"Yo nací en Breslau, pero salimos de ahí hacia Baviera al final de la guerra. Yo estaba pequeño y recuerdo poco de cuando vivíamos allá. Una vez volví a Breslau con mi señora y me sorprendió que a pesar de que las calles tenían otros nombres porque esa ciudad ahora es parte de Polonia y me parece muy bien porque los alemanes hicieron cosas horribles... bueno, que aunque todo estaba tan cambiado yo logré dar con la casa en la que vivíamos, apenas orientándome por el paisaje a medida que iba reconociendo los lugares. Yo me terminé de criar en Baviera y cuando mi papá volvió del campo de prisioneros de guerra a comienzos de los cincuenta, nos mudamos a Frankfurt. Yo tenía una mala relación con él. Era una mala persona, pero hay quizá una sola cosa inteligente que hizo en la vida. En el campo de prisioneros de guerra donde estaba detenido después del final de la guerra, porque estuvo en el frente hasta el final, los americanos lo pusieron en la enfermería a llevar el registro de los prisioneros que estaban libres de tifo y podían ir dejando el campo. Y él a los pocos días llenó su propio certificado, lo firmó y se fugó legalmente por la puerta como si nada.
Entonces regresó a casa y nos mudamos todos a Frankfurt, que es donde siempre he vivido sin sentirme extranjero un solo día. Yo no pude elegir mi oficio porque él me impuso que tenía que aprender el de dibujante técnico de anuncios publicitarios, que era el mismo que él tenía. Fue un oficio que odié cada día durante muchos años. Sólo hasta muchos años después de estarlo ejerciendo, cuando ya había podido poner mi propio taller, le fui tomando el gusto. A mi me tocó hacer la formación en la misma empresa en la que trabajaba mi padre, que era dirigida por un señor que era un verdadero artista en todo el sentido de la palabra. Había sido cantante de ópera antes de la guerra en Rostock, y era también músico, pintor y dibujante. Para esa época hubo un concurso federal de aprendices y el tema era 'Frankfurt, metrópolis'. Yo estaba terminando mi formación y participé con mi trabajo final. Lo iba haciendo poco a poco en el taller en el que trabajábamos, y un día mi papá me vio trabajando en eso, ya casi cuando lo iba a terminar, y me gritó delante de todo mundo: '¿Crees que vas a sacar algo con esa mierda?'. Y el director de la empresa le dijo: 'No es ninguna mierda, es un trabajo de muy buena calidad'. Con ese trabajo pasé la primera selección y luego llegué al primer puesto del concurso a nivel federal. Me gané una caja de herramientas y la participación en la cena de la premiación, pero lamentablemente fue en Frankfurt, así que me quedé sin la posibilidad de haber ido a conocer otra ciudad. En la cena estaban todos: el ministro de economía, que en esa época era Ludwig Erhard, y el canciller federal, que era Konrad Adenauer, el alcalde de Frankfurt, gerentes de las empresas... Yo entré a la sala donde se celebraba la cena y ya estaban todos sentados así que no encontraba lugar. Solo había lugar en la mesa donde estaban el ministro y el canciller y yo estaba parado sin saber qué hacer, pero de un momento a otro Ludwig Erhard me dijo: 'Joven, ¿por qué no se sienta con nosotros, le parece que no merecemos su compañía?' Eran políticos tan distintos a los de ahora... gente que sabía hablar de cualquier cosa, personas sin mucho estudio pero normales, como cualquiera. Los de ahora son estudiados todos pero no saben nada de la vida real.
[¿No se opuso su familia cuando se enteró de que usted se iba a casar con una judía?]
No, no del todo. Cuando mis padres supieron que me iba a casar con ella (a mediados de la década de 1960), él dijo: '¿Y no te podías conseguir otra?, ¿Tenías que buscarte precisamente una judía, a ver si vuelve a pasar lo que ya pasó?' Quería decir el holocausto, naturalmente. Yo le respondí: '¿Ustedes creen que yo soy tonto? El día que comience a volver a pasar algo así yo inmediatamente me voy del país con mi mujer y mis hijos. No voy a esperar a que pase nada.'
Era una época donde todavía se notaba mucho antisemitismo en cualquier parte, incluso en Frankfurt. En el taller había uno que siempre lanzaba insultos contra los 'judíos de mierda' y decía que él podía notar a kilómetros el hedor que desprendía un judío. Yo jamás le dije nada, hasta que un día pasó mi señora a buscarme al trabajo, y me acerqué al tipo y le pregunté: ¿usted nota algún olor extraño? El me respondió que no y preguntó por qué lo decía. Yo le dije: porque acá está mi señora, que es judía, así que usted mejor de ahora en adelante se calla la boca. Con ella fui tan feliz... Y su papá era también una gran persona. Desde el primer día me hizo sentir como parte de la familia. Una vez nos queríamos comprar una moto, una Vespa, para pasear por ahí. Llevábamos un tiempo ahorrando poco a poco la plata cuando él se enteró. Ahí nos llamó y nos dijo que él nos regalaba lo que nos hacía falta pero para un auto, porque una moto era un lujo que no servía de nada. Fue el primer auto que tuvimos y nos duró muchísimos años. A él le gustaba el buen café y también conducir, ¡así que a veces me invitaba a ir a Colonia (a 250 kilómetros de Frankfurt) para tomar un café y volver! Y la gente que nos veía juntos pensaba que yo era el hijo y mi señora la nuera.
Con mi señora teníamos decidido mudarnos a esta casa de retiro juntos, porque nos gustaba mucho la idea de vivir en un lugar donde hay tanto judíos como cristianos. Ya teníamos todo listo pero lamentablemente ella murió de repente unas semanas antes de la mudanza. Yo mantuve el plan y aquí estoy. Me gusta mucho que hay tantas personas de tantos países, que uno escucha tantos idiomas distintos... que no solo están los que viven acá sino que uno también se encuentra con jóvenes como ustedes. Espero que no me malentienda, pero me gusta mucho escuchar ese acento con el que usted habla, lo bien que habla usted pero el modo en el que en el fondo uno escucha un poco de la música de su idioma materno... Me siento bien acá, pero también vivo triste. Jamás me imaginé que fuera a extrañar tanto a mi señora. Fueron tantos años felices juntos y yo apenas ahora me he dado cuenta de cuánto la amaba. ¡La extraño tanto!"
H.J. Hofmann, en una de nuestras últimas conversaciones.