En noviembre de 2011, hace casi un año, volví por segunda vez a Buenos Aires desde que en 2008 me mudé a Colombia, llevando la ilusión de volver atrás tan pronto como fuera posible para quedarme del todo. Igual que antes, me sentí feliz, "de regreso", como le dije a quien hace tiempo es mi heroína antropológica. Ella luego bromeó adorablemente sobre eso con algunos colegas colombianos que me presentó: "Él pasa por Colombia, pero acá vuelve, ¿viste? Es de los nuestros".
En efecto estuve feliz de reencontrar a gente que adoro, y sin embargo, ya no encontré la ciudad en la que viví. Aunque había estado un año antes, en 2010 después de 2 años de ausencia, noté que había cambiado más en el último año que en los dos del intervalo anterior. Aunque la ciudad era la misma había algo distinto en la atmósfera que seguramente provenía tanto de los cambios que había vivido esa sociedad como de los que yo mismo había experimentado. Ese desencuentro me tomó por sorpresa. Hoy estaba escuchando "Las simples cosas" y los versos que dicen
lo aclararon todo. Como dijo Marguerite Yourcenar en Fuegos, se llega virgen a todos los acontecimientos de la vida.Uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida
y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacha no partas ahora soñando el regreso
que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo.
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