionados por afecto, afinidad y amor, sin querer, por así decirlo, separarse unos de otros ni siquiera por un momento. Éstos son los que permanecen unidos en mutua compañía a lo largo de toda su vida, y ni siquiera podrían decir qué desean conseguir realmente unos de otros. Pues a ninguno se le ocurriría pensar que ello fuera el contacto de las relaciones sexuales y que, precisamente por esto, el uno se alegra de estar en compañía del otro con tan gran empeño. Antes bien, es evidente que el alma de cada uno desea otra cosa que no puede expresar, si bien adivina lo que quiere y lo insinúa enigmáticamente.
Y si mientras están acostados juntos se presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: «¿Qué es, realmente, lo que queréis, hombres, conseguir uno del otro?», y si al verlos perplejos volviera a preguntarles: «¿Acaso lo que deseáis es estar juntos lo más posible el uno del otro, de modo que ni de noche ni de día os separéis el uno del otro? Si realmente deseáis esto, quiero fundiros y soldaros en uno solo, de suerte que siendo dos lleguéis a ser uno, y mientras viváis, como si fuerais uno solo, viváis los dos en común
y, cuando muráis, también allí en el Hades seáis uno en lugar de dos, muertos ambos a la vez. Mirad, pues, si deseáis esto y estaréis contentos si lo conseguís.» Al oír estas palabras, sabemos que ninguno se negaría ni daría a entender que desea otra cosa, sino que simplemente creería haber escuchado lo que, en realidad, anhelaba desde hacía tiempo: llegar a ser uno solo de dos, juntándose y fundiéndose con el amado. Pues la razón de esto es que nuestra antigua naturaleza era como se ha descrito y nosotros estábamos íntegros. Amor es, en consecuencia, el nombre para el deseo y persecución de esta integridad."
Todo es tan distinto para nosotros, miles de años después, y sin embargo hay tantas cosas tan similares. Como descreo de la existencia del "alma humana" abstracta, especulo que tiene que ver con que en muchos sentidos somos hijos de los griegos. Hoy, por ejemplo, para algunos de los que crecimos en un mundo en el que el vih campea casi desde que nacimos los de nuestra generación, coger sin forro tiene una trascendencia que probablemente jamás tuvo en la historia de la humanidad: supone tomar la vida del otro en las propias manos y poner la de uno en las suyas. Se siente bien objetiva y subjetivamente. Claro, la belleza del asunto depende de que ninguno de los dos sea barebacker. Barebacking y Lovemaking suenan parecido, y sin embargo me resultan antitéticos, no por razones morales sino emotivas.

Como dice Bauman, un judío-ruso con el que simpatizo, el amor constituye una conquista cultural. Eso explica un poco que se bata en retirada de la vida cotidiana: como diría un marxista de los de la vieja escuela, esta época de reacción se caracteriza por la pérdida sistemática de las viejas conquistas.

Cunde la decadencia, pero la vida sigue siendo bella. La historia sigue... Entre otras cosas, tengo un compañero de batalla admirable.

La imagen es un detalle de una escultura griega
cuyo nombre desconozco. Está en el Museo del Prado.

1/27/08

The Bargain

My true love hath my heart, and I have his,
By just exchange one for another given:
I hold his dear, and mine he cannot miss,
There never was a better bargain driven:
My true love hath my heart, and I have his.

His heart in me keeps him and me in one,
My heart in him his thoughts and senses guides:
He loves my heart, for once it was his own,
I cherish his because in me it bides:
My true love hath my heart, and I have his.

Sir Phillip Sidney (1554-86)


La visión de Ezequiel, por Rafael.

12/5/07

Brevísimo Glosario Schneideriano

Adelancia: anticipación

Alumir: encender

Elargir: prolongar

Exprimir: expresar

Insulado: aislado

Partenariado: relación de unión libre

Realizar: notar

Nectarina: pelón

Ship-ships: ojotas

11/27/07

iluminaciones

I remember one morning... Getting up at dawn... There was such a sense of possibility! You know? That feeling? And... and I remember thinking to myself:

"So this is the beginning of happiness... This is where it starts! And, of course, there'll always be more."

Never occurred to me. It wasn't the beginning, it was happiness.
La señora Dalloway en Las horas, de Michael Cunningham.


Identificación: El sujeto se identifica dolorosamente con cualquier persona (o con cualquier personaje) que ocupe en la estructura amorosa la misma posición que él.

Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso.


Casi siempre que me pasa tiene que ver con el cine o la filosofía. Hay momentos en los cuales el universo parece condensarse en una frase y uno da un salto, avanza, como si hubiera vivido varias vidas en un par de segundos. Debe ser eso lo que los místicos llaman iluminación.

La identificación no siempre es dolorosa.

11/24/07

confesiones irrelevantes

Vivo solo en un departamento de tres ambientes (dos habitaciones y living: tardé dos años en aprender a clasificar departamentos por número de ambientes, supongo que eso habla mal de mi inteligencia).

Hace unos meses me dio por tener plantas: compré crisantemos y una begonia, luego tres amapolas que planté en una maceta rectangular, también dos de flores moradas chicas que soportan bien el sol, cuyo nombre desconozco; encontré albahaca en la verdulería y la sembré en lugar de comérmela como siempre, ahora tengo tres plantitas cuyos progresos sigo a diario; una amiga renovó su balcón y me regaló un aloe macho y una maceta grande en la que una planta anónima achaparrada que parece un árbol y tiene hojas vidriosas y redondas convive con un malvón.

Estoy juntando amapolas secas para ver si quedan bien en té o usadas como especia.

Me gusta mirar la luna.

En el estudio de mi casa hay una cama de una plaza que debería funcionar como sillón pero vivo posponiendo comprar almohadones. Duermo ahí ocasionalmente, en especial cuando me pesa la separación de Jan. En realidad donde duermo ocasionalmente es en la cama doble de la habitación.

Las señoras y las chicas de Buenos Aires suelen asociar mi acento a las telenovelas, los hombres al fútbol. Muchos piensan que todo Colombia tiene clima de playa.

A veces lleno la bañera. Entonces debo esforzarme mucho para encontrar la temperatura justa al balancear el agua fría y caliente. Cuando estoy en el agua siempre pienso en las películas donde la gente se mata ahogándose a propósito. No creo que sea posible. Me pregunto si sucedería en caso de que uno se quede dormido.

Me gusta ir al cine solo.

Mucha gente hace ejercicio para bajar de peso. Yo soy de esa minoría que adelgaza si no se ejercita.

Soy buen cocinero. Disfruto cocinar para la gente con la que simpatizo. No tengo problemas con hacerlo a la madrugada si a esa hora me da hambre. Hoy vine de cine y empecé a la 1: arroz blanco con coco y romero, pollo con salsa de hongos de pino y un poco de té earl gray, y ensalada de pepino con zanahoria. Agua para pasar. Nunca había preparado las dos primeras cosas, que quedaron deliciosas. Descubrí que la bergamota del earl gray es un muy bien ingrediente. Cocino con la nariz, casi nunca pruebo nada hasta el final. No es que me lo proponga pero así sucede.

Algo similar me pasa con la gente y los lugares, de distintas maneras. Recuerdo perfectamente el olor de Kirpalamar en las tardes soleadas, y a veces en el verano porteño la brisa lo evoca pero no sé de qué depende. El ahumador del abuelo los días que extraía miel o hacía algo con las colmenas. La línea A del subte de Buenos Aires. La boca de Jan.

11/20/07

Lili Marleen rima con Mein kleiner Jan

En 1915 Hans Leip, un poeta hamburgués enviado al frente ruso durante la guerra, compuso un poema titulado Das Lied eines jungen Soldaten auf der Wacht [Canción de un joven soldado de guardia]. En 1937 se publicó junto con otros y Norbert Schultze compuso una melodía para él, de modo que Lale Andersen la grabó pero sólo se vendieron 700 copias del disco. Una sola de ellas bastó para que la canción se hiciera famosa cuatro años después a través de la emisora nazi del Belgrado ocupado, a través de la cual la escucharon los aliados, de modo que se hizo popular a lado y lado. En 1944 apareció una versión en inglés y su circulación entre los aliados se oficializó; Anne Shelton y Marlene Dietrich cantaban las versiones más populares. Hacia el final de la guerra los nazis la prohibieron porque deterioraba la moral de la tropa (hay una película de Fassbinder sobre eso).
Habla de un soldado que extraña a su chica, de la añoranza que producen los recuerdos felices cuando confluyen con la separación. De esos momentos próximos a una partida que uno no desea, en los que los minutos parecen dilatarse y esfumarse al mismo tiempo. También de la fuerza que produce la perspectiva de re encontrarse, de la manera en la que una certeza como esa templa el espíritu.

El último verso dice:

Wenn sich die späten Nebel drehn
Werd' ich bei der Laterne steh'n
|: Wie einst Lili Marleen. :|


Que vendría a ser algo así como:

Cuando tarde en la noche las nieblas se arremolinen,
permaneceré junto al farol
como entonces, Lili Marleen.

10/30/07

los huevos de Fabergé

Buenos Aires es una ciudad encantadora, pero como las sirenas, además de encanto suele producir vértigo. Tiene las ventajas y desventajas de las megalópolis: se puede hacer prácticamente cualquier cosa para divertirse sin gastar un centavo o derrochando ilimitadamente (de eso solo conozco la teoría, y supongo que así será hasta el fin de mis días), se disfruta del tipo de anonimato que sólo proporciona la multitud, y las opciones para gente que -como yo- disfruta la soledad, son virtualmente ilimitadas. Al mismo tiempo, tanto anonimato, tanta gente y tanta soledad pueden resultar pesados bajo determinadas condiciones o para ciertos tipos de gente.
Después del asalto anduve medio paranoico y sensibilizado, comportando el típico efecto
post-trauma de los que han sido robados. Tenía ese estado del alma en el que uno se pone propenso a los trascendentalismos. Hice cuentas con los dedos de la mano y me di cuenta que de mis viejos* amigos no quedan sino dos en el país, pero nos vemos poco. Creo que la soledad cuasi-obligatoria, el desierto relacional, es uno de los efectos adversos más aburridos de las grandes ciudades. No es que no se pueda conocer gente simpática, pero construir relaciones amistosas -ni qué decir amorosas- es mucho más difícil que en lugares más chicos.
En una gran ciudad hay poco tiempo, y el
sálvese-quien-pueda suele estar a la orden del día. Además, en esta ciudad de psicoanalistas la consigna "tenés que serle fiel a tu deseo" tiene un nivel de apropiación que no debió tener la de "Paz, pan y tierra" en la Rusia de 1916. En buen porteño "serle fiel al deseo" usually means "hacer lo que te da la gana, y los demás que se jodan". Por una de esas extrañas coincidencias que a veces se dan, dos de los tres amigos (locales) que encontré durante el fin de semana tenían esas cosas dándoles vueltas en la cabeza por estos días.
Ahora bien, otra cosa que también es cierta es que en Buenos Aires hay gente excepcionalmente valiosa. Aunque escasas, son personas con las que uno puede construir vínculos de acero cuando tiene la suerte de encontrarlas. Conozco algunos de esos argentinos invaluables, y piano piano vamos avanzando. Las relaciones amistosas o amorosas bien podrían ser comparadas con los huevos de Fabergé. Son obras exquisitas cuya composición toma largo tiempo, suponen la incorporación de materiales diversos y preciosos, y suele pasar que cuando una de ellas se asume refundida, re-aparece exorbitantemente revaluada. Sólo en una cosa se diferencian de esos objetos: lo que las pone a prueba no es su belleza y la admiración que provocan sino su resistencia a los golpes. De eso sabemos bien Jan y yo. También nuestros allegados, quienes soportan estoicamente idas y vueltas al rededor de lo mismo.


*Entiéndase por viejo "con tres o más años de relación", que es más o menos el tiempo que llevo en la Argentina.

8/20/07

Ocho meses y siete días desde la última vez

En la última línea de mi anterior entrada me preguntaba qué traería el 2007. Heme acá, de vuelta a los rastrojos del mundo cibernético, por donde no transita casi nadie, arrancando una nueva entrada a la que su antecesora le reclama, de alguna manera, un balance.

Es raro, no me propuse dejar de escribir acá durante tanto tiempo, y sin embargo los meses pasaron. Creo que con ciertas actividades de la vida pasa lo mismo que con algunos amigos, sin que uno se percate el tiempo se dilata entre un encuentro y otro. Lo malo es que siempre se está a tiempo de volver a tomar la pluma, pero con las personas las distancias tienden a desvanecer los lazos.

Esta mañana, mientras desayunaba, y después de hablar por teléfono con mi madre, di una mirada a este blog, en busca de un comentario que un amigo me dijo hace unos días que me había dejado. Me dio gusto encontrarlo (te quiero, Gus), y su búsqueda dio pie a que releyera algunas entradas anteriores. Se produjo uno de esos encantadores momentos, casi mágicos, que he perseguido desde que decidí cultivar el hábito de llevar diarios: cuando uno se relee, pasado el tiempo, de repente se encuentra narrandose a sí mismo cosas que no recordaba haber vivido o escrito. Ese desayuno dominical en el cual el que soy y el que fui nos sentamos a la misma mesa me metió las ganas de hacer una nueva entrada.

Después del desayuno salí a nadar, bastante abrigado pues el frío nos vuelve a azotar, tras el veranito (me gusta más la expresión norteamericana: indian summer, que da título a una canción de The Doors) de la semana pasada, gracias a cuyos 27 grados tuve una deliciosa caminata en ropa liviana de esa que uno no puede usar más que entre casa por estos días. 1000 metros en 35 minutos. Los que sepan de natación sabrán que es poco, pero no está mal para mi condición de ex exiliado de las aguas, y gracias a ellos y a los escasos genes africanos que corren por mis venas (1/16, en la más optimista de las estimaciones), el juicioso entrenamiento de las últimas semanas me vuelve a hacer orgulloso portador de un abdomen plano, un pecho combado como un escudo, y lo que no es menos importante: un culo duro y torneado. Preocupaciones masculinas propias de este sucio mundo en el que se vive tan bien.

A propósito del mentado balance, lo central es que durante los últimos ocho meses las cosas no han dejado de mejorar en mi vida. Cerré la entrada anterior dejando de lado indefinidamente la posibilidad de visitar Colombia, y hace mes y medio volví de allá, gracias a los buenos oficios de Isabelita, la mamma. Sobre el viaje no diré nada pues tengo algunas cosas escritas en el par de cuadernos rojos que conforman mis diarios de viaje (uno se llenó en el avión, camino a Bogotá), y espero ponerlas acá dentro de poco. De cualquier manera, anticipo que no son crónicas de viaje, sino notas tomadas al inicio y el final. Respecto de los demás asuntos: continué trabajando para Siglo XXI y estoy encantado con esa relación, pues como es una editorial de ciencias sociales bastante importante y dinámica, trabajar para ellos me permite estar al día de buena parte de las cosas que se publican. No he dejado de encontrar, gracias a ese trabajo, perspectivas interesantes para la investigación social, y de sacar de aquí y allá citas para el texto final de la tesis, que actualmente está en el horno y promete ser bueno.

Finalmente dejé de vivir en Villa Crespo, ese barrio maravilloso al que deseo volver, y merced a una cadena de coincidencias, resulté, inesperadamente, viviendo en el departamento en el que viví hasta hace año y medio, en Boedo. Ha sido bello volver después de que ha pasado tanta agua bajo el puente, la nueva pintura lo hace ver mejor, y entre otras consideraciones superficiales, como todo yo, debo anotar que me sorprendió, al volver a instalarme, notar que, materialmente hablando, he dejado de ser un pasajero en tránsito en esta ciudad. La biblioteca y la cocina lo confirman.

Esta tarde, después de nadar, caminé hasta casa. Son unas doce cuadras, y el día tenía una frescura y una humedad absolutamente equilibradas, perfectas. El clima era tan similar al de la finca de mi abuela en muchos días de mi infancia que me puse pletórico de dicha. Volver en subte habría sido una de esas insensateces que se suelen cometer bajo el influjo del embrutecimiento que propicia la vida atolondrada de las ciudades. Adoro caminar escuchando música, observando la arquitectura, atento a cosas interesantes de esas que deja la gente con la basura a la entrada de sus casas. Esta tarde encontré una caja azul de las que sirven para archivar. Pasaban cientos de cosas por mi cabeza mientras caminaba... una de ellas fue que en el trimestre que va de julio a septiembre se encuentran varios aniversarios de cosas importantes para mi vida: ahora me vienen a la mente mi natalicio, la muerte de mi abuela, el primer encuentro con Jan, y la ruptura final con D, pero quizá haya más. Coincidencias, nada más que eso.

A finales del año pasado publiqué en el fotolog una lista de deseos en la que incluía cosas probables y otras menos probables. Algunas de ellas eran (sin orden de importancia): pasar vacaciones en Colombia, ver a Jan, cambiar de computadora, terminar mi tesis de maestría... La verdad calculaba que casi ninguna de esas se materializaría. Ocho meses después casi todos esos deseos -unos banales, otros trascendentales como ninguno- se han materializado o están a punto de hacerlo.

El contrapeso de eso está en las ausencias: Raúl, mi más entrañable amigo, regresó definitivamente a Colombia, María José está a punto de volver a instalarse en Andalucía, Gerd, durante su periplo alemán, parece estar reconsiderando su lugar... bueno, en estas vidas de trashumantes que elegimos algunos, esas cosas resultan inevitables. Al lado de eso está la proximidad de mi reunión definitiva con Jan, un hombre maravilloso con el que espero pasar los años que tengo por delante. Esa perspectiva monumental no le resta un ápice a los espacios dejados por las partidas de aquellas personas entrañables, pero definitivamente determina el cariz que tiene este momento de mi vida. Como dice Judy Garland: life is just a bowl of cherries.

12/10/06

At last I am born

Tres meses sin escribir por acá... han cambiado tantas cosas en este tiempo, que es estéril el propósito de dar cuenta de todas ellas.

Lo más general de todos estos cambios es que me encuentro instalado en mi nueva vida post-Diego. Justamente hoy hace un año nos conocimos, pero el post no tiene que ver con la fecha. Tengo un poco de tiempo pues terminé de leer el cuarto de una serie de Agatha Christie que va a editar Planeta para el diario La Nación, y como era una tarde encantadora de primavera-cuasi-verano, salí a caminar y disfrutar de la ciudad, tras haberme perdido muchas tardes como esta por estar sentado al computador leyendo.

Desde la última vez que postee sucedieron las siguientes cosas, en un orden que quizá no corresponda con como las enumero: encontré un departamento en el barrio de Villacrespo, que es medio-armenio, medio-judío, medio-libanés. Eso da un barrio y medio, pero no importa, no he sido muy bueno con los números, que digamos. Me mudaré de allí a fines de marzo, pero como dicen en Colombia, amanecerá y veremos. Otra de las cosas que ha sucedido es que parece irse cerrando la herida abierta por la ruptura con Diego... esas cosas no cierran definitivamente, me parece, aún me talla en un rinconcito del alma, pero ya no es como antes. En medio de eso, no ha habido muchas novedades, aunque con una novedad de ese tamaño: que voy saliendo de la tumba que habitaba cuando escribí acá por última vez, no parece hacer falta mucho.

La tarde de hoy fue deliciosa: terminé de leer como a las cinco, me bañé, escribí una carta para Jan, y salí. Busqué durante mucho rato una oficina de Correo Argentino pues todas estaban extrañamente cerradas a las siete de la tarde, y cuando por fin la encontré hice un tardío envío de cumpleaños para el chico. Lo terminé haciendo en una oficina de Avenida de Mayo, por donde caminé tomando mate y simplemente mirando la gente pasar. Me gusta caminar por ahí, solo, simplemente hablando conmigo, ausente en medio de la multitud. Luego caminé por 9 de Julio hasta Corrientes tomando fotos de vez en cuando (malas casi todas, me parece), y fui a ver una peli en el cine Tita Merello. Se llama "Chicha tu madre", y es una producción peruano-argentina acerca de un taxista que está aprendiendo a leer el tarot... es buena, me entusiasma cuando veo una buena película hecha en un país del tercer mundo donde todo, y en especial el cine, cuesta más dinero y esfuerzo. A la salida del cine había música y proyección de fotos de la historia argentina en el obelisco, así que volví a sacar el termo que había guardado al entrar al cine y continué tomando mate mientras veía algo de las fotos, me gustó pero no era un plan muy divertido para pasar largo rato, así que seguí caminando por Corrientes y me zampé una MacNífica en Mac Donalds (crucifíquenme, señores globalifóbicos), desde donde seguí caminando hasta sentarme en este ciber.

Volviendo a temas menos anodinos, he pensado mucho últimamente en el vínculo que tengo con Jan. Me resulta bello notar cómo hemos mantenido y desarrollado la conexión que establecimos hace más de un año. Nuestros intercambios postales, virtualmente innecesarios en la época del email y la telefonía IP me emocionan de una manera casi pueril. No sabes cuándo tu vida va a dar un giro con solo decir "hola" a un desconocido.

Otro año que se cierra, es mi tercer verano en Buenos Aires, una ciudad que me ha capturado completamente. Creo que estaré por un tiempo prolongado acá... Me siento cómodo, en casa. Hoy, mientras veía imágenes de Lima en la película aquella, recordé la emoció que sentí cuando iba en el taxi rumbo al aeropuerto de Lima el día de mi regreso a Buenos Aires, estaba feliz, me sentía volviendo a casa. Aquél había sido un viaje de huída, el día que tomé el avión en Ezeiza había llorado por el peso de la catástrofe que suponía la ruptura, esa noche Diego se había llevado su escritorio del departamento -era prácticamente lo último que quedaba-, y el estado del mundo me resultaba detestable. Sin embargo, el regreso era distinto, me sentía feliz de volver a esta ciudad, valiente para hacer una vida distinta a la que había hecho hasta entonces, emocionado por los lugares que había visitado y por la incomparable potencia que me proporciona viajar solo. Hay una canción de Andrés Calamaro que se llama "No tan Buenos Aires" cuyo primer verso dice: "ya siento que estoy radiante por volver, tengo en cuenta que el diamante es carbón...", me identifico de cabo a rabo con ella. Bueno, las imágenes de Lima me recordaron ese momento en el que empezaba a poner un pie fuera de la tumba.

Se imponen los balances, creo que el 2006 fue un buen año, sin mediaciones, fue bueno en todo sentido. Inutil preguntarse si las cosas con D habría podido ser de otra manera, y cerrado ese capítulo, el balance es excelente. En medio de eso, y gracias a esa crisis, aprendí cientos de cosas, cometí errores que no volveré a cometer... no estoy diciendo "Las uvas están verdes", como la zorra de la fábula. He conocido personas encantadoras este año, eso también hace parte del balance. Volví a ver teatro con asiduidad, y le voy tomando el ritmo a mi vieja pasión cinematográfica, ando viendo muchas películas con amigos y solo, y me encanta. Hoy puedo decir, como Morrissey: At last I am born.

Escribo esto mientras escucho a Rufus Wainwright, un músico espléndido que conocí a través de Jan.

Estos días hace un calor de morir: ando quedándome despierto hasta las 430 o 5, cuando empieza a amanecer, para pasar la mayor parte del día durmiendo con el ventilador encendido y leyendo tranquilamente en casa, mientras llega la hora del fresco y salgo a dar una vuelta (no siempre).

Tengo ganas de dar una vuelta por Colombia, extraño algunas personas de allí. Hace unos días hablé con Goya, mi tía (hermana-de-crianza) y me puse a llorar... estaba feliz y triste al mismo tiempo. Soy un llorón sin remedio. El periplo por Colombia, como otras cosas, tendrá que esperar, no me estoy muriendo de hambre pero ando quebrado.
¿Qué traerá el 2007?

9/12/06

Sé que algún día va a suceder.

My love,
Wherever you are,
Whatever you are,
Dont lose faith.
I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Please wait . . .
Ah, ha, ha,
Wait . . .
Dont lose faith.

You say that the day
Just never arrives
And its never seemed so far away.
Still I know its gonna happen someday
To you.
Please wait . . .
Dont lose faith

Morrisey, Beethoven was deaf

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