7/25/08

Ida y vuelta: de Buenos Aires al Noroeste Argentino

Mayo 1
Tilcara - "Utahuaca" - Purmamarca (un asco)- Tilcara

El miércoles 30 (de abril) fuimos a Humahuaca con el plan de conocer el lugar y ver si nos quedábamos, de modo que abandonamos Tilcara con las mochilas puestas.
Humahuaca, a 1 hora más o menos de Tilcara y 4.5 pesos en bus, es un pueblo bonito, con la arquitectura colonial bien conservada. Es más grande que Tilcara y el último pueblo de considerable tamaño antes de La Quiaca, que queda a unos 150 kilómetros de ahí. Sin embargo, nos pareció aburrido. Lo que tiene de particular es que ahí se conserva la arquitectura colonial (incluidas las calles empedradas), a diferencia de los pueblos vecinos, pero si uno conoce los centros históricos metropolitanos y los pueblos coloniales peruanos y colombianos, como me pasa, o las viejas ciudades españolas, como Jan, no tiene nada de notable.
Llegamos pasado el mediodía, así que no vimos una de las mayores atracciones del pueblo, que es un autómata con la figura de San Francisco a escala humana que sale a las 12:00 (hora del reloj del cabildo), a dar la bendición. El reloj está adelantado 10 miunutos, de modo que Lonely Planet recomienda llegar antes. Las campanas, por el contrario, están a hora, de modo que sonaron dos campanadas cuando el reloj marcaba las 2:10.
Almorzamos el guiso de llama con oca que nos quedaba de la noche anterior sentados en la plaza del cabildo y salimos a dar una vuelta y tomar un café, pero para nuestra sorpresa em momguno de los lugares que consultábamos vendían, aunque nos ofrecían té. Finalmente encontramos uno con café lamentable, pero a esas alturas cualquier cosa era buena. Visto que no se vende café en casi ningún lugar, el pueblo se podría llamar Utahuaca.
Después de decidir no quedarnos a pasar la noche dejamos las mochilas en el guardaequipaje de la estación de buses por 1 peso cada una y subimos al monumento a los héroes de la independencia, construido en una colina desde la que se divisa el pueblo. Hay unas escaleras de piedra de dimensiones faraónicas para un lugar como humahuaca (como 30 mts de ancho con unos 30 o 40 peldaños) que dan la impresión de que uno está subiendo a una pirámide maya en su versión de parque temático provincial, y en la cumbre de la colina se eleva un monumento gigantesco de piedra y concreto con esculturas de bronce que representan a los héroes de la independencia. Son hombres desnudos de proporciones grotescas con caballos iguales. Parece que alguna vez se pudo subir a él pero los umbrales que dividen la parte media y baja están tapiados.
Desde la colina se divisa bien el valle donde está el pueblo, y detrás del monumento hay una cancha de basquetbol y atrás de ella el cementerio, pero al lado del monumento y separado del cementerio por la cancha hay un bloque de bóvedas que no supimos qué cosa era. Supongo que son los suicidas, indignos de yacer en tierra consagrada por la religión, pero puestos irónicamente cerca de la tierra consagrada por el Estado.
En Utahuaca tomamos una foto de un aviso de un hotel que ofrecía "Atención nocturna - Tarifas económicas", tenía dibujada una chola al lado de esas palabras.

A propósito de cementerios y muertos, el día anterior visitamos el cementerio de Tilcara, sobre una loma arriba del pueblo, y la compañera de Juan el del hostal nos contó que en el Norte los cementerios se instalan en lo alto para que a las almas se les facilite el viaje al cielo. Eso es algo que ya nos había llamado la atención en Maimará, un pueblo vecino a Tilcara.
También contó que se celebra el día de los muertos (el 1 de noviembre) con altares con fotos de los parecientes fallecidos y ofrendas de pan cuyo tamaño aumenta entre más tiempo lleve la persona muerta. Me llamó la atención que dijo que en el pasado se los enterraba en posición fetal, pero no supo decir si antes de la conquista y recientemente. Fue bello notar el parecido de la celebración del día de los muertos con la mexicana, y al mismo tiempo pensé en lo ridículo del hecho de queen el museo Fernández Blanco de Buenos Aires montan una muestra de la fiesta mexicana cada año como si en Jujuy no se hiciera. Cosas del porteñaje forro y racista respecto del Interior.
Después de Humahuaca fuimos a Purmamarca con el plan de quedarnos a dormir ahí para ir a la Salina Grande al día siguiente. Íbamos guiados por Lonely Planet, cuyos errores en los nombres de los lugares ya habíamos notado. Sin embargo, el colmo vino cuando visitamos el "basic but decent place" que reseñaba para Purmamarca. La entrada era custodiada por un cristo tallado en madera de uns tres metros y medio de alto, y entre las advertencias estaban:

-Toque la campana y espere a ser atendido, no siga sin autorización.
-Las reuniones están permitidas hasta las 23 hs.
-Está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas.
-No se permiten visitas sin autorización.
-No se prestan utensilios o mercadería, no insista.

El sueño de una madre católica, o de su mejor amiga judía.

Se podía pernoctar por 20 pesos por persona sin usar la cocina y usando el baño de la zona de camping. Huimos de ahí esperando encontrar un hostal sin régimen conventual pero recorrimos las 10 cuadras del pueblo de frustración en frustración. La gente era hostil, medio montañesa, de modo que cuando preguntábamos por un hostal "nadie sabía", en un pueblo minúsculo. Donde dimos con un "hostal" (Mamma Coca) se trataba de una habitación mal ventilada con camas de dos pisos, a la que se accedía pasando primero por una cantina donde una rocola tronaba sin compasión y luego por el patio de ropas de la casera, tan hostil ella y sus hijos como los demás del pueblo. El baño quedaba en el patio y no había áreas comunes, por supuesto tampoco cocina, porque en Purmamarca la gente vive de comerse crudos a los foráneos.
Encontramos unos franceses que nos vieron varias veces recorrer las calles y se acercaron para hablar sobre la hostilidad de la gente y la carestía del pueblo. Dijeron que les había pasado lo mismo y habían terminado pagando un hotel de 120 pesos porque era lo único pasable que había, y coincidieron con nosotros en que era un lugar "raro", para usar un eufemismo. Bien, pues terminamos huyendo de ese pueblo de mierda tan fotografiado por las agencias de turismo, que no advierten que parece una aldea evangélica de Texas, y volvimos a Tilcara.
Fue gracioso que en la parada de buses encontramos a Victoria, una porteña del hostal de Tilcara, un español que conocimos en Cafayate (con el que había discutido caso a las puteadas sobre si la España monárquica postfranquista tenía derecho a juzgar a los dictadores latinoamericanos), un canadiense que conocimos en Cafayate y reencontramos en Salta, y dos porteñas que conocimos en Salta. Es un poco patético pero fue reconfortante encontrar conocidos simpáticos en ese pueblo hostil donde habíamos dado vueltas buscando posada al anochecer con un frío que calaba.
Entonces, volvimos a Tilcara felices y pasamos la noche en el hostal de Juan, pero ahora en una habitación común, aunque solos. Fue bello volver a ver a Carolina, Cristian y Pedro, y encontrarnos nuevamente en ese pueblo tranquilo y lleno de gente amable. Salimos a cenar con Victoria pues estábamos demasiado cansados y hambrientos para cocinar.

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