Si bien pocos de mis paisanos pondrían en duda la efectividad de la raspadura de garrete en cuestiones amorosas, el consenso popular es aún mayor en cuanto a los efectos devastadores de otro medio de origen natural que según cuentan las comadres es frecuentemente utilizado para enamorar, dominar y amarrar novios, maridos y mozos: la menstruación, también llamada mestruación. Cuentan los que saben que basta con que una mujer menstruante versada en mañas se meta un algodón por allá en las partes y luego lo exprima sobre alguna bebida o alimento que entre “jijijís” y “jajajás” le ofrecerá a su novio, marido o mozo. El desafortunado caerá perdidamente enamorado, no podrá sacársela del pensamiento cuando no la tenga cerca, será víctima del desespero mientras dure la ausencia de la “porquería de vieja mañosa esa” (como las llaman las madres y las rivales), buscará incesantemente su compañía, y se rendirá a todos sus caprichos y mangoneos. El cuadro sintomático es tan evidente que con frecuencia madres, hermanas, suegras y mujeres cornudas manifiestan con una mezcla de desprecio y conmiseración al ver a sus parientes sometidos a la vil dominación de la enemiga: “¡Será que la (señora / mujer / vieja / desgraciada / vagabunda / perra / zorra*) esa ya le dió mestruación...!
Se trata en el caso de la menstruación de una versión más potente de la técnica -más difícil- de los calzones en la cabeza. Si bien éstos causan un efecto parecido en cuanto a volver a los hombres sumisos, dicho efecto es más leve en tanto el novio, marido o mozo en cuestión no se ve preso de un amor incontenible, sino que simplemente se vuelve obediente, “agüevado”. La técnica de los calzones en la cabeza tiene la desventaja de que la mujer debe esperar a tener al hombre dormido y ojalá borracho para ponérselos sin que éste se dé cuenta y descubra sus intenciones. La técnica de la menstruación resulta en cambio más fácil desde el punto de vista operativo porque en las pequeñas cantidades que bastan para causar el efecto deseado ésta parece resultar inolora e insabora.
Debe existir un antídoto porque en mi pueblo fui testigo de hombres que a fuerza de lucha y vaya uno a saber qué mañas fueron rescatados por sus mujeres de las garras de la moza. La verdad es que lamentablemente desconozco el secreto del éxito de esas aguerridas defensoras del hogar legítimo.
Se trata en el caso de la menstruación de una versión más potente de la técnica -más difícil- de los calzones en la cabeza. Si bien éstos causan un efecto parecido en cuanto a volver a los hombres sumisos, dicho efecto es más leve en tanto el novio, marido o mozo en cuestión no se ve preso de un amor incontenible, sino que simplemente se vuelve obediente, “agüevado”. La técnica de los calzones en la cabeza tiene la desventaja de que la mujer debe esperar a tener al hombre dormido y ojalá borracho para ponérselos sin que éste se dé cuenta y descubra sus intenciones. La técnica de la menstruación resulta en cambio más fácil desde el punto de vista operativo porque en las pequeñas cantidades que bastan para causar el efecto deseado ésta parece resultar inolora e insabora.
Debe existir un antídoto porque en mi pueblo fui testigo de hombres que a fuerza de lucha y vaya uno a saber qué mañas fueron rescatados por sus mujeres de las garras de la moza. La verdad es que lamentablemente desconozco el secreto del éxito de esas aguerridas defensoras del hogar legítimo.
*la decencia o vulgaridad del epíteto depende considerablemente del nivel de educación y la compostura de la persona que habla.
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