11/1/07

día de los muertos

Cuando era chico -deía tener como seis años- murió la cuñada de mi abuela Isabel. Ella y el tío Miguel vivían entonces con sus hijas menores en El Roble, la finca contigua a la de Madre, donde crecí hasta los cinco años. Originariamente eran una sola, pero cuando el bisabuelo Antonio repartió la herencia la dividieron en partes iguales que quedaron a lado y lado de un camino de herradura;* El Roble tenía los cafetales, y San Benito los potreros. Inicialmente a Madre le tocó la primera, pero por razones que no conozco bien hicieron una permuta con el tío, así que después de vivir algunos años allí -donde parió a varias de mis tías- las familias trocaron fincas.
Bien, ahí vivió y murió Carmeneloisita. Debió ser por estas fechas porque recuerdo que Madre me dijo que como estaba cerca el día de las almas (o de los muertos, o de los santos difuntos, según el país), las amigas debían haber salido a encontrarla.

--paréntesis con santoral--
Entonces, como durante casi toda mi infancia, lo que me contaba Madre sobre los asuntos del Otro Mundo era una verdad incuestionable. Cuando las pesadillas me asaltaban en mitad de la noche, y muerto de miedo la despertaba, rezábamos juntos una oración a no sé quién pidiendo que me librara de los espíritus nocturnos, y volvía a caer en mi sueño de niño de cuatro años, seguro y tranquilo, al calor de su pecho.
Era un universo bastante estable, aquél, donde nada sucedía por casualidad y los imprevistos podían ser tratados con el apoyo de un santo especializado. San Antonio, por ejemplo, ayuda a encontrar las cosas perdidas; se le enciende una vela y cuando se termina uno busca el objeto siguiendo la dirección a la que apunte lo que quedó del pabilo. Si no quedó nada, mejor ni buscar porque el objeto se ha perdido definitivamente. Santa Lucía ayuda a deshacerse de cosas molestas de esas que se meten en los ojos por la acción del viento; sólo hay que decir: "Santa Lucía bendita, sácame esta basurita", y frotarse con cuidado. Claro que, como dice el adagio, después del ojo afuera no hay Santa Lucía que valga.
--fin del paréntesis--


Es sorprendente: cuando uno menos se da cuenta tiene un tendal de muertos entre la gente que ha amado. ¡Feliz día para todos!
(Una pregunta causijurídica: tratándose de una festividad católica, ¿está bien que los ateos felicitemos a nuestros muertos? En caso afirmativo, ¿la felicitación vale también para los difuntos ateos?)
El grabado es de José Guadalupe Posada, un mexicano de esos que uno habría querido conocer. Entre esta semana y la próxima se puede visitar el Museo Fernández Blanco, donde va a estar montado el altar del día de los muertos, ofrecido a Diego Rivera y Frida Kahlo como visitantes, y Oliverio Girondo y Nohra Lange como locales.

*Camino de herradura: es una senda empedrada generalmente angosta, con el ancho suficiente para que transiten dos mulas cargadas. Hasta bien entrado el siglo XX la mayor parte del transporte en la región Andina colombiana se movió por esos caminos. Son más rectos que las carreteras modernas, de modo que si uno va a pie le convienen más y son más divertidos.

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