3/24/15

No es el tango lo que es triste

–El otro día que pasé por el frente de la casa de Jorge [Vargas] pensé que quedó como la de la canción –dijo mi abuelo, mientras sonaba la música en el radio como todas las tardes cuando volvía de trabajar en el cafetal, de escoger café, cortar pasto, cuidar sus gallos de pelea o su yegua... Y sin decir más siguió como si nada, sentado con los brazos apoyados en la mesa, cantando.

Sonaba la canción. Una de las muchas de Garzón y Collazos, Silvia y Villalba, Daniel Santos, Carlos Gardel, Pepe Aguirre y tantos otros con las que pasaba –pasábamos– las tardes tomando café con leche con arepas, charlando, escuchando las historias de su vida: su juventud de arriero de mulas cargadas de café, recorriendo descalzo los caminos de herradura que descendían de los Andes al puerto de Girardot, en el valle del Magdalena... Los años en el servicio militar en la selva amazónica, recorriendo en lancha y sin saber nadar los ríos Mayo, Orteguaza, sufriendo por el calor, pescando bagres enormes... Los tiempos de policía en Ibagué y su renuncia precipitada por su rechazo a participar en la ejecución de masacres, y el miedo a que ese rechazo le pudiera costar la vida... Los primeros tiempos de casado con mi abuela en el Tolima, desde donde tuvieron que huir a Cundinamarca dejando la casa y los pocos animales que tenían para salvar la vida... Y luego cientos de historias apacibles y divertidas sobre los casi 50 años que para esa época ya habían vivido los dos en paz en la finca donde construyeron una familia y donde yo me crié en parte con ellos, como si fueran mis padres.

Esa tarde mi abuelo habló de lo triste que es ver morir a los amigos, re-encontrar los sitios en los que vivieron y toparse con la soledad y desolación de sus casas. Sonaba "Las Acacias", y él cantaba con su voz grave, con los brazos apoyados en la mesa, con la posición corporal y el gesto inconfundible que le provocaban el encuentro de la música y los pensamientos tristes.



De los últimos años de mi abuelo me quedaron especialmente una profunda admiración por ese hombre modesto que conocí en sus épocas de mansedumbre –había sido un déspota cruel que mantuvo a mi abuela, mi tío, mi papá y mis tías en un régimen de terror y violencia física durante la mayor parte de su vida–, el amor por la música que conocí con él y una abrumadora conciencia de lo dolorosa que resulta la pérdida del vigor físico y de los seres amados a causa de la vejez y la muerte. El abuelo Chucho que conocí fue un hombre sarcástico, que enfrentaba con severidad e ironía lo que después pensé que acertadamente calificaba como un error de quienes nos habían educado a mi hermano, mi primo y a mi como muchachitos cómodos y enemigos del trabajo: para él éramos "la flor de la batatilla", porque esa delicada flor se marchita cuando le da el sol. Fue también un hombre profundamente enamorado de mi abuela, cuya belleza de juventud recordaba emocionado en versos de canciones como ese del tango de Pepe Aguirre que dice "María Isabel, divina mujer, tus caricias y tus besos nunca yo podré olvidar" (lo de ser muñeca de loza con el cuerpo de aserrín no le correspondía).


Y fue también un macho de corazón en la mano, al que en los años que le conocí nunca le vi vergüenza de llorar al recordar a personas amadas y desaparecidas para siempre, de las que hablaba con la mezcla de felicidad y profunda tristeza que imponen ese tipo de nostalgias.

La canción que cantaba ese día del que hoy hablo dice:
Ya no vive nadie en ella y a la orilla del camino silenciosa esta la casa,
se diría que sus puertas se cerraron para siempre.Se cerraron para siempre sus ventanas.
Gime el viento en los aleros, desmorónanse las tapias,
 y en sus piedras cabecean combatidas por el viento, las acacias.
Combatidas por el viento las acacias.
Dolorido, fatigado de este viaje de la vida,
he pasado por las puertas de la estancia,
y una historia me contaron las acacias. 
Todo ha muerto, la alegría y el bullicio.
Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa,se marcharon unos muertos y otros vivos que tenían muerta el alma.Se marcharon para siempre de la casa.
Algunos años después de ese día mi abuela murió de manera inesperada. Fue el 26 de agosto de 2005 y mi abuelo la siguió dos meses después preso de eso que en los pueblos llaman "pena moral": no vio el amanecer del día que se cumplía un mes de su muerte, y aunque se recuperó levemente del accidente cerebrovascular que sufrió esa víspera, solo fue un asunto de retrasar la conclusión. Había entrado a su segundo mes de viudez "con un pie en el estribo". Como dice la canción, ya para ese entonces tenía muerta el alma.

Hace unos meses, jugando con Google mientras esperaba la cuenta en un restaurante, encontré sin querer una imagen de la casa de mis abuelos. No encontré allí casi nada de lo que conocía: el jardín siempre florido de mi abuela y los naranjos que la rodeaban había sido cortados de raíz y ahora la casa se levantaba en medio del rastrojo y la desolación, con las paredes que alguna vez fueron azules y verdes pintadas de blanco como las de un sepulcro. Parecía deshabitada. Ese día me acordé de lo que había dicho mi abuelo sobre la casa de su amigo Jorge Vargas el día que sonaban "Las Acacias", y nosotros escuchábamos la canción sentados en el comedor de aquella otra casa, ahora deshabitada y silenciosa.


Aquella noche en el restaurante me puse a llorar ante la mirada atónita de la gente. Me sentí triste y solo, como si la vida hubiera pasado de largo dejándome parado en la mitad del camino, y yo la viera hacerse cada vez más pequeña a medida que se alejaba. Mis abuelos -valga decir en muchos sentidos mis padres-, la casa, el olor de las habitaciones, los cuadros de la sala, el jardín, las naranjas dulces, el altar en la ventana de la cocina, el sol de las mañanas que entraba por la ventana del comedor, se reflejaba en el caldo del desayuno y le daba a uno en la cara, las manos de mamacita, su regazo, las canciones e historias de papacito... todo estaba irremediablemente perdido.

No es el tango lo que es triste. La vida es triste.



2 comments:

Unknown said...

He llorado de nostalgia y soledad. La otra canción dice: "ya se murió mi viejo, ahora el viejo soy yo".

Unknown said...

He llorado de nostalgia y soledad. La otra canción dice: "ya se murió mi viejo, ahora el viejo soy yo".

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