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5/15/24

A la señora Carrington

Hoy me levanté irascible. Después de desperezarme un poco, y mientras iba haciendo la cama, revisé mi correspondencia, uno de cuyos sobres me irritó bastante. ¿Ha cambiado mucho el clima, sabes? Ahora camino descalza nuevamente por todo el departamento antes de mi baño matutino.

Pero te contaba sobre mi despertar de hoy: estaba molesta, medio dormida aún, cuando sonó el teléfono. Era ya-sabes-quién. Conversamos largo rato, como casi siempre... ya sabes, contarnos lo que habíamos hecho desde la última vez y esas cosas. Le conté las causas de mis tribulaciones y bueno, su melodiosa voz fue aplacando mi cabeza endemoniada. ¡Oh, es tan bueno! Eso sin contar con que es también un hombre muy apuesto. Si mi madre o F vieran cómo me puede volver mansa como... como... (lo siento, no se me ocurre ningún animal manso que suene bonito al escribirlo), se sorprenderían.

Después de que cortamos desayuné con un vaso de leche y galletitas de avena de esas que preparé el miércoles (no se si te dije, pero me quedaron pri-mo-ro-sas), tomé mi baño, y salí a buscar la máquina de retratar, pues debían repararla por lo de aquella vez. El día era espléndido, un anticipo de la primavera. Y pensar que hay gente que los llama "dias peronistas"... No es que me quiera meter en política, pues como tú bien lo sabes soy muy poco entendida en esas cosas, pero es que a veces la gente no tiene gusto ni para inventar frases.

Bueno, salí del estudio fotográfico y camino a casa compré algunas viandas pensando en hornear una torta de naranja y preparar algo rico para la cena. ¡Qué gran arte el de la cocina! y tan humilde, sin museos ni marchantes que le hagan altar y corte. Cuando volvía, vi una bicicleta y ¡a que no te imaginas! Cometí la locura de sacarle un retrato, pues como me habian dado la máquina con un rollo de cortesía... Te contaré si sale bonita, y si puedo mandar hacer una copia, quizá la pegue para que la veas. Pero bueno, eso son solo proyectos, proyectos, proyectos.

¡Ay!, me dieron ganas de comprar una bicicleta para pasear en primavera. Sería de esas bonitas, con canasta de mimbre para llevar los entremeces en los días de campo, aunque, como siempre, ya veremos.

Debo dejarte pues los quehaceres me aclaman, pero quise robarles unos minutitos para aburrirte un poco con mis cosas. Disculpa si divagué un poco hoy, es que la primavera me ha puesto algo filosófica.

Tuya, Eugenia.



(Publicado en mi Fotolog el 31 de agosto de 2007)

4/12/18

Tomad y bebed todos de ella (en especial sumercé, papi)

Si bien pocos de mis paisanos pondrían en duda la efectividad de la raspadura de garrete en cuestiones amorosas, el consenso popular es aún mayor en cuanto a los efectos devastadores de otro medio de origen natural que según cuentan las comadres es frecuentemente utilizado para enamorar, dominar y amarrar novios, maridos y mozos: la menstruación, también llamada mestruación. Cuentan los que saben que basta con que una mujer menstruante versada en mañas se meta un algodón por allá en las partes y luego lo exprima sobre alguna bebida o alimento que entre “jijijís” y “jajajás” le ofrecerá a su novio, marido o mozo. El desafortunado caerá perdidamente enamorado, no podrá sacársela del pensamiento cuando no la tenga cerca, será víctima del desespero mientras dure la ausencia de la “porquería de vieja mañosa esa” (como las llaman las madres y las rivales), buscará incesantemente su compañía, y se rendirá a todos sus caprichos y mangoneos. El cuadro sintomático es tan evidente que con frecuencia madres, hermanas, suegras y mujeres cornudas manifiestan con una mezcla de desprecio y conmiseración al ver a sus parientes sometidos a la vil dominación de la enemiga: “¡Será que la (señora / mujer / vieja / desgraciada / vagabunda / perra / zorra*) esa ya le dió mestruación...!
Se trata en el caso de la menstruación de una versión más potente de la técnica -más difícil- de los calzones en la cabeza. Si bien éstos causan un efecto parecido en cuanto a volver a los hombres sumisos, dicho efecto es más leve en tanto el novio, marido o mozo en cuestión no se ve preso de un amor incontenible, sino que simplemente se vuelve obediente, “agüevado”. La técnica de los calzones en la cabeza tiene la desventaja de que la mujer debe esperar a tener al hombre dormido y ojalá borracho para ponérselos sin que éste se dé cuenta y descubra sus intenciones. La técnica de la menstruación resulta en cambio más fácil desde el punto de vista operativo porque en las pequeñas cantidades que bastan para causar el efecto deseado ésta parece resultar inolora e insabora.
Debe existir un antídoto porque en mi pueblo fui testigo de hombres que a fuerza de lucha y vaya uno a saber qué mañas fueron rescatados por sus mujeres de las garras de la moza. La verdad es que lamentablemente desconozco el secreto del éxito de esas aguerridas defensoras del hogar legítimo.
*la decencia o vulgaridad del epíteto depende considerablemente del nivel de educación y la compostura de la persona que habla.

4/11/18

El poderosísimo efecto de la raspadura de garrete

La raspadura de carate, si bien peligrosa, se le queda atrás a su parienta más temida: la raspadura de garrete, cuyo efecto más conocido es el enamoramiento total. La víctima o el víctimo pueden recibirla inocentemente en un café o alguna otra bebida o alimento, a partir de lo cual caerán perdidamente enamorados de la persona que se raspó el garrete con malas intenciones, y frecuentarán su casa con insistencia.
La efectividad de ese método fue comprobada por la esposa de un tío abuelo mío, quien siendo joven era cortejada por un pretendiente no correspondido. Al quejarse en privado de sus constantes visitas hubo quien maldadosamente le aconsejara administrarle raspadura de garrete en un tinto (como se llama en Colombia al café negro), y la entonces señorita siguió el consejo sin saber que se estaba echando la soga al cuello, porque ese fue el inicio de una etapa de mayor enamoramiento y asedio del aspirante a novio. No sé cómo habrá revertido el encanto pero lo cierto es que ella después se casó con otro, que era mi tío abuelo.
El error de la señorita en cuestión fue producto de la ingenuidad, pues para ahuyentar a un visitante persistente lo efectivo no es la raspadura de garrete, sino la mierda de gallina, que debe ser administrada seca y pulverizada ojalá en un tinto, un café con leche, un chocolate, cualesquier cosa que se le ofrezca a la visita. Eso sí, si se trata de una persona sabida y desconfiada, que recibe con la mano izquierda la taza o el plato en los que se le presenta el alimento, todo está perdido: la mano izquierda usada de ese modo, al igual que los calzones o las medias puestos por el revés, anula automáticamente cualquier sustancia o conjuro por poderosos que sean.

4/10/18

Golpe de carate


Continuando con el carate o vitiligo, se dice en mi pueblo natal que si bien tiene su origen en las partículas oscuras que sueltan las alas de las mariposas, también es una enfermedad que puede llegar a ser prendediza. Basta con que un caratejo maldadoso se raspe la parte caratosa (dígase el brazo, la mano, lo que sea) con un cuchillo, y le administre la raspadura a su víctima en una bebida o un alimento. Con eso tiene el pobre inocente o la pobre inocenta para que le de carate sin haber tocado una mariposa en toda su puerca vida.

8/27/13

Estado de llenura

El desamor es producido por la ausencia repentina del sujeto amado del mundo propio. Y sin embargo, no es experimentado simplemente como la súbita irrupción del vacío en la vida real.

Ese sufrimiento sin límite causado por el vacío que causa aquella ausencia quizá definitiva, es también un estado de llenura. Si no fuera así no nos pasaría que cuando lo sufrimos perdemos las ganas de comer.

1/22/08

Gazpacho

Conocí el gazpacho en la cocina de mi amiga María José, una de las varias personas extranjeras que encontré a mi llegada a la Argentina y que hoy se encuentran nuevamente en sus lugares de origen. Fue nada más conocernos y juntar extranjerías. En poco tiempo nos hicimos buenos amigos y pronto empezamos a sorprendernos de cuán similares somos -en la mesa y en el resto de la vida- los andaluces y los colombianos de la región Andina.

Similares, pero no iguales. Si bien los 300 años de colonización española dejaron una impronta indeleble en las costumbres y los gustos de la gente de lo que otrora fue el Nuevo Reino de Granada, las distancias geográficas -más que la independencia política- han dado lugar a recetarios con un innegable aire de familia pero muy bien diferenciados. Compartimos el gusto por los arroces, los guisos, los embutidos, las sopas, la debilidad (hija, con toda seguridad, de los árabes y los indios americanos) por las especias y todos los aromas sutiles que nos ditancian del exquisito pero elemental asado y de la polimorfa pasta.

Esas y otras confluencias determinaron que, a pocos kilómetros del meridiano 5 latitud Sur, una andaluza y un cundinamarqués se identificaran culturalmente, a pesar de lo cual el gazpacho, como las sopas frías en general, me resultaba ajeno.

El asunto es que lo probé y me encantaron el sabor y la simpleza de su preparación, de modo que le hago propaganda permanentemente y lo preparo con frecuencia. En verano sienta muy bien, y es supremamente saludable.
Existen muchas variantes regionales, pero acá hay una receta más o menos estándar --> Click.

Buen provecho.

Dejo algo de Don Jorge Luis que me vino a la mente mientras escribía esta entrada:
De la diversa Andalucía

Cuántas cosas. Lucano que amoneda
el verso y aquél otro la sentencia.
La mezquita y el arco. La cadencia
del agua del Islam en la alameda.
Los toros de la tarde. La bravía
música que también es delicada.
La buena tradición de no hacer nada.
Los cabalistas de la judería.
Rafael de la noche y de las largas
mesas de la amistad. Góngora de oro.
De las Indias el ávido tesoro.
Las naves, los aceros, las adargas.
Cuántas voces y cuánta bizarría
y una sola palabra. Andalucía.

11/24/07

confesiones irrelevantes

Vivo solo en un departamento de tres ambientes (dos habitaciones y living: tardé dos años en aprender a clasificar departamentos por número de ambientes, supongo que eso habla mal de mi inteligencia).

Hace unos meses me dio por tener plantas: compré crisantemos y una begonia, luego tres amapolas que planté en una maceta rectangular, también dos de flores moradas chicas que soportan bien el sol, cuyo nombre desconozco; encontré albahaca en la verdulería y la sembré en lugar de comérmela como siempre, ahora tengo tres plantitas cuyos progresos sigo a diario; una amiga renovó su balcón y me regaló un aloe macho y una maceta grande en la que una planta anónima achaparrada que parece un árbol y tiene hojas vidriosas y redondas convive con un malvón.

Estoy juntando amapolas secas para ver si quedan bien en té o usadas como especia.

Me gusta mirar la luna.

En el estudio de mi casa hay una cama de una plaza que debería funcionar como sillón pero vivo posponiendo comprar almohadones. Duermo ahí ocasionalmente, en especial cuando me pesa la separación de Jan. En realidad donde duermo ocasionalmente es en la cama doble de la habitación.

Las señoras y las chicas de Buenos Aires suelen asociar mi acento a las telenovelas, los hombres al fútbol. Muchos piensan que todo Colombia tiene clima de playa.

A veces lleno la bañera. Entonces debo esforzarme mucho para encontrar la temperatura justa al balancear el agua fría y caliente. Cuando estoy en el agua siempre pienso en las películas donde la gente se mata ahogándose a propósito. No creo que sea posible. Me pregunto si sucedería en caso de que uno se quede dormido.

Me gusta ir al cine solo.

Mucha gente hace ejercicio para bajar de peso. Yo soy de esa minoría que adelgaza si no se ejercita.

Soy buen cocinero. Disfruto cocinar para la gente con la que simpatizo. No tengo problemas con hacerlo a la madrugada si a esa hora me da hambre. Hoy vine de cine y empecé a la 1: arroz blanco con coco y romero, pollo con salsa de hongos de pino y un poco de té earl gray, y ensalada de pepino con zanahoria. Agua para pasar. Nunca había preparado las dos primeras cosas, que quedaron deliciosas. Descubrí que la bergamota del earl gray es un muy bien ingrediente. Cocino con la nariz, casi nunca pruebo nada hasta el final. No es que me lo proponga pero así sucede.

Algo similar me pasa con la gente y los lugares, de distintas maneras. Recuerdo perfectamente el olor de Kirpalamar en las tardes soleadas, y a veces en el verano porteño la brisa lo evoca pero no sé de qué depende. El ahumador del abuelo los días que extraía miel o hacía algo con las colmenas. La línea A del subte de Buenos Aires. La boca de Jan.

11/19/07

El río más ancho, Maradona, la mejor cocina del mundo

Cuando vine a este país, quedé maravillado por el lugar que ocupan la comida y el vino a la hora de celebrar lo que sea. Es como si siempre se buscaran pretextos para juntarse a comer. Pero me aburre reunirme con alguien para comer pizza o pasta, los platos favoritos de gran parte de la clase media porteña. Se supone que para hacer honor a mi formación antropológica y a la moda democratera que cunde entre los intelectuales debería escribir alguna oda a las particularidades culturales y culinarias y bla bla bla, pero soy incapaz de semejante farsa.

Sucede que la pampa fue poblada por cazadores-recolectores antes de la Conquista, de modo que muy sofisticados no eran en cuanto a la dieta, a pesar de que en algunos casos cultivaban las exquisiteces de la antropofagia.
Los españoles, de la época del Imperio pasaron más o menos de largo, tratando de librarse de los caníbales, las epidemias, y el aburrimiento mortal de una zona sin ningun recurso minero de importancia ni indios agricultores que sostuvieran el mercado de provisiones.
Esclavos negros hubo pocos, dedicados a la servidumbre, de modo que no debían tener muchas condiciones para sostener sus tradiciones culinarias, al estar aislados en medio de tanto criollerío. Sin embargo, por lo que se sabe, en esa época se comía con algo más de gracia, porque se mantenían los platos favoritos de los indios, criollos, chapetones* y mestizos, como el locro (mute, en colombiano), los guisos, tamales, y esas cosas, que se siguen cultivando en la cocina del Noroeste, donde hicieron más pie los españoles del Virreinato: Salta, Tucumán, Jujuy...
Luego vinieron las famélicas avalanchas de Italia y el norte y el este de Europa, y la necesidad se convirtió en virtud, de modo que no sólo se jodió el plan de la burguesía racista en cuanto a mejorar la estirpe, sino que la cocina quedó lisiada.

La cultura y la política se nutrieron de las tradiciones de los inmigrantes, pero la comida de los italianos pobres ganó su sitial de oro entre las masas argentinas, y la pizza, los ñoquis, y todas las variantes imaginables de la combinación harina-tomates-queso-cebolla-poca o ninguna carne-acelgas o alguna otra hoja-tomillo colonizaron el calendario social (bueno, comparando lo que perdió en la mesa con lo que ganó en todos los demás terrenos de la vida, le fue mejor que a los demás países del continente). Así, tanto las reuniones de amigos como las familiares, o las salidas a comer, cuentan con la solemne presencia de alguno de los siguientes platos:

Pizza: bueno, ya se sabe qué es. Sus variantes dependen de lo que se le ponga encima, casi siempre relacionado con las salsas que se usan para los espaguetis. Sus más exóticas variedades incluyen cerezas o piña, y las ultra exóticas pollo u hongos. La masa puede ser delgada y crocante (a la piedra) o gruesa y esponjosa, parecida a la del pan (al molde).

Fugazza (y su hermana menor, la fugazzeta): algo así como una pizza al molde chica, con menos queso y mucha cebolla.

Milanesa: una feta de carne del espesor de un velo envuelta en miga de pan y frita u horneada.
Su más evolucionada preparación es a la napolitana, plato de sofisticada preparación que se obtiene poniéndole encima queso y tomate. Avanza un proyecto de ley para convertirla en el símbolo gastronómico oficial de la ciudad de Buenos Aires.

Ñoquis: pequeños trozos de una masa elástica cuyo principal ingrediente suele ser la papa. Se los hierve un poco para que ganen consistencia y luego se comen con alguna salsa de las que se usan para la pasta.

Pastas largas con distintos nombres que dependen de sus formas cilíndricas, aplanadas, espiraladas. El nombre de su preparación depende de una de las mentadas salsas.

Canelones: más pasta pero con forma de tortilla mexicana, enrollada como un cilindro y rellena principalmente de: jamón y queso, queso y tomate, ricota, o verdura (=acelga). Se sirven con cualquier salsa para pasta.

Sorrentinos: algo así como bollos de pasta, principalmente rellenos de ricota o verdura. Cocinados. Se sirven con salsas para pasta.

Pastas rellenas sin salsa: tartas (forma de torta), empanadas. Se hornean. Los rellenos varían un poco más para incluir maíz, pollo y carne. Las empanadas pueden ser fritas también y rellenarse de dulce de leche o de membrillo. Son, de lejos, mis platos favoritos en la cocina cotidiana porteña. Hay infinidad de variaciones provinciales o municipales, y muchas de ellas son simplemente exquisitas.

Ensaladas: principalmente mixta (cebolla, tomate, lechuga y/o zanahoria, si se siente transgresor agréguele huevo duro), y caprese [sic.] (albahaca y tomate). Aderezos al gusto: aceite de oliva, vinagre balsámico [aceto], limón.

Se acabó.

También está el asado, pero no me refiero a él porque no hace parte de la comida cotidiana y, glorificado por la burguesía terrateniente y más oscurantista, parece representar lo más criollo de la Argentina moderna. Es una institución nacional, y un monumento culinario que lo que no tiene de exquisito en su preparación (no por ello fácil) lo tiene en los sabores y el ambiente anti acelere-metropolitano que se le asocia.

Bueno, la ciudad recibió muchos otros inmigrantes -y continúa haciéndolo-, pero su peso no ha sido suficiente para diversificar la dieta diaria de la clase media. En cualquier barrio poco pretencioso se encuentran parrillas, evitadas por la mayoría de la clase media más esnob y exiliadas de sus barrios, en las cuales se come carne riquísima y a precios irrisorios. Junto a ellas abundan los restaurantes extranjeros o del interior del país, de modo que en pocas cuadras a la redonda se puede elegir entre, por ejemplo, comida argentina del Norte, peruana, gallega, brasileña o libanesa, pero los planes favoritos de la mayoría de los porteños siempre terminan en la pizzería.

Por otra parte, hay que reconocer que fácilmente se encuentran ingredientes para escapar del cerco de acero del trigo y los tomates, y cocinar cosas ricas.


*Chapetón: denominación neogranadina que se le daba a los españoles por el enrojecimiento que el calor del trópico les provocaba en el rostro. Se ponían chapetos.

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