9/15/11

...y sin embargo cada uno de nosotros dice: "sí, pero el que es mi amigo es 'mi progre', ése no es como los demás"

Si uno es un antropólogo social como yo, o tiene cualquier profesión que esté en el terreno de las ciencias sociales y/o además de eso trabaja en instituciones educativas, culturales o de gobierno como la mayoría de los que tenemos estas profesiones, nunca está a salvo de comportar una personalidad que encaje en la categoría de progre, o de que la realidad lo obligue a hacer amigos entre gente de esas características. Digo "que la realidad lo obligue" porque como por un lado demográficamente los progres abundan, y por otro en varios sentidos son más soportables políticamente que muchos no-progres, inevitablemente uno termina tomándole cariño a algunos. Claro, que les tome cariño no quiere decir que le tome gusto a oír las burradas que suelen soltar.

Partamos de definir qué entiendo por progre. En esta entrada emplearé esa categoría para referirme al ciudadano de clase media más o menos alfabetizado que en las sociedades occidentales se ufana de ser crítico del sistema. No debe entenderse que todos los progres están de acuerdo en qué es el sistema, porque si lo estuvieran renunciarían a la segunda de sus características: la rampante superficialidad con la que piensan, hablan y actúan cuando se trata de política. Así, en una mesa de cafetín -o en un andén, dependiendo de su extracción social o profesional- en la que hayan, digamos, cinco progres, todos estarán de acuerdo en que el sistema es una mierda, pero para A el sistema es el capitalismo, para B el neoliberalismo, para C los yanquis (los europeos son lo mejor porque de sus ONG comen él y varios amigos), para D la sociedad patriarcal, y para E los políticos corruptos. Por esa razón, así mismo, todos son amigos de "la revolución", que puede ser tanto el avance "del pueblo" para tomar el poder, como una cruzada anticorrupción para lavarle la cara o joder al gobierno de turno, como una "revolución de los corazones" para aprender a amar a nuestro prójimo más allá de los odios que nos han sembrado los que nos dominan para mantenernos divididos y controlados, o un movimiento de mujeres de ultraderecha financiadas por la CIA para tumbar a algún dictador enemigo de los yanquis con el argumento de que representa la sociedad patriarcal que ha oprimido desde la Grecia antigua al mal llamado sexo débil.

Debo decir, sin embargo, que de esas tres características, enemistad con "el sistema", superficialidad y fervor "revolucionario", no tienen igual peso, según mi experiencia, en el balance que produce la personalidad progre.

Si de pensar en la dialéctica hegeliana se trata, con sus manía de detenerse en los elementos que determinan o sobredeterminan los procesos, tengo que decir que estoy convencido de que la enemistad con "el sistema" y el fervor "revolucionario" son elementos determinantes, pero el elemento que sobredetermina ese proceso de formación de la personalidad es la superficialidad. Esa preponderancia de la superficialidad es lo que explica que todos sean críticos o enemigos "del sistema" pero nadie en esos círculos tenga ni puta idea acerca de a qué sistema se refieren cuando hablan. Explica, también, la cuarta característica a la que me quiero referir: el amor por la miserable labor de hacerle altares a cuanto papanatas con los pantalones bien puestos se para en este mundo a lanzar mierda, desde algún lugar público, contra cualquiera de los elementos que conforman esa estructura desconocida pero omnipresente que ellos llaman "el sistema". Esa es la manifestación limitada de un rasgo más amplio que los viejos bolcheviques denominaron impresionismo, y definieron sociológicamente como típico de la pequeña burguesía, por razones que desconozco debido a mi escasa ilustración.

Así, por ejemplo, durante años he escuchado a amigos y conocidos progres diciendo cosas como las siguientes:

1. "Que la espada de Bolivar vuelve a avanzar en América Latina se ve en la llegada del comandante Chávez al poder y el avance arrollador del compañero Lucio Gutiérrez hacia la presidencia de la hermana república del Ecuador."

Esa era la ideología oficial de las Farc a comienzos de la década de 2000, dada a conocer en los noticieros y en cuanto espacio tenían para hablar en público. Pocos años después el "compañero Lucio Gutiérrez" armó una operación con la policía política colombiana en la que capturaron en Quito y deportaron primero a Colombia y luego a Estados Unidos a uno de los principales dirigentes de las Farc: Simón Trinidad. El amor de las Farc con Gutiérrez venía de cuando intentó dar un golpe militar con un programa populista y luego fue a despistar en el Foro de Porto Alegre presentándose como la revelación del año en la farándula bolivariana. Conocedor de la superficialidad de los progres fue, habló y convenció.

 2. "¿Viste lo último que publicó Salud contra Gómez Gallo [un político local]? El problema es que los estudiantes [de periodismo] no leen, pero yo les insisto mucho en que la lean a ver si aprenden a hacer periodismo. Ésa es una que no se le queda callada a nadie."

Cuando escuché ese comentario de un(a) colega hace más o menos un año respondí con una puteada sobre el tipo de periodismo que hace "Salud" (que se llama Salud Hernández pero los progres son de llamar a sus ídolos por el nombre nomás como para sentirlos más cerca), que siempre me ha parecido una moralista que aprovecha que en un país de xenófilos como Colombia todo lo que diga ella que es española tiene un peso adicional que le viene del pasaporte. Hoy fue publicado en un periódico independiente que la fiscalía de Colombia estableció que Salud Hernández fue agente secreta de Carlos Castaño, el jefe de los temidos paramilitares que sembraron el terror a lo largo y ancho del país matando masivamente y descuartizando en las plazas públicas, y de Álvaro Uribe Velez, de quien se dice que también era jefe de ellos (aclaro que "es lo que se dice", no sea que me caiga una demanda por calumnia porque ahora se ensañan los uribistas hasta con cualquier idiota, es decir que yo también peligro). A Castaño le ayudó a limpiar al imagen de los paramilitares mediante sus columnas publicadas en Colombia y España, en las que los deslindó del narcotráfico; a Uribe le ayudó a desarrollar la campaña de desprestigio con la que intentó destruir a varios magistrados, para lo cual recibía información obtenida por la policía política de Colombia mediante procedimientos ilegales. Con Castaño se reunía en su hacienda en la costa, con la policía política en sus instalaciones en Bogotá, y hoy se conocen los partes que Salud-a-secas, ella siempre tan crítica, le remitía a Castaño con el saludo de "Querido comandante", después de cumplir sus "sugerencias".

3. "El problema es que en Colombia todo se quiere solucionar por la fuerza. Ahora por ejemplo están esos muchachos ahí con su violencia en la universidad mientras no nos dejan estudiar ni trabajar a los que sí lo queremos hacer... hace unos días un estudiante me preguntó si acaso alguna vez los que protestan y las directivas de la Universidad y el gobierno se habían sentado a dialogar. Yo le respondí que no. Ese es el problema, la gente se niega al diálogo."

Esto lo leí en el blog de un amigo hace varios meses, durante una ola de protestas violentas de estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia contra alguna de las muchas embestidas del gobierno contra las universidades. Fue sorprendente por un lado ver, como dice la Chimoltrufia, "por dónde apareció el peine", pues no esperaba leer eso en ese espacio. Fue duro, por otro lado, ver cómo aparecía ahí reproducido el discurso que elevaban Santos el presidente y Wasserman el rector por todo lado durante esos días. Ese discurso, que es el mismo con el que se deslegitima al enemigo político desde los espacios oficiales en Colombia, consiste en plantear que el otro es el que no quiere dialogar, y que la violencia es producto de esa intolerancia. Es un discurso que supone, por supuesto, ocultar u olvidar que en Colombia fueron exterminados 5 mil miembros de un partido político fundado en el marco de un proceso de desmovilización de las Farc en la década de 1980. Supone también ocultar u olvidar que los grupos estudiantiles que se especializan en armar batallas con la policía antidisturbios son además especialistas en sentarse a mesas de negociación con las directivas universitarias, creerse sus promesas, presentar a esas mismas directivas como gente verdaderamente democrática, y volver a armar disturbios cuando no les cumplen las promesas.

Cito y comento esos tres casos, pero si tuviera estómago y el lector aguante (sé que carezco de lo primero e infiero lo mismo del lector en cuanto a lo segundo), podría seguir ad infinitum. Hablaría de las ilusiones que albergaron sobre Obama porque es negro, de cómo se comieron la campaña "feminista" contra la burka con la que Condolezza Rice justificó la invasión de Afganistán, o de cómo en el Cono Sur reprodujeron la farsa de que con la llegada de Bachelet llegaba al poder se imponía el socialismo del siglo XXI en Chile, y no dijeron "esta boca es mía" cuando la víctima de la dictadura devenida presidenta se vistió de luto el día de la muerte de Pinochet.

El elemento contradictorio de la situación (o dialéctico, para seguir con mis pretensiones hegelianas), es que  durante estos años he construido amistades con algunos de esos progres, a los que quiero y valoro personalmente, aunque sus posiciones políticas e intelectuales suelen producirme malestares estomacales. Tengo que decir en honor a la verdad que no son progres todos mis amigos ni son  los progres mis amigos más cercanos. Si los veo en panorámica, mis amigos más cercanos son personas que no son "tolerantes" ni "críticas" a secas, sino gente con la que comparto la voluntad de tomar partido y mirar el mundo con el cauto escepticismo de los que tenemos esas "miradas estrechas" que dejaron de estar de moda cuando fue proclamado el fin de la Historia. Son en su mayoría, también hay que decirlo, personas con las que no me entiendo en todo, pero la confrontación de nuestras contradicciones, la conciencia de que existen y son en muchos casos irresolubles, sustenta en buena medida la trama que hemos ido construyendo durante años.

(La ilustración proviene de Manners, Custom and Dress During the Middle Ages and During the Renaissance Period, un libro de Paul Lacroix que se encuentra disponible en el archivo del Proyecto Gutenberg. Fue tomada por él de un manuscrito del siglo XIV disponible en el Museo Británico.)

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