Otro día primavera, lentamente se templa el clima. Hoy terminó mi semana... pasé los útlimos 7 días trabajando para la industria editorial, primero, "La hija del caníbal", de Rosa Montero, luego las memorias de un congreso sobre la profesión docente que se hizo en Buenos Aires. De los dos, el peor fue el segundo. Prefiero la literatura de entretenimiento a los trabajos serios, porque por lo general son aburridos.
Tres buenas películas esta semana: El Odio (Le Haine), The horror movie picture show, y Bloody Sunday. La primera la vi por cuarta vez (me encanta), la segunda me gustó... me gustan los musicales y este combina eso con el estilo de una película de ciencia ficción grotesca de las de los 50-70´s, la tercera es mi favorita: trata sobre una masacre que hicieron los británicos entre la gente que marchaba reclamando derechos civiles en Irlanda... disparos a discreción y luego muchas mentiras acerca de supuestos atacantes armados entre la población. Fue una masacre real, de hecho hay una canción de U2 sobre eso que se llama "Sunday, Bloody Sunday". Los comandantes del operativo fueron condecorados por la reina pocos años después de los hechos. Muchos flash backs viendo la película, recordé las pedreas en la universidad, en Colombia... las carreras, la excitación cuando uno buscaba sacar piedras de cualquier lado, los gases, la furia cuando veía a sus compañeros vejados por la policía, el miedo y la furia suicida cuando veía que cargaban y se imponían sobre personas que estaban en la pelea con uno. Sentí ganas de llorar... es incríble, los que me conocen se pueden sorprender, pero si muchas desgracias me producen risa y bromas negras, las imágenes reales de las multitudes movilizándose o resistiendo la represión me conmueven de una manera super profunda, siempre me producen ganas de llorar, me entusiasman, me enternecen...
Tres buenas películas esta semana: El Odio (Le Haine), The horror movie picture show, y Bloody Sunday. La primera la vi por cuarta vez (me encanta), la segunda me gustó... me gustan los musicales y este combina eso con el estilo de una película de ciencia ficción grotesca de las de los 50-70´s, la tercera es mi favorita: trata sobre una masacre que hicieron los británicos entre la gente que marchaba reclamando derechos civiles en Irlanda... disparos a discreción y luego muchas mentiras acerca de supuestos atacantes armados entre la población. Fue una masacre real, de hecho hay una canción de U2 sobre eso que se llama "Sunday, Bloody Sunday". Los comandantes del operativo fueron condecorados por la reina pocos años después de los hechos. Muchos flash backs viendo la película, recordé las pedreas en la universidad, en Colombia... las carreras, la excitación cuando uno buscaba sacar piedras de cualquier lado, los gases, la furia cuando veía a sus compañeros vejados por la policía, el miedo y la furia suicida cuando veía que cargaban y se imponían sobre personas que estaban en la pelea con uno. Sentí ganas de llorar... es incríble, los que me conocen se pueden sorprender, pero si muchas desgracias me producen risa y bromas negras, las imágenes reales de las multitudes movilizándose o resistiendo la represión me conmueven de una manera super profunda, siempre me producen ganas de llorar, me entusiasman, me enternecen...
En nueve días cumpliré 25 años y estoy en una situación que, en muchos sentidos, es completamente ambigua: no tengo casa, estoy en tránsito de conseguir una, no mantengo una relación con el tipo que amo y no está claro cuál será el estado de las cosas al respecto en el futuro inmediato, debo entregar mi tesis de maestría y no logro retomarla cabalmente... por otra parte, estoy menos sumido en el hoyo que hace un par de meses, tengo un nuevo trabajo en una editorial adicional, a mi alrededor hay más personas cercanas de las que habría sospechado, me siento menos solo de lo que pensaba que estaría. Me embarga un sobrio entusiasmo cuando me aproximo a los 25, un momento que, según Joe, marca la primera crisis de edad de los gays. No veo venir tal crisis.
Cuando era chico pensaba que a los 25 estaría casado o en trámite de hacerlo. También creía que los hombres que salían con otros hombres eran amanerados, como las locas de pueblo. Que a los 25 años uno debía comenzar a planear tener un hijo. Hoy día ninguna de esas certezas se mantiene: no me interesa casarme (aunque lo consideraría por razones prácticas, como las migratorias), no tengo dudas acerca de la perfecta compatibilidad entre los comportamientos de la masculinidad clásica y el gusto por los hombres, ni me interesa tener hijos. Si uno supiera de chico que las certezas con las que crece se desvanecerán tan pronto salga del nido, quizá la infancia sería menos despreocupada... ahora me parece que aquél es un dulce engaño.
Es raro todo esto... mi vida tiene una forma que jamás sospeché que tendría. Vivo solo en el extremo sur del mundo urbano (porque el continente se extiende hasta Tierra del Fuego, pero el mundo urbano termina, hacia el sur de América, en Buenos Aires), habito una ciudad que me encanta, vivo encantado de mi putez (mariconería, se diría en colombiano, aunque me refiero a esa condición sin el afeminamiento que se le atribuye habitualmente), y aunque ocasionalmente me siento jodidamente hecho mierda y solo en este país que habito, me lo aguanto porque me gusta. Esto de dejar el lugar en el que uno ha crecido es fácil y difícil: me encanta poder conocer el mundo a la edad que tengo, haber conocido tantos lugares y personas distintos, pero también se siente a veces una sensanción de desarraigo que, como diría mi amiga Tania Ospina, rasguña los huesos. Esa sensación es menor cuando uno configura un mundo personal; aquél fue el gran descubrimiento que trajo consigo mi relación con Diego: juntos construimos una familia, un reino, una patria. Casi todo eso desapareció, y en los días en los que acababa de sobrevenir la catástrofe me sentí más desarraigado que nunca en este país, desee más que antes estar en casa... en la casa de mi madre, que aunque ya no sea mía siempre será un buen refugio. Ahora todo está mejor, vuelvo a acostumbrarme a ser una extranjero, no solo en mi propio mundo sino en esta ciudad, a disfrutar de la soledad, aunque la maldiga a veces.
Hoy hablé con mi madre, siempre me da mucho gusto hacerlo. La extraño. Nunca hemos tenido una relación madre-hijo clásica de estas en las que la autoridad es lo central, y esas cosas. Somos más amigos que otra cosa, y eso se lo debemos a que la mayor parte de nuestra infancia ella estuvo trabajando, así que mi hermano y yo nos criamos con las empleadas del servicio y mis abuelas... como sea, me gusta la relación que tenemos, la percibo más sincera que la que podríamos tener por la fuerza de la tradición. Dijo que se me oía mucho mejor que la última vez. Por supuesto lo estoy.
Escribo esto escuchando a Morrisey, me gusta tanto...
Bien, es hora de ir a la cama.
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