Esta foto la tomé esa noche, cuando atravesaba el Karlsbrücke y todavía no me había perdido.
7/25/14
Mütterchen mit Krallen
Llevaba poco más de media hora tratando de encontrar el camino a mi hotel a través del laberinto de las calles oscuras de la ciudad vieja de Praga. Caminaba confundido por la lluvia incesante, tratando de fijar la atención en encontrar la ruta mientras al mismo tiempo intentaba guarecerme de la lluvia, y buscaba de cuando en cuando los puntos por los que podía cruzar de un lado a otro de alguna calle sin mojarme completamente las botas en los charcos y pequeños raudales que anegaban el espacio. Repetitivamente, en mi estado de embotamiento debido a golpeteo rítmico de la lluvia sobre la capota de mi chaqueta, al agua que me corría por el rostro, a la penumbra que dificultaba que me ubicara en ese paisaje de calles estrechas velado por una cortina de agua... digo que repetitivamente me encontraba con que al voltear una esquina o una curva arribaba a una calle, un patio, una plaza, una intersección por la que ya había pasado antes, caminando en una dirección distinta que aquella en la que había retornado al sitio. En un momento, mientras me alejaba del Moldava a cuya rivera había llegado nuevamente sin proponérmelo, y me internaba de nuevo en la ciudad vieja por la calle Kaprova, a pocas cuadras de la casa donde Franz Kafka vivió gran parte de su vida, me escuché decir: "Mütterchen mit Krallen". Fue como si el Ángel hubiera puesto esas palabras en mis labios, pues pensé en ellas solamente cuando me escuché pronunciarlas. Así se había referido Kafka a Praga, por la cual se sentía atrapado: como una "madrecita con garras".
No fue la primera ni la última vez en la que me sentí caminar por el borde de dos mundos en esa ciudad de la que sabía muy poco antes de vivirla por primera vez, pero a la cual volví ese marzo en una de cuyas noches me perdí, atraído por las voces de los sabios y los mártires que todavía parecen habitarla, y que de vez en cuando le susurran a uno algo en el oído, le ponen palabras en los labios, o le apoyan su brazo en la espalda mientras camina aparentemente solo por puentes, callejones, plazas y antiguos edificios comunitarios convertidos en atracciones turísticas.
Esta foto la tomé esa noche, cuando atravesaba el Karlsbrücke y todavía no me había perdido.
Esta foto la tomé esa noche, cuando atravesaba el Karlsbrücke y todavía no me había perdido.
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