8/21/12

Sobre Reichel en el Reich

Hoy una reconocida antropóloga colombiana de la violencia publicó un artículo participando de una polémica encendida por la presentación de unos resultados de investigación en los que se señala que Gerardo Reichel Dolmatoff, el fundador de la antropología en Colombia, estuvo vinculado a los nazis antes de pasarse a la resistencia francesa y emigrar a Colombia.

El artículo puede ser leído --> aquí <--

Estos son los comentarios que me provocó, y escribí en el foro de lectores de la revista donde fue publicado, pero no sé si pasará el filtro de la "moderación de contenidos", como llaman a la censura ahora:

Del título y la propaganda previa que circuló por las redes sociales sobre la publicación de este artículo se desprendía que ofrecería una polémica cuidadosa, pero resultó una airada diatriba, que contiene varios sofismas. Entre otros:

1. El título de la conferencia ("Gerardo Reichel-Dolmatoff: su pasado, legado y problemas"), si bien ultrageneralista, deja claro que el objeto de la exposición no es la totalidad de la obra de Reichel, ni su presunta conversión. En consecuencia, resulta tendencioso reclamarle a Oyuela por no haber cumplido un objetivo que al menos según el título no parecía ser el de la exposición.

2. Es falso que resulte poco creíble que un ex-nazi haya podido ser parte de la resistencia francesa y posteriormente condecorado por DeGaulle. Ese tipo de procesos de "conversión" política es bastante conocido, y en Colombia sobran casos entre los reinsertados del EPL y los desertores de las FARC que se han pasado al DAS y los paramilitares. Si ejemplos faltaran, también está el caso de Mosab Yousef, hijo de un fundador de Hamas devenido colaborador estrella del servicio secreto israelí. De aceptar el razonamiento de Uribe sobre lo poco creíble del cambio de bando de Dolmatoff, habría que lanzar a la basura esos otros elementos de la realidad política colombiana o israelí, por "poco creíbles".

3. Que alguien con un pasado totalitario haya vivido años sin ser descubierto no es prueba de que ese pasado no existió. Habría que indagar entre lo que la autora llama "familias notables" sobre si circularon rumores, aparecieron conocidos inesperados, etc. Ese capítulo está por escribirse y quién sabe si se escribirá, pero resulta insensato de toda insensatez atribuirle al desconocimiento de la sociedad austro-húngara-bogotana el estatus de prueba contra una investigación que por incómodos que sean sus resultados se debería presumir coherente. De acuerdo a la tradición científica en la que la autora se inscribe, lo coherente sería demostrar lo equivocado del análisis haciendo una crítica juiciosa de la evidencia (o "evidencia") presentada por Oyuela.

4. El de Eichman no es el único caso de un nazi en el exilio, así que tomar su comportamiento como parangón del "ex-nazi" tipo parece más un ejercicio de folclorismo de inicios del siglo XX (cuando se hablaba de "LA campesina boyacense" o "EL traje típico tolimense"), que de crítica académica. Otro ejemplo de nazi en el exilio que contradice el "tipo" establecido por la autora es el de Erich Priebke, archiconocido asesino nazi que se refugió en Argentina sin cambiar de nombre y se convirtió en un prominente lider comunitario y educativo en Bariloche, hasta que la justicia italiana lo pidió en extradición por su responsabilidad en la masacre de las fosas Adreatinas. En ese contexto, usar a Eichman para descalificar las conclusiones correctas o equivocadas no parece una actitud coherente con lo que debería saber alguien que se declara "estudiosa del Holocausto".

No me voy a referir a la discusión ética que plantea el artículo, porque el eje es que la dignidad alcanzada por un personaje y la tranquilidad de sus allegados familiares o institucionales, es un argumento definitivo para no exponer los resultados -buenos o malos- de investigaciones sobre su pasado.

Opino que la Totaler Krieg desatada contra Oyuela por su investigación carece, en buena medida, de nivel académico. Llevo casi una semana leyendo insultos y descalificaciones, comentarios sobre la personalidad del autor y su trayectoria laboral. Por lo pronto no he leído una sola línea en la que se controvierta documentalmente la evidencia (o "evidencia") que presenta.

Al margen de que considero correcto deslindar el pasado de Reichel Dolmatoff de su obra antropológica, y coincido con quienes han planteado que su obra misma es una gran muestra de que él rectificó ese pasado si alguna vez lo tuvo, resulta lamentable ver cómo los partidismos académicos y los abolengos familiares han dado lugar a un fenómeno que más parece una pelea de borrachos liberales contra borrachos conservadores, que una discusión entre científicos sociales.

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