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7/2/18

Campeón federal

"Yo nací en Breslau, pero salimos de ahí hacia Baviera al final de la guerra. Yo estaba pequeño y recuerdo poco de cuando vivíamos allá. Una vez volví a Breslau con mi señora y me sorprendió que a pesar de que las calles tenían otros nombres porque esa ciudad ahora es parte de Polonia y me parece muy bien porque los alemanes hicieron cosas horribles... bueno, que aunque todo estaba tan cambiado yo logré dar con la casa en la que vivíamos, apenas orientándome por el paisaje a medida que iba reconociendo los lugares. Yo me terminé de criar en Baviera y cuando mi papá volvió del campo de prisioneros de guerra a comienzos de los cincuenta, nos mudamos a Frankfurt. Yo tenía una mala relación con él. Era una mala persona, pero hay quizá una sola cosa inteligente que hizo en la vida. En el campo de prisioneros de guerra donde estaba detenido después del final de la guerra, porque estuvo en el frente hasta el final, los americanos lo pusieron en la enfermería a llevar el registro de los prisioneros que estaban libres de tifo y podían ir dejando el campo. Y él a los pocos días llenó su propio certificado, lo firmó y se fugó legalmente por la puerta como si nada.
Entonces regresó a casa y nos mudamos todos a Frankfurt, que es donde siempre he vivido sin sentirme extranjero un solo día. Yo no pude elegir mi oficio porque él me impuso que tenía que aprender el de dibujante técnico de anuncios publicitarios, que era el mismo que él tenía. Fue un oficio que odié cada día durante muchos años. Sólo hasta muchos años después de estarlo ejerciendo, cuando ya había podido poner mi propio taller, le fui tomando el gusto. A mi me tocó hacer la formación en la misma empresa en la que trabajaba mi padre, que era dirigida por un señor que era un verdadero artista en todo el sentido de la palabra. Había sido cantante de ópera antes de la guerra en Rostock, y era también músico, pintor y dibujante. Para esa época hubo un concurso federal de aprendices y el tema era 'Frankfurt, metrópolis'. Yo estaba terminando mi formación y participé con mi trabajo final. Lo iba haciendo poco a poco en el taller en el que trabajábamos, y un día mi papá me vio trabajando en eso, ya casi cuando lo iba a terminar, y me gritó delante de todo mundo: '¿Crees que vas a sacar algo con esa mierda?'. Y el director de la empresa le dijo: 'No es ninguna mierda, es un trabajo de muy buena calidad'. Con ese trabajo pasé la primera selección y luego llegué al primer puesto del concurso a nivel federal. Me gané una caja de herramientas y la participación en la cena de la premiación, pero lamentablemente fue en Frankfurt, así que me quedé sin la posibilidad de haber ido a conocer otra ciudad. En la cena estaban todos: el ministro de economía, que en esa época era Ludwig Erhard, y el canciller federal, que era Konrad Adenauer, el alcalde de Frankfurt, gerentes de las empresas... Yo entré a la sala donde se celebraba la cena y ya estaban todos sentados así que no encontraba lugar. Solo había lugar en la mesa donde estaban el ministro y el canciller y yo estaba parado sin saber qué hacer, pero de un momento a otro Ludwig Erhard me dijo: 'Joven, ¿por qué no se sienta con nosotros, le parece que no merecemos su compañía?' Eran políticos tan distintos a los de ahora... gente que sabía hablar de cualquier cosa, personas sin mucho estudio pero normales, como cualquiera. Los de ahora son estudiados todos pero no saben nada de la vida real.
[¿No se opuso su familia cuando se enteró de que usted se iba a casar con una judía?]
No, no del todo. Cuando mis padres supieron que me iba a casar con ella (a mediados de la década de 1960), él dijo: '¿Y no te podías conseguir otra?, ¿Tenías que buscarte precisamente una judía, a ver si vuelve a pasar lo que ya pasó?' Quería decir el holocausto, naturalmente. Yo le respondí: '¿Ustedes creen que yo soy tonto? El día que comience a volver a pasar algo así yo inmediatamente me voy del país con mi mujer y mis hijos. No voy a esperar a que pase nada.'
Era una época donde todavía se notaba mucho antisemitismo en cualquier parte, incluso en Frankfurt. En el taller había uno que siempre lanzaba insultos contra los 'judíos de mierda' y decía que él podía notar a kilómetros el hedor que desprendía un judío. Yo jamás le dije nada, hasta que un día pasó mi señora a buscarme al trabajo, y me acerqué al tipo y le pregunté: ¿usted nota algún olor extraño? El me respondió que no y preguntó por qué lo decía. Yo le dije: porque acá está mi señora, que es judía, así que usted mejor de ahora en adelante se calla la boca. Con ella fui tan feliz... Y su papá era también una gran persona. Desde el primer día me hizo sentir como parte de la familia. Una vez nos queríamos comprar una moto, una Vespa, para pasear por ahí. Llevábamos un tiempo ahorrando poco a poco la plata cuando él se enteró. Ahí nos llamó y nos dijo que él nos regalaba lo que nos hacía falta pero para un auto, porque una moto era un lujo que no servía de nada. Fue el primer auto que tuvimos y nos duró muchísimos años. A él le gustaba el buen café y también conducir, ¡así que a veces me invitaba a ir a Colonia (a 250 kilómetros de Frankfurt) para tomar un café y volver! Y la gente que nos veía juntos pensaba que yo era el hijo y mi señora la nuera.
Con mi señora teníamos decidido mudarnos a esta casa de retiro juntos, porque nos gustaba mucho la idea de vivir en un lugar donde hay tanto judíos como cristianos. Ya teníamos todo listo pero lamentablemente ella murió de repente unas semanas antes de la mudanza. Yo mantuve el plan y aquí estoy. Me gusta mucho que hay tantas personas de tantos países, que uno escucha tantos idiomas distintos... que no solo están los que viven acá sino que uno también se encuentra con jóvenes como ustedes. Espero que no me malentienda, pero me gusta mucho escuchar ese acento con el que usted habla, lo bien que habla usted pero el modo en el que en el fondo uno escucha un poco de la música de su idioma materno... Me siento bien acá, pero también vivo triste. Jamás me imaginé que fuera a extrañar tanto a mi señora. Fueron tantos años felices juntos y yo apenas ahora me he dado cuenta de cuánto la amaba. ¡La extraño tanto!"

H.J. Hofmann, en una de nuestras últimas conversaciones.

4/12/18

Tomad y bebed todos de ella (en especial sumercé, papi)

Si bien pocos de mis paisanos pondrían en duda la efectividad de la raspadura de garrete en cuestiones amorosas, el consenso popular es aún mayor en cuanto a los efectos devastadores de otro medio de origen natural que según cuentan las comadres es frecuentemente utilizado para enamorar, dominar y amarrar novios, maridos y mozos: la menstruación, también llamada mestruación. Cuentan los que saben que basta con que una mujer menstruante versada en mañas se meta un algodón por allá en las partes y luego lo exprima sobre alguna bebida o alimento que entre “jijijís” y “jajajás” le ofrecerá a su novio, marido o mozo. El desafortunado caerá perdidamente enamorado, no podrá sacársela del pensamiento cuando no la tenga cerca, será víctima del desespero mientras dure la ausencia de la “porquería de vieja mañosa esa” (como las llaman las madres y las rivales), buscará incesantemente su compañía, y se rendirá a todos sus caprichos y mangoneos. El cuadro sintomático es tan evidente que con frecuencia madres, hermanas, suegras y mujeres cornudas manifiestan con una mezcla de desprecio y conmiseración al ver a sus parientes sometidos a la vil dominación de la enemiga: “¡Será que la (señora / mujer / vieja / desgraciada / vagabunda / perra / zorra*) esa ya le dió mestruación...!
Se trata en el caso de la menstruación de una versión más potente de la técnica -más difícil- de los calzones en la cabeza. Si bien éstos causan un efecto parecido en cuanto a volver a los hombres sumisos, dicho efecto es más leve en tanto el novio, marido o mozo en cuestión no se ve preso de un amor incontenible, sino que simplemente se vuelve obediente, “agüevado”. La técnica de los calzones en la cabeza tiene la desventaja de que la mujer debe esperar a tener al hombre dormido y ojalá borracho para ponérselos sin que éste se dé cuenta y descubra sus intenciones. La técnica de la menstruación resulta en cambio más fácil desde el punto de vista operativo porque en las pequeñas cantidades que bastan para causar el efecto deseado ésta parece resultar inolora e insabora.
Debe existir un antídoto porque en mi pueblo fui testigo de hombres que a fuerza de lucha y vaya uno a saber qué mañas fueron rescatados por sus mujeres de las garras de la moza. La verdad es que lamentablemente desconozco el secreto del éxito de esas aguerridas defensoras del hogar legítimo.
*la decencia o vulgaridad del epíteto depende considerablemente del nivel de educación y la compostura de la persona que habla.

4/11/18

El poderosísimo efecto de la raspadura de garrete

La raspadura de carate, si bien peligrosa, se le queda atrás a su parienta más temida: la raspadura de garrete, cuyo efecto más conocido es el enamoramiento total. La víctima o el víctimo pueden recibirla inocentemente en un café o alguna otra bebida o alimento, a partir de lo cual caerán perdidamente enamorados de la persona que se raspó el garrete con malas intenciones, y frecuentarán su casa con insistencia.
La efectividad de ese método fue comprobada por la esposa de un tío abuelo mío, quien siendo joven era cortejada por un pretendiente no correspondido. Al quejarse en privado de sus constantes visitas hubo quien maldadosamente le aconsejara administrarle raspadura de garrete en un tinto (como se llama en Colombia al café negro), y la entonces señorita siguió el consejo sin saber que se estaba echando la soga al cuello, porque ese fue el inicio de una etapa de mayor enamoramiento y asedio del aspirante a novio. No sé cómo habrá revertido el encanto pero lo cierto es que ella después se casó con otro, que era mi tío abuelo.
El error de la señorita en cuestión fue producto de la ingenuidad, pues para ahuyentar a un visitante persistente lo efectivo no es la raspadura de garrete, sino la mierda de gallina, que debe ser administrada seca y pulverizada ojalá en un tinto, un café con leche, un chocolate, cualesquier cosa que se le ofrezca a la visita. Eso sí, si se trata de una persona sabida y desconfiada, que recibe con la mano izquierda la taza o el plato en los que se le presenta el alimento, todo está perdido: la mano izquierda usada de ese modo, al igual que los calzones o las medias puestos por el revés, anula automáticamente cualquier sustancia o conjuro por poderosos que sean.

8/26/17

And there was poetry

One of the most profound cultural experiences a life can entail happens when somebody starts discovering  the intimate poetry of a language new to them, and achieve that certain point in which they are at the same time illuminated and poetically drunk.

This is a translation of a beautiful song by Zohar Argov, corrected (probably poorly) by me. Argov was a singer of Yemenite origin who died prematurely in 1987, but before that he opened the doors of the Israeli middle class to Mizrahi music, the music of the millions of non-European Jews who arrived in the country from all around the Arab world, escaping from popular and state-sponsored antisemitism since the decade of 1930. The translation, as always, offers only a pale idea of the inner beauty of the poem, originally composed in a language that is deep, plastic and plenty of powerful metaphors.

Tales are weaved in the nights,
birds are already sleeping and dreaming.
The night is quiet and dark,
the stars ask from above:

What happens, girl?
What happens, little one?
What are you dreaming about?
I dream too.

We will tell stories during the nights,
I will caress your hair with my both hands,
you are my home, you are mine, I will not forget you.
I have a little mother and I have you.

Tales are weaved during the nights,
the owl still breaks the silence,
The night is quiet and dark,
the stars ask from above:
What happens, girl?...











8/29/16

Tu eres la tristeza de mis ojos, que lloran en silencio por tu amor...

Durante décadas las masas de gran parte de Latinoamérica se han enamorado y despechado con los versos de Juan Gabriel. Los sectores populares con orgullo, la clase media a media voz o hasta en secreto, y donde hay ricos que salieron de pobres, a los gritos.
Justamente ayer, mientras regresábamos de una vuelta de esas de tarde de domingo, hablaba con Jan de las letras fantásticas de Juan Gabriel y de la admiración que me produce el hecho de que se haya hecho un espacio como poeta, como cantante y sobretodo como loca en una sociedad tan homófoba como la mexicana primero, y como la latinoamericana después. Y entre un comentario y otro yo cantaba "Querida" a grito pelado y con mil mariconerías como corresponde, dichoso de la vida y seguro de que había Juan Gabriel para rato. Apenas unas horas después supe que me había equivocado.
Para mí Juan Gabriel no ocupa el lugar del inspirador de amores y despechos, sino el del héroe cultural. Pero ocupa también otro quizá más importante. Y es que cada vez que algún amigo atrapado en una relación sin salida me cuenta sus desamores intento aconsejarlo recordándole que: "como ya lo dijo el gran filósofo mexicano Juan Gabriel, no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor." Con frecuencia esas palabras nos han sacado a ellos y a mí del drama de la crisis en cuestión, y nos han hecho reír sin cuestionar la verdad inapelable que hay en ellas.
México nos ha dado a los latinoamericanos muchas alegrías, y también muchas ocasiones para estar de duelo.
El día de hoy en muchos lugares de la Latinoamérica extensa que también habita otros continentes las amas de casa, los choferes, las empleadas domésticas, los mariachis, los científicos de todos los géneros, los charros, narcos, albañiles, alcaldes y alcaldesas de pueblo, dueños y dueñas de cantinas, prostitutas y prostitutos, machos y maricones, doncellas y camioneras, y todos los demás que conformamos la legión que conoce y ha cantado alguno de sus versos, con seguridad cantaremos en algún momento:


"Como quisiera que tu vivieras, que tus ojitos jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos. Amor eterno e inolvidable..."


https://youtu.be/cOwjgzI25HE?t=2m14s

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