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3/9/18

Don y contradon

Treinta y ocho fueron los minutos que duró una conversación telefónica con una paisana mía que llamó a preguntar por los requisitos de admisión a un posgrado que quiere cursar su sobrina.
La conversación se desenvolvió en términos normales desde el punto de vista folclórico. En algún momento al inicio, después de que le propuse que habláramos en español, la consulta técnica se transformó en indagación acerca de cuánto tiempo llevo en Alemania, si sería que yo procedo de donde ella sospechaba según mi acento, dónde era que yo había estudiado en Colombia... Luego, después de que logré con esfuerzo reconducirla al tema inicial, vino el climax del episodio. Inmediatamente después de que le expliqué que como parte de su postulación su sobrina debería presentar un plan de investigación en el que articulara su trayectoria académica con su posible tesis de posgrado, mi interlocutora exclamó:
-Ah... ¿Y será que usted no me puede hacer el favor de colaborármele?
Me tomó fuera de base e inicialmente no entendí la pregunta, así que ella amablemente aclaró:
-Sí, o sea, colaborármele con ese trabajo ya que usted... pues me imagino que usted sabe bien cómo es lo que le toca presentar... O sea, para que ella vaya a la fija.
Pocos minutos después, un poco desencantada debido a que desafortunadamente yo no tengo permitido ofrecer ese tipo de colaboraciones, se despidió anunciándome que mejor le va a decir a su sobrina que pase y me visite "para que se conozcan, así usted me hace el favor y me le explica bien todo". Desde entonces paso las horas con el temor de que la señorita se aparezca con una gallina, una botella de whisky, cualesquier "bobadita" de esas que a veces se usan en mi tierra para abrir puertas y ablandar corazones.

12/10/17

Reporte desde el frente

A pesar de que Hamas llamó a incendiar Israel y Cisjordania el viernes pasado con un “día de furia”, y la Autoridad Nacional Palestina hizo algo parecido a su aguachento estilo, como respuesta al reconocimiento formal de Jerusalén como capital de Israel por parte del gobierno de los Estados Unidos, en esta zona del mundo hay bastante más calma que en otros momentos de menor importancia histórica.
El “día de furia” que Hamas anunció como el inicio de una “sagrada Intifada” que “liberaría Jerusalén” (de sus habitantes milenarios) fue en realidad un día de resignación en el que los miles de musulmanes que asistieron a los rezos tradicionales en el Monte del Templo se retiraron en calma al final de la jornada. Y la “sagrada Intifada” fue apenas un brote de escaramuzas aisladas en las que participaron entre 3.000 y 6.000 personas en todo el país. Y duró un día, o menos si se tiene en cuenta que los choques empezaron hacia el medio día y terminaron al finalizar la tarde.
En Jerusalén apenas hubo una pequeña manifestación de mujeres en la puerta de Damasco, de esas que se hacen en este país frente a las cámaras de la prensa internacional para mostrar que “Palestina resiste”, y que se disuelven rápidamente cuando las cámaras se retiran o cuando el episodio culmina con la escena ideal en la que las tropas israelíes expulsan a las señoras del lugar donde están y ellas ruedan por escaleras y calles ante la mirada impasible de sus parientes masculinos apostados en el ángulo ciego de la delegación de prensa. Ayer la “Intifada” continuó con una pequeña pedrea a las afueras de la ciudad vieja, a pocos metros de donde yo me encontraba y de la cual apenas me enteré por televisión pues la vida continuaba normalmente en las inmediaciones mismas del “frente de guerra”.
La sensación que se respira entre los árabes de Jerusalén, y que refleja también el fracaso de los intentos de Hamas y la ANP para incendiar la ciudad, es de resignación. Lo significativo de la situación actual del conflicto en este país no es la declaración de Trump: es el fracaso absoluto e inédito del intento de Hamas y la ANP de arrear a los árabes para que salgan a las calles a quemar todo y a poner “mártires” cuya sangre avive constantemente la llamarada. La incapacidad de esas dos direcciones para movilizar a las masas árabes a su antojo como en otros momentos probablemente refleja no solamente la resignación de la mayoría de esos cuatro millones frente a la consolidación del Estado de Israel y la imposibilidad material y política de conquistar un Estado palestino como alguna vez pareció posible. Refleja también el desprestigio de Hamas y la ANP, organizaciones cuyos miembros se han enriquecido obscenamente durante una década de gobierno en Cisjordania y Gaza, mientras en esas regiones la población normal carece de servicios básicos como alcantarillado y hospitales, no por culpa del Estado Israelí sino por obra y gracia de quienes se roban el dinero de las donaciones llegadas de Europa y otras regiones para vivir como reyes en Ramala, Gaza, Estambul, Qatar y un largo etcétera.
A los árabes que uno encuentra por las calles de Jerusalén los indignó la declaración de Trump, y estaban pendientes de las movilizaciones de rechazo que hubo en el pais y el exterior. Pero al mismo tiempo parecen rendidos ante el hecho palmario de que esa declaración no fue más que un gesto porque hace muchas décadas el mundo reconoce a Jerusalén como capital de Israel, como lo demuestran todos los jefes de Estado cuando visitan el pais y posan para la foto en el muro famoso de la ciudad vieja, y no en la playa de Tel Aviv.
En ese marco, hoy hubo un nuevo ataque de cuchillo en Jerusalén. El atacante, quien le clavó un cuchillo en el pecho a un guardia de la estación de buses y salió corriendo, declaró cuando lo atraparon que lo hizo “por Alá”. Así de ruinoso es el estado de los árabes en este país: ya sus direcciones no alcanzan a movilizar invocando la causa nacional palestina ni la recuperación del territorio perdido. Ahora tienen que conformarse con llamar a luchar por el abstracto y apátrida Alá, y a defender “Al-Aqsa”. La lucha nacional palestina quedó reducida a la defensa de una religión oscurantista, y la defensa del país que nunca fue ha sido remplazada por la pelea por una explanada de un par de cientos de metros cuadrados.
Amigos y enemigos de “la causa palestina” se pueden tomar de las manos y exclamar en coro: ¡Gracias Yasser Arafat! ¡Gracias Hamas y Mahmud Abbas!

7/21/16

Falsa conciencia

Hace muchos años, en un lejano país, estábamos en la universidad y usábamos el adjetivo "posmoderno" como arma de destrucción masiva. Por ejemplo:

-Pues, ¿sabe qué? Esa posición suya me parece muy posmoderna. (Haciendo énfasis al pronunciar "muy".)

Por aquellos días Celia Cruz (alma bendita) sacó su canción "La vida es un carnaval", y horrorizados escuchamos en la omnipresente radio los versos que decían:
"Ay, no ha que llorar, que la vida es un carnaval,
es mas bello vivir cantando. Oh, oh, oh,
Ay, no hay que llorar, que la vida es un carnaval
y las penas se van cantando."
"¡Qué canción tan posmoderna!" Fue el veredicto de nos, las masas enardecidas, emitido con toda la náusea que podían albergar nuestras magras barrigas estudiantiles (sabido es que las barrigas casi siempre son cultivadas no en la universidad, sino en la época del ejercicio profesional y el apoltronamiento familiar).
La vida no era para vivir cantando. Era para invertirla en solucionar los problemas no digamos de la universidad, no digamos del país, ¡de la humanidad!... Para solucionarlos discutiendo, sacando preclaras conclusiones a nuestra tierna edad guiados por los libros sapienciales que recogían la sabiduría de tantos genios ya finaditos o todavía vecinos de este mundo: de Hegel a Gramsci (que nunca me gustó), de Walter Benjamin a Néstor García Canclini, de Simona de Beauvoir a Henrietta Moore. Y todos leíamos casi lo mismo, descontados los cánones partidarios que alimentaban nuestros respectivos narcicismos de las pequeñas diferencias, y la mayoría (que al menos en eso no me incluía) se enamoraba y despechaba con los mismos versos de Mario Benedetti y las voces atipladas de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés ("Silvio y Pablo" para los amigos).
Y acorazados por nuestras aquilatadas voluntades de enfrentar toda la podredumbre emanada por la alienante sociedad capitalista, casi todos nosotros vivíamos de cobrar "sueldo de hijo", y comíamos hongos de los que crecen en la mierda de las vacas en Colombia para conectarnos con la naturaleza, y de un modo u otro integrábamos entusiastamente una suerte de organismo neohippie a la colombiana, cuyos principales espacios sagrados eran el jardín botánico de la universidad, un potrero adyacente llamado "La Manga del Burro", y nuestros apartamentos de estudiantes, en parte versiones modernas de las Sodoma y Gomorra bíblicas.
Pero también teníamos otros templos: el restaurante de la universidad, el coliseo o cualquier sitio donde tuvieran lugar largas asambleas estudiantiles con las que soberanamente nos cagábamos en las preocupaciones pequeñoburguesas de los que querían almorzar como cualquier día en lugar de debatir, o enterarse de si salíamos a marchar o no, si comenzaba el paro o no, sin antes haber tenido la decencia de sumarse al ejercicio pleno de la democracia que algún reaccionario habría llamado diletante, pero que nosotros sabíamos viva, dinámica y potente como la voz de la finadita Mercedes Sosa. Claro, en esa época ella todavía tocaba el tambor y no el arpa como lo hace ahora en compañía de Nuestro Padre Celestial, porque se sabe que en la Gloria no hay tambores, que son instrumentos ordinarios, sino arpas pero no llaneras o paraguayas sino de unas más pequeñas que en la literatura llaman "liras" (vaya uno a saber por qué), y que son más finas y espirituales, porque ¿quién ha visto un ángel tocando un arpa paraguaya o llanera?...
Más o menos así éramos nosotros: impetuosos, instruidos, conectados al mismo tiempo con la madre naturaleza y con las necesidades del pueblo, de la clase obrera, de los campesinos. Tendríamos nuestros defectos como cualquiera, pero de lo que jamás se nos podría haber acusado sin provocar nuestra justa indignación era de ser posmodernos.

–¿Posmoderno yo? ¡Respete, compañero!

7/20/16

A Vision of Hell

Gestern war ich mit X bei der Metropol. Er wollte rumsauen, und ich hatte kaum Lust darauf […], aber ich dachte, dass zumindest ich saunieren könnte, und irgendwann ein Bier mit ihm trinken.
Es war ekelhaft. Da das CSD Wochenende läuft, es war voll, aber alle hatten getrunken oder Drogen genommen. Sie sind wie Zombies frenetisch und mit leereren Augen rumgelaufen. Die Musik, die Dunkelheit, die warme stinkende Luft, die Kerle... Es war wie ein Haus des Irrsinns, oder wie die Hölle, als manche haben sie beschreibt: ein Ort wo es gibt kein Licht, keine Ruhe, kein Ziel, wo eine riesige Menge verdammte Seelen zwecklos, ohne Ende rumlaufen...
[…]
Es war aber Interessant als Beispiel des Verfalles des schwulen Teiles der Gesellschaft. Und als Bestätigung von was für ein Typ ich bin und was nicht. Das […] machte kristallklar, dass ich solche Leute auch für ein Fick nicht brauche.

"Yesterday I was with X in the Metropol [a sex-sauna]. He wanted to mess around and I was not that horny […], but I thought that I could at least use the sauna and somewhen drink a bier with him.
It was revolting. Since the gay pride weekend is ongoing, the place was full, but everyone had drank or taken drugs. They walked around frenetically with empty eyes, like zombies. The music, the darkness, the warm stinky air, the guys... It was like a house of madness, or like Hell, as many have described it: a place where there is no light, no rest, no purpose, where a multitude of damned souls walk around aimless, endlessly...
[…]
But it was interesting as expression of the downfall of the fag part of society. And as confirmation of what kind of guy I am, and what kind of guy I am not. That […] made crystal clear that I do not need such people, not even for a fuck."
[From a chat with C.]

Damned souls wandering to Hell. Detail from the central tympanum of the Amiens Cathedral.

5/2/16

Barrabás, el coliseo romano, Walter Benjamin

La leyenda sobre el enjuiciamiento y ejecución por los romanos del sujeto que pasó a la historia como Jesucristo cuenta que, cuando según la costumbre impuesta por el gobierno imperial, el gobernador de Judea llamado Poncio Pilatos consultó a la muchedumbre sobre a cuál prisionero le debía condonar la pena de muerte con motivo de la pascua, la multitud no eligió al hijo del carpintero que había provocado agitación con sus delirios místicos. Según esa misma leyenda, eligió a un tal "Barrabás", un hombre descrito por los evangelistas como "un prisionero notable" (Mateo, 27:16), o como uno que había sido hecho prisionero después de participar en un levantamiento en el que había sido cometido un asesinato (Marcos, 15:7; Lucas, 23:19). Del contexto histórico se sobreentiende que tal levantamiento debió ser contra la dominación romana, un dato que también se encuentra en algunas traducciones del evangelio de Lucas.
Es probable que como muchos otros elementos de la mitología cristiana, el nombre dado al prisionero político elegido por la multitud no corresponda a su nombre real, sino que contenga una alusión hoy perdida en las lenguas a las que fue traducida la leyenda (cosa que ocurre también con el apelativo que pasó al español como "Iscariote", concedido al Judas que hizo realidad parte de la profecía sobre la cual Jesús montó su autoproclamada divinidad). En su forma original, lejos de ser un mero nombre propio, "Barrabás" (Bar Abbá) significa "hijo del hombre", es decir "hijo de una persona cualquiera". Con esa narración los evangelistas probablemente quisieron registrar para la historia de su recién fundada secta mesiánica el hecho de que sus paisanos dejaron perecer al "hijo de dios" y prefirieron salvar al "hijo del hombre". Pero vista en el contexto de la vida religiosa y la lucha anticolonial de los numerosos pueblos dominados por el imperio romano, la leyenda es iluminadora. Muestra que, acostumbrados a la emergencia regular de delirantes mesiánicos en Jerusalén, una ciudad que incluso 2000 años después sigue siendo un epicentro de los desequilibrados místicos de tres religiones llegados de casi todos los rincones del mundo, los que integraban la multitud aquél día eligieron no salvar al egocéntrico hijo del carpintero que en medio de sus desvaríos se había declarado mesías (salvador), como tantos otros. Ese día, en la víspera de la pascua, la festividad con la que los judíos celebran el fin de la esclavitud en Egipto, la muchedumbre salvó al que había demostrado con creces que estaba dispuesto a luchar por ponerle punto final a ese nuevo episodio de dominación protagonizado ya no por el faraón, sino por el imperio romano.
Aproximadamente treinta años después de ese acontecimiento, en el año 66 de la era común, tuvo lugar el levantamiento que fue registrado por Flavio Josefo en "La guerra de los judíos". Con su aplastamiento en el año 73 los romanos le pusieron fin definitivo a la resistencia anitcolonial en la Judea del siglo I, que comprendía más o menos el territorio del Israel actual a excepción de Galilea y las alturas del Golán. Pero la derrota militar del independentismo judío no fue el único efecto ni el más perdurable, pues los romanos también destruyeron el segundo templo en Jerusalén y dispersaron a la población por los cuatro confines del imperio. Aquella fue la época del famoso sitio de Masada, que según algunas versiones condujo al suicidio colectivo de los habitantes de esa ciudadela construida sobre una meseta a orillas del Mar Muerto cuando estaban a punto de caer presos de los romanos, y que inspiró la iniciativa por la cual Shmaryahu Gutman organizó a partir de 1942 –bajo la narrativa de la resistencia y el martirio de los rebeldes del siglo I– la transición entre el agonizante sionismo socialista y el moderno sionismo combativo. El levantamiento contra la dominación romana anticipado por la liberación de Barrabás a pedido de la multitud es, entonces, un acontecimiento cuyo enorme impacto sigue vigente en la actualidad. Así por ejemplo, además de la dispersión forzosa de los judíos por el mundo que hoy se conoce como "la diáspora", también causó la vacancia del monte Moriah, sobre el cual se encontraba el templo en Jerusalén hasta cuando fue destruido, y donde unos seis siglos después los entonces recién convertidos musulmanes fundaron dos mezquitas. Desde el sitio donde se encuentra una de ellas, según cuenta la leyenda respectiva, Mahoma subió al cielo montado en un camello o caballo con alas. Sobre esa leyenda se funda en la actualidad el reclamo de amplios sectores musulmanes practicantes de prohibirle la entrada a los no musulmanes al Monte del Templo. Con ese reclamo buscan, en principio, asegurar su derecho exclusivo sobre un lugar que han ocupado de manera discontinua desde el siglo sexto de la era común, pero que ya desde varios siglos antes juega un lugar central para judíos y cristianos, pues según su mitología compartida allí fue donde Abraham estuvo a punto de sacrificar sobre una roca a su primogénito Isaac por orden de su dios, en una época que hipotéticamente ha sido situada en el siglo XX antes de la era común, es decir hace unos 4.000 años.
Domo de la Roca, construido sobre el Monte del Templo a finales del siglo VII sobre la roca en la que según la tradición judeocristiana Abraham estuvo a punto de sacrificar a Isaac, y desde la cual según la tradición islámica Mahoma ascendió al cielo.
Pero existe otro acontecimiento de la época del levantamiento del año 66 que hoy resulta menos relevante y sin embargo dejó una marca enorme en la historia occidental. Con el botín producto del saqueo del templo y la confiscación de los bienes de los deportados, los romanos hicieron construir en gran parte el coliseo de Roma, aquél lugar donde los seguidores del delirante místico ejecutado treinta años antes del levantamiento fueron sometidos por largo tiempo a la ejecución pública a manos de fieras y gladiadores. Esa victoria militar imperial quedó, como tantas otras, registrada en un arco del triunfo, que en este caso es el de Tito, construido en la Vía Sacra a unos 250 metros de donde hoy se encuentra el Coliseo. Allí, entre otros objetos transportados en el desfile triunfal, se observa la menorá, el candelabro de siete brazos saqueado del templo en la víspera de su destrucción.
Detalle del Arco de Tito, en la Vía Sacra, inaugurado alrededor del año 79 de la era común, tras la victoria romana sobre el levantamiento de Judea.
 Desde aquella época los judíos dispersos por el mundo oran orientando su mirada hacia el punto geográfico donde se encontraba el templo, y algunos de ellos esperan su segunda reconstrucción en la época futura que abrirá la llegada del Mesías. En la actualidad, debido a una combinación de prohibiciones religiosas y acuerdos entre el gobierno de Israel y la administración jordana del Monte del Templo, una parte de los judíos religiosos tiene prohibido por mandato rabínico acceder a ese lugar, y sobre todos pesa la prohibición legal de orar en dicho monte en caso de que accedan a él.
Walter Benjamin, un filósofo berlinés cuya judeidad religiosa suele pasar inadvertida entre sus seguidores actuales, registró en la sexta de sus Tesis de Filosofía de la Historia un eco de la relación entre el pasado catastrófico y la esperanza de la restauración espiritual y social albergada por ese pueblo desde la destrucción del segundo templo:
Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo «tal y como verdaderamente ha sido». Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro. Al materialismo histórico le incumbe fijar una imagen del pasado tal y como se le presenta de improviso al sujeto histórico en el instante del peligro. El peligro amenaza tanto al patrimonio de la tradición como a los que lo reciben. En ambos casos es uno y el mismo: prestarse a ser instrumento de la clase dominante. En toda época ha de intentarse arrancar la tradición al respectivo conformismo que está a punto de subyugarla. El Mesías no viene únicamente como redentor; viene como vencedor del Anticristo. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer.
Ese "adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro" es lo que ha nutrido numerosos movimientos judíos surgidos al amparo de la obligación de "mejorar el mundo" (conocida en hebreo como Tikkun Olam), tales como las guerrillas de las que probablemente hacía parte el llamado Barrabás, el socialismo asimilacionista, el Bund, el feminismo socialista, la Haskalá –la ilustración judía–, el sionismo, o el marxismo revolucionario adoptado por Benjamin como complemento de su quizá cándida, quizá desesperada, o a lo mejor sensata religiosidad. Todos esos movimientos han expresado, de distintas maneras, la conciencia de numerosos integrantes de ese pueblo acerca de que "tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y ese enemigo no ha cesado de vencer." Para la muestra están hoy día los cementerios profanados a lo largo y ancho de Europa, así como los hombres, mujeres y niños apuñalados en la calle, o a la entrada de escuelas y sinagogas en Toulouse, Brooklyn, Jerusalén, Paysandú y tantos otros lugares. Y tal parece que hasta que una serie de milagros claramente descritos en textos proféticos anuncien la llegada del verdadero mesías, los que integran la minoría religiosa de ese pueblo seguirán intentando distinguir entre Bar Abbas y los viejos y nuevos hijos de carpintero, y optarán por el primero como aliado de su lucha por mejorar el mundo y preparar de ese modo la llegada del verdadero salvador.
Ahora bien, que a uno le guste o no el mundo que quieren construir y las luchas que dan para lograrlo es otra cosa. Pero de ese tipo de preguntas no se ocupan ni la historia de la cultura ni la teología secular.


4/27/16

Cruda realidad

  1. La personalidad por sí sola, desprovista de alguna forma de belleza física, no enamora a nadie en el sentido afectivo-erótico que comúnmente se le atribuye a la palabra "enamoramiento".
  2. La distancia, combinada con otros factores, mata relaciones amorosas y amistosas, aunque éstas sean profundas.
  3. No hay amores desinteresados, aunque a veces los intereses que los sostienen no sean materiales.
  4. Hasta la fecha las buenas intenciones desprovistas de inteligencia, disciplina y erudición no han producido una sola obra científica o artística respetable.
  5. Es posible respetar a una persona y despreciar el producto de su trabajo debido a su escasa calidad. Hay personas que serían más simpáticas con usted si procede invirtiendo los factores de esa relación.
  6. No todo lo que ha sido escrito en estrofas puede ser legítimamente calificado como "poesía" en el sentido artístico -es decir técnico- de esa categoría.
  7. El respeto o la admiración intelectual de los que goza alguien se desvanecen súbitamente cuando esa persona usa su conocimiento o inteligencia para cuestionar determinadas certezas (políticas, morales o religiosas) de por sus admiradores.
  8. Discutir no siempre es una forma de ponerse de acuerdo. Hay personas entre las que no hay acuerdos posibles, al menos en determinados asuntos.
  9. La comodidad económica no asegura la felicidad, pero pasar necesidades tampoco.
  10. La discriminación es una actividad universal y cotidiana entre los seres humanos. Existen formas más y menos inofensivas, más y menos violentas, o más y menos legítimas de discriminación. Lo que casi no existe es gente que acepte abiertamente que las practica y justifica.
  11. La democracia tiene más defensores entre la oposición que en el gobierno, sobretodo cuando la ex-oposición gobierna.
  12. La arrogancia no siempre es ilegítima, y en algunos contextos puede ser psicológica o científicamente saludable.

4/24/16

Entre proyectar las fantasías y matar al mensajero no hay sino un desengaño

1. Usted se comporta humana, simpáticamente con alguien, sin segundas intenciones.
2. Quizá por falta de costumbre, la persona se confunde, proyecta sus fantasías en la situación, e imagina que usted tiene intereses sentimentales o carnales.
3. Usted aclara insistentemente que hay un malentendido, haciendo uso de una cortesía que no lo caracteriza, que por eso le resulta artificial, pero que usted cree poder actuar con verosimilitud. Para sus adentros se pregunta si la situación se debe a un malentendido corriente o a alguna muestra de narcisismo del tipo "el que se me arrima y me sonríe TIENE que querer algo conmigo, sencillamente porque yo soy irresistiblemente yo".
4. Cuando la reiterada aclaración finalmente surte efecto, la persona desengañada se pone nefasta. El episodio puede concluir con que usted es inculpado de haber jugado perversamente con el desilusionado, o con que esa persona contesta como La Chilindrina: "al fin y al cabo que ni quería". Invariablemente en esa historia usted ocupa el lugar de "el gato maula" que ha jugado "con el mísero ratón".
5. Y así, mientras usted se encuentra parado en el umbral de la sorpresa, desde lo profundo de su alma colombiana escucha una voz que exclama: "¡Entonces ahora resulta que el hijueputa soy yo!".
(La ilustración proviene de Manners, Custom and Dress During the Middle Ages and During the Renaissance Period, un libro de Paul Lacroix que se encuentra disponible en el archivo del Proyecto Gutenberg. Fue tomada por él de un manuscrito del siglo XV.)

3/11/16

Definiciones

–¿Vos sos poliamoroso también?
–Yo soy polisufrido.

11/12/15

Casos de la vida real

Ella: –Y quizá mejor que fuera así.
Él: –O quizá no fue mejor. Pero ni para qué llorar sobre leche derramada.
Ella: –Porque tu con más tiempo me habrías dejado mal. […]
Él: –¿Mal cómo? ¿Renga?

7/23/15

Cambio de tercio

Va cerrándose un ciclo en mi vida. Un proceso en el cual la sistemática constatación de que la sociedad argentina en la que me hice adulto, aquella que extrañé durante mucho tiempo desde que dejé el país, dejó de existir. Esa era una sociedad abierta, llena de gente poco dogmática -descontados los militantes rabiosos de cualquier cosa, que no eran pocos-, que proyectaba una enorme alegría de vivir y una fuerza colosal para sobreponerse a dictaduras, crisis económicas y borrascas políticas. Pero en los últimos años he visto con asombro la polarización galopante, la instauración del odio sectario como forma fundamental de hacer política de aparato, la imposibilidad de hablar como antes con amigos y extraños del pasado y el presente sin exponerse a las más violentas reacciones, a los más vulgares epítetos, a los más aborrecibles estigmas.
Así cayeron en implosiones repentinas cargadas de odio varias de mis amistades de aquellos tiempos, por conversaciones que pensaba banales como tantas otras que habíamos tenido antes, sobre temas como la utilización de las estadísticas como herramienta de la mentira oficial, o sobre el recorte sistemático de libertades democráticas por un gobierno al que en su historia temprana no le faltaron acciones dignas de elogio.
El invierno pasado, hablándole a un amigo de allá que estaba en una estancia académica en Europa sobre la nostalgia que a veces tenía de la Argentina, él me respondió algo así como "no se confunda, mi estimado. Su Argentina imaginada ya no existe. Hoy vivimos en una mazmorra poblada de sabuesos feroces y musicalizada con el estruendo que causan las purgas". Quedé impávido tanto por el contenido de la respuesta como por el hecho de que una persona absolutamente moderada como esa hubiera hablado de una manera que jamás le escuché en 10 años de amistad. Pero lo que dijo y la conversación que luego sostuvimos me ayudaron a entender las continuidades que había entre elementos que veía desde el exterior con alguna incomodidad, pero no lograba articular como un todo comprensible.
De ese derrumbe quedan, sin embargo, muchas relaciones con amigos y colegas, no porque hayamos evitado hablar de lo que sucede en ese país extraordinario, sino porque ellos se han puesto al margen de la atmósfera tóxica que al parecer lo invade casi todo allí por estos tiempos, y que impide conversar, ponerse de acuerdo o seguir en desacuerdo, y hacer todo eso sin odiarse ni insultarse. Por las cosas que he vivido con esas personas y por el hecho de que nuestras relaciones son sobrevivientes de una época de rupturas sectarias, mantengo la expectativa de que quizá en algún momento vuelvan a calmarse las aguas, y el sectarismo regrese a su marco tradicional de las rivalidades entre hinchadas de fútbol. Pero quien sabe. Los proyectos refundacionales que cuentan con tiempo suficiente rara vez pasan sin dejar transformaciones profundas en la cultura, que perduran más que las ciudades Potemkin que suelen construir con plata dulce o "viento de cola".
Mientras tanto, continúo por la senda divergente en la que me plantó la vida hace ya varios años, manteniendo la mirada expectante en ese país que aún habitan personas que amo de distintas maneras, y sin lamentarme por la Argentina que perdí. Trato de seguir en la medida lo posible el consejo de Konstantinos Kavafis en "El dios abandona a Antonio":
Cuando de pronto, a media noche oigas
pasar un invisible cortejo
con exquisitas músicas y voces,
no lamentes en vano tu fortuna
que cede al fin, tus obras fracasadas,
los ilusorios planes de tu vida.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente, dile
adiós a Alejandría que se aleja.
Y sobre todo no te engañes: en ningún caso pienses
que es un sueño tal vez, o que miente tu oído.
A tan vana esperanza no desciendas.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente, como
quien digno ha sido de tal ciudad, acércate
a la ventana. Y ten firmeza, oye
con emoción, mas nunca
con el lamento y las quejas del cobarde,
goza por vez final de los sones,
la música exquisita del cortejo divino.
Despide a la Alejandría que así pierdes.

6/9/15

Algún dia tendrás que elegir entre tu hígado y tu decencia

Últimamente, cada vez que leo escritos académicos sobre el conflicto colombiano encuentro una mezcla de provincianismo, megalomanía y superficialidad. Se dice por ejemplo:

1. "Hasta inicios del siglo XXI Colombia fue un país sin memoria." Es decir que nadie se acordaba de La Violencia, el 9 de abril y todas esas cosas hasta que se puso de moda la palabra "memoria".
2. "La particularidad del caso Colombiano es que es el único donde las víctimas luchan por la justicia y memoria en medio del conflicto". Como quien dice antes de Colombia no hubo nada: ni partisanos antinazis, ni camboyanos en el exilio, ni sudafricanos, ni madres de Plaza de Mayo... NADA.
3. "Uno de los grandes problemas de las víctimas es que viven en un presente que no pasa, porque la no-finalización del conflicto supone la existencia de un eterno presente". Claro: la gente no nota que pasa el tiempo, no se da cuenta de que la guerra cambia, los presidentes cambian, los impuestos suben, cumple años, le salen arrugas...
4. "Las mujeres son la esperanza de la humanidad y [cómo no] de Colombia. Son las únicas capaces de acabar el conflicto". El viejo vicio feminista de dejarse crecer los pelos de las axilas y el bozo para lo que conviene, pero reproducir la figura machista de la mujer esencialmente delicada, maternal, procreadora, también según convenga. Las sanguinarias y ultraderechistas desaparecen de la historia, y la pseoudoacademia feminista soluciona el asunto con el eslogan machista de "[las malas] son mujeres pero piensan como hombres" (esto es una respuesta literal que me dieron).

Y no digo todo esto desde la posición arrogante de quien vive en el exterior y pontifica desde una universidad del primer mundo. Lo digo desde la posición arrogante del que le debe a la teoría y al rigor científico la seguridad elemental de que ni los colombianos han inventado nada bueno o malo en relación con la guerra, ni las frases sensibleras sirven para describir científicamente la realidad.

Pero a la larga el asunto no da para irritarse. Quizá el problema de fondo es que quedó una gran cantidad de mano de obra talentosa y desocupada con la eliminación de los cursos de contenido patriótico en los que se convencía a los niños de que vivían en un país único en el mundo, y los de poesía en los que se les enseñaba a escribirle versos rosados a la patria, la madre, la novia. Por esos efectos casi metafísicos de la economía, esa mano de obra y ese talento parecen haberse trasvasado al menos en parte al ámbito de las ciencias sociales.

Quizá lo que más le conviene a nuestros hígados es suspender de vez en cuando nuestra decencia científica y, para parafrasear a Bergoglio, pensar: "¿Quién soy yo para juzgar a la gente que vive diciendo pelotudeces desde la academia? Debemos tratarlos con amor y conmiseración, como indica el catecismo que hay que hacer con los homosexuales." Pero no: ni suspendo mi decencia académica ni cuido mi hígado. Por mi l@s patriotas y escritor@as de acrósticos (así, con las @arrob@s que le encanta usar al pelotudaje) se pueden ir a la mierda con su pseudociencia y su sensiblería.

5/15/15

Odios que son elogios

Hoy me percaté de una colega antropóloga con la que en algún momento me unió una tibia amistad y una relación de trabajo en Colombia, rompió unilateralmente relaciones conmigo debido a mis críticas públicas a las olas de antisemitismo disfrazado de solidaridad con los palestinos en las que ella toma partido frecuentemente. Digo "antisemitismo disfrazado de solidaridad", porque ahora que ISIS está exterminando a los palestinos en Siria ni ella ni los demás "solidarios" han dicho nada. Ya sabemos que el único palestino bueno es el que mata una bala israelí.

Cero y van tres. El primero fue un historiador brasileño con el que compartí un curso sobre memoria del Holocausto en Israel, quien se ofendió porque publiqué en este blog una entrada criticando el uso de fotografías de distintas guerras para decir que representaban víctimas de los bombardeos de Israel sobre Gaza en la última guerra con Hamas. En la entrada no lo mencionaba a él, de quien no sabía que recurría a esa táctica reprobable de engaño. Y me di cuenta que había roto relaciones conmigo cuando intenté contactarlo después de que una amiga común que teníamos me contó sorprendida que le había dejado de hablar cuando ella lo criticó por ese uso infame de las imágenes de muertos, y le dio a leer mi texto. La segunda fue E., una socióloga turca con la que me unió una fugaz amistad que hizo implosión cuando ella me contó que había roto con personas con las que compartía apartamento porque defendían el derecho de Israel a existir, y yo le dije que entonces iba a romper conmigo porque yo también lo defiendo debido a que el efecto concreto de la consigna progre de "por la destrucción del Estado sionista" sería una limpieza étnica y un genocidio contra los habitantes de ese país, sean sionistas o no. No fue sino decir eso y E. cortó inmediatamente la comunicación. En sentido literal. Estábamos chateando y no volvió a escribir nada, hasta el día de hoy. Eso en el marco de una conversación que había iniciado como parte de un intento de programar una cita para vernos porque coincidencialmente ambos estábamos en Estambul en ese momento.

Uno de los rasgos de los tres casos que menciono es que no hubo una sola discusión, aunque fuera breve. Tampoco notificación formal de que me mandaban a la mierda por X o Y razón. Simplemente un portazo. El otro rasgo es que las tres personas son científicos sociales progres, muy dados a los derechos humanos y a las solidaridades con los oprimidos. Eso en el marco del ejercicio del antisemitismo vicioso por parte de S., el uso malintencionado de fotos de víctimas no atribuibles al sionismo por parte de ella y R., y la defensa de una posición cuyas implicaciones concretas serían la perpetración de una limpieza étnica y un genocidio por parte de E.

Hago énfasis en que las críticas mías han sido públicas porque nunca discutí con S., R. o E. al respecto, ni los dos de ellos que leen español opinaron sobre los dos artículos que he publicado en el último año sobre el tema. Simplemente me eliminaron de sus listas de contactos de Facebook o dejaron de hablarme sin mediar palabra, y al menos S. y R. siguieron muy tranquilos cultivando los huertos de odio, falsa solidaridad y manipulación de dolor de los palestinos que crecen como un jardín envenenado en sus muros de Facebook.

Estimo, de cualquier modo, que la decisión de no discutir conmigo tiene algo de sensato, porque refleja que saben que no tendría sentido meterse en una polémica en la que a sus odios dogmáticos yo seguiré oponiendo pruebas documentales. Cuando éramos compañeros de trabajo en Colombia solía responder benévolamente a los comentarios manifiestamente, viciosamente antisemitas de S. no sobre el conflicto palestino-israelí, sino sobre la banca, los medios de comunicación, etcétera. Para ella los judíos son lo peor aunque ella misma reconoce que no conoce a ninguno, y están en todas partes aunque no puede explicar cómo lo sabe ni exactamente en qué partes están porque nunca los ha visto en persona. Nunca nos pudimos entender en ese punto sencillamente porque tampoco nos entendíamos en otro. Mi benevolencia se debía a que yo sabía que a ella el antisemitismo le viene de la larga historia de violencia católica y provincialismo que cargamos los colombianos, y de la cual a ella no la pudo librar la antropología. Y ella, presa de esa estructura, siempre dejó ver que interpretaba mi actitud tranquila como una expresión de que yo le daba la razón.

Calculo que así seguirán las apuestas. Cada tanto me toparé con algún fanático religioso, algún antiabortista, algún antisemita, algún peronista rabioso, y no discutiremos porque es sabido que el que discute con fanáticos pierde su tiempo. Pero yo seguiré escribiendo y publicando sobre esos temas, y ellos se ofenderán y me insultarán o no dirán nada, pero cada tanto alguno se hará a un lado y romperá el contacto conmigo para seguir fermentando su alma en el odio y la seguridad que les producen creencias contradictorias entre sí, insostenibles a la luz de la evidencia histórica o científica. Y en medio de eso, lo que leyeron en mis artículos o me oyeron decir les servirá para reafirmar sus odios de una manera u otra. A la larga continuaremos moviéndonos en direcciones opuestas: ellos aferrándose a sus miedos, sus odios y sus dogmas, y yo intentando navegar científicamente por el mundo complicado que vivimos, cambiando de opinión cuando algo me haga descubrir que estoy equivocado. Seguiremos habitando los lugares distantes del sectario y el científico: ellos cada vez estarán más seguros de sus odios y yo no muy seguro de mis opiniones, pero cada vez mejor informado.

Y para cerrar este post ilustrando de nuevo las patas cortas de los odios sectarios y solidaridades aparentes de los que vengo hablando, dejo acá los links a los dos artículos que honrosamente me ganaron el repudio de la antropóloga colombiana y el historiador brasileño:

http://manuscritoenunabotella.blogspot.de/2014/07/sobre-el-bombardeo-de-gaza-los-progres.html

http://www.las2orillas.co/respuesta-a-la-carta-a-un-judio-sionista-de-victor-de-currea/

4/15/15

A propósito de la relación entre pensamiento mágico y conciencia política moderna...

...no hay que perder de vista que nadie está a salvo de una demanda.

Si Marx tuvo razón cuando dijo "La miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella[, porque la] religión es el suspiro de la criatura oprimida", también parece correcto asumir que en ciertos casos, cuando las promesas de la religión se ven incumplidas, puede emerger la conciencia de la ciudadanía moderna, e iluminarle al creyente defraudado caminos para reclamar ante las autoridades del mundo terrenal el cumplimiento de los derechos de los que se considera depositario en tanto ser perteneciente al mundo sobrenatural.




8/21/14

Aire de familia

En el metro me percato de que una señora me mira fijamente y con un gesto entre la curiosidad y la fascinación. No me resulta familiar pero le pregunto sonriendo si nos conocemos de alguna parte. Al comienzo ella no habla sino que se señala el rostro, moviendo la mano suavemente de arriba a abajo.

—No, pero podríamos ser hermanos –recorre con la punta de sus dedos la forma de sus labios, y luego la nariz– esto... Esto...

Le sonrío y asiento aunque no coincido sobre el parecido porque la encuentro demasiado bella para que nos parezcamos. Es una mujer modesta y al mismo tiempo luce elegante, a sus quizá cincuentaytantos años, con el cabello largo entrecano. Considero fugazmente la idea de que esté intentando poner conversación con cualquier tema para levantarme, pero la descarto. Eso resulta más improbable que lo del parecido, que de todos modos termino tomando como un halago al verla a ella.

—¿De dónde proviene usted? –pregunto con la seguridad que tiene uno en la región del Rhein-Main de casi siempre estar tratando con otro inmigrante–. Quiero decir, yo soy colombiano, soy latinoamericano.

—Yo soy húngara –contesta–.

—Venimos de esquinas opuestas del mundo, no creo que seamos hermanos –le digo en tono de broma–.

—Cualquier cosa puede ser –dice muy seria–. Uno nunca sabe las vueltas que da la vida.

La conversación se interrumpe porque me bajo del metro, y me acuerdo de que alguna vez conocí a una húngara.

¿Será la misma húngara?

4/20/14

El pan en la puerta del horno

El sábado en la tarde conocí una pareja en un mercado de vinos en Frankfurt. Ella y él me gustaron mucho, y me invitaron a hacer un trío. Los dos eran encantadores.
Fuimos a su casa y antes de que tomáramos algo el tipo dijo que me quería mostrar un video en Youtube. Era uno de un mundial de fútbol de la década del 50 en el que Alemania fue campeón.





Yo me burlé de lo aburrido del video y me dijo que yo tenía que entender todo lo que eso significaba para la historia de Alemania: "el país estaba en ruinas y ser campeones del mundial de fútbol fue el triunfo de todo un pueblo". Y mientras lo decía se puso a llorar. Eso en el marco de que antes, cuando nos conocíamos en el mercado había dicho que era militante del partido Pirata, y que ellos estaban más a la izquierda de los comunistas, que ellos eran la verdadera izquierda alemana.
Luego dijo que yo no me imaginaba la tristeza de los frankfurters de ver su linda ciudad vieja bombardeada, en ruinas.
Yo le dije que peor habían quedado Cracovia, Maastricht y otras destruidas por los nazis. El lloró más y me dijo que no era un asunto de decir si era bueno o malo, sino de pensar en el dolor del "Deutsches Volk" (el "pueblo alemán", una pareja de palabras que quedó maldita entre mucha gente porque fue objeto del uso y el abuso por parte de los nazis). Que en ese momento ganar el mundial había sido lo mejor que le podía pasar a los alemanes porque todo estaba destruido por la guerra y eran un pueblo que necesitaba algo de esperanza para poder seguir adelante.
Yo, como el señor que no soy, le dije con toda la decencia posible que había hecho fracasar nuestra encamada, y que me iba de su casa para no terminar a los gritos. Mientras me ponía los zapatos él me dijo que no debía tomarlo tan a pecho, y le respondí que me cagaba en el dolor de los habitantes de la Frankfurt judenrein ("limpia de judíos") y pregunté si sabía cuántas vidas de judíos de Frankfurt destruyeron los nazis. Contestó que lo sabía. Le dije que esos alemanes de la Alemania "pura" no merecían tener ninguna esperanza. Dicho lo cual ya tenía puestos los zapatos y salí del departamento. No me pude despedir de su novia porque cuando el tipo puso el video ella hizo mala cara, se fue a hablar por teléfono en la habitación de al lado, y seguía ahí cuando me fui. Mientras bajaba las escaleras escuché que él aún triste desde la puerta del departamento me decía que no había que mezclar las cosas.
Cuando salí del edificio, con más risa que bronca, vi que el departamento queda en las inmediaciones de la Philantropie, la escuela judía de Frankfurt.

4/3/14

Peor de lo que se cuenta

Fragmento de una conversación con un ex-soldado de la Bundeswehr, el ejército alemán:

S.: –...Ahora que decimos alemanes negros... Leí la semana pasada una reseña sobre la biografía de un alemán negro, nacido como en los años 20, que sobrevivió el tercer Reich. ¿Escuchaste de ese libro?

B.: –No, pero sé que había. ¿Viste? Es lo que te digo sobre que los medios ocultan la realidad, nunca dicen lo que en realidad pasa. Están manipulados, controlados. En esa época y ahora. Durante el tiempo nazi supuestamente todo era bonito y todo lo demás ["schön und soweiter"], pero no era así. También había negros en Alemania, lo que pasa es que los escondían. Todo no era tan bonito como se decía.

3/4/14

Y con este poema se van a la mierda

Mi última temporada de trabajo de campo en Colombia, a finales de 2013, estuvo marcada por el hostigamiento de parte de algún servicio de inteligencia estatal que presumo que era el del Ejército. Esa fue la reacción que vino en un momento de particular polarización del país y radicalización de los militares y la derecha por varios fenómenos en curso, como los tímidos avances de la justicia contra militares que han ejecutado miles de civiles para presentarlos como guerrilleros en los últimos años, y las conversaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc. Siempre es así en Colombia: cuando hay avances de la justicia contra los masacradores y torturadores oficiales, o cuando el gobierno intenta desmontar a las guerrillas mediante la negociación, los milicos y la derecha en general montan en cólera y recrudecen las amenazas, persecuciones y asesinatos generalizados, con los que por un lado intentan defenderse de los jueces que los procesan y por otro sabotear los procesos de paz. Y en medio de esa reacción, la respuesta de las fuerzas "de seguridad" se demuestra tan democrática como nada en Colombia: los héroes de la patria reparten por doquier amenazas, acoso, interceptaciones, calumnias y un largo etcétera... lo hacen bajo el principio de la distribución universal que en ningún lugar del mundo aplica para la riqueza. Así, después de 3 años de trabajo de campo en los que parecía que yo estuviera investigando en un país que no era Colombia porque no parecía que mi trabajo fuera peligroso, sucedió lo que suele suceder allí: que a mi me tocó mi parte de la generosa distribución de intimidaciones y acoso. Como en la mayoría de los casos, entré en la repartija por andar "metiéndome en lo que no me importa" (dirán ellos). No me tocó por ser militante de ninguna organización de derechos humanos, o de alguna organización política ilegal.
Entre inicios de noviembre de 2013 y la primera semana de diciembre del mismo año, cuando volví a Alemania, mi teléfono estuvo evidentemente intervenido, recibí llamadas en las que personas aparentemente equivocadas me preguntaban si en ese momento estaba con sobrevivientes de episodios de tortura a quienes no conozco personalmente, el timbre del apartamento donde me quedaba recibió las atenciones de desconocidos a las 3 de la madrugada, sin que esas personas fueran anunciadas por los varios porteros del conjunto cerrado donde quedaba el apartamento, varios correos electrónicos que envié informándole a amigos y colegas sobre lo que sucedía nunca llegaron a su destino... Y todo eso por "meterme en lo que no me importa": investigar sobre cómo mucha gente de distintas clases sociales y tendencias políticas lucha porque se haga justicia o se consolide la impunidad por los asesinatos y desapariciones perpetrados por agentes del Estado durante la retoma del Palacio de Justicia, en 1985. ¿Que eso no me importa? Claro que me importa, y me meto en eso como me podría meter con otros temas igualmente nefastos de la realidad colombiana, con la fragilidad de quien no tienen quién lo defienda de los desaparecedores, matones y torturadores, pero con la testarudez del que por distintas razones se empecina cuando le dicen que no joda, que mejor se quede quieto.
Cuando le conté sobre esa situación a distintos amigos hubo respuestas variadas que de todos modos se pueden agrupar en tres categorías: algunos pocos –los menos enterados de la situación de violencia política que se vive en Colombia todos los días– insinuaron que estaba paranoico, pero no tuvieron los huevos de decírmelo directamente, sino que apenas dejaron caer preguntas que no los comprometían pero dejaban claras sus opiniones; otros muchos –la mayoría– me ofrecieron su solidaridad dándome consejos o contactándome con terceros que podían ayudar, se mostraron más preocupados de lo que yo estaba, y se mantuvieron en contacto sistemáticamente para asegurarse de que las cosas no habían empeorado. Los terceros, a los que va dedicado el título de esta entrada, se cagaron en las patas por la posibilidad de que mi "enfermedad" fuera contagiosa: comenzaron a evitarme incluso por correo electrónico –varios lo hacen todavía hoy–, a "sacarme el cuerpo" para salvar su propio pellejo, e incluso hubo quien me "sugirió" de manera bastante imperativa que no publicara los resultados de mi investigación en Colombia, porque eso iba a alborotar un avispero y "depronto salen llevando no solo tu sino otros". "Otros", en el contexto, significaba "los que hemos cometido la enorme cagada de dejarnos ver contigo en algún momento".
Y paradoja de paradojas, esas reacciones florecieron como las mil flores de Mao en el amplio potrero en el que pastan rumiantes intelectuales de las más diversas y alcurniosas posiciones "progresivas". Casi toda gente a la que no le tiembla la voz para expresar su odio por la injusticia en conversaciones privadas o conferencias, siempre y cuando el público esté bien calibrado y haya pocas posibilidades de que haya un milico o un paraco entre los oyentes. Y al cabo de las cuarenta resultó que son más cagones e insolidarios, más obscenamente individualistas y cobardes que muchos otros "menos ilustrados", "menos comprometidos", más presos de "la mentalidad de doña Rosa". Viéndolo a la distancia, esa desbandada y la impresentable sugerencia de autocensura que en medio de ella surgió expresan una cosa: que al ver de cerca el hecho de que en Colombia llevar las posiciones democráticas a sus mínimas consecuencias prácticas, como motivadoras de la acción, supone ponerse en peligro casi automáticamente, decidieron que es mejor no correr riesgos, que no hay posición aunque sea elementalmente democrática que amerite arriesgarse. Enfrentados al hecho de que debido a mi investigación y mi solidaridad pública con las vícitmas de los crímenes de Estado cometidos durante la retoma del Palacio de Justicia, el Estado asesino de ese país me había convertido en una persona puesta en peligro, ellos decidieron ponerse a salvo, huyendo de mi como quien huye de la peste.
Por eso, y porque apenas hoy "me cayó la ficha", como dicen los argentinos... porque apenas hoy, que es al mismo tiempo el tercer aniversario de mi llegada a Alemania, un país en el que vivo porque fue a donde me arrastraron la suerte y la vida,  pero no para huir de la brutalidad del Estado colombiano, que de todos modos cuando es necesario lo alcanza a uno en cualquier lugar del mundo... porque apenas hoy até todos los cabos, quiero dedicarles a ellos este poema de Mario Benedetti que se llama "No te salves":

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Y porque hoy mientras montaba bicicleta bajo el sol de la primavera temprana que hay este año caí en cuenta de que ustedes decidieron salvarse de un peligro que en realidad solamente existía para mi, su supuesto amigo, hostigado por el Estado por haber cometido los graves crímenes de investigar como antropólogo y ser públicamente solidario con gente que ha sufrido cosas que ustedes jamás imaginarían con su autosuficiente mentalidad de cafetín... por esas cosas y otras varias quiero dejar constancia en este blog –que seguramente ustedes tampoco leen porque sé que también huyen de mi presencia electrónica como lo harían de la peste–... quiero dejar constancia para mi, para los otros que siguen aunque sea superficialmente en contacto conmigo, e incluso para los agentes del Estado que probablemente sí leen cuidadosamente cada cosa que escribo... digo que quiero dejar constancia de que hoy, cuando até los cabos y entendí que ustedes decidieron salvarse, los mando a todos a la mierda. Ese es un acto absolutamente subjetivo, ya lo sabemos, porque en sentido estricto uno no puede mandar a la mierda a gente que ya por su cuenta "puso pies en polvorosa", y más que romper relaciones que ustedes mismos ya rompieron, lo que hago hoy es asumir el hecho, reconocer con absoluta dignidad que el mejor lugar que les corresponde son los extramuros de mi existencia. Y lo hago bajo el sol resplandeciente de esta primavera y al calor de las certezas que me proporciona ser consecuente con el hecho de que la culpa jamás es de la víctima. Si desde algún punto de vista mi actividad como antropólogo y mis lealtades morales y políticas resultan peligrosas en Colombia la culpa no es mia, sino de todos aquellos que sobre una montaña enorme de cadáveres siguen empeñados, con la ayuda de ustedes, ovejas con piel de lobo, en impedir que conquistemos libertades democráticas que van del derecho a opinar y organizarse, al derecho a distribuir la riqueza entre los que trabajan.

8/20/13

Lo que carece de sentido no puede ser bello

Todo cuanto hay de bello en el mundo, como el amor, la poesía y la saudade, es producto del irrefrenable impulso de la naturaleza humana por encontrarle sentido a nuestra existencia y la del universo, porque ciertamente aquello que carece de sentido (aunque sea implícito, inconsciente), no puede ser bello. Prueba de ello es una de las cosas más antipoéticas y al mismo tiempo más reales que he visto: diagonal a la casa en la que murió Franz Schubert, en el número 6 de la Kettenbrückengasse de Viena, queda el "Cafe Sling", un sexclub masculino sucio y estrecho atendido por una loca antipatiquísima.

Por esa característica de la belleza como una condición que huye del sinsentido como huíriamos nosotros de la peste, es que la muerte no puede ser más que un acontecimiento horrible. Y además de horrible, a veces absurdo, como en el caso de Schubert. El 19 de noviembre de 1828 murió en esa casa diagonal a la cual más de un siglo después se instalaría el "Cafe Sling". Tenía 31 años y se acababa de recuperar de una enfermedad de transmisión sexual. El tifus privó a la humanidad del autor de muchas de las más bellas obras para piano que existen.

8/21/12

Sobre Reichel en el Reich

Hoy una reconocida antropóloga colombiana de la violencia publicó un artículo participando de una polémica encendida por la presentación de unos resultados de investigación en los que se señala que Gerardo Reichel Dolmatoff, el fundador de la antropología en Colombia, estuvo vinculado a los nazis antes de pasarse a la resistencia francesa y emigrar a Colombia.

El artículo puede ser leído --> aquí <--

Estos son los comentarios que me provocó, y escribí en el foro de lectores de la revista donde fue publicado, pero no sé si pasará el filtro de la "moderación de contenidos", como llaman a la censura ahora:

Del título y la propaganda previa que circuló por las redes sociales sobre la publicación de este artículo se desprendía que ofrecería una polémica cuidadosa, pero resultó una airada diatriba, que contiene varios sofismas. Entre otros:

1. El título de la conferencia ("Gerardo Reichel-Dolmatoff: su pasado, legado y problemas"), si bien ultrageneralista, deja claro que el objeto de la exposición no es la totalidad de la obra de Reichel, ni su presunta conversión. En consecuencia, resulta tendencioso reclamarle a Oyuela por no haber cumplido un objetivo que al menos según el título no parecía ser el de la exposición.

2. Es falso que resulte poco creíble que un ex-nazi haya podido ser parte de la resistencia francesa y posteriormente condecorado por DeGaulle. Ese tipo de procesos de "conversión" política es bastante conocido, y en Colombia sobran casos entre los reinsertados del EPL y los desertores de las FARC que se han pasado al DAS y los paramilitares. Si ejemplos faltaran, también está el caso de Mosab Yousef, hijo de un fundador de Hamas devenido colaborador estrella del servicio secreto israelí. De aceptar el razonamiento de Uribe sobre lo poco creíble del cambio de bando de Dolmatoff, habría que lanzar a la basura esos otros elementos de la realidad política colombiana o israelí, por "poco creíbles".

3. Que alguien con un pasado totalitario haya vivido años sin ser descubierto no es prueba de que ese pasado no existió. Habría que indagar entre lo que la autora llama "familias notables" sobre si circularon rumores, aparecieron conocidos inesperados, etc. Ese capítulo está por escribirse y quién sabe si se escribirá, pero resulta insensato de toda insensatez atribuirle al desconocimiento de la sociedad austro-húngara-bogotana el estatus de prueba contra una investigación que por incómodos que sean sus resultados se debería presumir coherente. De acuerdo a la tradición científica en la que la autora se inscribe, lo coherente sería demostrar lo equivocado del análisis haciendo una crítica juiciosa de la evidencia (o "evidencia") presentada por Oyuela.

4. El de Eichman no es el único caso de un nazi en el exilio, así que tomar su comportamiento como parangón del "ex-nazi" tipo parece más un ejercicio de folclorismo de inicios del siglo XX (cuando se hablaba de "LA campesina boyacense" o "EL traje típico tolimense"), que de crítica académica. Otro ejemplo de nazi en el exilio que contradice el "tipo" establecido por la autora es el de Erich Priebke, archiconocido asesino nazi que se refugió en Argentina sin cambiar de nombre y se convirtió en un prominente lider comunitario y educativo en Bariloche, hasta que la justicia italiana lo pidió en extradición por su responsabilidad en la masacre de las fosas Adreatinas. En ese contexto, usar a Eichman para descalificar las conclusiones correctas o equivocadas no parece una actitud coherente con lo que debería saber alguien que se declara "estudiosa del Holocausto".

No me voy a referir a la discusión ética que plantea el artículo, porque el eje es que la dignidad alcanzada por un personaje y la tranquilidad de sus allegados familiares o institucionales, es un argumento definitivo para no exponer los resultados -buenos o malos- de investigaciones sobre su pasado.

Opino que la Totaler Krieg desatada contra Oyuela por su investigación carece, en buena medida, de nivel académico. Llevo casi una semana leyendo insultos y descalificaciones, comentarios sobre la personalidad del autor y su trayectoria laboral. Por lo pronto no he leído una sola línea en la que se controvierta documentalmente la evidencia (o "evidencia") que presenta.

Al margen de que considero correcto deslindar el pasado de Reichel Dolmatoff de su obra antropológica, y coincido con quienes han planteado que su obra misma es una gran muestra de que él rectificó ese pasado si alguna vez lo tuvo, resulta lamentable ver cómo los partidismos académicos y los abolengos familiares han dado lugar a un fenómeno que más parece una pelea de borrachos liberales contra borrachos conservadores, que una discusión entre científicos sociales.

1/10/12

Todo es cuestión de decidir

En diciembre encontré estas dos pintadas (o si se quiere esta pintada de dos partes), en un baño de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires:


Se trata, por su contenido, de ejemplos de un motivo recurrente en las obras a las que dan lugar la creatividad gráfica (clandestina) y la cultura política (menos clandestina) de las facultades porteñas de Humanidades y Ciencias Sociales que no sé por qué nunca había fotografiado. Constatar la popularidad de esas "teorías" conspirativas me pone ante una disyuntiva:

A. Ser consecuente con mis reflejos de antropólogo y pensar "¡hm, interesante!".
B. Capitularle a uno de mis otros yoes y pensar que, con el perdón del gran Malinowski, es sorprendente cuánta mierda puede contener el reducido espacio de una cabeza humana.

archīvum

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