5/5/08

Durante dos semanas y media recorrimos con Jan los 1770 kilómetros que hay entre Buenos Aires y Humahuaca. He acá algunas notas de viaje, que irán apareciendo con las demoras que supone el retorno a la vida normal.

21-22 de abril
Buenos Aires - San Miguel de Tucumán

Viajamos en tren, en una línea de Ferrocentral que tiene dos frecuencias semanales. Cuando compramos los pasajes, unos 10 días antes, ya no quedaban asientos disponibles en pullman (67 pesos), así que viajamos en camarote (tienen capacidad para dos pero se paga una sola tarifa de 200 pesos). Fue un afortunado accidente: tenemos dos camas cómodas, mesa que cuando se pliega permite usar un lavamanos que tiene debajo de la tabla, armario y portaequipaje.
Salimos a las 10.45 de la mañana, y llegaremos a las 11.45, después de 25 horas de viaje. En bus toma entre 18 y 19 horas, según otros pasajeros (luego averiguamos y oficialmente el recorrido toma 16 horas). El servicio es puntual, y hay varias cosas que me hacen pensar en los viejos ingleses: en primer lugar el ferrocarril (sale de Retiro), que va por la izquierda; en segundo la puntualidad absoluta de los horarios; en tercero los detalles -encontramos un reloj en la estación de Rafaela, al norte de la provincia de Santa Fe, hecho en Londres-; y en cuarto la manera de viajar en camarotes, referida hasta el cansancio en las novelas de Agatha Christie (el verano pasado leí muchas de ellas para Planeta), con sus crímenes misteriosos a bordo del tren.
Paramos en Rosario Norte al minuto exacto que lo anunciaba el horario (16.45). Me impactó mucho ver las villas-miseria, barrios gigantescos de tugurios, a las afueras de una de las ciudades más prósperas de la Argentina, donde se cotiza el 80% de los granos que se exportan. Cosas del capitalismo.
Antes y después de Rosario: la Pampa monótona sembrada de soja y a veces vacas. La siguiente parada fue en Rafaela, una ciudad de unos 50 a 100 mil habitantes. ahí me sorprendió ver algo así como una docena de gatos parados en el punto más alto del techo a dos aguas de la estación y fue donde vimos en reloj del que ya escribí.
En el tren no venden licor, así que compramos una cerveza en Rafaela y no nos la dejaron subir, asì que tuvimos que bebérnosla rápidamente en el andén, haciendo honor a nuestras respectivas herencias andina y germánica.
Si bien el vagón-comedor es amplio y cómodo, la comida no parece buena. Nuestro vecino de camarote se quejó. Nosotros solamente hemos tomado café doble, que es bueno y barato (4 pesos). Trajimos "monster empanadas" de pollo y carne, profiteroles, chorizo y bananas, además de agua y vino, así que nos hemos movido con nuestras propias provisiones.
Jan lee "In cold blood", de Truman Capote, y yo "Claudius, the good", de Robert Graves.

1.20 a.m.
Parada de cinco minutos en Ceres, al límite de Santa Fe y Santiago del Estero. Tomé un par de lindas fotos y hablamos con dos chicos que tomaban vino en el puente peatonal sobre las vías. Ellos dicen que es "un pueblo de mierda": Rosario está a 8 horas de viaje en bus. Mientras hablàbamos sonó el silbato y tuvimos que cortar a las carreras.

1 comment:

Marxe said...

yo voy retornando a la conexión normal. Lindo viaje. Un abrazo.

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