Fuimos a su casa y antes de que tomáramos algo el tipo dijo que me quería mostrar un video en Youtube. Era uno de un mundial de fútbol de la década del 50 en el que Alemania fue campeón.
Yo me burlé de lo aburrido del video y me dijo que yo tenía que entender todo lo que eso significaba para la historia de Alemania: "el país estaba en ruinas y ser campeones del mundial de fútbol fue el triunfo de todo un pueblo". Y mientras lo decía se puso a llorar. Eso en el marco de que antes, cuando nos conocíamos en el mercado había dicho que era militante del partido Pirata, y que ellos estaban más a la izquierda de los comunistas, que ellos eran la verdadera izquierda alemana.
Luego dijo que yo no me imaginaba la tristeza de los frankfurters de ver su linda ciudad vieja bombardeada, en ruinas.
Yo le dije que peor habían quedado Cracovia, Maastricht y otras destruidas por los nazis. El lloró más y me dijo que no era un asunto de decir si era bueno o malo, sino de pensar en el dolor del "Deutsches Volk" (el "pueblo alemán", una pareja de palabras que quedó maldita entre mucha gente porque fue objeto del uso y el abuso por parte de los nazis). Que en ese momento ganar el mundial había sido lo mejor que le podía pasar a los alemanes porque todo estaba destruido por la guerra y eran un pueblo que necesitaba algo de esperanza para poder seguir adelante.
Yo, como el señor que no soy, le dije con toda la decencia posible que había hecho fracasar nuestra encamada, y que me iba de su casa para no terminar a los gritos. Mientras me ponía los zapatos él me dijo que no debía tomarlo tan a pecho, y le respondí que me cagaba en el dolor de los habitantes de la Frankfurt judenrein ("limpia de judíos") y pregunté si sabía cuántas vidas de judíos de Frankfurt destruyeron los nazis. Contestó que lo sabía. Le dije que esos alemanes de la Alemania "pura" no merecían tener ninguna esperanza. Dicho lo cual ya tenía puestos los zapatos y salí del departamento. No me pude despedir de su novia porque cuando el tipo puso el video ella hizo mala cara, se fue a hablar por teléfono en la habitación de al lado, y seguía ahí cuando me fui. Mientras bajaba las escaleras escuché que él aún triste desde la puerta del departamento me decía que no había que mezclar las cosas.
Cuando salí del edificio, con más risa que bronca, vi que el departamento queda en las inmediaciones de la Philantropie, la escuela judía de Frankfurt.
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