Tengo una relación particular con la granada. Es una fruta con cuya representación crecí: viéndola en los libros de historia, en los escudos antiguos relacionados con el virreinato o la primera república de la indepenencia, ambos llamados "De la Nueva Granada"; viéndola y dibujándola en la primaria, en el escudo de Colombia o el de Cundinamarca. En la adolescencia la encontré en la poesía árabe y en la obra de Wilde. Luego, de grande, conservé una en Buenos Aires cuando vivía con Diego, y la ofrecí en trueque por Fotolog. La troqué con Marcelo por unas monedas y un billete antiguos que conservo. Después la encontré en la iconografía judía y en las calles de Jerusalén, donde se vende su zumo como agua de rubí. Recientemente decidí incorporarla definitivamente a mi historia material, y ahora le da forma y sentido al ex libris que hermana semióticamente los volúmenes de mi biblioteca.A propósito de bibliotecas, la tarea de imprimir el ex libris en los volúmenes que conforman la mia ha supuesto una decantación, ligada por un lado con el acto de concatenación semiótica de volúmenes hasta ahora relacionados exclusivamente por la inmaterial y transitoria relación de propiedad que tengo con ellos. Esa es una relación que si bien sigue siendo transitoria, pues con suerte la mayoría de ellos trascenderá mi superflua, efímera existencia, ahora parece menos inmaterial por la intervención de un sello. Por otro lado se ha operado otra suerte de decantación: aquella a través de la cual he separado algunos volúmenes para regalarle a personas que los podrán aprovechar más que yo de ahora en más, y alguna más incierta en la que especulo cuáles podría dejar atrás temporalmente en mi próxima mudanza a Europa, Medio Oriente, o el destino que sea que me espera a fin de año. Aún no tengo certeza sobre cuáles serán, y ésa parece anticiparse como una selektia difícil, pues dos mudanzas internacionales me han mostrado que al igual que con los amigos, muchas veces se dejan atrás libros amados con el deseo de recuperarlos, y se los pierde definitivamente.
Hoy día me parece que mi biblioteca está bastante expurgada de libros "prescindibles" estética, personal o académicamente. Recorriéndolos en estos días me he dado cuenta de que casi no tengo volúmenes "accesorios". Al moverme con ellos de aeropuerto en aeropuerto, subiendo y bajando las escaleras de los edificios en los que he vivido desde que salí de la casa de mi vieja en 1998, he terminado pagando sobrepeso, haciendo fuerza, y transportando por cuotas solamente aquellos que me importan profundamente en algún sentido.
La semana pasada fui transferido del Programa académico en el que trabajé desde que volví a Colombia. En un sentido fue un alivio, pues el cambio se dio en condiciones de privilegio que suponen, por ejemplo, menos trabajo administrativo, más espacio para la investigación y escasa o ninguna discusión de esas que son como tratar de vaciar el mar con un colador. Sin embargo, en general los desprendimientos me cuestan, y la transición ha supuesto una transformación de roles que me produce una sensación ambigua de partida y duelo que me confronta. Descubro entre mis antiguos estudiantes simpatías y amores meticulosamente cultivados recíprocamente, la mayoría de las veces sin notarlo. Breves despedidas, discretas manifestaciones de aprecio personal, admiración académica y solidaridad política, suficientemente contundentes como son contundentes tantas cosas discretas en este país, donde hasta las masacres se cometen guardando las formas que dicta el decoro. Tengo una sensación que sólo atino a relacionar con una expresión latina algo ambigua: Ex Claustrum.
De alguna manera, por esos juegos caprichosos de asociaciones en los que se solaza el inconsciente, desde esta mañana tengo metido en la cabeza el poema que escribió Whitman en 1865 con motivo de la muerte de Lincoln:
O Captain my Captain! our fearful trip is done;
The ship has weathered every rack, the prize we sought is won;
The port is near, the bells I hear, the people all exulting,
While follow eyes the steady keel, the vessel grim and daring:O Captain! my Captain! rise up and hear the bells;
- But O heart! heart! heart!
- O the bleeding drops of red,
- Where on the deck my Captain lies,
- Fallen cold and dead.
Rise up—for you the flag is flung—for you the bugle trills;
For you bouquets and ribboned wreaths—for you the shores a-crowding;
For you they call, the swaying mass, their eager faces turning;My Captain does not answer, his lips are pale and still;
- Here Captain! dear father!
- This arm beneath your head;
- It is some dream that on the deck,
- You’ve fallen cold and dead.
My father does not feel my arm, he has no pulse nor will;
The ship is anchored safe and sound, its voyage closed and done;
From fearful trip, the victor ship, comes in with object won;
- Exult, O shores, and ring, O bells!
- But I, with mournful tread,
- Walk the deck my Captain lies,
- Fallen cold and dead.
Maybe that´s all: "The ship has weathered every rack, the prize we sought is won", but suddenly I feel cold and dead. Anyway, my ship will weather new racks soon, and I will again feel alive and young.
1 comment:
Yo conservo la granada, justamente en la biblioteca, acompañando los últimos libros que compré. Ojalá se dé algún día que puedas volver a verla. Los astros últimamente no se están alineando bien. Mucha felicidad y viento en popa en tus proyectos.
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