2/14/09

Tres semanas y media en Israel

Pasé el mes de enero en Israel, a donde fui invitado por Yad Vashem, el museo del Holocausto, para participar en un seminario para docentes latinoamericanos sobre los dilemas de la transmisión de la memoria sobre la masacre nazi. Llegué al país poco más de una semana antes del inicio del seminario, para dar una vuelta con la mochila al hombro.

Mantuve el plan de viajar, a pesar de que recibí decenas de llamadas de personas que sugerían que cancelara el viaje debido a los bombardeos israelíes sobre Gaza, que empezaron unos cuatro días antes de mi partida.

Acá están algunas notas de viaje.

Bogotá - Madrid
Diciembre 31 - Enero 01 (2:55, hora de Bogotá)

Salimos de El Dorado con media hora de retraso (como a las 18.30), pero según la tripulación vamos a llegar a tiempo. Ha sido un vuelo como cualquiera, y me gusta el hecho de ver amanecer tan pronto. Leí los diarios y hay varias cosas interesantes: Israel parece poco predecible (por lo que comencé a considerar ir a Egipto unos días, si mi dinero lo permite), y los cohetes de Hamas pegan cada vez más lejos, llegando a Beer Sheva, en medio del desierto del Neguev, y a Ashdod, a 20 minutos en coche desde Tel Aviv, hacia el sur. Vistas así las cosas, creo que voy a tener que cancelar el plan de pasar un par de días en Beer Sheva para visitar Massada y caminar por el Neguev.
Ayer dejé mi botella de agua en un locutorio del aeropuerto antes de hacer emigración, y he pasado sed durante el vuelo. Estoy con la garganta un poco congestionada, y espero que eso no se convierta en amigdalitis o algo parecido cuando me enfrente al clima frío del invierno israelí. Una cosa que me llamó la atención en El Dorado es que, al igual que el 31 de diciembre pasado en Ezeiza, había muchos judíos ortodoxos, y de hecho conmigo van varios hacia Tel Aviv.
Acabo de llenar la tarjeta de inmigración de España -estoy casi seguro de que no la voy a necesitar para hacer tránsito, pero extrañamente la azafata no supo decirlo con claridad-, y no puedo evitar estar prevenido por el contacto que voy a tener en más o menos una hora con las autoridades de ese país, famosas por su poca simpatía repecto de los sudacas.
La comida de Iberia es mala, abundante pero cocinada a lo bestia, de modo que difícilmente se diferencia un sabor de otro. Cuando vi los cubiertos metálicos con el logo de la aerolínea recordé a Adelina, la madre de Diego, porque en esa casa había cantidad de cucharitas de té iguales.
Hice una malísima elección respecto del libro que traje para leer en el viaje "Individuo y Modernidad", de Giddens, porque es un ladrillo que no leería con placer en casi ninguna circunstancia. Entonces, he leído todos los diarios españoles que encontré en el avión, y estoy pensando que debo comprar algo para leer en Barajas o en Tel Aviv. Encontré en la prensa un dato que me llama la atención, y es que la economía española cerró el 2009 en recesión, con los peores resultados desde 1875, el año más temprano del que se tienen datos sobre la bolsa, según entiendo.
Espero ver pronto a Jan [quien iba en un vuelo de Avianca que había salido el mismo día, y pasaría unas horas en Barajas mientras tomaba otro vuelo a Frankfurt].
En efecto, no debía llenar ninguna tarjeta migratoria (la que no sabía le consultó a una compañera), y acaban de avisar que en 20 minutos aterrizaremos en Barajas. Ahora son las 9:24 en España.
Otra cosa que leí es que Ibaeria pasa por un conflicto entre el sindicato y la patronal (no especifican), y que eso es lo que tiene los horarios afectados, con cancelaciones de vuelos intraeuropeos. De los diarios que leí (La Vanguardia, ABC y Cinco Días -económico-), el mejor es el primero. ABC es una mierda de derecha, y sabemos que una cosa no determina la otra, pero este es el caso. Ya estamos descendiendo.

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