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9/3/26

Tipico ambiente Berlinese

Ese era el modo en el que se anunciaba al público de Florencia un antro de maricas de aspiración “ard-cor” que se llamaba “Crisco”. No tuve el gusto de conocerlo, pero en aquellos tiempos era la antesala del verdadero Berlín con el que soñaban las loquitas florentinas, cuya vida se dividía entre el culto a la mamma y el amor al vicio y al fornicio.

Por el amor al vicio y al fornicio tuve el gusto de disfrutar de un “amore estivo” por demás memorable en lo bueno y en lo malo. Por el culto a la mamma mi vida privada entera llegó a oídos de una vieja toscana de proximidades de Arezzo, según me enteré después.

El amore estivo se encontraba en su trance de muerte, en el momento de los reproches y las verdades. Fue entonces cuando Fabrizio me espetó con una mezcla de derrota y orgullo:

–Bien me lo dijo mi mamma: “Ese latinoamericano promiscuo no es bueno para ti”.

Lo que nunca me quedó claro es si la vieja sabía que al nene le gustaba ir al Crisco y soñaba con conocer il vero ambiente Berlinese.

10/8/18

Peluquero escolar

Mis recuerdos de infancia sobre mi abuelo Genaro son variados, pero inician con la Sastrería y Barbería Real, que quedaba en la calle principal de Arbeláez, nuestro pueblo natal. El dueño del negocio era don Félix Torres, y cuando yo era pequeño mi abuelo pasaba allá gran parte del tiempo, ejerciendo el oficio de barbero-peluquero, como amo y señor de una silla enorme y pesada, junto a la cual su amigo se dedicaba a lo mismo. Claro que como se sobreentiende del nombre del negocio, don Félix también se dedicaba a la sastrería: sobre una mesa larga marcaba con una tiza plana como una tarjeta las telas que luego cortaba y cosía (o hacía coser por su sobrina Dioselina, de la que se rumoró que andaba de muchos arrumacos con mi abuelo) en una máquina de coser de pedal ubicada cerca de la puerta. Así fueron confeccionados por la mano experta de don Félix mis primeros pantalones azules oscuros del uniforme del colegio. Todo esto viene a cuento porque mis recuerdos de infancia de mi abuelo arrancan en la sastrería pero no se detienen así nomás, sino que me tienen como coprotagonista, sentado en un banquito que ponían sobre la ya mencionada silla enorme, cubierto con una capa de peluquería, y entregado sin clemencia al martirio de "la peluca", como llamaba mi mamá al corte de cabello al que me sometía regularmente a manos de su bien reputado pero al mismo tiempo temido progenitor. El asunto es que me llevaban a la sastrería, me sentaban en el banquito, me cubrían con la capa, y desde mi situación de completa indefensión yo veía a mi mamá y mi abuelo parados detrás mío cual matarifes, discutiendo sobre "la peluca": que si el largo tal cosa, que si el niño había salido con los pelos lisos y rebeldes - imposibles de peinar- tal otra, y mi mamá siempre con la cantinela de que me dejara la patilla recta y el arco bien limpio por encima de las orejas. Siempre la aclaración sobre el arco y la patilla, y siempre como si fuera la primera vez, y manos a la obra: mi abuelo dándole rienda suelta a sus manecitas rosaditas, con aire de estar convencido de que estaba completando una obra maestra, y yo mirando por el espejo cómo se acercaba el temido y mil veces vivido momento en el que me bajaban de la silla, comprobaban los puntos en los que había quedado trasquilado, y reafirmaban a viva voz, entre la resignación y el desinterés, que había salido "de pelo rebelde". Ese martirio vivido por mi y por mi hermano (a quien le tocó un poco menos porque el pelo no le crecía rebelde sino "dócil"), duró años, todos los años que se demoró la conquista de nuestra libertad individual, expresada en aquél entonces en la conquista de nuestro derecho a decidir que antes de ponerle la cabeza a mi abuelito preferíamos pagarle tres mil pesos a Jimmy o La Mona, regentes del más novedoso modelo de negocio del "salón de belleza", que llegó a nuestro pueblo para remplazar para siempre a la peluquería. Pues bien, toda esa historia sería menos triste si fuera solo mía. Resulta que muchos años después Gloria, una de mis tías paternas, me contó que mi drama no había sido el único:

"Cuando estábamos en la escuela don Genaro era el peluquero escolar, y cuando los chinos veían a lo lejos que él llegaba montado en su caballo blanco, salían a correr porque le tenían un miedo terrible. El que no alcanzaba a escaparse quedaba a su merced para que le pegara su trasquilada."

Así descubrí que mi abuelito y su máquina manual no solamente habían sido mi desgracia, sino que en realidad yo era uno de los últimos que a lo largo de varias generaciones habían sido martirizados en el banquito. Uno de los últimos, porque el último fue mi primo Camilo en una época en la que ya había muerto don Félix y mi abuelo había acondicionado un pequeño espacio en su casa. Pero creo que Camilo tuvo la suerte de ser tan pequeño que no se debe acordar de eso. Después de trasquilar a Camilo periódicamente durante sus primeros años de vida mi abuelo colgó la máquina, y sólo la descolgaba de vez en cuando para peluquear a Marlboro, el marica del pueblo que era a la vez su primo lejano... Un señor que ya en esa época debía rondar los setenta años, y siempre llegaba a la casa preguntando por Genarito, presto a sentarse en la silla grande, y seguro de que mi abuelo le iba a dejar la patilla recta y el arco de la oreja impecablemente recortado.

8/26/18

Soy un pobre venadito que habitó en la serranía...

Si tuviera que resumir la vida que he vivido junto a mi mamá en unos pocos temas hablaría de disciplina, trabajo, solidaridad, viajes, vida social y sobretodo conversaciones, muchas conversaciones en las que quizás como herencia de mi abuela, ella también nos ha educado, nos ha preparado para la vida contándonos sus aventuras, triunfos, desengaños, chascos y errores. Y tanto en esa vida social como en esas aventuras, probablemente desde que tengo memoria, siempre ha estado Dora Muñoz Guerrero, su prima, amiga y hermana de crianza.

"Cuando estábamos chinches y vivíamos en San Miguel estudiábamos en El Recuerdo, y andábamos juntas para arriba y para abajo. Nos llamaban Las Mirlas porque teníamos la piernas flacas, y andábamos por los caminos, corriendo y cantando rancheras, o nos cogíamos a piedra con los chinos... Una vez cogimos a la tolvona de la Jesús Helena, la prima de su papá, y le dimos su garrotera porque como era más grande era toda antipática y nos quitaba una pelota de jugar basquetbol que habíamos comprado con lo de una rifa."

Hace apenas un par de meses, mientras caminábamos por las montañas del sur de Francia después de haber visitado una cueva donde supuestamente moró María Magdalena, y haber hecho un largo trayecto bajo la lluvia por un camino empinado que atravesaba un bosque, encontramos a la vera del camino las huellas de un venado y mi madre recordó divertida:

"Había una ranchera cantábamos en los cafetales, que decía... Espere a ver cómo era... 'Soy un pobre venadito que habitó en la serranía'... La otra vez le pregunté a Dora a ver si se acordaba y a esa se le había olvidado..."

Y así ha sido toda nuestra vida. Ha sido hasta hoy una vida con Dora, con ella en las memorias de infancia de mi madre, en su presente y el nuestro... Por eso, aunque éramos pequeños, vivimos en simultánea la separación de mi madre y la de ella, porque para mi madre, por razones que para nosotros siempre han sido obvias, su vida y la de Dora han sido más o menos la misma... Y en las separaciones, como en otras cosas anteriores y posteriores, sus vidas corrieron paralelas hasta el día de ayer... No ha sido solo que dos de sus hijos y nosotros dos tenemos edades parecidas, o que las dos se separaron de maridos mediocres y vulgares después de largos trasegares, o que en nuestra casa también vivimos a nuestra manera la preocupación que se vivió en la suya cuando le diagnosticaron cáncer de mama poco después de los cuarenta años, y la alegría y el alivio que nos sobrevinieron a todos cuando lo superó y pudo seguir viviendo. Es también que ambas arrancaron sus vidas de nuevo cuando se liberaron de sus respectivos exmaridos, y trabajaron juntas de la madrugada a la noche en la pequeña cafetería que había abierto Dora en un barrio obrero del sur de Bogotá, a donde mi mamá llegó intentando salir de una crisis económica y personal a mediados de la década de 1990, y donde vivió con ella una época de crecimiento personal que fue distinta de los años en los que corrían cantando rancheras por los caminos de Arbeláez, pero que probablemente fue igualmente determinamte y hermosa.

Por todas esas razones Dora siempre ha estado entre nosotros, en las conversaciones sobre cómo se encuentran las personas que queremos, sobre quiénes fuimos alguna vez y quiénes somos ahora. Así, hace un par de meses, me contó mi mamá que ella había regresado a Arbeláez y estaba feliz, ocupándose de sus nietos, y hace un par de días me volvió a contar que estaba hospitalizada con una gripe pero que afortunadamente los resultados de una biopsia reciente habían permitido descartar la reaparición del cáncer. Y hoy, al encender el celular después del shabat, encontré un mensaje de mi madre contándome que Dora murió repentinamente a las 6:30 de ayer, pocos días después de haber cumplido 64 años. Con ella el mundo perdió una mujer luchadora, solidaria, justa, resistente a la adversidad y la traición, alegre y vital... La muerte la encontró hermosa, como lo muestran sus fotos de Facebook, liberada del cáncer, feliz de poder disfrutar el buen clima de Arbeláez y de la vida con sus hijos y nietos. Y la encontró temprano y a mansalva. Por eso hoy después de leer el mensaje de mi madre pasé un rato sentado en la cama cogiéndome la cabeza y diciéndome a mi mismo que no lo podía creer. 

Con Dora murió también una parte de lo que es mi madre, y yo mismo perdí algo de la materia de la que estoy hecho. Su existencia fue desde la más temprana infancia una fuente de felicidad y apoyo para mi mamá, y su memoria será una bendición para todos nosotros. Ojalá su nombre sea inscrito para siempre en el Libro de los Justos.

5/4/18

Uno es los otros que han hecho parte de su vida

Desde antes que de tuviera uso de razón la vida me ha privilegiado al poner a mi alrededor una enorme cantidad de personas que en distintos momentos me han ayudado a crecer o a no caer según el caso. Algunas de esas personas que vienen a mi mente en los momentos menos esperados, como en este día de inicios de la primavera, ya no hacen parte del mundo de los vivos. De otras no sé mucho porque perdimos contacto con el paso de los años, y otras están en mi lista de contactos de Facebook. A todos ustedes, los que me leen y los que quedaron en el camino pero quizá algún día volveré a encontrar y leerán este comentario: gracias por el amor, la paciencia, el oído atento, los comentarios mordaces, los consejos, los regaños, las risas, las burlas, las preguntas capciosas, las horas eternas de conversación. Sin ustedes no podría haber llegado a ser el que soy, ni llegaré a ser el que seré.
Ante la ola de preguntas formuladas por algunos caros lectores presos de la preocupación, este servidor se permite informarle a la distinguida clientela que ni está deprimido ni enmariguanado sino todo lo contrario, pues se encuentra gozando de plena sobriedad e impecable regocijo corporal y espiritual.

4/9/18

El efecto mariposa

Según alguna gente de mi pueblo las alas de una mariposa son uno de los lugares más apropiados para encontrar los números de la lotería. Hay que agarrar la mariposa con una bolsa para leerle los números en las alas, porque si uno la toca con la mano desnuda le da carate o sea eso que los doctores llaman vitiligo.

3/15/18

Detente sombra de mi bien esquivo...

Hace ya varias décadas resulta posible registrar la voz y/o la voz y la imagen de una persona y reproducirlas ilimitadamente, incluso después de que esa persona haya muerto.
Si hace doscientos años alguien hubiera escuchado que pronto sería posible ver y oír a aquellos que ya han muerto, contemplar sus movimientos, mirarlos a la cara y escuchar sus narraciones, con seguridad habría respondido que tal cosa jamás podría existir. Vivimos en una época en la que quienes mueren ya no quedan obligatoriamente perdidos en las tinieblas y el silencio del pasado, ni reducidos a las imágenes inmóviles de retratos y fotografías. Como si se tratase de un tiempo de aquellos que anticipan los textos apocalípticos de distintas religiones, ahora los muertos permanecen entre nosotros, moviéndose, hablando, cantando, insultando, sonriendo con picardía al narrar algún acontecimiento feliz. Pero como si también viviéramos en una leyenda griega o romana, estamos condenados a verlos y escucharlos sin ser vistos ni escuchados por ellos. De alguna manera es como si los vivos fueran ellos, y nosotros los fantasmas.

8/26/16

Hace once años, hará una vida

Hoy hace once años, después de una vida de trabajo, y con plena fe en la vida eterna para la que se preparó durante toda su existencia, murió a temprana edad mi abuela Isabel, quien en muchos sentidos fue mi madre. Los 5000 kilómetros de distancia que me separaron de su cuerpo en aquél momento y en los días posteriores durante los cuales tuvieron lugar su velorio y entierro no solamente me impidieron abrazarla por última vez, sino que también me resguardaron de verla muerta. Madre permanece en mi mente con la sonrisa radiante que siempre le conocí, y su recuerdo trae consigo la proximidad de su regazo en el que tantas veces me refugié, y el calor de aquellas manos endurecidas por el trabajo que solía besar y estrechar entre las mías.
Ojalá madre haya tenido razón, y su paso por el mundo haya sido el preludio de la vida eterna que durante toda su existencia se esforzó por merecer. Ojalá su nombre permanezca para siempre inscrito en el libro de los justos.

5/2/16

Barrabás, el coliseo romano, Walter Benjamin

La leyenda sobre el enjuiciamiento y ejecución por los romanos del sujeto que pasó a la historia como Jesucristo cuenta que, cuando según la costumbre impuesta por el gobierno imperial, el gobernador de Judea llamado Poncio Pilatos consultó a la muchedumbre sobre a cuál prisionero le debía condonar la pena de muerte con motivo de la pascua, la multitud no eligió al hijo del carpintero que había provocado agitación con sus delirios místicos. Según esa misma leyenda, eligió a un tal "Barrabás", un hombre descrito por los evangelistas como "un prisionero notable" (Mateo, 27:16), o como uno que había sido hecho prisionero después de participar en un levantamiento en el que había sido cometido un asesinato (Marcos, 15:7; Lucas, 23:19). Del contexto histórico se sobreentiende que tal levantamiento debió ser contra la dominación romana, un dato que también se encuentra en algunas traducciones del evangelio de Lucas.
Es probable que como muchos otros elementos de la mitología cristiana, el nombre dado al prisionero político elegido por la multitud no corresponda a su nombre real, sino que contenga una alusión hoy perdida en las lenguas a las que fue traducida la leyenda (cosa que ocurre también con el apelativo que pasó al español como "Iscariote", concedido al Judas que hizo realidad parte de la profecía sobre la cual Jesús montó su autoproclamada divinidad). En su forma original, lejos de ser un mero nombre propio, "Barrabás" (Bar Abbá) significa "hijo del hombre", es decir "hijo de una persona cualquiera". Con esa narración los evangelistas probablemente quisieron registrar para la historia de su recién fundada secta mesiánica el hecho de que sus paisanos dejaron perecer al "hijo de dios" y prefirieron salvar al "hijo del hombre". Pero vista en el contexto de la vida religiosa y la lucha anticolonial de los numerosos pueblos dominados por el imperio romano, la leyenda es iluminadora. Muestra que, acostumbrados a la emergencia regular de delirantes mesiánicos en Jerusalén, una ciudad que incluso 2000 años después sigue siendo un epicentro de los desequilibrados místicos de tres religiones llegados de casi todos los rincones del mundo, los que integraban la multitud aquél día eligieron no salvar al egocéntrico hijo del carpintero que en medio de sus desvaríos se había declarado mesías (salvador), como tantos otros. Ese día, en la víspera de la pascua, la festividad con la que los judíos celebran el fin de la esclavitud en Egipto, la muchedumbre salvó al que había demostrado con creces que estaba dispuesto a luchar por ponerle punto final a ese nuevo episodio de dominación protagonizado ya no por el faraón, sino por el imperio romano.
Aproximadamente treinta años después de ese acontecimiento, en el año 66 de la era común, tuvo lugar el levantamiento que fue registrado por Flavio Josefo en "La guerra de los judíos". Con su aplastamiento en el año 73 los romanos le pusieron fin definitivo a la resistencia anitcolonial en la Judea del siglo I, que comprendía más o menos el territorio del Israel actual a excepción de Galilea y las alturas del Golán. Pero la derrota militar del independentismo judío no fue el único efecto ni el más perdurable, pues los romanos también destruyeron el segundo templo en Jerusalén y dispersaron a la población por los cuatro confines del imperio. Aquella fue la época del famoso sitio de Masada, que según algunas versiones condujo al suicidio colectivo de los habitantes de esa ciudadela construida sobre una meseta a orillas del Mar Muerto cuando estaban a punto de caer presos de los romanos, y que inspiró la iniciativa por la cual Shmaryahu Gutman organizó a partir de 1942 –bajo la narrativa de la resistencia y el martirio de los rebeldes del siglo I– la transición entre el agonizante sionismo socialista y el moderno sionismo combativo. El levantamiento contra la dominación romana anticipado por la liberación de Barrabás a pedido de la multitud es, entonces, un acontecimiento cuyo enorme impacto sigue vigente en la actualidad. Así por ejemplo, además de la dispersión forzosa de los judíos por el mundo que hoy se conoce como "la diáspora", también causó la vacancia del monte Moriah, sobre el cual se encontraba el templo en Jerusalén hasta cuando fue destruido, y donde unos seis siglos después los entonces recién convertidos musulmanes fundaron dos mezquitas. Desde el sitio donde se encuentra una de ellas, según cuenta la leyenda respectiva, Mahoma subió al cielo montado en un camello o caballo con alas. Sobre esa leyenda se funda en la actualidad el reclamo de amplios sectores musulmanes practicantes de prohibirle la entrada a los no musulmanes al Monte del Templo. Con ese reclamo buscan, en principio, asegurar su derecho exclusivo sobre un lugar que han ocupado de manera discontinua desde el siglo sexto de la era común, pero que ya desde varios siglos antes juega un lugar central para judíos y cristianos, pues según su mitología compartida allí fue donde Abraham estuvo a punto de sacrificar sobre una roca a su primogénito Isaac por orden de su dios, en una época que hipotéticamente ha sido situada en el siglo XX antes de la era común, es decir hace unos 4.000 años.
Domo de la Roca, construido sobre el Monte del Templo a finales del siglo VII sobre la roca en la que según la tradición judeocristiana Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac, y desde la cual según la tradición islámica Mahoma ascendió al cielo.
Pero existe otro acontecimiento de la época del levantamiento del año 66 que hoy resulta menos relevante y sin embargo dejó una marca enorme en la historia occidental. Con el botín producto del saqueo del templo y la confiscación de los bienes de los deportados, los romanos hicieron construir en gran parte el coliseo de Roma, aquél lugar donde los seguidores del delirante místico ejecutado treinta años antes del levantamiento fueron sometidos por largo tiempo a la ejecución pública a manos de fieras y gladiadores. Esa victoria militar imperial quedó, como tantas otras, registrada en un arco del triunfo, que en este caso es el de Tito, construido en la Vía Sacra a unos 250 metros de donde hoy se encuentra el Coliseo. Allí, entre otros objetos transportados en el desfile triunfal, se observa la menorá, el candelabro de siete brazos saqueado del templo en la víspera de su destrucción.
Detalle del Arco de Tito, en la Vía Sacra, inaugurado alrededor del año 79 de la era común, tras la victoria romana sobre el levantamiento de Judea.
 Desde aquella época los judíos dispersos por el mundo oran orientando su mirada hacia el punto geográfico donde se encontraba el templo, y algunos de ellos esperan su segunda reconstrucción en la época futura que abrirá la llegada del Mesías. En la actualidad, debido a una combinación de prohibiciones religiosas y acuerdos entre el gobierno de Israel y la administración jordana del Monte del Templo, una parte de los judíos religiosos tiene prohibido por mandato rabínico acceder a ese lugar, y sobre todos pesa la prohibición legal de orar en dicho monte en caso de que accedan a él.
Walter Benjamin, un filósofo berlinés cuya judeidad religiosa suele pasar inadvertida entre sus seguidores actuales, registró en la sexta de sus Tesis de Filosofía de la Historia un eco de la relación entre el pasado catastrófico y la esperanza de la restauración espiritual y social albergada por ese pueblo desde la destrucción del segundo templo:
Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro. Al materialismo histórico le incumbe fijar una imagen del pasado tal y como se le presenta de improviso al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla. El Mesías no viene únicamente como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.
Ese "adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro" es lo que ha nutrido numerosos movimientos judíos surgidos al amparo de la obligación de "mejorar el mundo" (conocida en hebreo como Tikkun Olam), tales como las guerrillas de las que probablemente hacía parte el llamado Barrabás, el socialismo asimilacionista, el Bund, el feminismo socialista, la Haskalá –la ilustración judía–, el sionismo, o el marxismo revolucionario adoptado por Benjamin como complemento de su quizá cándida, quizá desesperada, o a lo mejor sensata religiosidad. Todos esos movimientos han expresado, de distintas maneras, la conciencia de numerosos integrantes de ese pueblo acerca de que "tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y ese enemigo no ha cesado de vencer." Para la muestra están hoy día los cementerios profanados a lo largo y ancho de Europa, así como los hombres, mujeres y niños apuñalados en la calle, o a la entrada de escuelas y sinagogas en Toulouse, Brooklyn, Jerusalén, Paysandú y tantos otros lugares. Y tal parece que hasta que una serie de milagros claramente descritos en textos proféticos anuncien la llegada del verdadero mesías, los que integran la minoría religiosa de ese pueblo seguirán intentando distinguir entre Bar Abbas y los viejos y nuevos hijos de carpintero, y optarán por el primero como aliado de su lucha por mejorar el mundo y preparar de ese modo la llegada del verdadero salvador.
Ahora bien, que a uno le guste o no el mundo que quieren construir y las luchas que dan para lograrlo es otra cosa. Pero de ese tipo de preguntas no se ocupan ni la historia de la cultura ni la teología secular.


2/15/16

At the hour of decline the word resurrection arises

"Dear Marie,

At the hour of decline the word resurrection arises. Beyond every miraculous episode. From the depths of life, a power suddenly appears, which says that being is against death. Believe this with me.

your friend Paul R."

(One of Paul Ricoueur's final letters.)

Sometimes I just miss my grandma's hugs and smile. Then, among several extremely happy memories that make me extremely sad because she is utterly lost in death, an image arises: I arrive to her home, she sees me walking into the front yard while she stands by the living room's window. She smiles and disappears, and a few seconds later, while I am climbing the three steps that lead from the garden to the main door, I see her running across the corridor, smiling, her eyes shining and her arms wide open to hug me. We hug each other, we kiss each other, and we laugh. And we are extremely happy. And I want to stay forever, and she wants me to do so, like when I was a small kid. It was always like that. To meet each other, to hug each other. Extreme happiness.
Despite my grandmother died 10 and a half years ago sometimes I miss her so much, and I feel so compeled to hug her, that for a couple seconds I forget that she is dead. Then suddenly I remember that, and try to cope with it. And then, I cannot avoid to hold the tiny, strong, mythical hope of being wrong about death as a definitive end. I do not struggle against that impulse anymore. I surrender to the might of yearning and accept as a humble atheist the poetry with which my mortal soul tries to confort me in these moments of sorrow.

11/12/15

Casos de la vida real

Ella: –Y quizá mejor que fuera así.
Él: –O quizá no fue mejor. Pero ni para qué llorar sobre leche derramada.
Ella: –Porque tu con más tiempo me habrías dejado mal. […]
Él: –¿Mal cómo? ¿Renga?

11/4/15

La nieve, mi abuelo, la estepa rusa (y Auschwitz)

Cuando era niño muchas veces escuché a mi abuelo Chucho cantando "Sonia", un tango con aire de balada rusa que interpretaron Carlos Gardel y Julio Jaramillo. En mi memoria quedó marcada como una canción triste de amor, que hablaba de estepas cubiertas de nieve habitadas por lobos hambrientos, pero no quedó como un recuerdo triste, sino como parte de esa miríada de momentos de sosiego y felicidad en los que él y mis dos abuelas fueron modelando con sus voces buena parte de mi sensibilidad musical.

Muchos años después terminé viviendo en Alemania, y durante mi primer invierno fui a esquiar a un pueblito de los Alpes, en la frontera con Austria, que se llama Oberstdorf. Íbamos en camino en un tren rural que avanzaba lentamente, yo me había arrunchado en mi silla contra la ventana, y observaba distraído el paisaje de pueblos y pequeñas ciudades industriales de la región del Allgäu, cuando de repente el paisaje se abrió y comenzamos a atravesar un valle amplio, despoblado y cubierto de nieve. En ese momento, en medio de mi distracción, acomodado en el calidez de mi silla de tren, me descubrí cantando el tango que tantas veces le había escuchado a mi abuelo. Cuando reaccioné y quise tomar una foto de ese sitio donde se había producido una hermosa confluencia de aquél que yo era en ese momento y aquél que fui cuando viví años tan felices en la finca de mis abuelos Leal Bernal, conociendo el mundo a través de la radio y aprendiendo sobre la música, el amor y la vida a través de las canciones que mi abuelo cantaba, ya era tarde. Estábamos saliendo del valle que por un momento fugaz fue una estepa rusa, y sólo pude tomar una foto en la que se ven una pequeña parte del valle y dos casitas de la que se usan en esos lugares para guardar herramientas o alimento para los animales. Pero la foto era lo de menos. Como tantas otras veces antes y después de aquél momento maravilloso, la música había derrotado a la muerte y me había devuelto a mi abuelo, quien viajaba conmigo en ese momento en el tren, y me acompañaba con su voz grave cantando:

La inmensa extensión de las estepas
cubierta por la blanca nieve está,
y son de este presidio las murallas
tan altas, que ni el sol se ve alumbrar...


La historia de la canción es otra cosa. Originalmente fue grabada en Viena, al rededor de 1920, con letra de Fritz Löhner-Beda (a veces conocido como Beda) y música de Eugen Partos, de quien fue su "Op. 89" (nótese que en el siguiente video está equivocadamente titulada como una "vieja canción rusa").


Allí la descubrió Carlos Cappenberg, un músico argentino quien de regreso en Buenos Aires la tradujo e hizo los arreglos de la versión que conocemos, y que Gardel grabó en 1925.
Beda, el compositor original, era un judío nacido en 1883 en Bohemia, hoy República Checa pero entonces parte del imperio austrohúngaro. Su familia se mudó a Viena cuando él tenía cinco años y se cambió el apellido de Löwy a Löhner, como parte del intento de asimilación que vivieron muchas familias judías de la época en Europa central. Allí estudió derecho pero luego se hizo famoso como libretista de teatro y compositor, y es de esa época que proviene "Sonja". El 1 de abril de 1938, dos semanas después de la anexión de Austria por la Alemania Nazi, Fritz Löhner, de entonces 55 años, fue detenido junto con otros muchos ciudadanos judíos y deportado en el primer "Prominententransport" ("Transporte de personas importantes) al campo de concentración de Dachau, unos 20 kilómetros al sur de Múnich. Casi seis meses después, el 23 de septiembre, fue deportado nuevamente a Buchenwald,  a pocos kilómetros de Weimar, en la actual Alemania del Este. Allí compuso, a finales de ese año, la Canción de Buchenwald ("das Buchenwaldlied"), una marcha cuya música fue compuesta por Hermann Leopoldi, otro judío vienés. La canción fue adoptada como himno de Buchenwald tras salir ganadora en un concurso organizado por el comandante del campo, al que fue presentada como propia por un prisionero no judío.


Leopoldi sobrevivió porque su esposa logró escapar a Nueva York y rescatarlo de Buchenwald pagando un soborno enorme, y años después dijo que la canción
"complacía intensamente al comandante del campo, que en su estupidez no veía cuán revolucionaria era. Desde ese día tuvimos que cantar la canción mañana, tarde y noche, a [Rödl], el comandante del campo, le gustaba bailar la canción, mientras a un lado la banda tocaba y al otro la gente era azotada. A través de nuestro trabajo la canción llegó a los pueblos vecinos, y desde allí se extendió por la tierra".
El 17 de octubre de 1942 Löhner fue nuevamente deportado, esta vez a Auschwitz, donde fue asignado para trabajar en la planta tecnoquímica de Buna, propiedad de IG Farben –una empresa de Frankfurt cuyas sucesoras son Agfa, Bayer, BASF y Hoechst–, en la que también fue esclavizado Primo Levi. Allí compuso la canción de Buna ("das Buna-Lied"), que al parecer fue musicalizada luego por Anton Geppert, pero cuya melodía desconozco. Löhner fue asesinado a golpes a la edad de 59 años, el 4 de diciembre de 1942, después de que un superior lo condenara a muerte por ser  un "cerdo judío que podría trabajar más rápido" de lo que trabajaba.
Hoy día "Sonja" es recordada en Rusia como una vieja canción popular de ese país, aunque a decir verdad el paso al género "folk" ruso la despojó de la fuerza dramática que le conocemos a la versión original y al tango.

10/27/15

Cocinero de conejos

Hace siglos en Buenos Aires. Nos estábamos "conociendo": en sentido personal lentamente, y en sentido bíblico prolongada y repetidamente cada vez que se podía. Y sucedía que cuando yo decía "¿Querés un mate?", o "Me estoy muriendo de hambre, ¿Pedimos algo?", su respuesta invariable era "Sí, quiero". Lo decía suave, pausadamente, mirándome fijamente a los ojos y esbozando una sonrisa que me parecía simpática, pero nada más. Luego, cuando ya era muy tarde, descubrí en el preciso momento en el que, fuera de sí, hablando a velocidades supersónicas, con los ojos abiertos como platos, me hacía el inventario de las cosas que había leído, de las fotos que había visto en mi computador aprovechando mi ausencia... digo, en ese momento, cuando ya era tardísimo para desmontarme fácilmente, como quien no quiere la cosa, me percaté de que ese "Sí, quiero", que recién entonces descubrí sacado de las ceremonias matrimoniales, me anunciaba tempranamente que me había metido con un cocinero de conejos, con el alma gemela de Alex Forrest, ese personaje que interpretó Glenn Close en "Atracción fatal".

Bien lo decía mi abuela cuando hacía alguna autocrítica: el indio piensa tres días después de muerto.

10/19/15

Ya se le cayó el columpio donde ella se columpiaba...

En un ala de mi familia hay una señora muy aseñorada que hoy ya arrima a los 70... La prima segunda aquella es famosa desde pequeña por ser mala y orgullosa, y cuentan que cuando sus padres la mandaron a estudiar para maestra al internado de señoritas, ella se volvió todavía más fina. Cuando iba la madre a visitarla ella la atendía como quien no quiere la cosa, y le decía a las compañeras de internado que esa señora era la sirvienta, y que iba a llevarle los regalos que le mandaban sus padres.
La prima esta, conocida como "Nena" o "Nenita", se casó ya siendo maestra -es decir habiendo ascendido a un nivel de finuras casi celestial–, y con finuras y todo hubo fiesta en la modesta casa campesina de sus padres. Habrá habido un nutrido público entre parientes, vecinos y dignatarios, imagino yo, que no pude asistir porque en esas épocas todavía me encontraba dividido en óvulo y espermatozoide a la espera de un accidente que me hiciera venir al mundo. Y cuenta la historia que arribada la comitiva que había viajado con los novios loma arriba en jeep desde el templo parroquial localizado en el pueblo hasta la casa paterna en la vereda San Miguel, imagino yo que unos gritando "¡Que vivan los novios!" entre curva y curva, y los otros respondiendo "¡Que vivaaan!... digo, y para no divagar, que arribada la comitiva a la casa paterna, los novios se aprestaron a dar inicio solemne al jolgorio deleitando a los asistentes con el baile inaugural.  Correspondiente con la finura principesca de la novia, con sus exquisités casi vienesa, y para honrar una tradición popular ya por entonces arraigada en Colombia, la pieza preparada para tan solemne acto era el "Danubio Azul". Y estando ya Nenita en brazos de su reciente esposo, toda envuelta en tules blancos que disimulaban su gravidez galopante y caían graciosamente como pétalos de azucena a pesar de su contextura algo gruesa, de esa que tienen las damiselas que mi madre suele calificar gentilmente de "tolvonas"... Estando ya los novios listos, él con una mano en la cadera de su doncella y la otra en alto, ella con la mano correspondiente posada sobre la que tenía levantada su amor, y la otra en el hombro que tantas veces la había sentido suspirar... No funcionó, o no apareció - la tradición oral no especifica - el disco o el caset desde donde debía sonar el tal "Danubio Azul".
A falta de más música elegante para honrar la finura de la recién casada, y ante la necesidad perentoria de dar inicio al tan esperado festejo, los novios tuvieron que dar al traste con las horas de ensayos del tan preparado vals, y se entregaron a los mejor conocidos zangoloteos de la siguiente melodía, a mi juicio más simpática que el tal Danubio, aunque carezca de sus elegancias:

Y así, viendo los concurrentes cómo el novio zangoloteaba entre sus brazos a Nenita, toda ella envuelta en tules blancos y recién bajada de su nube de distinción por una pedrada del destino, debieron cantar divertidos el verso de su canción de bodas que dice "ya se le cayó el columpio donde ella se columpiaba...".

3/24/15

No es el tango lo que es triste

–El otro día que pasé por el frente de la casa de Jorge [Vargas] pensé que quedó como la de la canción –dijo mi abuelo, mientras sonaba la música en el radio como todas las tardes cuando volvía de trabajar en el cafetal, de escoger café, cortar pasto, cuidar sus gallos de pelea o su yegua... Y sin decir más siguió como si nada, sentado con los brazos apoyados en la mesa, cantando.

Sonaba la canción. Una de las muchas de Garzón y Collazos, Silvia y Villalba, Daniel Santos, Carlos Gardel, Pepe Aguirre y tantos otros con las que pasaba –pasábamos– las tardes tomando café con leche con arepas, charlando, escuchando las historias de su vida: su juventud de arriero de mulas cargadas de café, recorriendo descalzo los caminos de herradura que descendían de los Andes al puerto de Girardot, en el valle del Magdalena... Los años en el servicio militar en la selva amazónica, recorriendo en lancha y sin saber nadar los ríos Mayo, Orteguaza, sufriendo por el calor, pescando bagres enormes... Los tiempos de policía en Ibagué y su renuncia precipitada por su rechazo a participar en la ejecución de masacres, y el miedo a que ese rechazo le pudiera costar la vida... Los primeros tiempos de casado con mi abuela en el Tolima, desde donde tuvieron que huir a Cundinamarca dejando la casa y los pocos animales que tenían para salvar la vida... Y luego cientos de historias apacibles y divertidas sobre los casi 50 años que para esa época ya habían vivido los dos en paz en la finca donde construyeron una familia y donde yo me crié en parte con ellos, como si fueran mis padres.

Esa tarde mi abuelo habló de lo triste que es ver morir a los amigos, re-encontrar los sitios en los que vivieron y toparse con la soledad y desolación de sus casas. Sonaba "Las Acacias", y él cantaba con su voz grave, con los brazos apoyados en la mesa, con la posición corporal y el gesto inconfundible que le provocaban el encuentro de la música y los pensamientos tristes.



De los últimos años de mi abuelo me quedaron especialmente una profunda admiración por ese hombre modesto que conocí en sus épocas de mansedumbre –había sido un déspota cruel que mantuvo a mi abuela, mi tío, mi papá y mis tías en un régimen de terror y violencia física durante la mayor parte de su vida–, el amor por la música que conocí con él y una abrumadora conciencia de lo dolorosa que resulta la pérdida del vigor físico y de los seres amados a causa de la vejez y la muerte. El abuelo Chucho que conocí fue un hombre sarcástico, que enfrentaba con severidad e ironía lo que después pensé que acertadamente calificaba como un error de quienes nos habían educado a mi hermano, mi primo y a mi como muchachitos cómodos y enemigos del trabajo: para él éramos "la flor de la batatilla", porque esa delicada flor se marchita cuando le da el sol. Fue también un hombre profundamente enamorado de mi abuela, cuya belleza de juventud recordaba emocionado en versos de canciones como ese del tango de Pepe Aguirre que dice "María Isabel, divina mujer, tus caricias y tus besos nunca yo podré olvidar" (lo de ser muñeca de loza con el cuerpo de aserrín no le correspondía).


Y fue también un macho de corazón en la mano, al que en los años que le conocí nunca le vi vergüenza de llorar al recordar a personas amadas y desaparecidas para siempre, de las que hablaba con la mezcla de felicidad y profunda tristeza que imponen ese tipo de nostalgias.

La canción que cantaba ese día del que hoy hablo dice:
Ya no vive nadie en ella y a la orilla del camino silenciosa esta la casa,
se diría que sus puertas se cerraron para siempre.Se cerraron para siempre sus ventanas.
Gime el viento en los aleros, desmorónanse las tapias,
 y en sus piedras cabecean combatidas por el viento, las acacias.
Combatidas por el viento las acacias.
Dolorido, fatigado de este viaje de la vida,
he pasado por las puertas de la estancia,
y una historia me contaron las acacias. 
Todo ha muerto, la alegría y el bullicio.
Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa,se marcharon unos muertos y otros vivos que tenían muerta el alma.Se marcharon para siempre de la casa.
Algunos años después de ese día mi abuela murió de manera inesperada. Fue el 26 de agosto de 2005 y mi abuelo la siguió dos meses después preso de eso que en los pueblos llaman "pena moral": no vio el amanecer del día que se cumplía un mes de su muerte, y aunque se recuperó levemente del accidente cerebrovascular que sufrió esa víspera, solo fue un asunto de retrasar la conclusión. Había entrado a su segundo mes de viudez "con un pie en el estribo". Como dice la canción, ya para ese entonces tenía muerta el alma.

Hace unos meses, jugando con Google mientras esperaba la cuenta en un restaurante, encontré sin querer una imagen de la casa de mis abuelos. No encontré allí casi nada de lo que conocía: el jardín siempre florido de mi abuela y los naranjos que la rodeaban había sido cortados de raíz y ahora la casa se levantaba en medio del rastrojo y la desolación, con las paredes que alguna vez fueron azules y verdes pintadas de blanco como las de un sepulcro. Parecía deshabitada. Ese día me acordé de lo que había dicho mi abuelo sobre la casa de su amigo Jorge Vargas el día que sonaban "Las Acacias", y nosotros escuchábamos la canción sentados en el comedor de aquella otra casa, ahora deshabitada y silenciosa.


Aquella noche en el restaurante me puse a llorar ante la mirada atónita de la gente. Me sentí triste y solo, como si la vida hubiera pasado de largo dejándome parado en la mitad del camino, y yo la viera hacerse cada vez más pequeña a medida que se alejaba. Mis abuelos -valga decir en muchos sentidos mis padres-, la casa, el olor de las habitaciones, los cuadros de la sala, el jardín, las naranjas dulces, el altar en la ventana de la cocina, el sol de las mañanas que entraba por la ventana del comedor, se reflejaba en el caldo del desayuno y le daba a uno en la cara, las manos de mamacita, su regazo, las canciones e historias de papacito... todo estaba irremediablemente perdido.

No es el tango lo que es triste. La vida es triste.



10/25/14

La derrota del panarabismo laico

Un fragmento de un poema de Al-Buhturi escrito en el siglo IX contiene una alusión profética de lo que podría ser el lamento escrito por el bello proyecto del panarabismo laico, hoy derrotado bajo el peso de tanta brutalidad religiosa:

"Preservé mi alma de todo lo que mancilla el alma
y me mantuve por encima del regalo de todo cobarde.
Aguanté de firme cuando me zarandeó el destino,
al procurar este mi ruina y mi recaída.
Migajas de las heces de la vida junto a mi,
que los días escamoteaban con cicatería mezquina.
Una cosa es ir a la aguada cada día y beber a placer,
y otra muy distinta es abrevar tras tres días de sed.
Parece que el tiempo reservara sus favores
y los dejase para los más indignos de los indignos.
Mi compra del Irak ha sido un negocio de ruina,
tras haber vendido Siria a un precio de saldo.
No me pongas a prueba, pues, ni me tientes
en esta desgracia, no me vayas a dar la espalda,
pues desde antiguo me conoces, tengo mis cosas buenas,
soy desdeñoso de vilezas, inegociable."

La versión castellana del poema, de traductor ignoto, se titula "El iwan del Ctesifonte", y fue publicada por Mondadori en Poesía árabe clásica, en 1998.

7/10/14

Sobre el bombardeo de Gaza, los progres y los falsos palestinos

Circulan en internet muchas fotos que ilustran llamados a la solidaridad con el pueblo palestino y al fin de los bombardeos del Estado de Israel contra los habitantes de la franja de Gaza, quienes tienen entre sus vecinos a militantes de Hamas que continuamente lanzan cohetes contra zonas habitadas de Israel. Parto de decir que encuentro esos llamados comprensibles y justos. Pero también digo que son cínicamente parciales, porque no van acompañados de llamar a Hamas a que pare de lanzar cohetes desde zonas habitadas por muchas personas que no militan en esa organización. Y digo eso con el respaldo que me da haber presenciado desde una casa donde me refugié en el momento, cómo la guerrilla de las Farc tomó a comienzos de la década de 2000 por asalto Arbeláez, el pueblo donde crecí en Colombia, y en un combate con la policía que sus militantes seguramente encontrarían justo, destruyó numerosas casas y dinamitó el edificio que albergaba la biblioteca municipal en su intento de llevarse el dinero depositado en el cajero automático del banco que ocupaba la planta baja del mismo edificio. Al final, después de dejar el pueblo sin biblioteca ni banco y a varias personas sin casa, se retiraron hacia las montañas, y no me queda duda de que alguna de sus publicaciones habrá presentado el "parte de guerra" como si se hubiera tratado de una acción heroica, y no de una fanfarronada contra el Estado que en realidad perjudicó a otra gente jodida por ese mismo Estado. Pero vuelvo al asunto de Hamas: el que conozca al Estado de Israel –y Hamas lo hace entre otras cosas porque hubo una época en la que recibió armas de Israel para poder sacar a la OLP del poder–, si hace esas cosas tiene claro que va a provocar bombardeos que van a perjudicar sobretodo a la población desarmada que vive al lado de los sitios desde donde son lanzados los rockets. Y porque es claro que los militantes de Hamas saben esas cosas, muchas veces me he preguntado si buscan esas respuestas arrasadoras de Israel en las que suelen morir entre decenas y miles de palestinos, con el plan de especular políticamente con el odio que los bombardeos producen, y con la memoria de los muertos a quienes ellos mismos elevan a mártires después de usarlos como escudos humanos. Esa es una pregunta que también me hago en relación con la derecha sionista, que igualmente pone como escudos humanos y carne de cañón a numerosas familias casi siempre pobres que por diversas razones compran sus casas en los asentamientos instalados sobre tierras palestinas. Sí señores, la mayoría de los colonos paga sus casas, lo que probablemente hace que estén más dispuestos a defenderlas a sangre y fuego que si las obtuvieran gratis. Y aunque vivan custodiados por las tropas israelíes, muchos de ellos estén armados y cometan todo tipo de villanías contra los palestinos talándoles los árboles de olivas, robándoles la tierra, etcétera, es un hecho que el conjunto de ese grupo social está puesto por la derecha sionista en condiciones que suponen riesgos permanentes, lo cual alimenta su agresividad. Y así, cuando algunos habitantes israelíes ilegítimos de los territorios palestinos son atacados o asesinados por palestinos, su sufrimiento y el de sus familias es capitalizado por la misma derecha sionista que los expone al riesgo, y los convierte en héroes nacionales después de que han sufrido los efectos de sus políticas.

El asunto es que me tomé el breve trabajo de contrastar mediante el sistema de búsqueda de imágenes de Google, algunas fotos de un juego de 7 imágenes publicadas como estatus de Facebook de alguien que desconozco, pero que fueron compartidas por una conocida mía. A manera de indicación del espectro de difusión de es fotos, tengo que decir que al momento en el que escribo esta entrada ese "Estado" con su correspondiente juego de 7 fotos había sido compartido 1402 veces.



El juego de 7 fotos incluye: 4 fotos de niños muertos supuestamente bajo el bombardeo actual del Estado de Israel sobre Gaza, 1 de una explosión tomada a la distancia, 1 de una serie de mapas de Israel-Palestina que muestra el avance del control de Israel sobre el territorio que hasta 1947 era la colonia británica de Palestina, y una de un botón que llama al boicot de los productos israelíes. La asociación con el bombardeo actual no está declarada pero es suficientemente inequívoca: aparecen ilustrando un llamado a parar el bombardeo actual, y dado que no se indica que las imágenes no tienen que ver con él, se sobreentiende que son imágenes de actualidad. En el caso de las dos fotos de niños muertos que aparecen al lado derecho de la imagen no encontré más coincidencias en internet que las que indican que son imágenes de esas que hoy se llama "virales": aparecen reproducidas en cientos de cuentas de Twitter de distintos países. Pero dos de ellas resultaron ser falsas. La de la madre abrazando a su hijo agonizante apareció publicada en 2008 como ilustración de un artículo de Gabriele Zamparini sobre la guerra de Irak. La del hombre sacando al niño de las ruinas fue publicada en 2012 por la revista Time, con motivo de otro bombardeo del Estado de Israel sobre Gaza.

Al espectáculo lamentable de la exposición de fotografías de personas muertas o heridas de manera horrenda, que no toma en consideración el derecho que tiene cualquiera a que su cadaver destrozado o el de su hijo no sean convertidos en objeto de exhibición morbosa, en este caso se suma un vergonzoso acto de oportunismo y falsificación. Conscientes de que el internauta medio tiene el dedo de hacer "click" más rápido que el pensamiento, y difunde todo tipo de contenidos sin antes asegurarse de su veracidad, los que ponen a circular esas imágenes horrendas provenientes de otros conflictos como si fueran del conflicto actual entre Hamas y el Estado de Israel al mismo tiempo hacen varias cosas reprobables:
1. Mercadean con la imagen de víctimas convertidas por ellos en simples medios para conmover mediante el horror.
2. Abusan de esas víctimas ocultando las verdaderas condiciones en las que sufrieron las peores violencias, y convirtiéndolas en meros pedazos de carne, en "ilustraciones": seres abstractos sin historia, cuyos victimarios reales quedan escondidos.
3. Difunden imágenes que aunque quizá muestran cosas parecidas a las que suceden hoy en Gaza no por eso son menos falsas como ilustraciones de ese desastre en el que no fueron tomadas.
4. Se aprovechan de la superficialidad de la gente que distribuye cualquier cosa que circule en la red convencida de que Facebook sirve para cambiar el mundo.
5. Insultan la inteligencia de los demás, mostrando cómo están seguros de poder engañar sin mayor esfuerzo que el que supone sacar una imagen de contexto.
¿No le pasan en la realidad del bombardeo cruzado entre el Estado de Israel y Hamas suficientes cosas horribles a los que quedan en medio y sufren las consecuencias, como para tener que importar imágenes de otros conflictos y mentir diciendo que esas imágenes falsas reflejan los crímenes del sionismo? Al paso que van un día van a poner una foto de la máscara dorada de Tut-Ank-Amon diciendo que así lucía Yasser Arafat cuando era joven. Si fuera cierto que el Estado de Israel se propone exterminar hasta al último palestino, y si en ese caso su supervivencia dependiera de aliados como la gente que hace esas campañas por internet, el pueblo palestino podría sentarse a contar los minutos que le quedan sobre la faz de la tierra.

Lo que hace gente como el compilador de la serie de imágenes a la que acá me refiero es USAR la muerte de miles de niños en distintos conflictos para mover a la solidaridad con apenas uno de los varios pueblos de la región que sufren los peores horrores en estos tiempos. Y luego, cuando cambie la moda, usarán esas mismas fotos para volver a conmover a los internautas desmemoriados, quienes volverán a agitar las redes en electrónica solidaridad con las víctimas que en ese momento pasen por sus 15 minutos de fama. ¿Y qué importa que el muerto sea un sirio víctima de Al-Assad o los Yihadistas, un iraquí víctima de las tropas estadounidenses o un egipcio víctima de Mubarak? Al fin y al cabo "todos los árabes son iguales". Ese abuso de las imágenes de los muertos no solo viola su derecho a la dignidad y a no ser convertidos en figuras horribles de exposición, sino que detrás de la supuesta solidaridad con los palestinos se esconde la más inmoral de las insolidaridades con esas víctimas de otras guerras que quedan borradas de la historia cuando los progres las convierten en "falsos palestinos". ¿A quién le gustaría que además de que se exhibe internacionalmente el cadaver de su hijo destrozado, se oculte quién lo mató y se diga que ese niño muerto vivía en otro país, y fue asesinado por alguien que quizá es culpable de muchas cosas, pero no de haberlo matado a él? Ya lo dijo Susan Sontag en "Ante el dolor de los demás":
“Para los que están seguros de que lo correcto está de un lado, la opresión y la injusticia del otro, y de que la guerra debe seguir, lo que importa precisamente es quién muere y a manos de quién. Para un judío israelí, la fotografía de un niño destrozado en el atentado de la pizzería Sbarro en el centro de Jerusalén, es en primer lugar la fotografía de un niño judío que ha sido asesinado por un kamikaze palestino. Para un palestino, la fotografía de un niño destrozado por la bala de un
tanque en Gaza es sobre todo la fotografía de un niño palestino que ha sido asesinado por la artillería israelí. Para los militantes la identidad lo es todo. Y todas las fotografías esperan su explicación o falsificación según el pie. Durante los combates entre serbios y croatas al comienzo de las recientes guerras balcánicas, las mismas fotografías de niños muertos en el bombardeo de un poblado pasaron de mano en mano tanto en las reuniones propagandísticas serbias como en las croatas. Altérese el pie y la muerte de los niños puede usarse una y otra vez.”

3/4/14

Y con este poema se van a la mierda

Mi última temporada de trabajo de campo en Colombia, a finales de 2013, estuvo marcada por el hostigamiento de parte de algún servicio de inteligencia estatal que presumo que era el del Ejército. Esa fue la reacción que vino en un momento de particular polarización del país y radicalización de los militares y la derecha por varios fenómenos en curso, como los tímidos avances de la justicia contra militares que han ejecutado miles de civiles para presentarlos como guerrilleros en los últimos años, y las conversaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc. Siempre es así en Colombia: cuando hay avances de la justicia contra los masacradores y torturadores oficiales, o cuando el gobierno intenta desmontar a las guerrillas mediante la negociación, los milicos y la derecha en general montan en cólera y recrudecen las amenazas, persecuciones y asesinatos generalizados, con los que por un lado intentan defenderse de los jueces que los procesan y por otro sabotear los procesos de paz. Y en medio de esa reacción, la respuesta de las fuerzas "de seguridad" se demuestra tan democrática como nada en Colombia: los héroes de la patria reparten por doquier amenazas, acoso, interceptaciones, calumnias y un largo etcétera... lo hacen bajo el principio de la distribución universal que en ningún lugar del mundo aplica para la riqueza. Así, después de 3 años de trabajo de campo en los que parecía que yo estuviera investigando en un país que no era Colombia porque no parecía que mi trabajo fuera peligroso, sucedió lo que suele suceder allí: que a mi me tocó mi parte de la generosa distribución de intimidaciones y acoso. Como en la mayoría de los casos, entré en la repartija por andar "metiéndome en lo que no me importa" (dirán ellos). No me tocó por ser militante de ninguna organización de derechos humanos, o de alguna organización política ilegal.
Entre inicios de noviembre de 2013 y la primera semana de diciembre del mismo año, cuando volví a Alemania, mi teléfono estuvo evidentemente intervenido, recibí llamadas en las que personas aparentemente equivocadas me preguntaban si en ese momento estaba con sobrevivientes de episodios de tortura a quienes no conozco personalmente, el timbre del apartamento donde me quedaba recibió las atenciones de desconocidos a las 3 de la madrugada, sin que esas personas fueran anunciadas por los varios porteros del conjunto cerrado donde quedaba el apartamento, varios correos electrónicos que envié informándole a amigos y colegas sobre lo que sucedía nunca llegaron a su destino... Y todo eso por "meterme en lo que no me importa": investigar sobre cómo mucha gente de distintas clases sociales y tendencias políticas lucha porque se haga justicia o se consolide la impunidad por los asesinatos y desapariciones perpetrados por agentes del Estado durante la retoma del Palacio de Justicia, en 1985. ¿Que eso no me importa? Claro que me importa, y me meto en eso como me podría meter con otros temas igualmente nefastos de la realidad colombiana, con la fragilidad de quien no tienen quién lo defienda de los desaparecedores, matones y torturadores, pero con la testarudez del que por distintas razones se empecina cuando le dicen que no joda, que mejor se quede quieto.
Cuando le conté sobre esa situación a distintos amigos hubo respuestas variadas que de todos modos se pueden agrupar en tres categorías: algunos pocos –los menos enterados de la situación de violencia política que se vive en Colombia todos los días– insinuaron que estaba paranoico, pero no tuvieron los huevos de decírmelo directamente, sino que apenas dejaron caer preguntas que no los comprometían pero dejaban claras sus opiniones; otros muchos –la mayoría– me ofrecieron su solidaridad dándome consejos o contactándome con terceros que podían ayudar, se mostraron más preocupados de lo que yo estaba, y se mantuvieron en contacto sistemáticamente para asegurarse de que las cosas no habían empeorado. Los terceros, a los que va dedicado el título de esta entrada, se cagaron en las patas por la posibilidad de que mi "enfermedad" fuera contagiosa: comenzaron a evitarme incluso por correo electrónico –varios lo hacen todavía hoy–, a "sacarme el cuerpo" para salvar su propio pellejo, e incluso hubo quien me "sugirió" de manera bastante imperativa que no publicara los resultados de mi investigación en Colombia, porque eso iba a alborotar un avispero y "depronto salen llevando no solo tu sino otros". "Otros", en el contexto, significaba "los que hemos cometido la enorme cagada de dejarnos ver contigo en algún momento".
Y paradoja de paradojas, esas reacciones florecieron como las mil flores de Mao en el amplio potrero en el que pastan rumiantes intelectuales de las más diversas y alcurniosas posiciones "progresivas". Casi toda gente a la que no le tiembla la voz para expresar su odio por la injusticia en conversaciones privadas o conferencias, siempre y cuando el público esté bien calibrado y haya pocas posibilidades de que haya un milico o un paraco entre los oyentes. Y al cabo de las cuarenta resultó que son más cagones e insolidarios, más obscenamente individualistas y cobardes que muchos otros "menos ilustrados", "menos comprometidos", más presos de "la mentalidad de doña Rosa". Viéndolo a la distancia, esa desbandada y la impresentable sugerencia de autocensura que en medio de ella surgió expresan una cosa: que al ver de cerca el hecho de que en Colombia llevar las posiciones democráticas a sus mínimas consecuencias prácticas, como motivadoras de la acción, supone ponerse en peligro casi automáticamente, decidieron que es mejor no correr riesgos, que no hay posición aunque sea elementalmente democrática que amerite arriesgarse. Enfrentados al hecho de que debido a mi investigación y mi solidaridad pública con las vícitmas de los crímenes de Estado cometidos durante la retoma del Palacio de Justicia, el Estado asesino de ese país me había convertido en una persona puesta en peligro, ellos decidieron ponerse a salvo, huyendo de mi como quien huye de la peste.
Por eso, y porque apenas hoy "me cayó la ficha", como dicen los argentinos... porque apenas hoy, que es al mismo tiempo el tercer aniversario de mi llegada a Alemania, un país en el que vivo porque fue a donde me arrastraron la suerte y la vida,  pero no para huir de la brutalidad del Estado colombiano, que de todos modos cuando es necesario lo alcanza a uno en cualquier lugar del mundo... porque apenas hoy até todos los cabos, quiero dedicarles a ellos este poema de Mario Benedetti que se llama "No te salves":

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Y porque hoy mientras montaba bicicleta bajo el sol de la primavera temprana que hay este año caí en cuenta de que ustedes decidieron salvarse de un peligro que en realidad solamente existía para mi, su supuesto amigo, hostigado por el Estado por haber cometido los graves crímenes de investigar como antropólogo y ser públicamente solidario con gente que ha sufrido cosas que ustedes jamás imaginarían con su autosuficiente mentalidad de cafetín... por esas cosas y otras varias quiero dejar constancia en este blog –que seguramente ustedes tampoco leen porque sé que también huyen de mi presencia electrónica como lo harían de la peste–... quiero dejar constancia para mi, para los otros que siguen aunque sea superficialmente en contacto conmigo, e incluso para los agentes del Estado que probablemente sí leen cuidadosamente cada cosa que escribo... digo que quiero dejar constancia de que hoy, cuando até los cabos y entendí que ustedes decidieron salvarse, los mando a todos a la mierda. Ese es un acto absolutamente subjetivo, ya lo sabemos, porque en sentido estricto uno no puede mandar a la mierda a gente que ya por su cuenta "puso pies en polvorosa", y más que romper relaciones que ustedes mismos ya rompieron, lo que hago hoy es asumir el hecho, reconocer con absoluta dignidad que el mejor lugar que les corresponde son los extramuros de mi existencia. Y lo hago bajo el sol resplandeciente de esta primavera y al calor de las certezas que me proporciona ser consecuente con el hecho de que la culpa jamás es de la víctima. Si desde algún punto de vista mi actividad como antropólogo y mis lealtades morales y políticas resultan peligrosas en Colombia la culpa no es mia, sino de todos aquellos que sobre una montaña enorme de cadáveres siguen empeñados, con la ayuda de ustedes, ovejas con piel de lobo, en impedir que conquistemos libertades democráticas que van del derecho a opinar y organizarse, al derecho a distribuir la riqueza entre los que trabajan.

2/18/14

De la formación de la sensibilidad musical

Hoy, mientras trabajaba en el texto final de mi tesis (crudo, todavía), iTunes puso aleatoriamente "Amanecí en tus brazos", interpretada por Chavela Vargas, y la canción me remitió como un disparo a alguna vez que debió ser de las primeras en la que escuché esa canción. Era una tarde en la casa de mis abuelos Leal, y sonaba en la radio, interpretada por una mujer cuya voz escuché en esa y muchas canciones durante toda mi infancia y que luego he venido a saber que era Lola Beltrán. Buena parte de mi sensibilidad musical y mi gusto por el tango y la música ranchera de los años de oro mexicanos viene de esas situaciones, en las que sonaba la radio en la casa de mis abuelos y él cantaba o nos contaba a los que estuviéramos presentes quién era el cantante o la cantante, en qué año había salido la canción, qué hacía él en ese entonces... Esas cosas por lo general sucedían mientras tomábamos el café con leche de la tarde con arepas, o mientras escogíamos café secado al sol, separando la pasilla de los granos buenos, presos de la envidia porque a los adultos les cabían muchos granos de pasilla en las manos, mientras las nuestras, pequeñas, se llenaban más rápidamente.
Otra parte de esa formación viene de las tardes en las que veíamos películas de la misma época con mi abuela Anita Lancheros, y admirábamos las mujeres que bailaban y cantaban en los escenarios al estilo del Tropicana, o a los charros que entonaban canciones de amor o aventuras bajo la mirada de sus devotas enamoradas. De ella me quedó no solamente el gusto por esa música, sino el reflejo de cantar mientras estoy concentrado haciendo alguna cosa manual. De tanto en tanto me viene a la mente una tarde que nos enseñó el estribillo de la canción que dice: "si te quieres por el gusto divertir, cómete un cucuruchito de maní".
Hubo tanta felicidad en los años que compartí con esas personas hoy perdidas para siempre para los que seguimos vivos, que habiendo asumido la inevitabilidad –y a veces deseabilidad– del hecho de la muerte, me siento infinitamente afortunado y feliz de haber vivido tanto y tan cerca con ellos. Y ateo como soy no puedo evitar sentirlos conmigo cuando disfruto de la música que ellos me enseñaron a amar, o me descubro cantando "María Isabel, linda mujer..." o "si te quieres por el gusto divertir...".







1/27/14

Iom ha' Shoah be Ugvurah

Hoy hace 69 años fue liberado por las tropas soviéticas el complejo de campos de esclavización y exterminio que ha quedado inscrito en la historia como Auschwitz. En el tiempo que ha pasado y con el agua que ha corrido bajo el puente muchas cosas se han olvidado, borrado, ocultado, y muchas otras se han inventado. Se ha olvidado u ocultado que fue a las tropas soviéticas a quienes recibieron jubilosos los esclavos sobrevivientes de Auschwitz, que fueron esas mismas tropas las que liberaron Majdanek, y que las víctimas soviéticas de los nazis superan los 26 millones de personas, entre ellas más de 11 millones de soldados que fueron exterminados tras caer prisioneros en manos de los nazis. Hoy día, por una combinación de factores que sólo los estúpidos reducen al superpoder estadounidense o las fantasiosas conspiraciones judías, existe una idea de la liberación de los campos de esclavización y exterminio que parece salida de Hollywood: las bienhechoras tropas estadounidenses entran triunfantes a campos detrás de cuyas alambradas solamente están los sobrevivientes del exterminio de 6 millones de judíos, y al encontrarlos reducidos a la hambruna, la extenuación, la mugre, sienten horror y compasión, y los toman entre sus brazos para alimentarlos, cuidarlos, curar sus enfermedades.

La verdad es distinta e incómoda. Aunque los judíos sufrieron los peores tratos a manos de los nazis, los soviéticos también fueron viciosamente humillados y exterminados, las víctimas del sistema de campos de esclavización y exterminio ascienden a cerca de 18 millones, y los estadounidenses no fueron tan amigos de los judíos en los primeros días de la liberación de los campos, ni tan empáticos con su sufrimiento. Según ha reseñado Jeffrey Alexander:
“los sobrevivientes judíos fueron mantenidos durante semanas, y a veces incluso meses, en las peores áreas y bajo las peores condiciones de los que se convirtieron, temporalmente, en campos de personas desplazadas. Los administradores estadounidenses y británicos se sentían impacientes con muchos sobrevivientes judíos, e incluso sentían repugnancia personal, y recurrían a veces a amenazas y hasta los castigaban.”*
Por otro lado, tampoco se recuerda –o se quiere recordar– que en los territorios controlados por las tropas soviéticas la realidad de esos primeros días parece haber sido la opuesta. Hace un tiempo, viendo "Oma und Bella", un documental sobre dos sobrevivientes judías que hoy viven en Berlín, me enteré por lo que ellas contaron que los soviéticos le dieron a los sobrevivientes un día para que tomaran venganza contra sus verdugos. Después de eso, restablecieron el orden y como muchos sabemos organizaron sus propios juicios contra los nazis en diferentes lugares de los territorios que ocuparon.

En la octava de las muy abusadas Tesis sobre el concepto de Historia dijo Walter Benjamin, él mismo un judío víctima de esa catástrofe que asoló la humanidad entera por obra de los nazis y sus socios, como si hubiese salido del vientre mismo de la Muerte que pinta Bruegel en De Triomf van de Dood:
“los dominadores actuales son herederos de todos los que han vencido antes. La empatía con el vencedor, por consiguiente, siempre favorece al dominador actual. Al materialista histórico con eso ya se le ha dicho bastante. Todo aquel que hasta el presente día logró la victoria marcha en el desfile triunfal que conduce a los hoy dominadores por encima de quienes hoy yacen por tierra.”
Creo que en un sentido, por una compleja combinación de factores que sería estúpido reducir a las inexistentes conspiraciones judías o a la ciertamente existente perversidad de los gobiernos estadounidenses (no es un asunto de perversidad sino del modo en el que se han combinado fenómenos históricos diversos), decía que creo que en un sentido, lo que describe Benjamin es lo que se ha dado: un tesoro enorme de verdades oficiales, objetos valiosos y riqueza es llevado en un arca gigantesca por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, por los vencedores de la lucha por la definición de versiones sobre lo que fueron los protagonistas de esa guerra, y por los ganadores de la Guerra Fría.

Me parece que cuando hablamos de lo que le hicieron los nazis y sus socios a la humanidad generalmente somos muy poco sofisticados. Dejamos de explicarle sencillamente una realidad compleja a la gente que nos escucha, y sustituimos ese trabajo sofisticado por el más vulgar de contarle a esa gente a veces sin mucha sencillez una historia bastante simplificada, recortada a las malas.

No decimos que los judíos llevaron la peor parte en el exterminio, que los nazis se proponían borrarlos primero de Europa y luego de la tierra, pero que junto a esos 6 millones de muertos hubo 12 millones de otros exterminados: discapacitados, soldados y políticos soviéticos, opositores, sindicalistas, comunistas o socialistas, testigos de Jeovah, prostitutas, homosexuales, pacifistas...

Nos limitamos a decir “IG Farben” cuando hablamos de una de las empresas que explotaron mano de obra esclava en Auschwitz, pero no decimos (muchos de nosotros quizá ni siquiera lo saben porque simplemente repiten el nombre sin más) que esa no era simplemente una empresa, sino un conglomerado del que hacían parte empresas alemanas que siguen existiendo como Bayer, Agfa y BASF.

Contamos mucho de cómo murió la gente, y poco de cómo luchó incluso a veces sabiendo que daba luchas perdidas. En nuestros recuentos los partisanos, la solidaridad, los testimonios enterrados en botellas al pie de los crematorios ocupan menos lugar que los detalles lacrimógenos inspirados en el cine.

Tampoco le damos mucho peso en nuestras narraciones al hecho de que donde la población no cooperó masivamente con los nazis como en Dinamarca, el exterminio de los judíos literalmente fue imposible. Y mucho menos lo contamos por la negativa señalando que los nazis no lo hicieron todo solos sino con la ayuda de los nacionalistas ucranianos, los colaboracionistas franceses, la España de Franco, el mufti de Jerusalén,  las masas de la Italia de Mussolini y un largo etcétera.

Con frecuencia nos parecemos bastante, a fin de cuentas, a esos personajes grotescos de las narraciones populares, quienes a punta de desmemoria y corta inteligencia travisten las noticias en historias fantásticas. Pero como todo siempre puede ser peor, nosotros no hacemos una historia fantástica de una noticia, sino una narración simplona y superficial de lo que ha sido la peor noticia que hasta ahora haya recibido la humanidad en mucho tiempo.

Por todo esto, y porque a los judíos les tocó lo peor, he titulado esta entrada con una expresión hebrea que significa “día de la catástrofe y del heroísmo”. El asesinato en masa perpetrado por los nazis fue una catástrofe organizada por ellos y muchos de sus socios, cuyos descendientes hoy fingen que en el pasado de sus familias o empresas no están esos crímenes. Pero todo habría sido peor sin la heroíca resistencia de millones que se enfrentaron a la destrucción cuando todo parecía perdido, y a veces sobrevivieron para contarlo.

*El libro de Alexander se llama “Trauma: a social theory”. La traduccióm es mía, y proviene de la página 34.

1/19/14

Días uruguayos

Durante la mayor parte del tiempo que viví en Buenos Aires visité regularmente Uruguay, ese hermoso país de la banda oriental lleno de gente adorable. En uno de esos viajes, sobre un barco, encontré el amor de mi vida, y como en las películas, fue amor a primera vista y definitivo. Por alguna razón desconocida en esa maraña de cosas bellísimas que siempre me ha traído ese país, siempre que estaba en Uruguay el clima era perfecto. Sobre esa constatación permanente terminé reformulando el lugar común-progre argentino de "día peronista", usado para referir los días soleados y despejados. En mi historia esos días han quedado marcados como "días uruguayos", y así los sigo llamando espontáneamente cuando me asomo a la ventana, recién salido de la cama y aún desnudo, y me percato de que el cielo es azul y el sol brilla, matizando todo con esa aura dorada que suele cubrir las cosas en esas mañanas en las que el mundo parece irrealmente bello. Tengo nostalgia de Joe, de Bárbara, de Oscar, de Juan. Tengo nostalgia del Uruguay.

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During most of the time I lived in Buenos Aires, I regularly visited Uruguay, that beautiful country on the eastern bank, plenty of lovely people. I found the love of my life on a ship during one of these trips, and it was love at firs sight and for ever, like in the movies. For some unknown reason, in that tangle of beautiful things which that country has always brought to me, the weather was always perfect when I was in Uruguay. On that permanent confirmation I finally reformulated the peronist-lefty, argentine commonplace about the "peronist day", used to refer the sunny and clear days. In my history these days are marked as "Uruguayan days", and I spontaneously call them so, when I look out through the window just after leaving the bed, still naked, and find out that the sky is blue and the sun shines, tinging everything with that golden aura that usually floods the mornings, and makes the world seem unreally beautiful. I'm feeling longing for Joe, Bárbara, Oscar, Juan. I'm feeling longing for Uruguay.

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