Ese era el modo en el que se anunciaba al público de Florencia un antro de maricas de aspiración “ard-cor” que se llamaba “Crisco”. No tuve el gusto de conocerlo, pero en aquellos tiempos era la antesala del verdadero Berlín con el que soñaban las loquitas florentinas, cuya vida se dividía entre el culto a la mamma y el amor al vicio y al fornicio.
Por el amor al vicio y al fornicio tuve el gusto de disfrutar de un “amore estivo” por demás memorable en lo bueno y en lo malo. Por el culto a la mamma mi vida privada entera llegó a oídos de una vieja toscana de proximidades de Arezzo, según me enteré después.
El amore estivo se encontraba en su trance de muerte, en el momento de los reproches y las verdades. Fue entonces cuando Fabrizio me espetó con una mezcla de derrota y orgullo:
–Bien me lo dijo mi mamma: “Ese latinoamericano promiscuo no es bueno para ti”.
Lo que nunca me quedó claro es si la vieja sabía que al nene le gustaba ir al Crisco y soñaba con conocer il vero ambiente Berlinese.
