Ojalá madre haya tenido razón, y su paso por el mundo haya sido el preludio de la vida eterna que durante toda su existencia se esforzó por merecer. Ojalá su nombre permanezca para siempre inscrito en el libro de los justos.
8/26/16
Hace once años, hará una vida
Hoy hace once años, después de una vida de trabajo, y con plena fe en la vida eterna para la que se preparó durante toda su existencia, murió a temprana edad mi abuela Isabel, quien en muchos sentidos fue mi madre. Los 5000 kilómetros de distancia que me separaron de su cuerpo en aquél momento y en los días posteriores durante los cuales tuvieron lugar su velorio y entierro no solamente me impidieron abrazarla por última vez, sino que también me resguardaron de verla muerta. Madre permanece en mi mente con la sonrisa radiante que siempre le conocí, y su recuerdo trae consigo la proximidad de su regazo en el que tantas veces me refugié, y el calor de aquellas manos endurecidas por el trabajo que solía besar y estrechar entre las mías.
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