7/1/18

Mis papás lo sabían todo

"Cuando llegamos al Uruguay yo tenía diez años. Mis papás ya estaban pensando en emigrar desde principios de los años 30, pero luego vino la olimpiada en Berlín en el 36 y las cosas se calmaron un poco, así que al fin no se dio. Pero ya luego, como todo siguió empeorando, al final lo decidieron y nos fuimos en el 38. La noche de los cristales rotos nos encontró arriba del barco.
El asunto es que llegamos al Uruguay y yo tenía diez años, ¡pero sólo sabía escribir en sütterlin (caligrafía alemana abolida en 1941)! Entonces, mi mamá comenzó a enseñarme a escribir en caligrafía normal. Recuerdo que estábamos en el hotel al que llegamos en Montevideo. Ya con el tiempo, cuando nos pudimos instalar por nuestra propia cuenta y yo empecé a ir a la escuela, aprendí el castellano, pero lo que más me seguía costando era escribir. En los dictados la pasaba terrible, porque no solamente tenía que dibujar las palabras, porque era más dibujar que escribir porque yo no sabía bien, sino que tenía que esforzarme mucho con las mayúsculas, que era lo que más se me dificultaba. Para esa época mis papás contrataron un profesor de castellano que iba a casa y les enseñaba. Como yo era chica me metía a jugar debajo de la mesa donde ellos estaban estudiando con el profesor, y un día me pregunté: ¿para qué querrán mis papás un profesor, si ellos lo saben todo?"
E. K., 88 años.

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