5/17/18

No eran las drogas, era Aristóteles

Ayer escribí sobre la enorme suerte de tener contacto permanente o fugaz con personas buenas que enriquecen la existencia. Si bien aclaré que no estaba “enyopao” (como dicen en mi pueblo) ni al borde del suicidio, no expliqué el origen del post. Pues bien: no era culpa de las drogas ni de la depresión. Era obra de Aristóteles:
“No es posible ser amado por muchos con una perfecta amistad, lo mismo que no lo es amar a muchos a la vez. La verdadera amistad es una especie de exceso en su género; es una afección que supera a todas las demás, y se dirige por su misma naturaleza a un solo individuo; porque no es muy fácil que muchas personas agraden a la vez tan vivamente, ni quizá sería bueno. Es preciso también haberse conocido y experimentado mutuamente y tener una perfecta conformidad de carácter, lo cual es siempre muy difícil. Pero cuando no hay de por medio otra cosa que el interés o el placer, es posible agradar a un crecido número de personas; porque hay siempre muchos dispuestos a contraer estas relaciones, y los servicios que se cambian de esta suerte pueden no durar más que un instante. De estas dos especies de amistad, la que se produce por el placer se parece más a la amistad verdadera, cuando las condiciones queda hacen nacer son las mismas por una y otra parte, y los dos amigos gustan uno de otro o se complacen en las mismas diversiones. Esto es lo que forma las amistades entre los jóvenes; porque en ellas es donde precisamente reinan la liberalidad y la generosidad de corazón. Por lo contrario, la amistad por interés es sólo digna del alma de los mercaderes.
Los hombres afortunados no tienen necesidad de relaciones útiles, pero necesitan relaciones agradables, y por esta causa quieren vivir habitualmente con algunas personas.”
Creo que por suerte Aristóteles se equivocó al decir que solamente es posible tener una “verdadera amistad” con una sola persona.

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