4/13/14

Simón Bolívar y el culo, o metafísica de la cagada repentina

A veces la consistencia de la mierda, o mejor dicho de la diarrea, es tan suave, casi etérea, que se la confunde con los pedos. Esos momentos se cuentan entre los más peligrosos de la vida moderna. De un momento a otro, lo que se anunciaba como un pedo, una vez liberado revela su forma material de escupitajo diarréico, que se comporta de manera exactamente inversa al pedo. Si este se encontraba destinado a ser notado por los que rodean a su disimulado libertador (al fin y al cabo en cuestión de pedos todos somos Simones Bolívar de los gases intestinales), aquel escupitajo repentino de la mierda en su forma cuasietérea es notado fundamentalmente por el Simón Bolívar en cuestión, quien de ahí en más lo alberga en el mullido, cálido y estrecho espacio de su ropa interior, temiendo que la liberación se convierta en fuga pierna abajo o textil traviesa, para aflorar a la superficie del atuendo ordinario de ese libertador que, como tantos héroes de la historia, puede súbitamente verse convertido en víctima de quien le debe a él por entero su libertad.

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