11/4/15

La nieve, mi abuelo, la estepa rusa (y Auschwitz)

Cuando era niño muchas veces escuché a mi abuelo Chucho cantando "Sonia", un tango con aire de balada rusa que interpretaron Carlos Gardel y Julio Jaramillo. En mi memoria quedó marcada como una canción triste de amor, que hablaba de estepas cubiertas de nieve habitadas por lobos hambrientos, pero no quedó como un recuerdo triste, sino como parte de esa miríada de momentos de sosiego y felicidad en los que él y mis dos abuelas fueron modelando con sus voces buena parte de mi sensibilidad musical.

Muchos años después terminé viviendo en Alemania, y durante mi primer invierno fui a esquiar a un pueblito de los Alpes, en la frontera con Austria, que se llama Oberstdorf. Íbamos en camino en un tren rural que avanzaba lentamente, yo me había arrunchado en mi silla contra la ventana, y observaba distraído el paisaje de pueblos y pequeñas ciudades industriales de la región del Allgäu, cuando de repente el paisaje se abrió y comenzamos a atravesar un valle amplio, despoblado y cubierto de nieve. En ese momento, en medio de mi distracción, acomodado en el calidez de mi silla de tren, me descubrí cantando el tango que tantas veces le había escuchado a mi abuelo. Cuando reaccioné y quise tomar una foto de ese sitio donde se había producido una hermosa confluencia de aquél que yo era en ese momento y aquél que fui cuando viví años tan felices en la finca de mis abuelos Leal Bernal, conociendo el mundo a través de la radio y aprendiendo sobre la música, el amor y la vida a través de las canciones que mi abuelo cantaba, ya era tarde. Estábamos saliendo del valle que por un momento fugaz fue una estepa rusa, y sólo pude tomar una foto en la que se ven una pequeña parte del valle y dos casitas de la que se usan en esos lugares para guardar herramientas o alimento para los animales. Pero la foto era lo de menos. Como tantas otras veces antes y después de aquél momento maravilloso, la música había derrotado a la muerte y me había devuelto a mi abuelo, quien viajaba conmigo en ese momento en el tren, y me acompañaba con su voz grave cantando:

La inmensa extensión de las estepas
cubierta por la blanca nieve está,
y son de este presidio las murallas
tan altas, que ni el sol se ve alumbrar...


La historia de la canción es otra cosa. Originalmente fue grabada en Viena, al rededor de 1920, con letra de Fritz Löhner-Beda (a veces conocido como Beda) y música de Eugen Partos, de quien fue su "Op. 89" (nótese que en el siguiente video está equivocadamente titulada como una "vieja canción rusa").


Allí la descubrió Carlos Cappenberg, un músico argentino quien de regreso en Buenos Aires la tradujo e hizo los arreglos de la versión que conocemos, y que Gardel grabó en 1925.
Beda, el compositor original, era un judío nacido en 1883 en Bohemia, hoy República Checa pero entonces parte del imperio austrohúngaro. Su familia se mudó a Viena cuando él tenía cinco años y se cambió el apellido de Löwy a Löhner, como parte del intento de asimilación que vivieron muchas familias judías de la época en Europa central. Allí estudió derecho pero luego se hizo famoso como libretista de teatro y compositor, y es de esa época que proviene "Sonja". El 1 de abril de 1938, dos semanas después de la anexión de Austria por la Alemania Nazi, Fritz Löhner, de entonces 55 años, fue detenido junto con otros muchos ciudadanos judíos y deportado en el primer "Prominententransport" ("Transporte de personas importantes) al campo de concentración de Dachau, unos 20 kilómetros al sur de Múnich. Casi seis meses después, el 23 de septiembre, fue deportado nuevamente a Buchenwald,  a pocos kilómetros de Weimar, en la actual Alemania del Este. Allí compuso, a finales de ese año, la Canción de Buchenwald ("das Buchenwaldlied"), una marcha cuya música fue compuesta por Hermann Leopoldi, otro judío vienés. La canción fue adoptada como himno de Buchenwald tras salir ganadora en un concurso organizado por el comandante del campo, al que fue presentada como propia por un prisionero no judío.


Leopoldi sobrevivió porque su esposa logró escapar a Nueva York y rescatarlo de Buchenwald pagando un soborno enorme, y años después dijo que la canción
"complacía intensamente al comandante del campo, que en su estupidez no veía cuán revolucionaria era. Desde ese día tuvimos que cantar la canción mañana, tarde y noche, a [Rödl], el comandante del campo, le gustaba bailar la canción, mientras a un lado la banda tocaba y al otro la gente era azotada. A través de nuestro trabajo la canción llegó a los pueblos vecinos, y desde allí se extendió por la tierra".
El 17 de octubre de 1942 Löhner fue nuevamente deportado, esta vez a Auschwitz, donde fue asignado para trabajar en la planta tecnoquímica de Buna, propiedad de IG Farben –una empresa de Frankfurt cuyas sucesoras son Agfa, Bayer, BASF y Hoechst–, en la que también fue esclavizado Primo Levi. Allí compuso la canción de Buna ("das Buna-Lied"), que al parecer fue musicalizada luego por Anton Geppert, pero cuya melodía desconozco. Löhner fue asesinado a golpes a la edad de 59 años, el 4 de diciembre de 1942, después de que un superior lo condenara a muerte por ser  un "cerdo judío que podría trabajar más rápido" de lo que trabajaba.
Hoy día "Sonja" es recordada en Rusia como una vieja canción popular de ese país, aunque a decir verdad el paso al género "folk" ruso la despojó de la fuerza dramática que le conocemos a la versión original y al tango.

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