1. Usted se comporta humana, simpáticamente con alguien, sin segundas intenciones.
2. Quizá por falta de costumbre, la persona se confunde, proyecta sus fantasías en la situación, e imagina que usted tiene intereses sentimentales o carnales.
3. Usted aclara insistentemente que hay un malentendido, haciendo uso de una cortesía que no lo caracteriza, que por eso le resulta artificial, pero que usted cree poder actuar con verosimilitud. Para sus adentros se pregunta si la situación se debe a un malentendido corriente o a alguna muestra de narcisismo del tipo "el que se me arrima y me sonríe TIENE que querer algo conmigo, sencillamente porque yo soy irresistiblemente yo".
4. Cuando la reiterada aclaración finalmente surte efecto, la persona desengañada se pone nefasta. El episodio puede concluir con que usted es inculpado de haber jugado perversamente con el desilusionado, o con que esa persona contesta como La Chilindrina: "al fin y al cabo que ni quería". Invariablemente en esa historia usted ocupa el lugar de "el gato maula" que ha jugado "con el mísero ratón".
5. Y así, mientras usted se encuentra parado en el umbral de la sorpresa, desde lo profundo de su alma colombiana escucha una voz que exclama: "¡Entonces ahora resulta que el hijueputa soy yo!".
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| (La ilustración proviene de Manners, Custom and Dress During the Middle Ages and During the Renaissance Period, un libro de Paul Lacroix que se encuentra disponible en el archivo del Proyecto Gutenberg. Fue tomada por él de un manuscrito del siglo XV.) |

2 comments:
Puff, las veces que me pasó algo así. Será que el deseo ciega.
Eso explicaría también el "mal de vereda". Con ese nombre se conoce en Colombia la enfermedad sufrida por biólogos, ingenieros forestales, agrónomos, arqueólogos y muchos otros profesionales que deben pasar periodos prolongados en lugares rurales apartados. Su principal síntoma es que la falta de sexo los hace propicios a "dispararle" a lo que se les atraviese, porque presos del deseo como están, sufren un mal parecido a la ceguera, no de los colores como los llamados daltónicos, sino de la fealdad.
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