Abril 27
Salta
Desde Tafí del Valle viajamos a Cafayate, pues finalmente sacamos la conclusión de que Amaicha era un moridero. En efecto, al pasar por ahí nos dimo cuenta de que no tiene nada particularmente interesante. El supuesto mejor clima del mundo es superseco, de modo que todo está cubierto de polvo.
Cafayate es un lindo lugar. Un pueblo tranquilo, con clima cálido y seco, pero muy agradable, con la arquitectura antigua bastante conservada y bastante bello. En sus alrededores se produce vino, están las bodegas Etchart y Lavaque, de las conocidas, pero también Domingo Hnos. y Nanni (la última tiene 150 años). Se toma buen vino del lugar a 6 pesos (poco menos de 2 dólares) el litro en el bar del mercado.
Aunque es un lugar turístico, lleno de tiendas, hoteles y restaurantes, es bastante tranquilo y a dos cuadras de la calle principal se encuentra el mercado popular, con su vida normal. Nos llamó la atención que la siesta dura hasta las cinco pero el comercio –incluidas las carnicerías– cierra a eso de las 11.
Nos quedamos en "Ruta 40", el hostal de HI, es cómodo, lindo, bien localizado y limpio, aunque subplanificado pues la cocina tiene nada más dos hornallas y el agua caliente se agota con que se bañe una persona.
Desde allí visitamos las ruinas de Quilmes, a 55 kilómetros al sur de Cafayate. Los últimos cinco kilómetros se recorren a pie desde la ruta. Tomamos un bus de "El Indio" que iba a Santa María (Catamarca) y nos llevó por 7 pesos. Iba tambien Jacqueline, una chilena de Concepción que vive en San Pedro de Atacama, con quien pasamos el día.
Las ruinas son lindas. Al pie hay un museo que no se puede visitar porque pertenece a un hotel menemista cerrado por algún litigio. La entrada es libre pero la guardan personas de la comunidad Diaguita que tomaron el lugar tras el cierre del hotel hace unos cinco meses. Uno de ellos ofrece una introducción al lugar bastante buena. Fue bello oírlo porque estaba bien informado sobre el lugar y tenía opiniones propias sobre los defectos de la reconstrucción que hicieron en 1977 y sobre la historia del sitio. Además daba cuenta de las discusiones entre los arqueólogos diciendo: "se dice A y B; nosotros narramos la interpretación de Fulano, pero hay otros que opinan tal cosa...". Contó sobre su experiencia respecto del sitio, diciendo que era indígena pero no se interesaba hasta que un día se dio cuenta de "que el indio no era tan malo como decían", y empezó a averiguar sobre el sitio. Señalaba el saqueo del lugar por los guaqueros, y dijo una bellísima metáfora sobre la guaquería y el modo en el que dificulta el análisis arqueológico: "llega el hombre y abre y rompe las urnas y se lleva lo que puede, y después cuando llega el arqueólogo es como si se encontrara con una carta rasgada por la mitad".
Después de escucharlo recorrimos las ruinas, de las cuales apenas el 15% está reconstruido. Es un lugar bello, aterrazado, con muros de piedra que conforman casas de techos bajos (no están reconstruidos pues no se sabe cómo eran), cuyos pisos se encontraban bajo el nivel del suelo para protegerse del frío. A lado y lado hay salientes de la cordillera en las que había puestos de vigilancia. El lugar es seco, de bosque achaparrado en algunas zonas en algunas zonas y en otras hay rastrojos y cardones, que abundan notablemente. Hay muchos cuises (o cuyes) silvestres, pero la gente no los come; también vimos un zorrito. La zona la habitan los indígenas diaguitas, que se ven bastante pobres, que se ven bastante pobres y hacen artesanías buenas técnicamente pero simplonas.
Esta es una región del país en la que para viajar se depende del paso de los pocos buses de línea que circulan de un pueblo a otro, así que al descender de las ruinas tras dar una vuelta ascendiendo al mirador izquierdo para ver el lugar y divisar el valle (el de Colalao, creo), almorzar arriba, tomar un tereré y descender, nos sobraban unas cuatro horas antes de que pasara el bus de regreso a Cafayate, de modo que caminamos hasta la ruta y desde ahí seguimos viendo si nos levantaba alguien pero nada. En un momento, como a 1 kilómetro del desvío de Quilmes, un motociclista perdió el equilibrio y volcó ahí, en medio de la nada. Corrimos para ayudarlo y para nuestra sorpresa no le había pasado nada. Parecía aturdido pero luego notamos que estaba borracho, y después de que le ayudamos a parar la moto y Jan y Jacqueline le insistieran en buscar ayuda, se montó y se fue frente a nuestra mirada asombrada.
Seguimos caminando y llegamos a un lindo hostal llamado Río de Arena, que queda sobre la carretera, donde tomamos una botella de vino y una picada por 42 pesos (el vino era buenísimo, hecho en el lugar); luego salimos, como a las 6.30 a esperar el bus, y nos levantó un camionero que nos llevó hasta Cafayate.
En Cafayate cenamos los tres en el bar del mercado por 22 pesos y luego tomamos vino en el hostal hasta tarde.
Al día siguiente –sábado–, salimos para Alemanía a la 1 de la tarde. Es una especie de pueblo fantasma, crecido al rededor de la estación del tren que terminaba ahí su recorrido desde Salta (o desde Cerrillo, a 10 km de Salta, según quién cuenta la historia). Hoy viven ahí unas 8 familias –más o menos 30 personas– y donde antes era la estación de policía hoy hay una escuela-albergue para los niños de la zona que tiene 30 estudiantes que el fin de semana vuelven a sus casas. En la estación, construida en 1916, hay un taller de artezánganos que trabajan y exponen ahí. Hablamos con uno que dice que ese tren era parte de un proyecto de vía Salta-Chile que se hundió en la Primera Guerra Mundial. La línea fue fabricada en Alemania, por Gutehoffnungshütte (Siderurgia Buena Esperanza) y en algún lugar leímos que el nombre del pueblo tiene que ver con que los obreros que pusieron la vía eran alemanes.
Por ahí pasan dos ríos, uno rojo y uno cristalino que se juntan a las afueras de Alemanía, bajo el puente ferroviario, al lado del cual acampamos. Es un lugar verde, rodeado de montañas, sin energía eléctrica, y bastante tranquilo. En la noche se ven infinidad de estrellas, con la Vía Láctea, perfectamente demarcada, y apenas los insectos y ranas sonando de fondo en los arroyos. Hubo un momento, mientras mirábamos las estrellas, cuando Jan miró hacia el piso y descubrimos cientos de luces en el pasto, como si fueran estrellas verdes en el suelo. Eran unos animalitos como marranitos, de muchas patas.
Cocinamos sopa de papas amarillas con sabor a hibias, tomate y cebolla, y pollo asado a la brasa, del cual nos queda una presa –pierna/contramuslo– para hoy.
La quebrada de Cafayate, entre Cafayate y Alemanía, es bellísima, por los colores de las montañas y las formas que produce la erosión, que son un espectáculo sublime. Quisiera que lo visitáramos sin prisa cuando volvamos hacia Tucumán.
Esta mañana, después de pasar una noche acampando en Alemanía, viajamos hacia Salta. Esperábamos el bus pero antes nos levantó un tipo muy amable que nos trajo hasta la ciudad, junto con un hombre que vivía en Alemanía pero ahora trabaja en La Merced y vuelve a su casa los fines de semana, y que al bajarse nos regaló dos panes, uno para el chofer y su amigo y otro para nosotros. Fuimos al hostal de HI pero era un asco, oscuro y sucio, terriblemente maloliente, así que volvimos a la plaza, nos comimos el pan que nos regaló el otro viajero para retomar fuerzas, y seguimos buscando. La plaza 9 de Julio, que viene a ser la principal de Salta, es muy bonita, verde, con una fuente y llena de árboles... es un buen lugar para pasar el tiempo que me recordó la plaza de Bolívar de Ibagué.
Encontramos uno que se llama "El Andaluz", sobre la calle Córdoba (191) y parece normal y limpio. Nos quedamos ahí. Hacemos tiempo tomando vino en el marco de la plaza 9 de Julio mientras vemos el museo, queremos ver si encontramos a Jacqueline, y vamos a averiguar cómo es el viaje a San Pedro de Atacama.
Salta no es tan linda, la arquitectura se mantiene y el marco de la plaza es lindo, pero la ciudad en general es un poco sucia, caótica, y llena de contaminación visual. No es fea, pero es la típica ciudad latinoamericana de tamaño medio (tiene 600 mil habitantes, fundada en 1582). El clima es cálido y seco ahora, aunque un poco más húmedo que el de Cafayate.
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